Taller: Ver y escribir teatro. Profesora: María Eugenia García Ochoa.
Ejercicio: Dramatizar
la escena de una película.
Extraños en un tren
(Película de Alfred Hitchcock basada en la obra de
Patricia Highsmith)
Personajes: Guy Aimes (29) y Charles Anthony Bruno (24)
En el compartimiento de un vagón de tren
van dos pasajeros, uno se llama Guy, tiene 29 años y va leyendo un libro.
Enfrente, Bruno, de 24 años, un chico un poco alocado.
Guy ─ ¿Dónde estamos?
Bruno ─ Entrando en Texas.
Guy ─ (Mira el reloj) Vamos bien, entonces.
Bruno ─ ¿Cuál es su destino?
Guy ─ Metcalf.
Bruno ─ ¡Oh! Hermosa ciudad. ¿Viaje de negocios?
Guy ─ (Levanta la vista del libro a regañadientes) Si,
soy arquitecto.
Bruno ─ (Extiende la mano) Soy Charles Anthony Bruno,
vivo en Long Island y voy a Santa Fe a pasar unas breves vacaciones. Mucho
gusto en conocerle.
Guy ─ (Le estrecha la mano brevemente) Encantado.
Bruno ─A lo mejor le molesto con su lectura. A mí
también me gusta leer, pero en los viajes prefiero la conversación. Uno lee
para evadirse y normalmente se viaja como evasión. Ya sabe usted que cuando dos
polos iguales se juntan, se repelen.
Guy ─ No me molesta en absoluto.
Bruno ─ Voy a casa de mis padres. Mi madre es un
encanto de mujer, siempre está pendiente de mí. En cambio, mi padre es todo lo
contrario, me hace la vida imposible. Verá, la parte de la herencia de mi
abuelo que me corresponde, la tiene él controlada. Ahora me dice que no quiere darme mi dinero
porque yo me niego a trabajar, pero eso es mentira. ¡Mentira y gorda! ¡Le
pegaría un tiro entre ceja y ceja!
Guy ─ Por favor, tranquilícese. Está usted muy excitado
y eso no es bueno.
Bruno ─Tiene razón. Basta ya de hablar de mi triste
vida. Haga el favor de contarme a que se debe su viaje.
Guy ─ Voy a reunirme con mi esposa.
Bruno ─ ¡Que romántico! Seguro que es muy guapa.
Guy ─ Si lo es.
Bruno ─ ¿Hace mucho que no la ve?
Guy ─ Tres años.
Bruno ─ Estar tres años sin ver a tu mujer, es
demasiado, si además es guapa, muchísimo más. Aquí hay gato encerrado.
Guy ─ Estamos separados.
Bruno ─ Me lo imaginaba. Sabiendo como son las mujeres
guapas, apuesto uno contra cien, que algún indeseado ha metido las narices en
su relación.
Guy ─ ¡Y tanto!
Bruno ─ ¿Tanto?
Guy ─ He recibido una carta suya en la que me dice en
cinco líneas, que va a tener un hijo y quiere verme.
Bruno ─ ¡Válgame Dios!
Guy ─ ¡Embarazada de ese maldito hombre! Tiempo atrás,
yo tenía muchas ganas de tener un hijo, pero ella abortó. Y ahora no me quiere
conceder el divorcio.
Bruno ─ ¿Por qué se niega a concederle el divorcio?
Guy ─ No tengo ni idea, me imagino que para seguir
recibiendo mi dinero. ¡La muy aprovechada! Estoy desecho, no sé lo que hacer,
hasta se me ha pasado por la cabeza matar a ese hombre que ha destrozado mi
vida.
Bruno ─ ¡Yo sí sé lo que hay que hacer, amigo mío! Las
cosas claras y el chocolate espeso. Matar a ese hombre no soluciona nada,
porque su mujer puede encontrar otro hombre y usted no va a estar todos los
días matando a los amantes que vaya teniendo su esposa. Es ella la que está en
el centro de la diana, es ella el problema. ¿Me entiende?
Guy ─ Le entiendo perfectamente, pero soy incapaz de
llevarlo a cabo. No podría ni matar una mosca, no está en mi naturaleza.
Bruno ─ Cada hombre tiene un Dios y un asesino dentro
y cualquiera de los dos puede salir en cualquier momento, según las
circunstancias. No tiene nada que ver con el temperamento, la gente llega hasta
un límite determinado y solo hace falta algo para dar el salto.
Guy ─ Pues no estoy de acuerdo. Admito que alguien
lleve el asesino dentro, pero de ahí a que todo el mundo lo lleve…
Bruno ─ Pues más de una vez tuve ganas de asesinar a mi
padre. No más de una vez, le digo que muchas, pero muchas veces. Y usted, no me
diga que no ha sentido ganas, alguna vez, de cargarse a los tipos que se
acostaban con su mujer.
Guy ─ A uno de ellos, sí. Estuve muy cerca de hacerlo,
mucho más cerca de lo que se imagina.
Bruno ─Lo ve, me va dando la razón.
Guy ─Por favor, vamos a dejar esta conversación,
siento un runrún que me está poniendo nervioso.
Bruno ─Eso es buena señal, quiere decir que el asunto
está calando a fondo. Ya no hay marcha atrás.
Guy ─No se da cuenta que no tengo valor para cometer
un asesinato por esto. A lo mejor por otra cosa, sí sería capaz, pero por celos
no.
Bruno ─Ya vamos entrando en razón. Estese tranquilo,
usted no tiene que hacer nada, pero nada de nada, para eso estoy yo. Yo me
encargo de matar a su esposa. Lo haría por la noche, sin que me viera nadie y
usted estaría en otra ciudad.
Guy ─ ¿Y se acabó?
Bruno ─ ¡Hombre! se acabó, se acabó, no... Usted
tendría que ocuparse de mi padre…
Guy ─ ¿De su padre? ¿Y que me ha hecho a mi ese buen
hombre?
Bruno ─ Lo mismo que su buena mujer a mí. Sea realista
y práctico por una vez en su vida. Piense que no se le va a presentar otra vez
una ocasión como esta para solucionar un problema tan gordo. Ninguno de
nosotros tiene ninguna vinculación con la víctima. Tenemos cada uno la coartada
perfecta
Guy ─ Siento la cabeza que me explota.
Bruno ─ Vayamos al vagón comedor. Las cosas
importantes no se pueden tratar con el estómago vacío.
Guy ─ De acuerdo. Vamos.
Carlos Gallego Fernández Madrid, 14 de abril de 2026
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