jueves, 30 de abril de 2026

EJERCICIO TEATRO ORIENTAL, por Francisco Arellano

 

EJERCICIO TEATRO ORIENTAL

CONFLICTO: Es una despedida que ninguno de los dos personajes se atreve a declarar.

PERSONAJES:

-            AKI – Es el personaje femenino, representa la sutileza y la contención.

Ella quiere marcharse, pero teme que con esta decisión pueda herir los sentimientos de Haru.

-            HARU – Es el personaje masculino, representa la quietud, la espera y la aceptación.

ÉL sabe que Aki se va a ir, pero finge que no lo sabe.

OBJETO SIMBÓLICO: Un abanico blanco

GESTO REPETIDO: Aki abre y cierra el abanico, simboliza la introspección y la despedida.

1 - VERSIÓN NOH (Muy lenta, minimalista y silencios largos)



ESCENARIO: Un espacio vacío, Aki y Haru sentados a gran distancia.




Música NOH


Noh escena sentados con Aki y Haru

(Aki abre el abanico. Silencio prolongado. Haru gira apenas la cabeza.)

Aki. (Susurrando) El viento cambia.

(Silencio. Aki cierra el abanico. Haru baja la mirada.)

Haru. Entonces… también tú cambiarás.

(Silencio largo. Aki se levanta con extrema lentitud. Abre el abanico por segunda vez: ahora es un muro entre ambos.)

Aki. No sé cómo quedarme.

(Silencio. Haru se incorpora, da un paso mínimo.)

Haru. (Tras una pausa) Entonces vete.

(Aki cierra el abanico por última vez, esta vez con suavidad. Se inclina. Haru responde a la inclinación. Aki sale. Silencio final.)


2. Versión KABUKI (expresiva, gestual, exagerada)





Música KABUKI

ESCENARIO: Paneles pintados con motivos florales y dorados, cortinas rojas y doradas, músicos sentados al fondo, vestidos de negro, marcando el ritmo emocional. Faroles rojos suspendidos sobre el escenario, aportando calidez y tensión.


 


  (Aki entra con un salto lateral, abanico en alto. Haru aparece desde el otro lado con un giro dramático.)

Aki. ¡Haru! (Abre el abanico con un chasquido) El viento sopla fuerte hoy.

Haru. (ríe con teatralidad) ¡Ese viento te empuja lejos de mí!

Aki. ¡No puedo quedarme! ¡Mi corazón…! (se golpea el pecho con el abanico) …se parte.

(Haru retrocede exageradamente, con la mano vuelta en la frente)

Haru. ¡Entonces márchate! ¡Pero no vuelvas con excusas!

(Aki se detiene, respira hondo. Abre el abanico lentamente por primera vez. El gesto ahora es solemne.)

Aki. Me voy. (Se gira con un gran barrido del abanico) Pero te llevo conmigo.

(Sale con un salto final. Haru cae de rodillas, brazos extendidos hacia ella.)



3. Versión ÓPERA DE PEKÍN (simbólica, estilizada)



Música ÓPERA DE PEKÍN

ESCENARIO: Dos alfombras circulares que actúan como dos mundos, el abanico actúa como puente entre los dos mundos —el dragón (rojo) y el fénix (azul), y la flor sobre el abanico encarna la despedida.

Ópera de Pekín Aki roja Haru azul erguidos luz fría

(Aki abre el abanico y describe un círculo en el aire. Haru responde dibujando otro círculo con la mano.)

Aki. Nuestros caminos… (trae el abanico al pecho) …se separan.

(Haru ejecuta un movimiento lento con las mangas, ocultando su rostro.)

Haru. Lo supe cuando dejaste de cantar por las mañanas.

(Silencio. Aki cruza el abanico de un círculo al otro, sin pisar la alfombra ajena. El gesto ahora significa ruptura.)

Aki. No puedo quedarme. Mi sombra ya no encaja aquí.

(Haru da un giro completo, dejando caer una flor de papel.)

Haru. Entonces llévate esta flor. Para que recuerdes que hubo luz.

(Aki toma la flor con el abanico. Cierra el abanico: gesto final de aceptación. Sale caminando en línea recta, sin mirar atrás.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                          

lunes, 27 de abril de 2026

EL ALMA DEL CEREZO, por José María Gómez

El ALMA DEL CEREZO

Teatro NOH

 

 

 ESCENARIO

El escenario está completamente vacío. A la derecha, sobre una tarima elevada o una silla de árbitro de tenis se sienta un personaje vestido de kimono formal en colores ocres, que es el CORO. Lleva un abanico en la mano, que sostendrá plegado sobre sus piernas cuando esté callado y abrirá ostensiblemente cuando tome la palabra.

A la izquierda del escenario habrá durante toda la obra un único elemento, que aparecerá en la segunda escena cuando Niwashi lo plante. Es un cerezo. Niwashi lo plantará como de medio metro de altura. A partir de la tercera escena, el cerezo ya tendrá dos metros y medio de altura.

Las canciones se deben cantar musical pero no melódicamente. Se trata de embellecer el texto, no de sujetarlo a una melodía concreta.

La voz del coro tiene que ser imponente, explicando aquello que se debe transmitir al espectador para la mejor comprensión de las circunstancias de la trama.

 

PERSONAJES

SAKURA Es la protagonista femenina. Es la hija de un hacendado que posee una enorme finca en el campo. Viste muy elegante, denotando su riqueza.

NIWASHI Es el protagonista masculino. Es hijo del jardinero del padre de Sakura, y pasa a ser el jardinero cuando su padre fallece. Viste pobremente, denotando su pobreza.

KOMORI Es el aya que cuida a Sakura desde niña. Cuando Sakura se casa y marcha, Komori continúa en la finca de sus padres. Viste informal, sin pretensiones.

 

ESCENA PRIMERA

        Suena el Claro de luna de Debussy.


claro de luna Debussy
    

        Un niño y una niña de unos once años salen corriendo por la parte izquierda del escenario y se persiguen uno al otro, riendo y gritando. Luego se sientan y empiezan a jugar con unas flores que llevan en los bolsillos y colocan en el suelo formando figuras. La música baja de volumen para que se oiga al Coro, pero se mantiene.

CORO: Sakura es la hija del dueño de la finca donde el padre de Niwashi trabaja como jardinero. Sakura y Niwashi se conocen desde muy pequeños. Ahora tienen once y doce años y siempre se han llevado muy bien y juegan juntos en el jardín.

        Sakura se levanta y canta y baila sobre la música. Niwashi la mira desde el suelo.

SAKURA: Soy la reina del jardín

                que florece aquí a mi lado;

                color y aromas sin fin

                alegran sus verdes prados.

                Pía el pájaro en su nido,

                canta el agua en el regato,

                alegres juegan los niños,

                nadan alegres los patos.

                Las flores lucen colores

                que endulzan nuestra mirada

                y la tarde reposada

                se desliza lentamente.

        Se sienta. Se levanta Niwashi y canta y baila sobre la música. Sakura le mira desde el suelo.

NIWASHI: El jardín donde yo juego,

                tan lleno de mil colores,

                luce hoy la más hermosa

                flor de todas estas flores.

                Es mi amada compañera,

                es mi señora adorada,

                de mis juegos compañera,

                por mi alma idolatrada.

        Niwashi sale corriendo de pronto y vuelve con una maceta en la que un pequeño cerezo muestra sus flores recién abiertas. Sakura le ve llegar.

SAKURA: ¿Qué es eso, Niwashi?

NIWASHI: Un cerezo. Es nuestro cerezo, Sakura.

SAKURA: ¿Nuestro?

NIWASHI: Si. En este cerezo están nuestras almas. Las he puesto ahí para que estén siempre juntas. Y lo voy a plantar aquí en medio del jardín, para que lo veamos crecer todos los días.

SAKURA: ¡Qué bonito!

        Niwashi hace los gestos correspondientes a la plantación de un árbol. Cava, abona, luego pide ayuda con gestos a Sakura y entre los dos plantan el cerezo. Luego Niwashi llena el hueco de tierra y la apisona con las manos y luego con los pies, tras lo que se levanta, coge de la mano a Sakura y la lleva un metro hacia atrás, para observar el árbol recién plantado.

NIWASHI: Recuerda, Sakura, es nuestro árbol, y nuestras almas están en él.

        Vuelve a sonar el Claro de luna de Debussy, incrementando el volumen mientras se hace oscuro.

 

ESCENA SEGUNDA

        Niwashi está al lado del árbol, que ahora ya es grande, tiene un par de metros de alto.         Está moviendo la tierra con el azadón alrededor del árbol, que está escasamente  florido. A su alrededor, cientos de flores caídas alfombran la tierra.

        Por la derecha salen Sakura y el aya Komori, que se quedan observando a Niwashi.

        Niwashi y Sakura tienen ahora unos veinticinco años.

CORO: Sakura y Niwashi han crecido. Tienen veinticuatro y veinticinco años. Sakura viene a despedirse de Niwashi, porque se ha comprometido con el hijo del marqués de Sawara, con el que se va a casar, y se marcha de casa de sus padres. La acompaña Komori, su aya, que se queda en la casa.

KOMORI: Ahí lo tienes.

SAKURA: Ya lo veo, Komori.

KOMORI: ¿No vas?

SAKURA, haciendo un esfuerzo: ¡Si, voy!

        Sakura se adelanta y se queda al lado de Niwashi, que no la ve acercarse y sigue trabajando.

SAKURA: Hola, Niwashi.

        Niwashi levanta la vista, la ve y se yergue inmediatamente.

NIWASHI, con voz entrecortada: Hola, Sakura.

SAKURA: ¿Qué le pasa al cerezo?

NIWASHI: No lo sé. Creo que está enfermo. No te preocupes, me ocuparé de él hasta que se cure.

SAKURA: Ya, claro, gracias. Yo... vengo a despedirme. Me marcho.

NIWASHI: Ya lo sé. Me lo ha dicho mi padre. ¡Te casas!

SAKURA: Si. Me caso con el hijo del marqués de Sawara.

NIWASHI: Te deseo que seas muy feliz, Sakura.

SAKURA: Yo... yo también.

        Da media vuelta y sale corriendo hacia Komori, que la acoge en sus brazos. Ambas salen por el fondo derecha. Komori todavía se vuelve a mirar a Niwashi, que no ha dejado de mirarlas. Cuando salen, comienza a sonar la Gymnopedie número 1 de Satie.


Gymnopedie Numero 1

        Niwashi canta, estático en medio del escenario.

NIWASHI: Mi alma y mi cuerpo se rompen

                de ver marchar a mi amada.

                Como la flor del cerezo

                está mi alma atribulada.

                Y nada puede aliviarme,

                no encuentro consuelo en nada.

                Moriré, como el cerezo,

                con el alma desgarrada.

CORO: La vida separa dos almas que siempre han estado unidas. Los dos sufren por la separación, pero las circunstancias son más fuertes que los deseos de los hombres.

        Se eleva el volumen de la música unos segundos, luego comienza a bajar mientras se pasa a oscuro.

 

ESCENA TERCERA

        Por el fondo derecha sale Sakura, en una silla de ruedas. La va empujando Komori, torpemente por su avanzada edad.

CORO: Sakura, ya viuda y muy mayor, vuelve a casa de sus padres. El aya, Komori, aún mayor que ella, se conserva mejor y empuja la silla de ruedas donde va Sakura.

        Sakura se queda mirando al cerezo desde un par de metros y pregunta a Komori.

SAKURA: ¿Qué le pasa al cerezo?

KOMORI: Se secó al año de marcharte. Pero Niwashi nunca quiso cortarlo. Siempre decía: “algún día florecerá”, y ahí lo dejó, pero todos los días lo cuidaba, le removía la tierra, lo regaba, le echaba abono en primavera. Y decía que no estaba muerto, sólo estaba esperando.

SAKURA: Y Niwashi, ¿dónde está?

KOMORI: Murió hace un año. Nunca se casó.

SAKURA: ¿Murió?... ¿Y no se casó?

KOMORI: No. Un día le pregunté y me dijo que él siempre había estado casado, pero que su esposa se había marchado, así que él sólo tenía que esperar pacientemente a que volviera, porque estaba seguro de que algún día volvería a reunirse con él.

        Sakura se echa a llorar violentamente, sacudiéndose bruscamente en la silla, mientras Komori la mira preocupada.

KOMORI: ¿Está usted bien, señora?

SAKURA: Si, Komori, estoy bien. Estoy mejor que nunca. Ahora sé cuál es mi sitio. Llevo toda la vida sin saber cuál era mi sitio. He estado casada con un hombre que nunca me quiso, sólo quería mi dinero. He tenido decenas de amantes, pero ninguno me quería, sólo querían mi sexo.

KOMORI: ¡Señora!...

SAKURA: Esa ha sido mi vida, Komori. Sólo he tenido un amor, y me marché. Me alejé de él por ignorancia, por torpeza, cegada por el brillo del lujo y el dinero.

KOMORI: ¿Quiere que le traiga un té?

SAKURA: Si, por favor, Komori, tráeme un té. Te espero aquí, al lado del cerezo.

        Komori sale hacia la casa. Suena el nocturno número 9 de Chopin.


Chopin Nocturno numero 9

        Sakura canta.

SAKURA: Toda una vida corriendo,

                toda una vida saltando,

                toda una vida sufriendo,

                toda una vida llorando.

                ¡Qué torpe es la juventud!

                ¡Qué vacío es el placer!

                Solamente es el amor

                quien te ayuda a envejecer.

        Sakura se deja caer en la silla de ruedas, los brazos cuelgan a sus costados. El volumen de la música crece intensamente. De pronto, el cerezo comienza a florecer prodigiosamente, llenándose de flores de color rosa pálido. El olor de las flores casi se puede apreciar.

        La música baja de volumen para que pueda oirse al Coro.

CORO: Sakura ha muerto. El cerezo florece porque su alma ya se ha encontrado con la de Niwashi. Ambos están ahora juntos, viendo cómo el cerezo se llena de flores. ¡¡¡Ooooooohhhhh!!!

        El volumen de la música vuelve a subir mientras el escenario pasa a oscuro.

 

FIN

 

 

                                                                                                                  

 

 

domingo, 19 de abril de 2026

LOS LUNES AL SOL, por Pepa

 ADAPTACIÓN TEATRAL DE LA PELÍCULA “LOS LUNES AL SOL“ DE FERNANDO LEÓN DE ARANOA (2002) HECHA POR PEPA M-FALERO (2026)



PERSONAJES

Santa: Es el líder natural y el más rebelde de la panda. Es orgulloso y carismático, sus amigos le escuchan siempre.

José: Representa la baja autoestima. Se siente humillado porque su mujer, Ana, es quien mantiene económicamente la casa trabajando en una conservera.

Lino: Es el personaje más triste. Intenta desesperadamente volver al mercado laboral, pero dada su edad es rechazado siempre. En escena sale con el pelo exageradamente negro con algún resto de tinte que le cae por la cara al sudar.

Rico: Es el único que ha logrado "salir" del paro abriendo un bar sitio de reunión habitual de la pandilla. Vive con la contradicción de ser el dueño del negocio pero ver como sus amigos se van hundiendo. Siempre preocupado por Amador.

ESCENOGRAFÍA

Al subir el telón en la escena aparece en el extremo izquierdo agrupado:

Una farola parpadeando (representa a Santa),

Una nevera vieja cerrada (representa la muerte de Amador)

Un sofá (como símbolo de hogar de José) reposando encima una fotografía de Ana vestida de trabajador de la conservera.

Un traje colgado en una percha sobresaliendo de un bolsillo unos folios en los que se lee currículum. (Será la indumentaria de Lino)

En la línea central del escenario una pequeña barra de bar. (Rico)

A la derecha se apilan montones de cajas de cerveza con forma de proa de barco.

ESCENA FINAL

Salen los cuatro a escena vistiendo traje oscuro.

Santa hace ademán de tirar una piedra a la farola.

Lino saca del bolsillo de la americana el currículum y lo hojea.

Rico se sitúa por un momento detrás de la barra del bar.

José acaricia el sofá y dirige su mirada a la fotografía de Ana, suspira.

Todos se dirigen a la nevera cerrada y la abren en su interior iluminado se ve una urna funeraria.

Música melancólica.

Los cuatro se abrazan y caminan por el escenario hasta colocarse encima de las cajas de cerveza, Santa se sitúa en la punta de la imaginada proa, los demás por debajo de él.

Luz de amanecer en escena.

Lino: ¿Quien las ha cogido?

José: ¿De quién es este barco?

Santa: Y ¿Qué más da? Ahora nuestro

José: No me jodas, Santa

Lino insiste: ¿Quien las tiene?

Todos se miran. Se dan cuenta que ninguno ha cogido las cenizas de Amador

Ríen nerviosos

José: No me jodáis, después de haber robado el barco.

Santa: Prestado José, prestado.

Lino: Y ahora ¿Qué hacemos?

Santa: Le abandonamos en vida, no nos dimos cuenta de su situación y ahora lo hemos vuelto a hacer.

Rico interviene: Amador siempre quiso ver el mar así que le haremos descansar en él.

Lino: Pero coño no te has enterado, que no tenemos la urna.

(Silencio)

Santa continúa: Deberíamos decirle todos unas palabras, aquellas que tal vez nunca le dijimos en vida. Será un bonito homenaje.

Todos asienten.

José: Amador, siempre te recordaremos en los buenos tiempos.

Lino: Amador, eres un cabrón, siempre lo serás, no has debido hacernos esto.

Rico: Amador, descansa en paz, amigo.

Santa desde la proa mira al infinito el sol ya está en lo alto.

Santa: ¿Qué día es hoy?

José contesta: Es lunes.

Silencio y el telón baja despacio.

FIN

sábado, 18 de abril de 2026

CON FALDAS Y A LO LOCO, por Paloma Luaces

 

Adaptación teatral de secuencia del filme

CON FALDAS Y A LO LOCO

 

Espacio:   Habitación de hotel de lujo pero modesta. Hay dos camas pequeñas, un mueble tocador con espejo, una banqueta, un armario y un perchero de pie con distintos sombreros. Por la ventana se vislumbran palmeras y el mar.

Personajes:      Jerry/Daphne (Lemmon)

                         Joe/Josephine (Curtis)

Florida. Año 1929.

 


Joe, con los pantalones arremangados hasta la rodilla, está sentado en la banqueta y tiene una pierna sobre el tocador, donde hay una palangana y utensilios de afeitar. Se está "depilando" la pantorrilla con una navaja de afeitar.

De repente y bruscamente entra un Jerry eufórico, cantando a pleno pulmón y también bastante mal. Jerry, en su rol de Daphne, lleva puesto un vestido estilo flapper, suelto y vaporoso, sin mangas y hasta la rodilla, decorado con flecos y de un llamativo color verde. También lleva encasquetado un sombrero cloche o sombrero campana pero con el ala hacia arriba, lo que le da un aire algo ridículo.

Ante el susto que le provoca la irrupción de Jerry, Joe corre a esconderse en el lateral del mueble.

 Joe:   ¡Coño, Jerry! Te he dicho mil veces que llames y avises antes de entrar. Creí que era Sweet Sue quien venía y casi me corto la pierna.

 Jerry ni siquiera le mira, sigue cantado y se pasea por la habitación bailando, jugando con los flecos de su vestido, con las cortinas, quitándose los enormes zapatos, de medio tacón, con una patada (todo con poca gracia, movimientos algo toscos).

Jerry: (Cantando) “I wanna be loved by you. Just you and nobody else but you. I wanna be loved by you. Alone. Pooh-poop-bee-doo”.

Joe:   ¿Pero qué narices te pasa, Jerry? ¿A qué viene tanto alborozo?

Jerry: (eufórico) ¡Lo que tengo que contarte!

Joe:   ¿Qué pasa?

Jerry: Me caso.

Joe:   Hombre, felicidades, Jerry. Me alegro. ¿Y quién es ella?

Jerry: Yo.

Joe:   ¿Cómo?

Jerry: Osgood se me ha declarado. Nos casamos en junio (radiante).

Joe:   ¡Pero qué cosas dices! ¡No te puedes casar con Osgood!

Jerry: ¿Crees que es demasiado viejo para mí?

Joe:   ¡Jerry! ¡Tú no estás hablando en serio!

Jerry: ¿Y por qué no? La gente se casa continuamente.

Joe:   Pero es que tú, Jerry, no eres una mujer. ¡Eres un hombre! ¿Por qué se va a casar un hombre con otro hombre?

Jerry: Por conveniencia.

Joe:   Jerry, más vale que te acuestes. Tú no estás bien.

Jerry: Ya está bien de tratarme como a un niño. Yo no soy tonto. Sé que habrá problemas.

Joe:   Ya lo creo que los habrá.

Jerry: Su madre, por ejemplo. Porque necesitamos su aprobación. Pero no me preocupa demasiado: yo no fumo y apenas bebo.

Joe:   Pero Jerry… Hay “otro” problema.

Jerry: ¿Y cuál es?

Joe:   ¿Y qué pasa con la luna de miel? (con retintín)

Jerry: Ya hemos discutido sobre eso. Osgood quiere ir a la Riviera. Pero es que a mí me fascinan las cataratas del Niágara.

Joe:   ¡Estás como una regadera! ¿Cómo vas a solventar el “impedimento” y salir del aprieto?

Jerry: Oh, bueno, no espero que dure, por supuesto. Le diré la verdad cuando llegue el momento.

Joe:   ¿Y eso cuándo será?

Jerry: Después de la ceremonia.

Joe:   Ah, perfecto (con ironía).

Jerry: Conseguiremos una anulación rápida. Me pasará una buena pensión, los cheques me caerán del cielo y…

Joe:   Jerry, escúchame, por favor. Hay leyes, convenciones sociales… Simplemente, ¡no puede ser!

Jerry: Pero, Joe, por Dios, ¿no lo entiendes? ¡Esta puede ser mi única y última oportunidad de casarme con un millonario!

 

 

 

FIN

 

EL DIA DE AÑO NUEVO, por Pilar Mas

 EL DIA DE AÑO NUEVO

Ejercicio basado en la adaptación de un texto narrativo a una escena teatral.

Premisa: El relato «El día de Año Nuevo» de la escritora norteamericana Edith Wharton (N. York 1862—Francia 1937) (primera escritora en recibir el Premio Pulitzer, por La edad de la inocencia) es parte de la obra The Old New York, donde se retratan las costumbres de la alta sociedad de la época y la suma importancia que se le daba a las apariencias.

Una sociedad clasista, machista e hipócrita que Edith Wharton disecciona con aparentes pequeños detalles.

El asunto central del relato se sintetiza en esta escena: la presunta infidelidad de Lizzie Hazzeldean y el esfuerzo denodado de ésta por justificar su presencia, en una situación más que comprometida, ante sus conocidos de la alta sociedad y fieles admiradores de Charles Hazzeldean, marido de Lizzie. Esta comprueba que su esfuerzo es inútil; la han visto claramente salir del hotel y sabe que esta Sociedad en la que se mueve no perdona.




Casa de la familia Wesson, una casa burguesa y lujosa, donde se está celebrando la habitual comida familiar de Año Nuevo. La casa está situada justo enfrente del hotel Quinta Avenida.

Mayordomo:— ¡Señor Wesson, el hotel Quinta Avenida arde en llamas!

Señor Wesson:— ¡Qué dices, Tom!— al tiempo que se levanta raudo y va hacia el ventanal desde donde se ve con claridad la fachada principal del hotel. Le siguen todos los miembros de la familia que se levantan de la mesa con premura.

La tía Sabina Wesson:— ¡Qué horror! Mirad todas esas señoras emperifolladas, cómo salen sujetándose sus sombreros de dudoso gusto y con cara de pánico.

Señora Wesson:— ¡Ya llegan los bomberos! Espero que no haya que lamentar ninguna víctima.

La prima Kate Wesson:—Ja, ja, mirad esa señora obesa cómo corre espantada.

La abuela Parret:— Kate, por favor, no frivolices con la situación. Puede ser grave.

Señor Wesson:— No, tranquilos, parece que el incendio está controlado.

Señora Wesson:—  ¡Qué tumulto de gente se ha formado en la entrada! Menuda celebración de Año Nuevo.

Sabina Wesson:— Esa señora que acaba de salir…la del vestido azul…¡Es Lizzie Hazzeldean! ¡Estaba en el hotel!

Señora Wesson:— Ha mirado hacia acá. Es ella sin duda.

Kate Wesson:— Y el caballero que está detrás es…¡Henry Prest!

Sabina Wesson:— ¡Qué desvergüenza! Estaban juntos en el hotel. ¡Pobre Charles Hazzeldean!

Señora Wesson:— Nunca me pareció que estuviera a la altura del bueno de Charles.

Señor Wesson:— ¡No saquemos conclusiones precipitadas! Lizzie siempre me ha parecido una dama con mucha clase…

Sabina Wesson:— Mucha clase… y sin un dólar cuando conoció a Charles.

Kate Wesson:— Todo el mundo sabía que su padre, el reverendo Arcadius Winter, disipó toda su fortuna, que tampoco era muy cuantiosa ni que digamos, en viajes y aventuras inciertas con varias señoras francesas de su parroquia. Se ve que todo se hereda…

Señor Wesson: — Y las lenguas afiladas también se heredan. ¡Ha vuelto a mirar hacia acá! Se la ve realmente angustiada. ¿Salimos en su ayuda?

Señora Wesson: — ¡Ni se te ocurra! La pondrías en una situación más que embarazosa, por no decir que nosotros tampoco sabríamos qué decir.

Kate W.:— ¡Se dirige hacia la casa!, ¿tendrá valor?

Suena el timbre y segundos después Lizzie entra en escena, viene muy agitada y habla entrecortadamente.

Lizzie:— ¡Buenas tardes!, ¡¿han visto que barbaridad?!. Perdonen que irrumpa así sin avisar, señores Wesson. Los he visto en la ventana y me he acercado a informarles. Gracias a Dios los bomberos se han hecho enseguida con el fuego. Parece que todo está ya controlado.

Sr. Wesson:— Siéntese, Lizzie, por favor. Le serviremos una tila o una melisa. Tranquilícese. Ya no hay peligro.

Sra. Wesson:— A usted…¿no le habrá pillado el fuego…?

Lizzie:— ¡No, por Dios! Yo tan sólo me acerqué al ver el tumulto…venía de visitar a una buena amiga y al pasar vi el incendio y me acerqué a ver qué…

Kate W.:— Y el señor Prest, ¿también se acercó?

Lizzie:— (Se queda aturdida por la pregunta) ¿El señor Prest, dice? No lo he visto…

Sabina W.:— Ya, pues estaba detrás de usted. Con el desconcierto se ve que no se han fijado el uno en el otro. Debe de ser eso.

Kate:— Sin duda, sin duda, ha sido eso (Dice Kate con cierto retintín)

Sr. Wesson:— Kate, por favor, dejemos que Lizzie se sosiegue. Siéntese , le serviremos una infusión, ahora mismo.

Lizzie:— No, no se molesten. Me voy ahora mismo para casa, Charles debe de estar preocupado por mi tardanza. Con esto del incendio me he retrasado más de la cuenta.

Sr. Wesson:— Se me está ocurriendo una idea estupenda. Mandaré un coche a recoger a Charles y pasaremos juntos la tarde de Año Nuevo. ¿Qué le parece, Lizzie?

Lizzie:— ¡Oh! Se lo agradezco, pero Charles hoy no se encontraba muy bien. Últimamente su corazón…me tiene muy preocupada. El doctor Swan le ha aconsejado reposo y no salir con este aire tan frío.

Sabina W.:— ¡Qué pena! Habríamos pasado una tarde sin duda interesante. Pero lo importante es que su marido se recupere del todo. Tengo entendido que últimamente no puede atender su despacho como a él le gustaría. ¿Es cierto?

Abuela Parret:— Sabina, no seas indiscreta. Si hiciésemos caso a todo lo que se dice.

Lizzie:— No importa, señora Parret. Es verdad que Charles lleva unas semanas sin poder acudir a su trabajo. Y sufre por ello, por sus clientes…pero la salud es lo primero, ¿verdad?

Kate W.:— Sin duda es usted animosa. Estando así de delicado su marido, no se amilana y se lanza a visitar… a una amiga…

Sra. Wesson:— Pues volviendo al señor Prest y a lo que se dice por ahí (Lizzie se pone tensa, en guardia) creo que se ha prometido con su prima segunda, Esther, y que piensan casarse sin tardar mucho. Así que las veladas en casa de la señora Struthers pronto se quedarán sin el soltero de oro.

Kate W.— Bueno, unas lo sentirán más que lo sentiremos otras. Es un buen partido, desde luego, pero siempre lo he encontrado demasiado…snob.

Sabina W.:— Yo lo encuentro encantador, Kate. ¿Y usted , señora Hazzeldean?

Lizzie:— …No tengo una opinión muy formada… ( responde algo cabizbaja)

Sr. Wesson— Bueno, si se van a poner a hablar de caballeros casaderos, perdón, pero me retiro a la biblioteca. Echaré una cabezadita. Discúlpeme Lizzie y dele muchos recuerdos y mis mejores deseos de que se recupere pronto a Charles.(Le besa la mano y sale de escena)

Lizzie:— Gracias por el té y ahora yo también me debo despedir…

Sabina W.:— Un día de emociones fuertes, sin duda. Los días de Año Nuevo siempre me resultaron un tanto anodinos, pero este Año…con esto del incendio, ¿verdad?, Lizzie.

Lizzie:— Disculpen, pero me tengo que marchar ya. (Lizzie sale de escena contrariada y algo abatida)

Sra. Wesson:— ¡Pobre Charles!

Sabina W. :— Y lo más indignante es que ella no le llega ni a la suela del zapato.

Abuela Parret:— ¡No me gustan estos chismorreos! La estáis crucificando por una suposición. Me retiro a mi cuarto. Mañana salimos temprano para el campo, no os entretengáis mucho, y menos con un tema tan desagradable. (Sale de escena y mira con reproche a Kate, a Sabina y a su hija ,  la Sra. Wesson)

Kate W.:—¡No hay la menor duda! ¿Habéis visto su turbación cuando hemos nombrado a Henry Prest?

Sabina W.:— ¿Y qué haremos a partir de ahora, querida cuñada? (Dirigiéndose a la Sra. Wesson) ¿Seguiremos invitándola a las recepciones, al teatro…cómo si nada?

Sra. Wesson:— ¡Por supuesto! Castigaríamos también a su marido y, pobre Charles, ¿en qué posición quedaría él?

Kate W. :— He oído que está más grave de lo que parece. Los Hazzeldean y su corazón…nunca han muerto de viejos. Cuando enviude…será harina de otro costal.

Sabina W.:— ¡Eso por descontado! Entonces cultivaremos nuestro desprecio sin disimulos.

 

(Fin de la escena)


jueves, 16 de abril de 2026

EXTRAÑOS EN UN TREN, por Carlos Gallego

 Taller: Ver y escribir teatro. Profesora: María Eugenia García Ochoa.

Ejercicio: Dramatizar la escena de una película.

 

Extraños en un tren

(Película de Alfred Hitchcock basada en la obra de Patricia Highsmith)

Personajes: Guy Aimes (29) y Charles Anthony Bruno (24)




En el compartimiento de un vagón de tren van dos pasajeros, uno se llama Guy, tiene 29 años y va leyendo un libro. Enfrente, Bruno, de 24 años, un chico un poco alocado.

Guy ─ ¿Dónde estamos?

Bruno ─ Entrando en Texas.

Guy ─ (Mira el reloj) Vamos bien, entonces.

Bruno ─ ¿Cuál es su destino?

Guy ─ Metcalf.

Bruno ─ ¡Oh! Hermosa ciudad. ¿Viaje de negocios?

Guy ─  (Levanta la vista del libro a regañadientes) Si, soy arquitecto.

Bruno ─  (Extiende la mano) Soy Charles Anthony Bruno, vivo en Long Island y voy a Santa Fe a pasar unas breves vacaciones. Mucho gusto en conocerle.

Guy ─  (Le estrecha la mano brevemente) Encantado.

Bruno ─A lo mejor le molesto con su lectura. A mí también me gusta leer, pero en los viajes prefiero la conversación. Uno lee para evadirse y normalmente se viaja como evasión. Ya sabe usted que cuando dos polos iguales se juntan, se repelen.

Guy ─ No me molesta en absoluto.

Bruno ─ Voy a casa de mis padres. Mi madre es un encanto de mujer, siempre está pendiente de mí. En cambio, mi padre es todo lo contrario, me hace la vida imposible. Verá, la parte de la herencia de mi abuelo que me corresponde, la tiene él controlada.  Ahora me dice que no quiere darme mi dinero porque yo me niego a trabajar, pero eso es mentira. ¡Mentira y gorda! ¡Le pegaría un tiro entre ceja y ceja!

Guy ─ Por favor, tranquilícese. Está usted muy excitado y eso no es bueno.

Bruno ─Tiene razón. Basta ya de hablar de mi triste vida. Haga el favor de contarme a que se debe su viaje.

Guy ─ Voy a reunirme con mi esposa.

Bruno ─ ¡Que romántico! Seguro que es muy guapa.

Guy ─ Si lo es.

Bruno ─ ¿Hace mucho que no la ve?

Guy ─ Tres años.

Bruno ─ Estar tres años sin ver a tu mujer, es demasiado, si además es guapa, muchísimo más. Aquí hay gato encerrado.

Guy ─ Estamos separados.

Bruno ─ Me lo imaginaba. Sabiendo como son las mujeres guapas, apuesto uno contra cien, que algún indeseado ha metido las narices en su relación. 

Guy ─ ¡Y tanto!

Bruno ─ ¿Tanto?

Guy ─ He recibido una carta suya en la que me dice en cinco líneas, que va a tener un hijo y quiere verme.

Bruno ─ ¡Válgame Dios!

Guy ─ ¡Embarazada de ese maldito hombre! Tiempo atrás, yo tenía muchas ganas de tener un hijo, pero ella abortó. Y ahora no me quiere conceder el divorcio.

Bruno ─ ¿Por qué se niega a concederle el divorcio?

Guy ─ No tengo ni idea, me imagino que para seguir recibiendo mi dinero. ¡La muy aprovechada! Estoy desecho, no sé lo que hacer, hasta se me ha pasado por la cabeza matar a ese hombre que ha destrozado mi vida.

Bruno ─ ¡Yo sí sé lo que hay que hacer, amigo mío! Las cosas claras y el chocolate espeso. Matar a ese hombre no soluciona nada, porque su mujer puede encontrar otro hombre y usted no va a estar todos los días matando a los amantes que vaya teniendo su esposa. Es ella la que está en el centro de la diana, es ella el problema. ¿Me entiende? 

Guy ─ Le entiendo perfectamente, pero soy incapaz de llevarlo a cabo. No podría ni matar una mosca, no está en mi naturaleza.

Bruno ─ Cada hombre tiene un Dios y un asesino dentro y cualquiera de los dos puede salir en cualquier momento, según las circunstancias. No tiene nada que ver con el temperamento, la gente llega hasta un límite determinado y solo hace falta algo para dar el salto.

Guy ─ Pues no estoy de acuerdo. Admito que alguien lleve el asesino dentro, pero de ahí a que todo el mundo lo lleve…

Bruno ─ Pues más de una vez tuve ganas de asesinar a mi padre. No más de una vez, le digo que muchas, pero muchas veces. Y usted, no me diga que no ha sentido ganas, alguna vez, de cargarse a los tipos que se acostaban con su mujer.

Guy ─ A uno de ellos, sí. Estuve muy cerca de hacerlo, mucho más cerca de lo que se imagina.

Bruno ─Lo ve, me va dando la razón.

Guy ─Por favor, vamos a dejar esta conversación, siento un runrún que me está poniendo nervioso.

Bruno ─Eso es buena señal, quiere decir que el asunto está calando a fondo. Ya no hay marcha atrás.

Guy ─No se da cuenta que no tengo valor para cometer un asesinato por esto. A lo mejor por otra cosa, sí sería capaz, pero por celos no. 

Bruno ─Ya vamos entrando en razón. Estese tranquilo, usted no tiene que hacer nada, pero nada de nada, para eso estoy yo. Yo me encargo de matar a su esposa. Lo haría por la noche, sin que me viera nadie y usted estaría en otra ciudad.

Guy ─ ¿Y se acabó?

Bruno ─ ¡Hombre! se acabó, se acabó, no... Usted tendría que ocuparse de mi padre…

Guy ─ ¿De su padre? ¿Y que me ha hecho a mi ese buen hombre?

Bruno ─ Lo mismo que su buena mujer a mí. Sea realista y práctico por una vez en su vida. Piense que no se le va a presentar otra vez una ocasión como esta para solucionar un problema tan gordo. Ninguno de nosotros tiene ninguna vinculación con la víctima. Tenemos cada uno la coartada perfecta

Guy ─ Siento la cabeza que me explota.

Bruno ─ Vayamos al vagón comedor. Las cosas importantes no se pueden tratar con el estómago vacío.

Guy ─ De acuerdo. Vamos.

 

 

 

Carlos Gallego Fernández                                            Madrid, 14 de abril de 2026

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