UN AMOR
TARDÍO
Personajes: 3
Miriam - Teresa – Rafael: los tres personajes rondan los
66 a 68 años.
Miriam, mujer que
no pasa desapercibida: es elegante y mantiene un buen tipo. Habla suavemente
con acento argentino.
Las 4 escenas ocurren en el mismo escenario, salón/zona
de estar en casa de Miriam. Casa sin lujos, pero confortable y buen gusto. En
el salón hay una librería, un tresillo con una mesa delante, y en un lateral
otra mesita auxiliar con una bandeja y servicio de té para dos.
---------------------------
Se oye un timbre y Miriam atraviesa la habitación para
abrir la puerta.
Miriam. -Hola preciosa. Cómo estás. Cuanto tiempo sin
vernos.
Teresa. -Si, han pasado más de dos meses. Yo estoy bien,
pero a ti te veo radiante, con tu pelo como siempre impecable.
Miriam. -Vamos a sentarnos. Tengo mucho que contarte. Acabo
de volver de Buenos Aires hace menos de una semana.
Teresa. -Lo sé, lo vi en el Facebook. Te fuiste sin avisar.
Miriam. -Lo siento. Mi hermana, de pronto me envió un pasaje
para que fuera a celebrar con ellos sus 50 años de matrimonio. Fue una locura,
solo tenía una semana para prepararlo todo.
He preparado un té.
¿Te apetece o prefieres un refresco?
T. -Un té está
genial. Cuéntame ¿Cómo encontraste a tu
familia y al país después de tantos años? ¿Cuántos han pasado desde que os
vinisteis?
Miriam acerca la bandeja con el té y se sienta.
M. -Veinte años ya. Pero te cuento, Han sido unos días
maravillosos. Buenos Aires está increíble, mi familia hermosa, mis hermanas,
sobrinos y primos... no sabes cómo me han recibido.
T. -! Que Bien ¡
M -Y además... tengo una noticia…
T. -¿Qué más hay? Cuéntame.
M. -Me he enamorado.
T. - ¿De verdad? ¡Qué maravilla! ¡Miriam! ¿Cómo ha sido? ¿Quién es él?
M. -Se llama Rafael Piñeiro y nos conocimos de chiquitos
cuando estudiábamos historia en la facultad. Fuimos medio novios, ya sabes.
T. -No, no sé, nunca me has hablado de él.
M. -Antes de que llegara Carlos a mi vida como un huracán
enamorándome locamente…
T.
-Si, si, la historia del cabrón de tu marido ya
me la sé. Fue el que te enredó en política y arrastró a su mundo bohemio. Pero
de Rafael nunca te oí hablar.
M. -Nos conocimos
en la Universidad. Estábamos siempre juntos, estudiando, paseando, agarrados de
la manita.
T. -¿Y le cambiaste
por un periodista que te trajo al exilio con tus tres hijos, y que a los pocos
años te dejó por su secretaria, el desgraciado?
M. -Bueno, dejemos el pasado. Me encontré a Rafael, en una
cena en casa de mi primo Andrés. ¡Qué ilusión me hizo! Está jubilado, es
catedrático honorífico y ha escrito varios libros. Desde ese día no nos
volvimos a separar en todo el tiempo que duró mi estancia allá. Fue una vuelta
al pasado.
T. -Bueno, ¡qué sorpresa! ¡Cómo me alegro! Pero sigue.
M. -Está viudo, tiene tres hijos grandes, y nietos. No sabes
qué gusto volver a estar con él. ¡Qué hombre más tierno, culto e interesante!
Me contó que nunca me había olvidado, que yo seguía siendo la mujer de sus
sueños y que ahora no quería dejarme escapar.
T. -¿Y entonces qué haces aquí?
M. -No es tan fácil. Tenía el billete cerrado para volver
acá en dos semanas. No era cosa de quedarme en Buenos Aires y echar todo lo que
tengo por la borda; mi casa, mis hijos y nietos están en España.
T. - ¿Por qué no? Tus hijos son mayores y tienen su vida.
M. -La crisis económica no les deja casi vivir. Rafael lo
está pasando muy mal; no tiene una gran jubilación y lo poco que tiene ahorrado
no lo puede sacar por el corralito financiero.
T. -Ufff, qué faena. ¿Y qué vais a hacer? Bueno lo primero,
una pregunta tonta, que si no reviento. ¿Os acostasteis?
M. -No, no nos atrevimos. Pasamos muchos ratos hablando de
nuestras vidas, de nuestros hijos, de la soledad tremenda en que nos
encontrábamos.
T. -Pues más a mi favor. No lo entiendo…
M -Los dos sabíamos
que nos teníamos que separar en dos semanas. Nos dio miedo. Solamente nos
tomamos de la manita mientras charlábamos, me pasaba el brazo por el hombro
cuando íbamos de paseo.
T. -¡No te creo! Hay que ser tonta, yo no hubiera vuelto sin
pasar al menos una noche con él.
M. -Si te digo la verdad, ahora aquí estoy arrepentida.
T. -¡No me choca! ¿Qué vais a hacer para remediarlo? Lo que
no entiendo es cómo pareces tan contenta.
M. -Porque estoy feliz. Feliz de que haya una persona que se
interesa por mí, que me quiere, que me escucha. Lo primero que he hecho nada
más regresar es comprarme un ordenador y chateamos todas las noches durante
horas.
No sabes lo guapo que es, lo bien que se conserva, es un
caballero, un padre ejemplar…
Cae el telón
----------------------------
Escena
segunda
T. - Hola preciosa, qué gusto verte otra vez.
M. -Hola Teresa, pasa ¿Cómo estás?
T. Estamos todos más
o menos bien. ¿Y tú?
M. -Yo genial . El martes llegué de Venecia.
T. -Ah, sí.
M.-He estado con Rafael… ¿Te sirvo té?
T. -¿Qué me dices?
M. -Aunque no te lo creas he ganado un premio en un concurso
de cartas de amor y el premio era un viaje para dos personas a Venecia.
T. - ¿Me lo estás diciendo en serio? Chica, lo qué a ti no
te pase...
M. -Sí, de verdad. Lo escuché por la radio. Lo organizaba
Radio Nacional y mandé una de las cartas que le había enviado a Rafael y… gané.
Ha sido como una luna de miel. Ha sido maravilloso.
T. -¡No me choca!
M. -Yo era crítica con esas mujeres mayores que decían
enamorarse de nuevo y tonteaban como crías.
T. -Bueno, bueno, sigue con Venecia. ¿Cómo es que se animó
Rafael a acompañarte?
M. -En Argentina, los bancos han empezado a dejar sacar algo
de dinero y sus hijos le animaron a que viniera a España a ver a viejos amigos
que están aquí.
T. -Todo, lo quiero saber todo.
M. -Allí nos
olvidamos del mundo. Solo estábamos él, yo y Venecia. Hacía tanto tiempo que
una mano no acariciaba mi cuerpo que creo que me volví loca. Pensaba que podía
ser la última vez que me sintiera tan deseada. No quería perderme ninguna de
las voluptuosas sensaciones que estaba sintiendo. Hice realidad los sueños que
mi cuerpo había echado de menos todos estos años.
T. -Hija, qué envidia. Eres increíble ¡Caray con los amores
tardíos! ¿Y ahora?
M.-Rafael está arreglando todo para volver a Madrid. Quiere
quedarse aquí conmigo. Me parece un milagro que a mi edad pueda tener alguien
al lado que me quiera y con el que poder envejecer.
T. -Seguro que lo conseguiréis. Lo has pasado muy mal y
ahora te lo mereces.
Cae el telón
------------------------
Escena tercera
M. -Hola preciosa. ¿Has llegado bien?
T. -Si, aunque hay un tráfico increíble.
M. -Pasa. Te presento a Rafael.
R. -Encantado Teresa, ¿vos sois esa buena amiga que, según
me ha relatado Miriam, compartís penas y alegrías?
T. -Encantada Rafael. Si, esa soy yo. Nosotras compartimos
todas esas pequeñas y grandes cosas que nos ocurren durante el tiempo que no
nos hemos visto.
M. -Y disfrutamos muchísimo, es un desahogo imprescindible
para mí.
R -¡Qué lindo! Qué bueno que te hayas ocupado de ella todo
este tiempo. Ahora estoy yo aquí para cuidarla y acompañarla.
M. -Y para algo más también…
R. -¡Ay, cariño! te has acostumbrado en España a ser una
descarada.
T. -No, a lo que se
había a costumbrado era no tener un hombre a su lado.
R. -Claro, te cásate con ese loco inconformista. Te atrapó
con noches de charlas sin fin entre humo, música, tragos y amigotes. Para
terminar con amaneceres de sábanas revueltas de remordimientos.
T. -¡Qué bonito! ya me dijo Miriam que eras un poeta. Da
gusto oírte hablar con ese acento de recién llegado de Argentina.
R. -Sólo pensar lo que has pasado tú sola para sacar a tus
hijos adelante, sin familia, sin conocidos, casi sin amigas, me hacen
adorarte. Saber, que cuando tus hijos ya
mayores y tenían su propia vida, tú, para sobrevivir tuviste que alquilar sus
habitaciones a estudiantes extranjeros, me hierve la sangre
M. -No seas tan dramático, cariño. Bueno, todo eso ya pasó.
Ahora estás tú aquí.
R. -Si, tú y yo ya somos uno.
T. -Os miro y me parecéis modelos de un anuncio publicitario
de un plan de pensiones.
(se ríen los tres
mientras cae el telón)
Escena cuarta
y última
T. -Otra vez juntas, y hoy solas. Me dijiste que Rafael no
iba a estar que había tenido que salir.
M. -Si, Rafael ha vuelto a Buenos Aires.
T. -¿Qué me dices? ¿Ha pasado algo? ¿Su familia le ha pedido
que vuelva?
M. -No, no es eso.
T. -Por tu aspecto
suena a para siempre.
M. -Sí, le he dicho que no vuelva.
T. -¡No jorobes! ¿Qué ha pasado?
M. -Que no le he podido aguantar. No sé si puse demasiadas
expectativas en esta relación, pero llevaba mucho tiempo sola y me he sentido
invadida. Mi dormitorio dejó de ser mío. Mi cuarto de baño parecía tomado por
un extraterrestre. Fui viendo cómo mi vida y el mando a distancia del televisor
pasaban cada vez menos tiempo en mis manos. Pero sobre todo me sentí muy
agobiada, teniendo durante todo el día a una persona pendiente de mis actos y
opinando sobre todo lo que hacía.
T. -Bueno hija, es lo que tiene vivir en pareja.
M. -¡Yo qué sé! Últimamente me preguntaba, ¿le quiero?
¿Quiero vivir el resto de mi vida con él en el sofá?
T.- ¿Y qué te respondías?
M. -Me respondía que
él no se merecía mis dudas. Había dejado por mí, su tierra, sus hijos, sus
amigos, pero además yo sabía que es mucho más lo que dejas cuando abandonas tu
país; son sonidos, olores, sabores, distintas estrellas en el firmamento, un
viento distinto en la cara, tantas, y tantas cosas que sólo se pueden abandonar
para salvar tu vida y la de los tuyos. O para compartir un amor que mi corazón
envejecido ya no sabe dar.
Fin