miércoles, 20 de mayo de 2026

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932)




CARMEN DE BURGOS (1867-1932)

Madrileñas. Por Juana Cámara.

 

CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una periodista, escritora, pedagoga, traductora y activista por los derechos de la mujer. Con su forma de ser y actuar desafió los convencionalismos de su época y reglas de aquél entonces. Escribió novelas, cuentos, ensayos y otros géneros, dejando un amplísimo legado.

 

PERSONAJES:

INÉS COLLADO. Mujer de 33 años, actriz, directora y estudiosa de Carmen de Burgos. Nos habla sobre la escritora.

CRISTINA MARÍN-MIRÓ. Mujer de 35 años, guionista, directora, estudiosa de Carmen de Burgos. Nos habla sobre la escritora.

VOZ EN OFF. Carmen de Burgos, habla al público.

PERIODISTA. Mujer de 40 años. Da introducción al Coloquio y hace de moderadora pasando el micrófono al público.

PÚBLICO. Cada oyente- espectador formula preguntas acerca de la autora.

ESCENAS: DOS

 

(Desde el 19 de Febrero hasta el 8 de Marzo de 2026 se representa en el Teatro Español la obra “Confidencias de Artistas”, de Carmen de Burgos. Adaptada y dirigida por Inés Collado y Cristina Marín-Miró e interpretada por Inés Collado y Almudena Pascual. El último día de Marzo,,al terminar la obra,,habrá un Coloquio sobre la obra representada y sobre la autora. Esto decía el cartel de presentación de la obra)

 

OSCURO.

 

 

 

ESCENA UNO

 

(Se ilumina la sala, va a dar comienzo el coloquio. Al fondo una pantalla en blanco da paso a una forma nebulosa que se va diluyendo hasta aparecer la figura de Carmen de Burgos. En pantalla se irá sucediiendo esta imagen con imágenes de la obra representada)

 

VOZ EN OFF: (Es la voz de Carmen de Burgos. La IA lo imita fenomenal; existe una grabación de ella cuando estuvo en EEUU).

Buenas noches, querido público. Emocionada de estar en esta sala del Teatro Español donde tantas veces me adentré. Agradecer a estas maravillosas mujeres, directoras y dramaturgas, que han tenido el valor de desempolvar mis obras y representar “Confidencias de Artistas”. Espero hayan disfrutado tanto como yo disfruté entrevistando a todas y cada una de esas grandes trabajadoras del arte. Buscaba “sorprender a la artista en su verdad más sencilla” mostrando a la mujer real más allá del retrato profesional.

De la mano de Inés Collado y Cristina Martin-Miró, esta noche conoceréis un poco mi vida y mi obra.

 

(Se hace un pequeño oscuro y aparecen sentadas las autoras de la obra representada: Inés Collado y Cristina Martín-Miró; junto a ellas, de pie, una periodista micrófono en mano).

 

PERIODISTA: Buenas noches. Como colofón a estas semanas de representación y en homenaje a las mujeres en este día tan significativo, vamos a conocer esta noche a la autora de la representación que hoy hemos visto.

CRISTINA: ¡Hola! Un año más conmemoramos este día para recordar lo que a las mujeres ha costado llegar hasta aquí, y continuamos en esta labor por la igualdad. Nuestra autora de esta noche es un ejemplo de lucha por los derechos de la mujer en este país.

INÉS: Para nosotras es muy importante estar hoy hablando de esta mujer invisibilizada que tanto aportó al feminismo. Por el poco tiempo que tenemos veremos algunos aspectos suyos. Conocer a Carmen de Burgos es adentrarse en una vida agitada y densa; su gran legado nos dice que fue una mujer muy dedicada a la escritura. Se abrió camino como profesora en Guadalajara. Al poco se instala en Madrid y empieza a introducirse en el mundo intelectual madrileño. Se asoció al Ateneo de Madrid y creó en su propia casa las “Tardes de Colombine o Tertulias Literarias”. Con una beca del Ministerio de Instrucción Pública viajó durante un año a algunos países europeos para estudiar distintos sistemas de enseñanza. Más tarde entró en el periódico donde por primera vez una mujer fue reconocida como periodista profesional escribiendo una columna diaria. Fue admitida en La Asociación de la Prensa a la vez que su amiga, también periodista, Consuelo Alvarez Pool. El periódico fue su herramienta desde donde escribir y lanzar todo su ideario, que recopiló en libros. Continuó viajando a lo largo de su vida por Europa y EEUU. Se puede decir que fue la pionera en algunas de las facetas que desarrolló.

 

PERIODISTA: Sin más dilación se abre el turno a las preguntas. (La periodista entrega el micrófono al primer espectador que levanta la mano).

PÚBLICO: ¿En qué momento os planteasteis hacer esta obra y por qué?

CRISTINA: Investigando a las escritoras españolas de la Generación del 98 me encontré con Carmen de Burgos, mujer polifacética donde las hubiera. Su gran legado me llamó la atención y me fascinó desde el principio por ver en toda su obra un hilo conductor orientado a la preocupación por los grupos sociales menos favorecidos. Fue incansable en su lucha por la igualdad de la mujer. Al encontrarme con su libro “Confidencias de Artistas”, como guionista y directora artística tenía la posibilidad de adaptarlo al teatro. En mis manos estaba el dar a conocer las cuarenta y cinco maravillosas entrevistas que Carmen hizo a actrices, cantantes y bailarinas. Sería todo un homenaje a esta autora y a las artistas entrevistadas, pensé. Para nosotras, representar la obra en este teatro significaba mucho, era algo simbólico; en los camerinos de este mismo teatro la autora hizo muchas de las entrevistas que acabamos de ver.

Aquí estamos; lo que fue un pensamiento se ha hecho realidad, se ha materializado.

PUBLICO: ¿La entrevista a María Guerrero me ha sorprendido un poco; el libro de la autora es tal cual?

INÉS: María Guerrero rechazaba las entrevistas, no quería hablar de su vida personal; además de actriz era empresaria junto con su marido; no fue fácil pero como buena periodista Carmen dejó que hablara y cuando por varias veces dice: no quiero ninguna entrevista, la periodista contesta: no se preocupe María, ya la tengo.

PÚBLICO: La novela “Puñal de Claveles” de Carmen de Burgos inspiró a García Lorca a escribir “Bodas de Sangre”. ¿Qué opinan de esto?

CRISTINA: La novela “Puñal de Claveles”, de Carmen de Burgos, fue escrita antes que “Bodas de Sangre”, de García Lorca. No se conoce más al respecto. Lo que si se puede analizar es que la autora en su novela aborda un enfoque feminista: la libertad de la mujer, mientras que la obra del autor se centra más en el drama en sí. Ambas obras, basadas en un hecho real, merecen ser leídas y representadas.

PÚBLICO: ¿Qué me dice de las encuestas de opinión acerca del divorcio y el sufragio universal? ¿Se puede decir que Carmen fue pionera en este tema?

INÉS: Carmen fue pionera en muchas de las facetas que desarrolló: fue la primera mujer en España reportera de guerra en Marruecos, la primera mujer en España periodista profesional y primera persona en España haciendo encuestas de opinión. A través del periódico “Diario Universal”, donde escribía una columna diaria, formuló en 1903 a sus lectores y personalidades de la época la pregunta: “¿Debe implantarse el divorcio en España?”. El revuelo que se armó fue magnífico: se abrió la caja de Pandora y empezaron a salir todos los males del país de la época. “Aún la sociedad española no está preparada”, dijo la autora. Las encuestas fueron recogidas en su libro “El Divorcio en España 1904”. También hizo encuestas sobre el “Sufragio Universal” y sobre “La pena de muerte en España”.

PUBLICO: (Un jaleo enorme empieza a sentirse en la sala. Tres hombres se han levantado y empiezan a gritar):

La divorciada... ¡Que se vaya!, ¡que se vaya! ¡Quiten esa imagen! (la de Carmen de Burgos). ¡Roja, comunista, republicana, masona; vete; vete!

(También insultos y gritos a las mujeres de la sala, que a su vez todo el público contesta y se indigna con estos desalmados)

“Sois todas unas lesbianas: Rojas, Comunistas, Traidoras”

(El público no sale de su asombro; los alborotadores han querido romper el Coloquio. Tras algún forcejeo son invitados a salir de la sala, y acompañados por guardias del teatro finalmente salen. El público se va tranquilizando)

 

OSCURO

 

ESCENA DOS

 

PERIODISTA: Sentimos este altercado tan triste que hemos presenciado. Son tiempos muy convulsos; es triste que sigan ocurriendo estas cosas. Continuamos el Coloquio.

PUBLICO: ¿Se puede considerar a Carmen de Burgos la primera mujer en España feminista?

CRISTINA: A lo largo de la historia una larga lista de mujeres han hablado de los derechos de la mujer. En la Generación del 98 fue un tema muy tratado por distintas escritoras, entre ellas Emilia Pardo Bazán, predecesora de Carmen de Burgos. Nuestra autora dio un paso más haciendo activismo en la calle como se venía haciendo en otros países. En 1920 creó la “Cruzada de Mujeres Españolas”, y en 1921 se organizó la primera manifestación en la calle para hacer entrega en el Congreso de todas las reivindicaciones feministas: igualdad, protección para la mujer y la revisión del código penal, aludiendo al artículo 434, donde una infidelidad de la mujer se pagaba muy cara y no el mismo hecho para el hombre. Se puede decir que fue la primera mujer feminista activista, que se empeñó en esta tarea sobre todas las cosas.

VOZ EN OFF: (Imagen de Carmen de Burgos) Para gloria mía me despedí de este mundo conociendo que mi buena amiga Clara Campoamor llevó y defendió en el Congreso todas las reivindicaciones que el movimiento feminista había propuesto. La Carta Magna de 1932 reconoce el matrimonio civil, el divorcio y el voto femenino. Terminé mis días contenta rodeada de seres queridos. Y manifesté: “¡Muero contenta porque muero republicana! ¡Viva la República!”; les ruego a ustedes que digan conmigo: “¡Viva la República!”

CRISTINA: ¡Cómo no iba a estar contenta Carmen de Burgos! Fué con la II República cuando se aprobaron estos derechos. ¡Poco duró la dicha para las mujeres de España! Fue como un espejismo.

PÚBLICO: Soy profesor de Literatura y coincido con vosotras en la invisibilidad de las mujeres. La Generación del 98, o Edad de Plata, fue una generación muy prolífica en escritores, pero a las féminas escritoras no se las reconoce. Agradezco vuestro trabajo en traerlas y sacarlas del olvido, y mi mayor deseo es que algún dia no muy lejano estén representadas en los libros de texto; que nuestros niños y nuestras niñas conozcan y estudien conociendo que existieron grandes escritoras de distintas generaciones.

INÉS: Reforzando su comentario. En los libros de texto hay pocas referencias a mujeres escritoras. Es hora de que se las reconozca y se muestren en los libros de texto; que se desenmascare de una vez por todas tantísimas obras escritas con seudónimo y atribuidas a otros autores.

Carmen fue reconocida a nivel internacional como una gran escritora, pero en 1939 su nombre fue incluido en la lista de autores prohibidos junto a otros nombres. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y librerías.

PÚBLICO: Daros las gracias por este evento dedicado a esta autora que se ha complementado con la obra representada. La interpretación de las actrices ha sido magnífica, muy bella representación: una entrevista que es a la vez todas y ninguna, condensando en una única voz coral experiencias, dudas y deseos compartidos por generaciones de mujeres artistas.

CRISTINA-INÉS: Podríamos estar hablando de esta autora largo y tendido; la falta de tiempo hace que tengamos que cortar. Sigan conociendo a Carmen de Burgos y otras autoras de distintas generaciones. Buenas noches. Seguiremos encontrándonos en los teatros y actos culturales.

 

¡VIVA LA CULTURA!             ¡VIVA EL TEATRO!

 

APLAUSOS


sábado, 16 de mayo de 2026

EL CLAVEL ROJO DENTRO DEL ABRIGO NEGRO, por Luis

 

EL CLAVEL ROJO DENTRO DEL ABRIGO NEGRO, por Luis



El cinturón rojo ceñía el abrigo de cuero negro. La hendidura que producía marcaba la generosidad de la cadera que, en movimiento, imitaba la barca en el mar cuando el viento es suave.

La mañana era fría y todos simulaban expulsar humo al respirar. Parecía una protesta a la nueva ley que prohibía fumar.

Por la mañana los sonidos parece que se recrean y aumentan. La señorita del abrigo negro y el cinturón rojo llevaba unos zapatos con tacones más altos que prácticos; utilizaba el suelo adoquinado de granito igual que los palillos la membrana del tambor. La puntualidad de cruzar la calle todos los días a la misma hora era la señal de la disciplina que regía en su vida. En una ocasión un vecino anciano le comentó que en lugar de poner el despertador se guiaba por el sonido de sus zapatos al pasar por la ventana de su casa. Los zapatos no eran de diseño exclusivo, pero tenían un ribete rojo, caprichosamente; estaba situado en el empeine algo puntiagudo. Las luces se reflejaban a su paso en el bolso de charol negro que se balanceaba con el cuerpo al caminar. La bufanda roja dejaba libres los labios pintados de rojo intenso que se correspondía con la bufanda, el cinturón y el ribete lanceolado de los zapatos.

La imaginación, que suele ser muy atrevida, hacía pensar a los varones de ocupaciones libradas en la cantidad de lunares que tendría repartidos por todo su cuerpo, cuando se fijaban en el que tenía en la parte inferior del pómulo izquierdo; este secreto se encargaban de descubrirlo el verano y la playa.

El metro por la mañana es una madriguera de gusanos metálicos chillones y de personas con prisas. Tiene la virtud de igualar a todos, como la muerte. Será porque bajo tierra la notoriedad y la suntuosidad no tienen razón de ser. Las personas necesitan la superficie para lucir sus vanidades, sus casas, sus coches, sus orgullos...

En las horas punta, la rapidez y la falta de cortesía son los alicientes para conseguir uno de los escasos asientos que ofrece el vagón. Un joven fue el que se impuso en la disputa del único asiento libre, desplazando con descaro y agresividad a la señorita bicolor. El tren repleto permitía una proximidad no deseada que el joven aprovechó para mirar con descaro y provocación a la mujer de rojo y negro que el azar le había acercado. Las miradas insinuantes del joven hicieron de posición a la mujer, mostrándole el paño negro del abrigo partido en dos por el cinturón rojo.

La naturaleza, los genes o la divinidad habían sido muy generosas concediendo una elegancia envidiada a aquella mujer. Pero el puesto de directora de recursos humanos de la multinacional no le vino caído del cielo. La compatibilización de estudio y trabajo en la caja de un supermercado le hicieron perder cinco años de su juventud.

Cuando colgaba el abrigo en la percha de su despacho siempre recordaba el otro abrigo de paño leonado que tantos años tuvo como única prenda, que hacía montón en la percha donde estaban todos los de sus hermanos.

Al repasar la agenda del día, el punto más delicado era el de las entrevistas a los demandantes de empleo. Preparar el guion para hacer una selección justa y acertada le suponía una concentración que la aislaba de todo lo demás.

Mientras tanto, a la sala de espera práctica y funcional llegaban los solicitantes tímidos y melancólicos. Estaba reflejada la foto social de un barrio obrero. Las diferencias externas eran evidentes, desde el negro betún subsahariano al sepia alpino, el moreno quemado magrebí y el blanco latino. En el fondo a todos les identificaban los mismos conocimientos y la limitación de ambiciones.

El puesto de carretillero que buscaba la empresa no exigía ninguna cualificación de estudio ni master.

Esta circunstancia hacía meditar a la directora después de la sesión de entrevistas Su ética no le permitía discriminar a nadie. El trabajo solicitado no requería ninguna preparación técnica ni cultural. ¡Total, para cargar y descargar bultos!

Elegir el candidato suponía una responsabilidad que le hacía pensar en ello antes de tomar la decisión. Tenía muy claro que lo que diferenciaba a una persona de otra eran la cultura y la educación; en este caso las opciones de acceso eran iguales para todos los candidatos, sin considerar la nacionalidad ni su preparación.

***

Al abrir la puerta el primer sorprendido fue el aspirante a mozo de almacén, pues la directora respondió: “Pase”, sin levantar la cabeza de los papeles que manejaba.

Levantó la cabeza y vio al joven treintañero con un tono rojizo en la cara provocado por el sopor del recuerdo en la escena del metro – el encuentro se repetía ahora con el papel invertido, ahora era ella quien estaba sentada-.  A pesar de haber una silla, no se la ofreció en el tiempo que duró la entrevista. Después de un breve silencio y una mirada seria dejó KO al aspirante, derivando la suya hacia el suelo mostrando una actitud cabizbaja y humillante. Se prolongó el silencio, la directora abandonó el guion protocolario prescindiendo de los datos personales y decidió dar por terminada la entrevista con un leve comentario y una pregunta:

-   Según el curriculum que ha presentado todos los trabajos que ha tenido han sido cortos y temporales. También tiene un curso de Contabilidad. ¿Me puede decir el número contable que se le asigna a los proveedores?

Entre balbuceos inaudibles vino a decir que hacía mucho tiempo, pero no lo había practicado.

***

Cuando estaba en la calle, el joven pensó que el clavel rojo dentro del florero negro que había sobre la mesa era cómplice del cinturón, de los zapatos y de los labios que vio en el vagón del metro a primera hora de la mañana.

Al cruzar la calle tuvo que detenerse porque pasaba un coche fúnebre con una corona de claveles rojos.

 

FIN

 

 

LA SILLA, por Francisco Arellano

 

LA SILLA


PERSONAJES:

-            ELLA: Elegante, segura, competitiva.

-            EL: Torpe, entusiasta, muy expresivo.


ESCENARIO:

-            Una sola silla en el centro.

Silla sola en escenario con iluminación suave y sombra discreta


MÚSICA:

 Sombras en fuga


Ella entra decidida, ve la silla, sonríe con satisfacción.

Se detiene al ver la silla. Sonrisa de “es mía”.

Él entra por la derecha, jadeando, como si hubiera corrido desde muy lejos.

 

Escenario completo en plano general: ella a la izquierda, elegante y segura; él a la derecha, inclinado y jadeando; silla centrada. Iluminación simétrica y neutra. Estilo realista fotográfico.

Ambos se miran.

Duelo tenso en plano general: ella a la izquierda, erguida y seria; él a la derecha, firme y mirándola con intensidad; silla centrada como frontera. Iluminación cálida y simétrica. Estilo realista fotográfico.

Miran la silla.

Ambos personajes en postura estática mirando fijamente la silla centrada en el escenario. Ella a la izquierda, él a la derecha. Iluminación cálida y simétrica. Estilo realista fotográfico.

Se miran otra vez, más intenso.

Duelo cómico intenso en plano general: ella a la izquierda, él a la derecha, ambos mirándose con tensión exagerada tipo western, postura firme, manos listas como para desenfundar, silla centrada como objeto del conflicto. Iluminación cálida y simétrica. Estilo realista fotográfico.

Tensión absurda, casi duelo del oeste.

Ella avanza con paso firme hacia la silla.

Ella avanza con paso firme hacia la silla centrada en el escenario, él permanece a la derecha observando con tensión contenida. Iluminación cálida y simétrica. Estilo realista fotográfico.

Él la adelanta con un sprint ridículo, casi derrapando.

Él adelanta a ella con un sprint ridículo hacia la silla, casi derrapando, mientras ella queda sorprendida detrás. Escenario teatral cálido, estilo realista fotográfico.

Ella lo frena con un gesto elegante pero autoritario.

Ella lo frena con un gesto elegante pero autoritario frente a la silla, él queda detenido con expresión de sorpresa. Escenario teatral cálido, estilo realista fotográfico.

Él responde con un gesto exagerado de “por favor, siéntese usted”.

Gesto exagerado de cortesía teatral

Ella intenta sentarse…

Él “ayuda” moviendo la silla sin querer y Ella cae al suelo con su dignidad herida.

Caída cómica al intentar sentarse

Él intenta ayudarla y pero solo consigue empeorar la situación.

Él intenta ayudarla torpemente

Él al intentar levantarla, pero se caen los dos.

Caída conjunta cómica

Ambos se incorporan como si nada hubiera pasado, intentando recomponer la compostura.

Dignidad fingida tras la caída

Él se disculpa con una reverencia absurda.

Reverencia final manos juntas

Ella ahora protege la silla como si fuera un cachorro.

Ella protege la silla como un cachorro

Él señala algo en el techo para distraerla. Ella ni pestañea.

Él señala al techo para distraerla

Él se inclina para colarse, por un lado, y ella gira el torso extendiendo el brazo para cortarle el paso

Bloqueo lateral cómico

Ella coloca un pie sobre la silla, pose conquistadora.

Pose conquistadora con pie sobre la silla

Él intenta deslizar la silla hacia un lado, con todas sus fuerzas, pero ella la bloquea con un dedo.

Bloqueo cómico con un dedo

Él finge que no le importa y se sienta en el aire como si hubiera una silla invisible… y cae.

Sentado imposible en el aire

Ambos se colocan a cada lado de la silla, como vaqueros antes de desenfundar.

Duelo cómico frente a la silla

Miran su reloj.

Reloj imaginario compartido

“DING” imaginario. Saltan a la vez sobre la silla. La silla se rompe estrepitosamente. Quedan sentados en el suelo, congelados, intentando mantener la dignidad.

Escena teatral con él llevando chaqueta negra

aparece una sombra de un tercero

Mujer a la izquierda de la silla, hombre ligeramente desplazado a la derecha

Ellos asienten muy serios.

Salen corriendo, cada uno se lleva una pata de la silla como si fuera un trofeo.

Huida absurda con patas de silla

Vuelven a entrar corriendo desde lados opuestos.

Entrada corriendo desde lados opuestos

Chocan entre sí.

Choque teatral en el centro

Se miran, se encogen de hombros.

Salen otra vez, esta vez sincronizados.

Caminar hacia el otro lado

FIN

APLAUSOS

Saludo final

Actores saludando al público tomados de la mano

MÁS APLAUSOS.

TELÓN.

 

 

 

 

viernes, 15 de mayo de 2026

DULCE ESPERA, por José María Gómez

 

DULCE ESPERA

 

El escenario muestra un dormitorio con una cama individual en la pared izquierda, debajo de una ventana por la que se aprecia el verde de los árboles. Es de día y el sol entra por la ventana hasta media habitación. En la pared del fondo, un aparador con múltiples cajones. Encima del aparador hay un jarrón con flores frescas y varios marcos con fotos. Un par de cuadros muy coloridos alegran las paredes. La decoración general es la de una joven de unos veinte años de edad. Por delante del aparador se abre la puerta del dormitorio. En la pared de la derecha hay una mesita de trabajo con algunos libros. La mitad derecha del escenario está completamente a oscuras.

 

Al abrirse el telón, Sonia está dormida en la cama, con la cabeza sobre un almohadón enorme. Se enciende el display de un despertador que comienza a sonar con un timbre melódico cuyo volumen va disminuyendo al tiempo que va aumentando el volumen de “Salut d’amour” de Elgar.

 




Sonia abre los ojos, mira a su alrededor, se estira, se sienta en la cama. Escucha la música unos segundos y luego se va incorporando lentamente, como cansada y dolorida, dejando ver que tiene un embarazo ya muy avanzado, a juzgar por el enorme bulto de su vientre, que mira y acaricia dulcemente.

 

Se levanta sujetándose el vientre con una mano y va hacia el aparador, donde hay una jarra de agua y un vaso, del que bebe lentamente mientras sigue sujetándose el vientre y mira a su alrededor. La música se va apagando.

 

Sonia abre el cajón superior del aparador y saca una fotografía grande, de unos veinticinco centímetros, enmarcada en un marco también grande de plata. Se aprecia la cara de un hombre joven, de su misma edad. Sonia se lo queda mirando.

 




Comienza a sonar “Rèverie” de Debussy, mientras Sonia estrecha la fotografía contra el pecho y simula bailar alrededor de la habitación, quizá incluso musitando algo entre dientes. De vez en cuando levanta la mano para admirar un anillo, un solitario grande, que va girando lentamente como mirando sus destellos. La música se va desvaneciendo mientras Sonia coloca el marco encima de la mesita y se aleja de él andando hacia atrás, mirándole con dulzura, para sentarse otra vez en la cama.

 

Se apaga gradualmente la luz de la parte izquierda del escenario al tiempo que se ilumina gradualmente la parte derecha, que representa la habitación profesional de un médico. El centro del escenario es un pasillo, del que sale a la izquierda la puerta de la habitación de Sonia y a la derecha, enfrente, la puerta de la habitación del médico. El despacho está formado por una mesa de despacho que se ubica contra la pared de la derecha. En la pared del fondo hay una ventana. Encima de la mesa del médico hay un diploma, y por algún sitio un armarito de cristal típico con medicamentos. El despacho está vacío.

 

Pasados unos segundos, un médico vestido con bata blanca aparece por el fondo del pasillo y avanza mirando unos papeles hacia el despacho, abriéndolo y sentándose en la mesa, donde sigue consultando papeles.

 

Tras unos segundos, aparecen por el fondo dos matrimonios de mediana edad, unos cincuenta y pocos años. Van hablando entre ellos en voz muy baja y avanzan por el pasillo muy serios. Uno de los hombres lleva un crespón negro y viste corbata también negra. También una de las mujeres viste de negro completamente, de luto formal. El hombre de negro la lleva cogida del hombro. Cuando llegan a la puerta del médico, llaman y entran sin esperar respuesta. El médico se levanta, va hacia ellos, les saluda e invita a sentarse a la señora que no va de luto en la única silla libre, sentándose también él en la mesa de despacho.

 




Se oscurece gradualmente la parte derecha del escenario y se ilumina gradualmente la parte izquierda, donde Sonia sigue sentada en la cama. Comienza a sonar el “Vals de las flores” de Tchaikovsky, mientras Sonia, como si lo estuviera escuchando, se levanta con los brazos abiertos y comienza a bailar por la habitación agarrándose el vientre, mirando al techo, sonriendo ampliamente, bailando con la torpeza típica de una embarazada.

 

Se va apagando la luz y desvaneciéndose la música mientras Sonia sigue bailando.

 

Se ilumina lentamente la parte derecha del escenario, donde el doctor tiene cogida la mano de la señora que no va de luto, sentada en la silla delante del médico, mientras ella solloza y el médico la consuela claramente. Las otras tres personas están de pie, detrás de la mesa de despacho. La señora sentada levanta la cabeza y abre los brazos como preguntando, a lo que el médico niega rotundamente con la cabeza. La señora se echa hacia atrás en la silla y rompe a llorar, tapándose la cara con las manos y un pañuelo que saca del bolso. Se oyen claramente los sollozos mientras el médico se levanta y el señor que no va de luto se inclina sobre ella para consolarla.

 

Mientras suenan los sollozos, se va apagando la luz de la derecha y se ilumina la luz de la izquierda, donde Sonia está sentada en la cama. Se abre la puerta hacia dentro de la habitación, dejando ver que en la parte exterior figura un número; “107”. Entra en la habitación una enfermera con una bandeja de comida, que coloca encima de la mesita. Cierra la puerta y va hacia Sonia, hacia la que se agacha, acaricia el pelo, la levanta de la cama dándole la mano, abre los botones de la bata y mete el brazo por dentro para sacar el almohadón que formaba el abultado vientre de Sonia, que deja sobre la cama mientras lleva de la mano a Sonia hacia la bandeja de comida, ayudándola a sentarse y comenzando a darle de comer mientras Sonia mira sin ver nada más que la fotografía que tiene delante.

 

FIN


 

 

 

 

jueves, 14 de mayo de 2026

PUENTES DE HUMANIDAD, por Amada Carrero

 

PUENTES DE HUMANIDAD

 

A veces me han llamado “utópica”, como si desear un mundo mejor fuera una exageración o un exceso de positividad. Pero la Historia demuestra que las utopías de un tiempo son las realidades de otro. Lo que ayer parecía imposible, hoy es un derecho conquistado.

Los derechos humanos no están muertos: están dormidos. Dormidos en los gobiernos que olvidan a la gente.

Dormidos en las sociedades que ya no reaccionan.

Dormidos en las personas que han olvidado que nacieron con libertad, dignidad y voz.

Y, mientras tanto, la vida avanza como si la deshumanización fuera algo normal. Como si la compasión fuese un lujo. Como si ayudar a tu prójimo pudiera ser ilegal, con leyes absurdas que criminalizan la ayuda y juzgan como delincuentes a quienes intentan rescatar vidas.

Antes también llamaron “utópica” la idea de abolir la esclavitud. También llamaron “utópico” imaginar que una mujer pudiera votar.

La Historia nos muestra que la utopía es siempre el primer latido; después, cuando suficientes conciencias despiertan, se vuelve realidad. Un sistema entero puede transformarse cuando el corazón humano se activa.

Si soy utópica es porque la realidad me parece increíble.

Y porque creo, profundamente, que la Humanidad sólo será verdaderamente humana cuando coloque en el centro a las personas, a los seres vivos, a la vida misma como valor fundamental. Construir puentes de humanidad no es un sueño lejano, es la tarea más urgente de nuestro tiempo.

ARTÍCULO 1

-        Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

(Declaración Universal de los Derechos Humanos)



EL CORDÓN DE LA VIDA, por Amada Carrero

 

EL CORDÓN DE LA VIDA

Hay un hilo que atraviesa la Historia. No se ve pero se siente. Es el mismo hilo que nos conecta a la vida a través del cordón umbilical.

El cordón umbilical no es solo biología. Es el primer vínculo con el amor, con la protección y con la vida. Antes de saber hablar ya estamos unidos.

En el mito de Ariadna, ella entrega un hilo para que Teseo pueda salir del laberinto. No es la espada lo que salva. Es un gesto femenino. No es la fuerza bruta. Es la intuición. Es la capacidad de orientar en medio de la oscuridad.

Ese hilo representa algo más profundo: la confianza en lo intangible...

Ariadna no lucha contra el laberinto: lo comprende. Sabe que perderse es humano.

Quizás por eso, cuando el mundo se pierde en sus propios laberintos, es la voz de lo femenino la que nos recuerda de dónde venimos. No para escapar del laberinto, sino para atravesarlo con sentido.

Todos tenemos un laberinto interior: miedos, dudas, heridas, sombras. Caminos que parecen repetirse. Puertas que no sabemos si abrir.



Pero a veces olvidamos seguir el hilo, ese que nos lleva al centro de nosotras mismas.

Tal vez el verdadero hilo sea la conciencia amorosa. Esa que nos permite entrar en nuestras propias profundidades, sin miedo a no regresar.

La mujer, como símbolo universal de vida, porta ese hilo desde siempre. No como imposición sino como puente.

Y quizá lo divino no sea otra cosa que ese hilo intacto, esperando que lo tomemos con suavidad para no perdernos de nosotros mismos.

miércoles, 13 de mayo de 2026

EN UNA CASA RURAL, por Carmen

 

En una casa rural


Dos mujeres jóvenes entran con maletas en una casa rural en pleno invierno. 

Es de noche. Hace frío. Está todo oscuro. Buscan interruptores de luz, pero no los encuentran.  Encienden la linterna de sus móviles.

Hay ventanas en los laterales. En medio del salón un sofá y un par de sillones. En el extremo una escalera que sube a una galería con muchas puertas cerradas.

Al fondo del salón hay un pequeño mostrador con un timbre. Lo pulsan insistentemente pero no reciben respuesta.  Parece que no hay nadie en toda la casa.

Se miran indecisas, se encogen de hombros, separan los brazos mostrando no comprender. No saben qué hacer. 

De repente oyen un crujido, como si una puerta se abriera, lanzan la luz de sus linternas entre la penumbra hacia el sitio de donde viene el sonido. No ven nada, solo oyen el rechinar continuo que ahora parece que se ha trasladado hacia otro lado. Dirigen los focos de sus móviles a ese nuevo lugar. Siguen sin captar de donde procede, pero cada vez escuchan más chirridos. 

Una corriente de aire les provoca frío al tiempo que notan el portazo de una ventana. A continuación otras ventanas se abren y cierran con violencia.

Se asustan, salen corriendo hacia la salida pero no consiguen abrirla, está bloqueada. Se sienten atrapadas, las puertas siguen chirriando y las ventanas continúan abriéndose y cerrándose. 

Ellas están aterrorizadas pero permanecen en silencio para no llamar la atención. Se abrazan, tiemblan de frío y de miedo, apagan las linternas para no ser vistas.

Estalla una fuerte tormenta. Los truenos provocan un ruido ensordecedor. La lluvia matiza los misteriosos chirridos. Cuando los relámpagos iluminan la sala, comprueban que muchas puertas están abiertas. Las ventanas siguen dando portazos. 

Las dos jóvenes aterrorizadas se miran mutuamente y se asustan la una de la otra al no reconocer sus caras por la confusión del pánico y  las sombras que provoca el reflejo de los rayos. Se separan enérgicamente yéndose a extremos opuestos.  

Están así unos segundos mirándose mutuamente con recelo y suspicacia, hasta que se dan cuenta de lo absurdo de la situación. Son amigas, se sonríen, se acercan y se abrazan. 

Vuelven a encender las linternas de sus móviles y se empeñan en buscar un interruptor.  Por fin lo encuentran debajo del mostrador. Encienden la luz.  La sala se ilumina. 

Comprueban que detrás de las puertas no hay nadie.  Cierran  las ventanas que han quedado abiertas a causa de la tormenta.  Se dirigen hacia la salida y la abren sin esfuerzo.  

Se vuelven a mirar sonriendo.

Se sientan en el sofá del salón a esperar tranquilamente a que pase el temporal.


Fin

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

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