CONFLICTO: Es una despedida que ninguno de los dos
personajes se atreve a declarar.
PERSONAJES:
-AKI – Es el personaje femenino,
representa la sutileza y la contención.
Ella quiere marcharse, pero teme que con
esta decisión pueda herir los sentimientos de Haru.
-HARU – Es el personaje masculino,
representa la quietud, la espera y la aceptación.
ÉL sabe que Aki se va a ir, pero finge que no
lo sabe.
OBJETO SIMBÓLICO: Un abanico blanco
GESTO REPETIDO: Aki abre y cierra el abanico,
simboliza la introspección y la despedida.
1 - VERSIÓN NOH (Muy lenta, minimalista y silencios
largos)
ESCENARIO: Un espacio vacío, Aki y Haru sentados a
gran distancia.
Música NOH
(Aki abre el abanico. Silencio prolongado. Haru gira
apenas la cabeza.)
Aki.(Susurrando) El viento cambia.
(Silencio. Aki cierra el abanico. Haru baja la mirada.)
Haru. Entonces… también tú cambiarás.
(Silencio largo. Aki se levanta con extrema lentitud.
Abre el abanico por segunda vez: ahora es un muro entre ambos.)
Aki. No sé cómo quedarme.
(Silencio. Haru se incorpora, da un paso mínimo.)
Haru. (Tras una pausa) Entonces vete.
(Aki cierra el abanico por última vez, esta vez con
suavidad. Se inclina. Haru responde a la inclinación. Aki sale. Silencio final.)
2. Versión KABUKI (expresiva, gestual, exagerada)
Música KABUKI
ESCENARIO: Paneles pintados con motivos florales y
dorados, cortinas rojas y doradas, músicos sentados al fondo, vestidos de
negro, marcando el ritmo emocional.Faroles rojos suspendidos sobre el
escenario, aportando calidez y tensión.
(Aki entra con un salto lateral, abanico en alto. Haru
aparece desde el otro lado con un giro dramático.)
Aki. ¡Haru! (Abre el abanico con un chasquido)
El viento sopla fuerte hoy.
Haru.(ríe con teatralidad) ¡Ese viento te
empuja lejos de mí!
Aki. ¡No puedo quedarme! ¡Mi corazón…! (se golpea
el pecho con el abanico) …se parte.
(Haru retrocede exageradamente, con la mano vuelta en la
frente)
Haru. ¡Entonces márchate! ¡Pero no vuelvas con
excusas!
(Aki se detiene, respira hondo. Abre el abanico
lentamente por primera vez. El gesto ahora es solemne.)
Aki. Me voy. (Se gira con un gran barrido del
abanico) Pero te llevo conmigo.
(Sale con un salto final. Haru cae de rodillas, brazos
extendidos hacia ella.)
3. Versión ÓPERA DE PEKÍN (simbólica, estilizada)
Música ÓPERA DE PEKÍN
ESCENARIO: Dos alfombras circulares que actúan como
dos mundos, el abanico actúa como puente entre los dos mundos —el dragón (rojo)
y el fénix (azul), y la flor sobre el abanico encarna la despedida.
(Aki abre el abanico y describe un círculo en el aire.
Haru responde dibujando otro círculo con la mano.)
Aki. Nuestros caminos… (trae el abanico al pecho) …se
separan.
(Haru ejecuta un movimiento lento con las mangas,
ocultando su rostro.)
Haru. Lo supe cuando dejaste de cantar por las
mañanas.
(Silencio. Aki cruza el abanico de un círculo al otro,
sin pisar la alfombra ajena. El gesto ahora significa ruptura.)
Aki. No puedo quedarme. Mi sombra ya no encaja aquí.
(Haru da un giro completo, dejando caer una flor de
papel.)
Haru. Entonces llévate esta flor. Para que recuerdes
que hubo luz.
(Aki toma la flor con el abanico. Cierra el abanico:
gesto final de aceptación. Sale caminando en línea recta, sin mirar atrás.)
El escenario
está completamente vacío. A la derecha, sobre una tarima elevada o una silla de
árbitro de tenis se sienta un personaje vestido de kimono formal en colores ocres, que es el CORO.
Lleva un abanico en la mano, que sostendrá plegado sobre sus piernas cuando
esté callado y abrirá ostensiblemente cuando tome la palabra.
A la izquierda
del escenario habrá durante toda la obra un único elemento, que aparecerá en la
segunda escena cuando Niwashi lo plante. Es un cerezo. Niwashi lo plantará como
de medio metro de altura. A partir de la tercera escena, el cerezo ya tendrá
dos metros y medio de altura.
Las canciones
se deben cantar musical pero no melódicamente. Se trata de embellecer el texto, no de sujetarlo a una melodía concreta.
La voz del
coro tiene que ser imponente, explicando aquello que se debe transmitir al
espectador para la mejor comprensión de las circunstancias de la trama.
PERSONAJES
SAKURA Es la protagonista
femenina. Es la hija de un hacendado que posee una enorme finca en el campo.
Viste muy elegante, denotando su riqueza.
NIWASHI Es el protagonista
masculino. Es hijo del jardinero del padre de Sakura, y pasa a ser el jardinero
cuando su padre fallece. Viste pobremente, denotando su pobreza.
KOMORI Es el aya que cuida a
Sakura desde niña. Cuando Sakura se casa y marcha, Komori continúa en la finca
de sus padres. Viste informal, sin pretensiones.
ESCENA PRIMERA
Suena el Claro de luna de Debussy.
claro de luna Debussy
Un niño y una niña de
unos once años salen corriendo por la parte izquierda del escenario y se
persiguen uno al otro, riendo y gritando. Luego se sientan y empiezan a jugar
con unas flores que llevan en los bolsillos y colocan en el suelo formando
figuras. La música baja de volumen para que se oiga al Coro, pero se mantiene.
CORO: Sakura
es la hija del dueño de la finca donde el padre de Niwashi trabaja como
jardinero. Sakura y Niwashi se conocen desde muy pequeños. Ahora tienen once y
doce años y siempre se han llevado muy bien y juegan juntos en el jardín.
Sakura se levanta y canta y baila sobre la música. Niwashi
la mira desde el suelo.
SAKURA: Soy la reina del
jardín
que florece aquí a mi lado;
color y aromas sin fin
alegran sus verdes prados.
Pía el pájaro en su nido,
canta el agua en el regato,
alegres juegan los niños,
nadan alegres los patos.
Las flores lucen colores
que endulzan nuestra mirada
y la tarde reposada
se desliza lentamente.
Se sienta. Se levanta Niwashi y canta y baila sobre la
música. Sakura le mira desde el suelo.
NIWASHI: El jardín donde yo juego,
tan lleno de mil colores,
luce hoy la más hermosa
flor de todas estas flores.
Es mi amada compañera,
es mi señora adorada,
de mis juegos compañera,
por mi alma idolatrada.
Niwashi sale corriendo de pronto y vuelve con una maceta
en la que un pequeño cerezo muestra sus flores recién abiertas. Sakura le ve
llegar.
SAKURA: ¿Qué es eso, Niwashi?
NIWASHI: Un cerezo. Es
nuestro cerezo, Sakura.
SAKURA: ¿Nuestro?
NIWASHI: Si. En este cerezo están
nuestras almas. Las he puesto ahí para que estén siempre juntas. Y lo voy a
plantar aquí en medio del jardín, para que lo veamos crecer todos los días.
SAKURA: ¡Qué bonito!
Niwashi hace los gestos correspondientes a la plantación
de un árbol. Cava, abona, luego pide ayuda con gestos a Sakura y entre los dos
plantan el cerezo. Luego Niwashi llena el hueco de tierra y la apisona con las
manos y luego con los pies, tras lo que se levanta, coge de la mano a Sakura y la
lleva un metro hacia atrás, para observar el árbol recién plantado.
NIWASHI: Recuerda, Sakura, es
nuestro árbol, y nuestras almas están en él.
Vuelve a sonar el Claro de luna de Debussy, incrementando
el volumen mientras se hace oscuro.
ESCENA SEGUNDA
Niwashi está al lado del árbol, que ahora ya es grande,
tiene un par de metros de alto. Está moviendo la tierra con el azadón alrededor
del árbol, que está escasamente florido.
A su alrededor, cientos de flores caídas alfombran la tierra.
Por la derecha salen Sakura y el aya Komori, que se
quedan observando a Niwashi.
Niwashi y Sakura tienen ahora unos veinticinco años.
CORO: Sakura y Niwashi han
crecido. Tienen veinticuatro y veinticinco años. Sakura viene a despedirse de
Niwashi, porque se ha comprometido con el hijo del marqués de Sawara, con el
que se va a casar, y se marcha de casa de sus padres. La acompaña Komori, su
aya, que se queda en la casa.
KOMORI: Ahí lo tienes.
SAKURA: Ya lo veo, Komori.
KOMORI: ¿No vas?
SAKURA, haciendo un
esfuerzo: ¡Si, voy!
Sakura se adelanta y se queda al lado de Niwashi, que no
la ve acercarse y sigue trabajando.
SAKURA: Hola, Niwashi.
Niwashi levanta la vista, la ve y se yergue
inmediatamente.
NIWASHI, con voz entrecortada:
Hola, Sakura.
SAKURA: ¿Qué le pasa al
cerezo?
NIWASHI: No lo sé. Creo que
está enfermo. No te preocupes, me ocuparé de él hasta que se cure.
SAKURA: Ya, claro, gracias.
Yo... vengo a despedirme. Me marcho.
NIWASHI: Ya lo sé. Me lo ha
dicho mi padre. ¡Te casas!
SAKURA: Si. Me caso con el
hijo del marqués de Sawara.
NIWASHI: Te deseo que seas
muy feliz, Sakura.
SAKURA: Yo... yo también.
Da media vuelta y sale
corriendo hacia Komori, que la acoge en sus brazos. Ambas salen por el fondo
derecha. Komori todavía se vuelve a mirar a Niwashi, que no ha dejado de mirarlas.
Cuando salen, comienza a sonar la Gymnopedie número 1 de Satie.
Gymnopedie Numero 1
Niwashi canta,
estático en medio del escenario.
NIWASHI: Mi
alma y mi cuerpo se rompen
de ver marchar a mi amada.
Como la flor del cerezo
está mi alma atribulada.
Y nada puede aliviarme,
no encuentro consuelo en nada.
Moriré, como el cerezo,
con el alma desgarrada.
CORO: La vida separa dos
almas que siempre han estado unidas. Los dos sufren por la separación, pero las
circunstancias son más fuertes que los deseos de los hombres.
Se eleva el volumen de la
música unos segundos, luego comienza a bajar mientras se pasa a oscuro.
ESCENA TERCERA
Por el fondo derecha sale
Sakura, en una silla de ruedas. La va empujando Komori, torpemente por su
avanzada edad.
CORO: Sakura, ya viuda y muy
mayor, vuelve a casa de sus padres. El aya, Komori, aún mayor que ella, se
conserva mejor y empuja la silla de ruedas donde va Sakura.
Sakura se queda mirando al
cerezo desde un par de metros y pregunta a Komori.
SAKURA: ¿Qué le pasa al
cerezo?
KOMORI: Se secó al año de
marcharte. Pero Niwashi nunca quiso cortarlo. Siempre decía: “algún día
florecerá”, y ahí lo dejó, pero todos los días lo cuidaba, le removía la
tierra, lo regaba, le echaba abono en primavera. Y decía que no estaba muerto,
sólo estaba esperando.
SAKURA: Y Niwashi, ¿dónde
está?
KOMORI: Murió hace un año.
Nunca se casó.
SAKURA: ¿Murió?... ¿Y no se
casó?
KOMORI: No. Un día le
pregunté y me dijo que él siempre había estado casado, pero que su esposa se
había marchado, así que él sólo tenía que esperar pacientemente a que volviera,
porque estaba seguro de que algún día volvería a reunirse con él.
Sakura se echa a llorar violentamente,
sacudiéndose bruscamente en la silla, mientras Komori la mira preocupada.
KOMORI: ¿Está usted bien,
señora?
SAKURA: Si, Komori, estoy
bien. Estoy mejor que nunca. Ahora sé cuál es mi sitio. Llevo toda la vida sin
saber cuál era mi sitio. He estado casada con un hombre que nunca me quiso,
sólo quería mi dinero. He tenido decenas de amantes, pero ninguno me quería,
sólo querían mi sexo.
KOMORI: ¡Señora!...
SAKURA: Esa ha sido mi vida,
Komori. Sólo he tenido un amor, y me marché. Me alejé de él por ignorancia, por
torpeza, cegada por el brillo del lujo y el dinero.
KOMORI: ¿Quiere que le traiga
un té?
SAKURA: Si, por favor, Komori,
tráeme un té. Te espero aquí, al lado del cerezo.
Komori sale hacia la casa. Suena
el nocturno número 9 de Chopin.
Chopin Nocturno numero 9
Sakura canta.
SAKURA: Toda
una vida corriendo,
toda una vida saltando,
toda una vida sufriendo,
toda una vida llorando.
¡Qué torpe es la juventud!
¡Qué vacío es el placer!
Solamente es el amor
quien te ayuda a envejecer.
Sakura se deja caer en la
silla de ruedas, los brazos cuelgan a sus costados. El volumen de la música
crece intensamente. De pronto, el cerezo comienza a florecer prodigiosamente, llenándose
de flores de color rosa pálido. El olor de las flores casi se puede apreciar.
La música baja de volumen para
que pueda oirse al Coro.
CORO: Sakura ha muerto. El
cerezo florece porque su alma ya se ha encontrado con la de Niwashi. Ambos
están ahora juntos, viendo cómo el cerezo se llena de flores.
¡¡¡Ooooooohhhhh!!!
El volumen de la música vuelve
a subir mientras el escenario pasa a oscuro.
ADAPTACIÓN TEATRAL DE LA PELÍCULA “LOS LUNES AL SOL“ DE FERNANDO LEÓN DE ARANOA (2002) HECHA POR PEPA M-FALERO (2026)
PERSONAJES
Santa: Es el líder natural y el más rebelde de la panda. Es orgulloso y carismático, sus amigos le escuchan siempre.
José: Representa la baja autoestima. Se siente humillado porque su mujer, Ana, es quien mantiene económicamente la casa trabajando en una conservera.
Lino: Es el personaje más triste. Intenta desesperadamente volver al mercado laboral, pero dada su edad es rechazado siempre. En escena sale con el pelo exageradamente negro con algún resto de tinte que le cae por la cara al sudar.
Rico: Es el único que ha logrado "salir" del paro abriendo un bar sitio de reunión habitual de la pandilla. Vive con la contradicción de ser el dueño del negocio pero ver como sus amigos se van hundiendo. Siempre preocupado por Amador.
ESCENOGRAFÍA
Al subir el telón en la escena aparece en el extremo izquierdo agrupado:
Una farola parpadeando (representa a Santa),
Una nevera vieja cerrada (representa la muerte de Amador)
Un sofá (como símbolo de hogar de José) reposando encima una fotografía de Ana vestida de trabajador de la conservera.
Un traje colgado en una percha sobresaliendo de un bolsillo unos folios en los que se lee currículum. (Será la indumentaria de Lino)
En la línea central del escenario una pequeña barra de bar. (Rico)
A la derecha se apilan montones de cajas de cerveza con forma de proa de barco.
ESCENA FINAL
Salen los cuatro a escena vistiendo traje oscuro.
Santa hace ademán de tirar una piedra a la farola.
Lino saca del bolsillo de la americana el currículum y lo hojea.
Rico se sitúa por un momento detrás de la barra del bar.
José acaricia el sofá y dirige su mirada a la fotografía de Ana, suspira.
Todos se dirigen a la nevera cerrada y la abren en su interior iluminado se ve una urna funeraria.
Música melancólica.
Los cuatro se abrazan y caminan por el escenario hasta colocarse encima de las cajas de cerveza, Santa se sitúa en la punta de la imaginada proa, los demás por debajo de él.
Luz de amanecer en escena.
Lino: ¿Quien las ha cogido?
José: ¿De quién es este barco?
Santa: Y ¿Qué más da? Ahora nuestro
José: No me jodas, Santa
Lino insiste: ¿Quien las tiene?
Todos se miran. Se dan cuenta que ninguno ha cogido las cenizas de Amador
Ríen nerviosos
José: No me jodáis, después de haber robado el barco.
Santa: Prestado José, prestado.
Lino: Y ahora ¿Qué hacemos?
Santa: Le abandonamos en vida, no nos dimos cuenta de su situación y ahora lo hemos vuelto a hacer.
Rico interviene: Amador siempre quiso ver el mar así que le haremos descansar en él.
Lino: Pero coño no te has enterado, que no tenemos la urna.
(Silencio)
Santa continúa: Deberíamos decirle todos unas palabras, aquellas que tal vez nunca le dijimos en vida. Será un bonito homenaje.
Todos asienten.
José: Amador, siempre te recordaremos en los buenos tiempos.
Lino: Amador, eres un cabrón, siempre lo serás, no has debido hacernos esto.
Rico: Amador, descansa en paz, amigo.
Santa desde la proa mira al infinito el sol ya está en lo alto.
Espacio:Habitación de hotel de lujo pero modesta. Hay
dos camas pequeñas, un mueble tocador con espejo, una banqueta, un armario y un
perchero de pie con distintos sombreros. Por la ventana se vislumbran palmeras
y el mar.
Personajes:Jerry/Daphne
(Lemmon)
Joe/Josephine
(Curtis)
Florida. Año 1929.
Joe, con los pantalones arremangados hasta la rodilla, está sentado en la banqueta y tiene una pierna sobre el tocador, donde hay una palangana y utensilios de afeitar. Se está "depilando" la pantorrilla con una navaja de afeitar.
De repente y bruscamente entra un Jerry eufórico,
cantando a pleno pulmón y también bastante mal. Jerry, en su rol de Daphne,
lleva puesto un vestido estilo flapper, suelto y vaporoso, sin mangas y hasta
la rodilla, decorado con flecos y de un llamativo color verde. También lleva
encasquetado un sombrero cloche o sombrero campana pero con el ala hacia
arriba, lo que le da un aire algo ridículo.
Ante el susto que le provoca la irrupción de
Jerry, Joe corre a esconderse en el lateral del mueble.
Joe: ¡Coño, Jerry! Te he
dicho mil veces que llames y avises antes de entrar. Creí que era Sweet Sue
quien venía y casi me corto la pierna.
Jerry ni siquiera le mira, sigue cantado y se
pasea por la habitación bailando, jugando con los flecos de su vestido, con las
cortinas, quitándose los enormes zapatos, de medio tacón, con una patada (todo
con poca gracia, movimientos algo toscos).
Jerry:(Cantando) “I wanna be loved by you. Just you and nobody else but
you. I wanna be loved by you. Alone. Pooh-poop-bee-doo”.
Joe:¿Pero qué narices te
pasa, Jerry? ¿A qué viene tanto alborozo?
Jerry:(eufórico) ¡Lo que tengo que contarte!
Joe:¿Qué pasa?
Jerry:Me caso.
Joe:Hombre, felicidades,
Jerry. Me alegro. ¿Y quién es ella?
Jerry:Yo.
Joe:¿Cómo?
Jerry:Osgood se me ha
declarado. Nos casamos en junio (radiante).
Joe:¡Pero qué cosas
dices! ¡No te puedes casar con Osgood!
Jerry:¿Crees que es
demasiado viejo para mí?
Joe:¡Jerry! ¡Tú no estás
hablando en serio!
Jerry:¿Y por qué no? La
gente se casa continuamente.
Joe:Pero es que tú,
Jerry, no eres una mujer. ¡Eres un hombre! ¿Por qué se va a casar un hombre con
otro hombre?
Jerry:Por conveniencia.
Joe:Jerry, más vale que
te acuestes. Tú no estás bien.
Jerry:Ya está bien de
tratarme como a un niño. Yo no soy tonto. Sé que habrá problemas.
Joe:Ya lo creo que los
habrá.
Jerry:Su madre, por ejemplo.
Porque necesitamos su aprobación. Pero no me preocupa demasiado: yo no fumo y
apenas bebo.
Joe:Pero Jerry… Hay
“otro” problema.
Jerry:¿Y cuál es?
Joe:¿Y qué pasa con la
luna de miel? (con retintín)
Jerry:Ya hemos discutido
sobre eso. Osgood quiere ir a la Riviera. Pero es que a mí me fascinan las
cataratas del Niágara.
Joe:¡Estás como una
regadera! ¿Cómo vas a solventar el “impedimento” y salir del aprieto?
Jerry:Oh, bueno, no espero
que dure, por supuesto. Le diré la verdad cuando llegue el momento.
Joe:¿Y eso cuándo será?
Jerry:Después de la
ceremonia.
Joe:Ah, perfecto (con ironía).
Jerry:Conseguiremos una
anulación rápida. Me pasará una buena pensión, los cheques me caerán del cielo
y…
Joe:Jerry, escúchame,
por favor. Hay leyes, convenciones sociales… Simplemente, ¡no puede ser!
Jerry:Pero, Joe, por Dios,
¿no lo entiendes? ¡Esta puede ser mi única y última oportunidad de casarme con
un millonario!
Ejercicio
basado en la adaptación de un texto narrativo a una escena teatral.
Premisa:
El relato «El día de Año Nuevo» de la escritora norteamericana Edith
Wharton (N. York 1862—Francia 1937) (primera escritora en recibir el Premio
Pulitzer, por La edad de la inocencia) es parte de la obra The Old New York,
donde se retratan las costumbres de la alta sociedad de la época y la suma
importancia que se le daba a las apariencias.
Una
sociedad clasista, machista e hipócrita que Edith Wharton disecciona con
aparentes pequeños detalles.
El
asunto central del relato se sintetiza en esta escena: la presunta infidelidad
de Lizzie Hazzeldean y el esfuerzo denodado de ésta por justificar su
presencia, en una situación más que comprometida, ante sus conocidos de la alta
sociedad y fieles admiradores de Charles Hazzeldean, marido de Lizzie. Esta
comprueba que su esfuerzo es inútil; la han visto claramente salir del hotel y
sabe que esta Sociedad en la que se mueve no perdona.
Casa
de la familia Wesson, una casa burguesa y lujosa, donde se está celebrando la
habitual comida familiar de Año Nuevo. La casa está situada justo enfrente del
hotel Quinta Avenida.
Mayordomo:—
¡Señor Wesson, el hotel Quinta Avenida arde en llamas!
Señor
Wesson:— ¡Qué dices, Tom!— al tiempo que se levanta raudo y va hacia el
ventanal desde donde se ve con claridad la fachada principal del hotel. Le
siguen todos los miembros de la familia que se levantan de la mesa con premura.
La
tía Sabina Wesson:— ¡Qué horror! Mirad todas esas señoras emperifolladas, cómo
salen sujetándose sus sombreros de dudoso gusto y con cara de pánico.
Señora
Wesson:— ¡Ya llegan los bomberos! Espero que no haya que lamentar ninguna
víctima.
La
prima Kate Wesson:—Ja, ja, mirad esa señora obesa cómo corre espantada.
La
abuela Parret:— Kate, por favor, no frivolices con la situación. Puede ser
grave.
Señor
Wesson:— No, tranquilos, parece que el incendio está controlado.
Señora
Wesson:—¡Qué tumulto de gente se ha
formado en la entrada! Menuda celebración de Año Nuevo.
Sabina
Wesson:— Esa señora que acaba de salir…la del vestido azul…¡Es Lizzie
Hazzeldean! ¡Estaba en el hotel!
Señora
Wesson:— Ha mirado hacia acá. Es ella sin duda.
Kate
Wesson:— Y el caballero que está detrás es…¡Henry Prest!
Sabina
Wesson:— ¡Qué desvergüenza! Estaban juntos en el hotel. ¡Pobre Charles
Hazzeldean!
Señora
Wesson:— Nunca me pareció que estuviera a la altura del bueno de Charles.
Señor
Wesson:— ¡No saquemos conclusiones precipitadas! Lizzie siempre me ha parecido
una dama con mucha clase…
Sabina
Wesson:— Mucha clase… y sin un dólar cuando conoció a Charles.
Kate
Wesson:— Todo el mundo sabía que su padre, el reverendo Arcadius Winter, disipó
toda su fortuna, que tampoco era muy cuantiosa ni que digamos, en viajes y
aventuras inciertas con varias señoras francesas de su parroquia. Se ve que
todo se hereda…
Señor
Wesson: — Y las lenguas afiladas también se heredan. ¡Ha vuelto a mirar hacia
acá! Se la ve realmente angustiada. ¿Salimos en su ayuda?
Señora
Wesson: — ¡Ni se te ocurra! La pondrías en una situación más que embarazosa,
por no decir que nosotros tampoco sabríamos qué decir.
Kate
W.:— ¡Se dirige hacia la casa!, ¿tendrá valor?
Suena el timbre y segundos después Lizzie
entra en escena, viene muy agitada y habla entrecortadamente.
Lizzie:—
¡Buenas tardes!, ¡¿han visto que barbaridad?!. Perdonen que irrumpa así sin
avisar, señores Wesson. Los he visto en la ventana y me he acercado a
informarles. Gracias a Dios los bomberos se han hecho enseguida con el fuego.
Parece que todo está ya controlado.
Sr.
Wesson:— Siéntese, Lizzie, por favor. Le serviremos una tila o una melisa.
Tranquilícese. Ya no hay peligro.
Sra.
Wesson:— A usted…¿no le habrá pillado el fuego…?
Lizzie:—
¡No, por Dios! Yo tan sólo me acerqué al ver el tumulto…venía de visitar a una
buena amiga y al pasar vi el incendio y me acerqué a ver qué…
Kate
W.:— Y el señor Prest, ¿también se acercó?
Lizzie:—
(Se queda aturdida por la pregunta) ¿El señor Prest, dice? No lo he
visto…
Sabina
W.:— Ya, pues estaba detrás de usted. Con el desconcierto se ve que no se han
fijado el uno en el otro. Debe de ser eso.
Kate:—
Sin duda, sin duda, ha sido eso (Dice Kate con cierto retintín)
Sr.
Wesson:— Kate, por favor, dejemos que Lizzie se sosiegue. Siéntese , le
serviremos una infusión, ahora mismo.
Lizzie:—
No, no se molesten. Me voy ahora mismo para casa, Charles debe de estar
preocupado por mi tardanza. Con esto del incendio me he retrasado más de la
cuenta.
Sr.
Wesson:— Se me está ocurriendo una idea estupenda. Mandaré un coche a recoger a
Charles y pasaremos juntos la tarde de Año Nuevo. ¿Qué le parece, Lizzie?
Lizzie:—
¡Oh! Se lo agradezco, pero Charles hoy no se encontraba muy bien. Últimamente
su corazón…me tiene muy preocupada. El doctor Swan le ha aconsejado reposo y no
salir con este aire tan frío.
Sabina
W.:— ¡Qué pena! Habríamos pasado una tarde sin duda interesante. Pero lo
importante es que su marido se recupere del todo. Tengo entendido que
últimamente no puede atender su despacho como a él le gustaría. ¿Es cierto?
Abuela
Parret:— Sabina, no seas indiscreta. Si hiciésemos caso a todo lo que se dice.
Lizzie:—
No importa, señora Parret. Es verdad que Charles lleva unas semanas sin poder
acudir a su trabajo. Y sufre por ello, por sus clientes…pero la salud es lo
primero, ¿verdad?
Kate
W.:— Sin duda es usted animosa. Estando así de delicado su marido, no se
amilana y se lanza a visitar… a una amiga…
Sra.
Wesson:— Pues volviendo al señor Prest y a lo que se dice por ahí (Lizzie se
pone tensa, en guardia) creo que se ha prometido con su prima segunda,
Esther, y que piensan casarse sin tardar mucho. Así que las veladas en casa de
la señora Struthers pronto se quedarán sin el soltero de oro.
Kate
W.— Bueno, unas lo sentirán más que lo sentiremos otras. Es un buen partido,
desde luego, pero siempre lo he encontrado demasiado…snob.
Sabina
W.:— Yo lo encuentro encantador, Kate. ¿Y usted , señora Hazzeldean?
Lizzie:—
…No tengo una opinión muy formada… ( responde algo cabizbaja)
Sr.
Wesson— Bueno, si se van a poner a hablar de caballeros casaderos, perdón, pero
me retiro a la biblioteca. Echaré una cabezadita. Discúlpeme Lizzie y dele
muchos recuerdos y mis mejores deseos de que se recupere pronto a Charles.(Le
besa la mano y sale de escena)
Lizzie:—
Gracias por el té y ahora yo también me debo despedir…
Sabina
W.:— Un día de emociones fuertes, sin duda. Los días de Año Nuevo siempre me
resultaron un tanto anodinos, pero este Año…con esto del incendio, ¿verdad?,
Lizzie.
Lizzie:—
Disculpen, pero me tengo que marchar ya. (Lizzie sale de escena contrariada
y algo abatida)
Sra.
Wesson:— ¡Pobre Charles!
Sabina
W. :— Y lo más indignante es que ella no le llega ni a la suela del zapato.
Abuela
Parret:— ¡No me gustan estos chismorreos! La estáis crucificando por una
suposición. Me retiro a mi cuarto. Mañana salimos temprano para el campo, no os
entretengáis mucho, y menos con un tema tan desagradable. (Sale de escena y
mira con reproche a Kate, a Sabina y a su hija ,la Sra. Wesson)
Kate
W.:—¡No hay la menor duda! ¿Habéis visto su turbación cuando hemos nombrado a
Henry Prest?
Sabina
W.:— ¿Y qué haremos a partir de ahora, querida cuñada? (Dirigiéndose a la
Sra. Wesson) ¿Seguiremos invitándola a las recepciones, al teatro…cómo si
nada?
Sra.
Wesson:— ¡Por supuesto! Castigaríamos también a su marido y, pobre Charles, ¿en
qué posición quedaría él?
Kate
W. :— He oído que está más grave de lo que parece. Los Hazzeldean y su
corazón…nunca han muerto de viejos. Cuando enviude…será harina de otro costal.
Sabina
W.:— ¡Eso por descontado! Entonces cultivaremos nuestro desprecio sin
disimulos.
Taller: Ver y
escribir teatro.Profesora: María Eugenia García Ochoa.
Ejercicio: Dramatizar
la escena de una película.
Extraños en un tren
(Película de Alfred Hitchcock basada en la obra de
Patricia Highsmith)
Personajes: Guy Aimes (29) y Charles Anthony Bruno (24)
En el compartimiento de un vagón de tren
van dos pasajeros, uno se llama Guy, tiene 29 años y va leyendo un libro.
Enfrente, Bruno, de 24 años, un chico un poco alocado.
Guy ─ (Levanta la vista del libro a regañadientes) Si,
soy arquitecto.
Bruno ─ (Extiende la mano) Soy Charles Anthony Bruno,
vivo en Long Island y voy a Santa Fe a pasar unas breves vacaciones. Mucho
gusto en conocerle.
Guy ─ (Le estrecha la mano brevemente) Encantado.
Bruno ─A lo mejor le molesto con su lectura. A mí
también me gusta leer, pero en los viajes prefiero la conversación. Uno lee
para evadirse y normalmente se viaja como evasión. Ya sabe usted que cuando dos
polos iguales se juntan, se repelen.
Guy ─ No me molesta en absoluto.
Bruno ─ Voy a casa de mis padres. Mi madre es un
encanto de mujer, siempre está pendiente de mí. En cambio, mi padre es todo lo
contrario, me hace la vida imposible. Verá, la parte de la herencia de mi
abuelo que me corresponde, la tiene él controlada. Ahora me dice que no quiere darme mi dinero
porque yo me niego a trabajar, pero eso es mentira. ¡Mentira y gorda! ¡Le
pegaría un tiro entre ceja y ceja!
Guy ─ Por favor, tranquilícese. Está usted muy excitado
y eso no es bueno.
Bruno ─Tiene razón. Basta ya de hablar de mi triste
vida. Haga el favor de contarme a que se debe su viaje.
Guy ─ Voy a reunirme con mi esposa.
Bruno ─ ¡Que romántico! Seguro que es muy guapa.
Guy ─ Si lo es.
Bruno ─ ¿Hace mucho que no la ve?
Guy ─ Tres años.
Bruno ─ Estar tres años sin ver a tu mujer, es
demasiado, si además es guapa, muchísimo más. Aquí hay gato encerrado.
Guy ─ Estamos separados.
Bruno ─ Me lo imaginaba. Sabiendo como son las mujeres
guapas, apuesto uno contra cien, que algún indeseado ha metido las narices en
su relación.
Guy ─ ¡Y tanto!
Bruno ─ ¿Tanto?
Guy ─ He recibido una carta suya en la que me dice en
cinco líneas, que va a tener un hijo y quiere verme.
Bruno ─ ¡Válgame Dios!
Guy ─ ¡Embarazada de ese maldito hombre! Tiempo atrás,
yo tenía muchas ganas de tener un hijo, pero ella abortó. Y ahora no me quiere
conceder el divorcio.
Bruno ─ ¿Por qué se niega a concederle el divorcio?
Guy ─ No tengo ni idea, me imagino que para seguir
recibiendo mi dinero. ¡La muy aprovechada! Estoy desecho, no sé lo que hacer,
hasta se me ha pasado por la cabeza matar a ese hombre que ha destrozado mi
vida.
Bruno ─ ¡Yo sí sé lo que hay que hacer, amigo mío! Las
cosas claras y el chocolate espeso. Matar a ese hombre no soluciona nada,
porque su mujer puede encontrar otro hombre y usted no va a estar todos los
días matando a los amantes que vaya teniendo su esposa. Es ella la que está en
el centro de la diana, es ella el problema. ¿Me entiende?
Guy ─ Le entiendo perfectamente, pero soy incapaz de
llevarlo a cabo. No podría ni matar una mosca, no está en mi naturaleza.
Bruno ─ Cada hombre tiene un Dios y un asesino dentro
y cualquiera de los dos puede salir en cualquier momento, según las
circunstancias. No tiene nada que ver con el temperamento, la gente llega hasta
un límite determinado y solo hace falta algo para dar el salto.
Guy ─ Pues no estoy de acuerdo. Admito que alguien
lleve el asesino dentro, pero de ahí a que todo el mundo lo lleve…
Bruno ─ Pues más de una vez tuve ganas de asesinar a mi
padre. No más de una vez, le digo que muchas, pero muchas veces. Y usted, no me
diga que no ha sentido ganas, alguna vez, de cargarse a los tipos que se
acostaban con su mujer.
Guy ─ A uno de ellos, sí. Estuve muy cerca de hacerlo,
mucho más cerca de lo que se imagina.
Bruno ─Lo ve, me va dando la razón.
Guy ─Por favor, vamos a dejar esta conversación,
siento un runrún que me está poniendo nervioso.
Bruno ─Eso es buena señal, quiere decir que el asunto
está calando a fondo. Ya no hay marcha atrás.
Guy ─No se da cuenta que no tengo valor para cometer
un asesinato por esto. A lo mejor por otra cosa, sí sería capaz, pero por celos
no.
Bruno ─Ya vamos entrando en razón. Estese tranquilo,
usted no tiene que hacer nada, pero nada de nada, para eso estoy yo. Yo me
encargo de matar a su esposa. Lo haría por la noche, sin que me viera nadie y
usted estaría en otra ciudad.
Guy ─ ¿Y se acabó?
Bruno ─ ¡Hombre! se acabó, se acabó, no... Usted
tendría que ocuparse de mi padre…
Guy ─ ¿De su padre? ¿Y que me ha hecho a mi ese buen
hombre?
Bruno ─ Lo mismo que su buena mujer a mí. Sea realista
y práctico por una vez en su vida. Piense que no se le va a presentar otra vez
una ocasión como esta para solucionar un problema tan gordo. Ninguno de
nosotros tiene ninguna vinculación con la víctima. Tenemos cada uno la coartada
perfecta
Guy ─ Siento la cabeza que me explota.
Bruno ─ Vayamos al vagón comedor. Las cosas
importantes no se pueden tratar con el estómago vacío.
Guy ─ De acuerdo. Vamos.
Carlos Gallego
Fernández
Madrid, 14 de abril de 2026