viernes, 15 de mayo de 2026

DULCE ESPERA, por José María Gómez

 

DULCE ESPERA

 

El escenario muestra un dormitorio con una cama individual en la pared izquierda, debajo de una ventana por la que se aprecia el verde de los árboles. Es de día y el sol entra por la ventana hasta media habitación. En la pared del fondo, un aparador con múltiples cajones. Encima del aparador hay un jarrón con flores frescas y varios marcos con fotos. Un par de cuadros muy coloridos alegran las paredes. La decoración general es la de una joven de unos veinte años de edad. Por delante del aparador se abre la puerta del dormitorio. En la pared de la derecha hay una mesita de trabajo con algunos libros. La mitad derecha del escenario está completamente a oscuras.

 

Al abrirse el telón, Sonia está dormida en la cama, con la cabeza sobre un almohadón enorme. Se enciende el display de un despertador que comienza a sonar con un timbre melódico cuyo volumen va disminuyendo al tiempo que va aumentando el volumen de “Salut d’amour” de Elgar.

 




Sonia abre los ojos, mira a su alrededor, se estira, se sienta en la cama. Escucha la música unos segundos y luego se va incorporando lentamente, como cansada y dolorida, dejando ver que tiene un embarazo ya muy avanzado, a juzgar por el enorme bulto de su vientre, que mira y acaricia dulcemente.

 

Se levanta sujetándose el vientre con una mano y va hacia el aparador, donde hay una jarra de agua y un vaso, del que bebe lentamente mientras sigue sujetándose el vientre y mira a su alrededor. La música se va apagando.

 

Sonia abre el cajón superior del aparador y saca una fotografía grande, de unos veinticinco centímetros, enmarcada en un marco también grande de plata. Se aprecia la cara de un hombre joven, de su misma edad. Sonia se lo queda mirando.

 




Comienza a sonar “Rèverie” de Debussy, mientras Sonia estrecha la fotografía contra el pecho y simula bailar alrededor de la habitación, quizá incluso musitando algo entre dientes. De vez en cuando levanta la mano para admirar un anillo, un solitario grande, que va girando lentamente como mirando sus destellos. La música se va desvaneciendo mientras Sonia coloca el marco encima de la mesita y se aleja de él andando hacia atrás, mirándole con dulzura, para sentarse otra vez en la cama.

 

Se apaga gradualmente la luz de la parte izquierda del escenario al tiempo que se ilumina gradualmente la parte derecha, que representa la habitación profesional de un médico. El centro del escenario es un pasillo, del que sale a la izquierda la puerta de la habitación de Sonia y a la derecha, enfrente, la puerta de la habitación del médico. El despacho está formado por una mesa de despacho que se ubica contra la pared de la derecha. En la pared del fondo hay una ventana. Encima de la mesa del médico hay un diploma, y por algún sitio un armarito de cristal típico con medicamentos. El despacho está vacío.

 

Pasados unos segundos, un médico vestido con bata blanca aparece por el fondo del pasillo y avanza mirando unos papeles hacia el despacho, abriéndolo y sentándose en la mesa, donde sigue consultando papeles.

 

Tras unos segundos, aparecen por el fondo dos matrimonios de mediana edad, unos cincuenta y pocos años. Van hablando entre ellos en voz muy baja y avanzan por el pasillo muy serios. Uno de los hombres lleva un crespón negro y viste corbata también negra. También una de las mujeres viste de negro completamente, de luto formal. El hombre de negro la lleva cogida del hombro. Cuando llegan a la puerta del médico, llaman y entran sin esperar respuesta. El médico se levanta, va hacia ellos, les saluda e invita a sentarse a la señora que no va de luto en la única silla libre, sentándose también él en la mesa de despacho.

 




Se oscurece gradualmente la parte derecha del escenario y se ilumina gradualmente la parte izquierda, donde Sonia sigue sentada en la cama. Comienza a sonar el “Vals de las flores” de Tchaikovsky, mientras Sonia, como si lo estuviera escuchando, se levanta con los brazos abiertos y comienza a bailar por la habitación agarrándose el vientre, mirando al techo, sonriendo ampliamente, bailando con la torpeza típica de una embarazada.

 

Se va apagando la luz y desvaneciéndose la música mientras Sonia sigue bailando.

 

Se ilumina lentamente la parte derecha del escenario, donde el doctor tiene cogida la mano de la señora que no va de luto, sentada en la silla delante del médico, mientras ella solloza y el médico la consuela claramente. Las otras tres personas están de pie, detrás de la mesa de despacho. La señora sentada levanta la cabeza y abre los brazos como preguntando, a lo que el médico niega rotundamente con la cabeza. La señora se echa hacia atrás en la silla y rompe a llorar, tapándose la cara con las manos y un pañuelo que saca del bolso. Se oyen claramente los sollozos mientras el médico se levanta y el señor que no va de luto se inclina sobre ella para consolarla.

 

Mientras suenan los sollozos, se va apagando la luz de la derecha y se ilumina la luz de la izquierda, donde Sonia está sentada en la cama. Se abre la puerta hacia dentro de la habitación, dejando ver que en la parte exterior figura un número; “107”. Entra en la habitación una enfermera con una bandeja de comida, que coloca encima de la mesita. Cierra la puerta y va hacia Sonia, hacia la que se agacha, acaricia el pelo, la levanta de la cama dándole la mano, abre los botones de la bata y mete el brazo por dentro para sacar el almohadón que formaba el abultado vientre de Sonia, que deja sobre la cama mientras lleva de la mano a Sonia hacia la bandeja de comida, ayudándola a sentarse y comenzando a darle de comer mientras Sonia mira sin ver nada más que la fotografía que tiene delante.

 

FIN


 

 

 

 

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