domingo, 6 de abril de 2025

EL INSUMISO “LA SUMISIÓN “ (Juana Cámara)

 Sinopsis. 


Un joven a punto de cumplir la mayoría de edad ve interrumpido el curso de su vida durante años. Por motivos morales, no acepta la nueva situación (que por ley) tiene que pasar, y, se declara insumiso. Esta situación le lleva a ser juzgado, penalizado y pasar unos años en la cárcel.

Obra.

Corrían los años 80 y un joven de 17 años, en un pequeño pueblo de Jaén, marchaba a toda velocidad como queriendo beberse la vida. Miguel, que así se llamaba, vivía con sus padres, y ayudaba en la pequeña tienda familiar, a la vez que estudiaba.  Era un joven muy activo que todo despertaba su interés.  Por las tardes, y después de echar un rato en el negocio familiar, asistía a la Asociación de Vecinos del barrio, donde colaboraba transcribiendo las actas de las reuniones que iban saliendo.  Participaba en el grupo de teatro formado en la misma asociación y, pronto se dio cuenta, que era lo que más le gustaba hacer.

Fue en este Grupo de Teatro del barrio donde comenzó su andadura que no abandonaría, (pese a las adversidades) por el resto de su vida. Actuar le hacía sentirse vivo, se hacía más grande, era el mismo. Como buen lector, pasaron por sus manos muchas obras de teatro; se empapó del teatro español del siglo de oro, pero no se quedó ahí, quería seguir conociendo y un día descubrió, el teatro del absurdo de Eugene Ionesco.  Leyó toda su obra, y dos le atrajeron especial atención: “El Rinoceronte “y "Jacques o la Sumisión”.

 

Para continuar sus estudios, tuvo que trasladarse de provincia, y junto con la decisión de su familia el lugar conveniente era Barcelona.  A los pocos meses de instalarse, una llamada de teléfono cambió el rumbo de su vida.  A la otra parte del hilo la voz de su padre sonaba trémula, y después de darse mutuamente saludos amorosos dijo:  Miguel, te llamo principalmente para darte una noticia que no te va a agradar (padre e hijo habían hablado más de una vez de este asunto, y el padre conocía el parecer del hijo al respecto); ha llegado una carta donde te comunican la fecha de incorporación en dos meses, al Servicio Militar; tienes que presentarte en el Cuartel Militar de Jaén, la próxima semana.  Miguel enmudeció, y solo pudo decir: Papa, luego os llamo, ahora tengo que salir. Con una gran tristeza, se hundió en la cama, y su mente empezó a funcionar a gran velocidad:   Pensaba en los estudios que tendría que cortar, en la chica que había conocido en el nuevo grupo de teatro, y, sobre todo; pensaba que no quería perder un año de su vida para servir en algo con lo que estaba en desacuerdo. Todo, todo esto, es absurdo.   De pronto le vino a la memoria la obra de Ionesco.  Y dando un grito que alertó a todos los compañeros de la casa, dijo: No, no iré, no me presentaré.

                                                                                                                                                               El Servicio Militar Obligatorio llamaba a filas cada año a jóvenes, que no conocían lo que les esperaba. En algunos casos situaciones muy difíciles, como para quienes fueron destinados al Sahara, donde se libraba una guerra. Otros trataban de librarse; y a través de algún enchufe que mediaba por ellos no hacían este servicio.

 

Miguel no se presentó en el Cuartel General y, como consecuencia, le hicieron un Consejo de Guerra: Fue condenado a 15 meses de cárcel por desobediencia Civil. Cumplidos estos meses cuando salió, se exilió a Francia donde pasaría unos años. Se formó en una escuela de arte dramático, y conoció a jóvenes españoles que estaban pasando por las mismas circunstancias: se preparan para cómo librarse de no ir al SM. Todos estos jóvenes eran desertores de la justicia, y en algún momento iban a pagar por ello. Así, empezó el movimiento de objetores de conciencia; objetores por ideas, políticas, morales o religiosas que aumentó, llegando en 1999 al número de 20.000.                                              Miguel, que se acogió a este derecho, por motivos morales, no por ello estuvo libre para continuar sus planes de vida.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            En 1984 el Gobierno sacó un Decreto que reconocía el derecho de los Objetores de Conciencia a no hacer el Servicio Militar, y sustituirlo por un Servicio Civil de dos años. Muchos se acogieron a él, pero otros muchos no estuvieron de acuerdo, como fue el caso de Miguel. De nuevo fue llamado a filas, y de nuevo condenado a cárcel por insumiso: desobediencia civil.

 

 Entró en la cárcel de Jaén en el pabellón de los políticos por insumiso.  Aquí, junto con otros compañeros condenados por la misma causa, puso en marcha un grupo de teatro que dirigió y representó al personaje principal: “Jacques o la Sumisión”. El grupo de Insumisos con las ideas bien claras ensayaba cada día la obra absurda que a todos les llegó, por considerar que era tan absurda como la vida que les estaba tocando vivir en la cárcel.  Con gran sentido del humor, se reían tanto de la obra como de su propio destino.

 

Un 9 de marzo de 2001, a la entrada del salón- biblioteca de la cárcel, un cartel anunciador decía:

 :                                                                                                                                                    HOY 9 DE MARZO A LAS 18 HORAS SE REPRESENTA LA OBRA DE TEATRO “Jacques o La Sumisión “por el grupo “Los Insumisos”

 

Reparto:

Miguel Hernandez.  Jacques.

Carmelo Bienvenido.  Jacques padre.

Bernardo Alba. Jacques madre.   

Alfredo Machado. Jacques abuelo.

Héctor Guerrero. Robert novia.

Federico Cámara. Jacqueline hermana.

Eleuterio Gonzalez. Jacques abuela.

Fernando Matamoros. Robert padre de la novia.

Gabriel Fernandez. Robert, madre de la novia.

 

El público iba a divertirse, los presos ya habían presenciado algún ensayo, pero, este día sería todo más a lo grande, más real. Un escenario hecho con sábanas pintadas con colores fluorescentes daba vida a toda la instancia, las luces hacia la otra parte, y en medio un sillón desvencijado completaba el escenario. Todo estaba preparado, había mucha expectación, inquietud en todos los presos, eran muchos los que habían colaborado en la preparación tanto de la obra como del escenario. Para otros era un día especial por ver a sus compañeros; era la primera vez que en la cárcel se representaba una obra de teatro. Si, fuera un día diferente: agradable, divertido; máximo cuando cuatro de los personajes se transformaban en el papel de mujer.                                                                                                                                                                                                                Miguel, que hacía el personaje de Jacques, estaba nervioso y hundido en el sillón, estaba preparado para empezar la representación. A su alrededor, toda la familia de Jacques.

 

 

 

 

(Al levantarse el telón, hundido en el sillón igualmente hundido, Jacques con sombrero puesto, tiene aspecto gurruñado y de mala persona. A su alrededor están sus parientes).

 

 

Jacques Madre. (llorando) ¡Hijo mío, mi niño, después de todo lo que he hecho por ti! 

¡Después de tantos sacrificios!  Jamás habría creído eso de ti. tus eras mi esperanza…Lo sigues siendo, pues no puedo creer, no, no puedo creer, per-Baco, que te obstines. ¡Ya no quieres a tus padres, tus trajes, tu hermana, tus abuelos!  Pero piensa, hijo mío, piensa en que te alimente con biberón, que te dejaba secar en tus pañales, como a tu hermana, por lo demás… (A Jacqueline) ¿No es así hija mía?

 

Jacqueline Sí mamá, así es ¡Ay, después de tantos sacrificios y tantos sortilegios!

 

Jacques, Madre. ¿Lo ves…, lo ves?  Fui yo, hijo mío, quién te dio los primeros azotes, y no tu padre, aquí presente, que habría podido hacerlo mejor que yo, pues es más fuerte; no, fui yo, porque te quería demasiado. Era también yo quien te privaba del postre, te besaba, te cuidaba, te domaba, te enseñaba progresar, a transgredir, a tartajear, quien te llevaba, en los calcetines, tantas cosas ricas para comer. Yo te enseñé a subir las escaleras cuando las había, a frotar las rodillas con ortigas, cuando querías que te picasen. Fui para ti más que una madre, una verdadera amiga, un marido, un marino, una confidente, una oca. No retrocedí ante ningún obstáculo, ante ninguna barricada, para satisfacer todos tus placeres de niño. ¡Ah, hijo ingrato!, ni siquiera te acuerdas de cuando te tenía en mis rodillas y te arrancaba tus lindos dientecitos y las uñas de los dedos de los pies para hacerte berrear como un becerro adorable.

 

Jacqueline ¡Oh, ¡qué graciosos son los becerros!  ¡Mu!  ¡Mu!  ¡Mu!

 

Jacques Madre.  ¡Y tú te callas, testarudo!   No quieres oír nada.

, su porvenir Jacqueline. Se tapa los oídos y adopta una actitud repugna

Jacques Madre.  Soy una madre desdichada. He dado a luz un monstruo,

 ¡y el monstruo eres tú!  Tu abuela quiere hablarte. Tropieza. Es octogenaria. Quizá te dejes conmover por su edad, su pasado, porvenir.

 

Jacques, Abuela.  Escucha, escúchame bien: tengo experiencia, he dejado mucho atrás. Yo también tenía, como tú, un tío segundo que tenía tres casas; daba la dirección y los números telefónicos de dos de ellas, pero nunca de la tercera, en la que se ocultaba a veces, pies se dedicaba al espionaje.  No, no he podido convencerle. ¡Oh pobres de nosotros! 

 

 

De pronto alguien de los espectadores grito:  Somos libres, somos libres. Un insumiso, dio la noticia de que se acababa de aprobar por Real Decreto la abolición del servicio militar obligatorio.

La representación se cortó en el acto; todos los presos estaban eufóricos, y querían celebrarlo; se abrazaron y gritaron hasta la saciedad. Una vez todo más tranquilo, Miguel, habló de continuar la obra.  A partir de este momento, todo ya era más informal: silbidos, risas; todo valía sería una gran tarde de fiesta.

 

De las cárceles españolas salieron muchos insumisos que continuaron su vida, como si nada hubiese pasado, pero algo había cambiado en el sistema español. Un cambio de paradigma se empezaba a dar en la sociedad española.

                                                                                                                Miguel cumplió tres años de cárcel; volvió a Barcelona, reanudó su vida en el mundo del teatro y audiovisual; formó su propio grupo con el dirigió algunas obras.  Continua aun en escena.

miércoles, 2 de abril de 2025

“LOS TEATREROS” ¡A ESCENA! (trabajo de grupo con 6 personajes)

 

SINOPSIS:

En un camerino, se dan cita los actores protagonistas y el director de la Compañía de Teatro “Los Teatreros”. Faltan pocos minutos para salir a escena y el Regidor les va avisando del tiempo. Aparece entonces de forma inesperada, una admiradora que no quiere marcharse y un empresario con la que dice es su mujer, a ofrecerles un nuevo proyecto. Estos acontecimientos  les llevarán a una serie de malos entendidos, provocando situaciones divertidas y muy disparatas.

 PERSONAJES: 

- LUIS PIELDELOBO: Actor de unos cincuenta años, decadente, inseguro y acomplejado.

 

- REGIDOR: Joven de unos treinta años, cumplidor de su trabajo

 

- SAMANTHA ATLANTHA.: Actriz de unos cuarenta años, atractiva, segura de sí misma y con éxito.

 

- SIMÓN CORTADO: Director de la Compañía, de unos cuarenta y cinco años, delicado, amoroso, mujeriego y oportunista.

                       

- SERGIO PALOMINO: Empresario de cincuenta y nueve años, prepotente, impertinente y un tanto peculiar.

           

- ADMIRADORA: Mujer de unos setenta años, con carácter, que siempre consigue lo que quiere.

 

- LUNA LAGUNA: Joven supuesta amante de Sergio, de unos treinta años, oportunista y sin pudor.

  

ACTO I

 

(LUIS PIELDELOBO, actor de teatro en decadencia, se encuentra en el camerino, nervioso y agobiado. Entra en ese momento el regidor, para avisarle del tiempo que le queda para comenzar su actuación)

 

REGIDOR.- ¡A escena en treinta minutos! (Se da la vuelta para marcharse)

LUIS. - ¡Espera, espera! (Le hace una seña con la mano) ¡No te vayas, todavía! Que tengo que preguntarte una cosa…

REGIDOR. – ¡Si, señor Luis!

LUIS.- ¿Cuántos años, crees que aparento?

REGIDOR – ¿Dos?

LUIS. – Pues no te lo vas a creer, pero aquí donde me ves (Mintiendo) tengo veinticinco.

REGIDOR. – Pues yo no le echaba más de cuatro años, como le veo muchas veces a gatas…

LUIS. – ¡Ya! es que así se camina mejor (Coge un vaso) ¿Quieres un trago?

REGIDOR. - ¡No, gracias! Es que no me gusta mezclar…

LUIS. – ¡Claro! el alcohol con el trabajo…

REGIDOR. – ¡No! el alcohol con otras sustancias ¡Disculpe! Tengo que ir a avisar a los demás (Sale del camerino)

LUIS.- Esta noche, la emoción me embarga y aunque no he preparado ningún discurso (Habla mirándose al espejo) Me gustaría dar las gracias a todos aquellos que han confiado en mí y en mi interpretación en la mítica serie “Si no encuentro mis lentes, puedo partirme los dientes” (Entra ahora la actriz SAMANTHA ATLANTA con un ramo de flores y una tarjeta)

SAMANTHA. – ¡Mira! De parte de una admiradora.

LUIS. – ¿Son para mí? (Coge la tarjeta y la lee) “Estimada SAMANTHA ATLANTA: Es la cuarta vez, que vengo a verla en su nueva función. Cada día que pasa, está usted más guapa y es mejor actriz (Samantha sonríe, mientras se ahueca el cabello) Espero no se estropee con los años, como su simpático compañero LUIS PIELDELOBO” (Le devuelve la tarjeta) ¿Y porque me das a mí, a leer esto?

SAMANTHA. – ¡Dice que eres simpático! (Se ríe)

SIMÓN.- (Entra en el camerino) ¿Dónde te habías metido, amor mío? (Dirigiéndose a SAMANTHA y luego a LUIS sin apenas interés) ¡Bueno a los dos! (Hablando a SAMANTHA) ¿Sabes quién ha venido a ver la función?

SAMANTHA.- ¿Quién?

SIMÓN.- ¡SERGIO PALOMINO!

LUIS.- ¡Toma ya! ¡El empresario!

SAMANTHA. – ¿Quién es ese? ¿Está soltero?

SIMÓN.- ¡Quiere venir a saludaros! (Se dirige a los dos) Así que, tenéis que ser simpáticos y reírle todas las gracias, porque de él depende que hagan un contrato a nuestra compañía esta temporada, en el teatro que tiene en la Gran Vía…

LUIS.- ¡La Gran Vía! (Entusiasmado)

SIMÓN.- ¡Sí! esa calle que tiene tantos teatros, además de tiendas y restaurantes.

LUIS.- ¡Dios mío! Volver allí, es como un sueño… (Saca el móvil) ¡Voy a llamar ahora mismo a mi representante…! ¿Fernando? ¡Acaban de firmarme un año, en la Gran Vía…! ¡Sí! ¡Quiero que en el luminoso ponga: “La Compañía de teatro “Los Teatreros” presenta a: LUIS PIELDELOBO! Los demás pueden ir en el cartel debajo, en letra pequeña, no son importantes…

REGIDOR.- ¡Pero señora, que no puede entrar! (Entra en el camerino, peleandose con una admiradora, que quiere un autógrafo)

ADMIRADORA.- ¡Claro que puedo entrar! ¡Faltaría más! (Lleva en la mano un bastón, con el que amenaza) Y como no me dejes… ¡Me lio a bastonazos con todos! (Consigue entrar) ¡Madre mía! ¡No me lo puedo creer  (Se acerca a SAMANTHA) ¡Si le han dado mi ramo!

SAMANTHA.- ¡Muchas gracias señora, es un detalle!

ADMIRADORA.- ¡Que detalle, ni que ocho cuartos! ¡Que el ramo es muy grande! ¡Ay! ¡Así de cerca, es usted guapísima! (La separa entre SIMÓN y el REGIDOR)

SIMÓN.- ¡Apártese señora, que se le va a estropear el maquillaje a SAMANTHA!

ADMIRADORA.- ¡Quitecitos, que os doy…! (Vuelve amenazar con el bastón)

LUIS.- ¡Señora! Haga el favor de abandonar el camerino, que estamos esperando una visita muy importante.

ADMIRADORA.- ¡Usted, cállese! ¡Que lo que está, es azul de envidia!

SAMANTHA.- ¡Se dice, verde…!

ADMIRADORA.- ¡Es que soy daltónica!

SIMÓN.- ¡Vamos a ver señora! (Refiriéndose al Regidor) ¡Este joven le va a acompañar a su butaca!

ADMIRADORA.- ¡De eso nada! ¡Quiero un autógrafo! (Se suelta y va de nuevo junto a SAMANTHA, mientras saca lápiz y papel) ¡No sabe lo que la admiramos en la residencia, desde que usted empezó!

REGIDOR.- Acaba de llegar el señor SERGIO PALOMINO y  LUNA LAGUNA, su señora… (LUNA se sienta en un lado)

SERGIO.- ¡Muy buenas! ¡Enhorabuena mi querido SIMÓN! Este montaje, es espectacular y tú dirección ha sido inmejorable, que sepas que este proyecto está dando mucho que hablar…

LUNA.- ¡Están barriendo por los pueblos de España!

ADMIRADORA.- ¿Sí? (Va con el bastón junto a SERGIO) Pues ¡Llévenme con ustedes, que yo barro estupendamente!

SERGIO.- ¡Disculpe! Pero estoy impaciente por conocer a la estrella…

LUIS.- Ya nos conocíamos, nos presentaron hace tiempo, en la época de la serie, “Si no encuentro mis lentes, puedo partirme los dientes”…

SIMÓN.- ¡Aquí está! (Coge de la mano a la actriz y la lleva junto a SERGIO, que la besa la mano) SAMANTHA ATLANTHA…

SERGIO.- ¡He pensado mucho en usted…!

SAMANTHA.- ¡Me lo dicen mucho los hombres! En la cama, antes de dormirse ¿A que sí?

SERGIO.- ¡Pues no! Me la he imaginado en un letrero luminoso, de un teatro céntrico de Madrid… ¡SAMANTHA ATLANTHA! ¡La estrella de “Los Teatreros”! ¡La dama de las tablas!

SAMANTHA.- ¿Y porque voy hacer de carpintera?    

SIMÓN.- ¡Pero cariño! Se refiere a las tablas del teatro.

SAMANTHA.- ¡Ah claro! ¡Era broma!

SERGIO.- ¡Vamos querida! Tenemos mucho de qué hablar (La coge de la cintura y se dirigen hacia la salida del camerino)

ADMIRADORA.- ¡Un momento! ¿Y mi autógrafo?

SERGIO.- ¡Que no moleste, señora! (Salen los dos)

LUIS.- ¡No obstaculice el amor libre, entre un empresario y una joven indefensa!

ADMIRADORA.- ¡Usted a callar! (Vuelve a amenazar con el bastón) ¿Y este hombre es su marido? (Se sienta junto a LUNA)

LUIS.- ¡Que yo no soy su marido! Y ellos tienen que hablar de negocios, una película, un anuncio…

ADMIRADORA.- ¡Ya! y también un revolcón… ¡Menuda pinta de sinvergüenza tiene ese hombre!

LUNA.- ¡Conozco a mi marido, señora!

REGIDOR.- ¡A escena en quince minutos! (Se asoma)

LUIS.- ¡Acompaña a esta señora a su butaca! (Le dice al REGIDOR)

SIMÓN.- ¡Eso sí! (Se acerca, la coge del brazo y la levanta) ¡Luego, que le firme la receta de las pastillas para el corazón, si hace falta!

ADMIRADORA.- ¡Que no me toque, oiga! (El REGIDOR, la saca a la fuerza del camerino)

SIMÓN.- ¡O se acaba hoy mi carrera, o mi relación! (Muy alterado, paseando de un lado a otro)

LUNA.- ¿Y si tomamos algo?

LUIS.- ¡Que buena idea! (Coge una botella que tenía en un rincón) ¡Podemos terminarla y después andamos a gatas! ¿No lo has probado nunca?

REGIDOR.- ¡Señora, por última vez! ¿Quiere ir a su butaca? (Vuelven al camerino de nuevo)

ADMIRADORA.- ¡Que no! ¡Yo no me muevo de aquí, hasta que me firmen el autógrafo, que luego en la residencia se ríen de mí y además pierdo la apuesta! (El REGIDOR, se va)

LUNA.- La entiendo señora, yo también me debo a mi público…

SIMÓN.- ¿Ah sí? y ¿Cuál es tu nombre artístico?

LUNA.- ¡LUNA LAGUNA! como yo no existe ninguna ¿Tú crees que podría dar el salto al teatro?

SIMÓN.- ¡Hombre! Si fueras mi chica, todo sería más fácil (Se aproxima a ella, todo lo que puede) ¡Ya lo estoy viendo! (Hace gestos con las manos) ¡LUNA LAGUNA! “Una mujer casi gatuna…”

SAMANTHA.- ¡Cariño, cariño! (Entra corriendo al camerino y se dirige a SIMÓN)

ADMIRADORA.- ¡Señorita ATLANTHA! ¡Eche aquí una firmita! (Se levanta y va hacia ella, le muestra la libreta y un bolígrafo)

SAMANTHA.- ¡Tenga! (Firma y se lo devuelve) ¿Contenta?

ADMIRADORA.- ¡Pues necesito que firme, muchos más! Es para mis compañeros de la residencia…

LUIS.- ¡Señora, llévese ese y haga fotocopias!

ADMIRADORA.- ¡No señor! ¡Eso es piratería!

SAMANTHA.- ¡Cariño! Me parece que ese empresario está flirteando conmigo… (Señalando hacia la salida)

SIMÓN.- ¿Ah sí? ¿No me digas? (Mientras hace lo mismo con LUNA, sin dejar de mirarla)

SAMANTHA.- ¡Sí! me coge de la cintura, me habla al oído muy cerca… ¡Vamos! lo mismo que estás haciendo a esta chica… ¡SIMÓN! ¡Que estás flirteando!

LUIS.- ¡Mejor! Es un hombre guapísimo ¡Yo mismo dejaría, que me tocara él!

SERGIO.- ¡Ay, Ay, Ay! (Entrando en el camerino, se acerca a SAMANTHA, moviendo la mano como regañando) Es usted escurridiza… ¡Señorita!

SAMANTHA.- ¡No! No soy yo, son sus babas…

ADMIRADORA.- ¡Caballero! ¡Deje en paz a la señorita!

REGIDOR.- ¡A escena en cinco minutos! (Se asoma y vuelve a irse)

LUIS.- ¡No les haga caso! ¡Si todos sabemos que usted es un viejo verde! (Señalando a SERGIO) pero verde esmeralda, precioso ¡Vamos un tipo encantador!

SERGIO.- ¡Gracias! (Le hace una confidencia a Luis)  Yo sólo quería confiarme a ella, para que mediase entre usted y yo.

LUIS.- Pero si sólo le ha faltado escupirme, cuando ha llegado…

SERGIO.- ¡No me haga caso! Es que me pongo nervioso… Lo que tengo es fijación por usted, desde que le vi en “Si no encuentro mis lentes, puedo partirme los dientes”

ADMIRADORA.- ¡LUNA! Usted pensaba que había dado el braguetazo… y le ha salido el “tiro por la culata” (Se ríe)

LUNA.- ¡De tiro nada! (Coge del cuello a SIMÓN y se lo acerca) ¡Anda! ¡Hágame mujer, que no recuerdo lo que era…!

SAMANTHA.- ¡Ven aquí! (Coge a LUNA de los pelos) ¡Vamos fuera guapa, a ver si mientras lo recuerdas! (La echa fuera)

SIMÓN.- ¡No sabe la joya que se lleva! (Le dice a SERGIO, sobre LUIS)

SAMANTHA.- ¡Además a mí me ha dicho, que le ve muy atractivo y que se ríe mucho con sus gracias!

REGIDOR.- ¡Todos a escena! (Se asoma y se marcha, seguido de todos menos SERGIO Y LUIS)

SERGIO.- ¡Suerte! ¡LUIS PIELDELOBO! (Hace gesto con la mano, como una garra, le coge de la cara y le da un beso) Yo haré que sigas trabajando en “Los teatreros” porque el sueño de cualquier actor, es seguir actuando… (Le guiña un ojo y sale del camerino)

LUIS.- ¡Pues a ver, si con un poco de suerte, eso se cumple esta noche…! (Sale del camerino)

 

 

FIN

(TELÓN)

AEROPUERTO, UNA PARADOJA DEL DESTINO (obra de 6 personajes en equipo)

 


 

 

SINOPSIS:

En una sala de un aeropuerto se dan cita, seis personajes a consecuencia de una alarma que se ha producido, debido a una incidencia. Este acontecimiento ha hecho que se refugien en ese lugar, mientras se aclara cual ha sido el motivo, lo que provocará en ellos diferentes sentimientos y situaciones muy disparatadas.


PERSONAJES:

 

- DIEGO:                   (Personaje de Carmen)

Joven de 37 años. Hiperactivo, simpático, egoísta, manipulador, pragmático y vividor.

 

- MANOLO:              (Personaje de Emilio)

Hombre de 46 años. Simple, hablador, bromista, atento, nervioso y comilón.

 

- VICTORIA:             (Personaje de Joaquín)

Mujer de 64 años. Buen aspecto, independiente, acostumbrada a mandar y negociar, simpática e inteligente.

 

- ABDOU:                 (Personaje de M. Luisa)

Joven entre 25 y 30 años. Migrante ilegal indocumentado y sin papeles, alegre, con choque cultural, práctico, amable, servicial y prudente.

 

- AMPARO:              (Personaje de Nieves)

Mujer de 59 años. Entrometida, inocente, habladora, inquieta, torpe, peculiar.

 

- JAIME:                    (Personaje de Trinidad)

Joven de 29 años. Pasota, porrero, buena persona, simpático, conciliador y alegre.

 

 

 

CUADRO 1

 

(DIEGO muy alterado, es el primero que llega a la puerta de la sala, abre y entra. Mira a su alrededor para comprobar si hay alguien, pero la sala está vacía, tan sólo hay una mesa y algunas sillas, parece una sala de reuniones. Intenta cerrar la puerta tras de sí, porque fuera hay demasiado revuelo. Justo en ese momento, llega a la puerta AMPARO gritando)

AMPARO. - ¡No cierres, no cierres, no cierres! (Empujando la puerta desde fuera) ¡Que voy, que voy…! (Se cuela dentro, impidiendo a DIEGO que cierre)

AMPARO. – ¡Espera por favor, que viene una mujer…!

DIEGO. – ¡A ver si no vamos a caber, señora…!

AMPARO. – ¿Pero cómo no vamos a caber? (Señala la sala) ¡Sí aquí hay mucho espacio! (Acto seguido, se asoma y vuelve a gritar a otro hombre, que se aproxima en ese momento)

AMPARO. – ¡Señor, señor… venga, que aquí hay sitio!

MANOLO. – ¡Muchas gracias, señora! (MANOLO Dirige la mirada a su espalda) ¡Menuda la que hay liada! (En ese momento llega a la puerta VICTORIA, que sin pensarlo dos veces, entra a la salita)

VICTORIA. - ¿Alguien sabe lo que pasa? (Está agobiada) ¿Por qué corre todo el mundo?

DIEGO. – Yo he visto a un grupo de ilegales, corriendo delante de la policía. Ha debido de aterrizar un avión con mucha gente que se quiere colar en el país.

MANOLO. – Pues yo he oído que están buscando a un terrorista. 

AMPARO.- ¡No me diga! (Se asusta) ¿Un terrorista? (Se pone las manos en la cara) ¿Qué horror!  voy a ver si hay alguien más que necesita entrar.

DIEGO. – ¡Por favor, señora! ¡Vale ya! (Se coloca delante de la puerta) ¡No abra que esto se llena!

AMPARO. – (Coge de un brazo a DIEGO y le aparta, abre la puerta e invita a entrar a JAIME en la sala) ¡Joven, joven! (Le hace señas) ¡Venga aquí con nosotros, que hay sitio para todos!

JAIME. – ¡Ufff, menos mal! ¡Gracias! La verdad es que no sabía lo qué hacer.  Me estaba dando miedo la policía, parecía como si me estuvieran buscando a mí, pero luego a resultado que han pasado de largo, sin ni siquiera mirarme.

MANOLO. – Parece que a quien buscan, es a un terrorista…

JAIME. – Pues yo creo haber oído, que habían detectado un alijo de cocaína…

VICTORIA. – Pues sea lo que sea, aquí dentro no nos vamos a enterar de nada, ni tampoco de las salidas de los aviones. 

MANOLO. – ¡Bueno! Con este follón, se habrán interrumpido los vuelos seguramente.

VICTORIA. - ¿No me diga? (Con cara de desesperación) ¡No puede ser!  ¿Y sabe hasta cuándo?

MANOLO. – ¡Pues no tengo ni idea…! 

VICTORIA. – ¡Pero yo tengo un viaje importantísimo!

MANOLO. – ¡Dígamelo a mí, que voy a la final de la Champions!

JAIME. – A mí me parece que es importante para todos ¿No creen? (Afirman)

AMPARO.- (De nuevo vuelve a la puerta, con la intención de rescatar a alguien más y que entre en la sala. Abre y vuelve a cerrar rápidamente)

JAIME.- ¿Qué pasa?

AMPARO. – ¡No estoy segura!  (Apoyando la espalda contra la pared cercana a la puerta)  Pero hay un joven ahí fuera, con aspecto de extranjero, que me da un poco de miedo que entre, no vaya ser que…

(De pronto abre la puerta ABDOU, todos le miran con curiosidad…)

AMPARO.- ¡Adededelante…! (El miedo la hace tartamudear)

 

CUADRO 2

 

(ABDOU con un golpe de vista, localiza una silla cercana, se acerca y se deja caer, intenta recobrar el aliento).

DIEGO.- ¡Hola! Está bien saludar ¿no?

AMPARO.- ¡Deje que respire un poco, el hombre!

ABDOU.- ¡Hola!

DIEGO.- ¿Qué te ha pasado?

ABDOU.- “Policía…cree…yo…drogas” (Le cuesta trabajo pronunciar, no domina el idioma bien)

MANOLO.- ¡Pues si no llevas drogas! no sé por qué corres delante de la “pasma” ¿No te parece? Es como mosquear a un perro vigilando la casa del amo.

VICTORIA.- ¡Bueno! (Conciliadora) cuando esté más tranquilo seguro que nos dirá algo más. A lo mejor tiene información relevante para todos.

AMPARO.- A mí lo que me preocupa es lo de los vuelos, como no llegue a tiempo para el juicio en la Audiencia,  a ver cómo lo justifico…

JAIME.- En cualquier caso, habrá que pedir daños y perjuicios por este incidente, aunque raro sería que no pongan mil pegas, para no soltar ni un duro, ya sea la empresa de gestión de aeropuertos, la compañía aérea, o “perico el de los palotes”.  Tendremos que tener paciencia, hasta que nos den una indemnización, porque lo normal es que se pasen la pelota.

MANOLO.- ¡Sí! al contrario que en el fútbol, que se matan por quitársela unos a otros.

ABDOU.- (Inquieto) ¿Papeles yo…?

JAIME.- ¡Claro! “In…dem…ni…za…ción” (Deletrea las sílabas y hace gestos con los dedos, para que se entienda que se trata de “dinero”)

MANOLO.- ¡Oye! el muchacho, no es tonto… (En voz baja, tratando de que ABDOU no le oiga). Éste sabe más que Lepe…

DIEGO.- (Asintiendo, con una sonrisa…) ¡Sí! que don Pedro de Lepe y Dorantes… (Excusándose). Era uno, que tenía afición a la Historia… O mejor dicho, a las "historias"... de la vida.

AMPARO.- ¡Menuda sabiduría! (Con cara de admiración) ¿Estudiaste esa carrera? (Se acerca, le coge del brazo y le dice) Seguro que si fueras en mi lugar al juicio, el caso se iba a resolver en un “abrir y cerrar de ojos”… ¡Bueno! Dadas las circunstancias entiendo que nos podríamos tutear ¿No?

TODOS.- ¡Sí, sí! Mucho mejor, claro.

VICTORIA.- Pues hablando de saberes, lo que yo sé, es que no voy a llegar a mi reunión de trabajo. Es la última antes de jubilarme. ¡Broche de oro! Y voy a quedar fatal, delante de todos los asistentes.

AMPARO.- ¿Ah, sí? ¿Y dónde es la reunión? (La mira de arriba abajo) ¡O sea que te jubilas!... ¡Pues por más que te miro, la verdad que no aparentas la edad que tienes!

MANOLO.- ¡Reuniones, declaraciones! (Con aptitud de calma) “Tranquis” compañeros  ¡Mientras que no se derrumbe el aeropuerto por una bomba…!

(Exclamaciones generales de desagrado y miedo por el comentario…)

UNOS Y OTROS.- “¡Por favor!”, “¡Uy, no digas eso!, “¡Lo que nos faltaba”!, “¡La guinda del pastel…, amarga, eso sí!”

MANOLO.- ¡Yo es lo que he oído… Algo de un terrorista! (Para un momento) De verdad os digo, que a mí ya, lo de la final de la Champions me pilla “tocao”. Me parece que voy a pasar (Enfadado) Después de sisar a la mujer, para conseguir la entrada ¡Hay que fastidiarse!

(De pronto en el exterior de la sala, se escucha una voz por los altavoces....)

MANOLO.- ¿Qué dicen?

CUADRO 3

 

DIEGO.-  ¡No sé! ¡No he entendido nada!

MANOLO.- A mí me ha parecido oír algo de una alarma, pero no sé si ha dicho que había finalizado o que se mantenía.

VICTORIA.- ¡Pues nos hemos quedado igual que estábamos! (Se saca el móvil e intenta utilizarlo, pero no hay cobertura)  ¿Vosotros tenéis cobertura? Porque yo no tengo…

DIEGO.-  ¡Toma!  ¡Puedes usar el mío! (Lo saca de su bolsillo) ¡Anda!! ¡Pero si yo tampoco tengo…!

LOS DEMÁS.- ¡Ni yo, ni yo, ni yo!

JAIME.- ¡Habrá inhibidores!  A veces pasa cuando hay alarmas

DIEGO.- Yo creo que sería interesante, saber qué han dicho, por si es algo que nos afecta ¿Mira que si ya se ha solucionado todo y seguimos aquí como tontos…?

MANOLO.- ¡Pues sí!  Alguien tendría que salir y tratar de averiguar algo…

JAIME.-  ¡Que salga el extranjero!

AMPARO.-  ¡No sé! (Razonando) ¿Cómo vamos a convencerle para que salga, cuando ha estado huyendo? ¡Puede que no sea buena idea.

JAIME.- ¡Pues mira! si de verdad es a él a quien buscan y lo cogen, la fiesta habrá terminado.

ABDOU.- (Que se ha aproximado a la puerta, se ve acorralado y piensa en un plan, para eludir la propuesta de salir fuera. Mete la mano en el bolsillo de la cazadora, sugiriendo la presencia de un arma) ¡Quietos…no salir nadie!

JAIME.-  ¡Ahora se nos pone chulo el extranjero!  ¡Hay que joderse!

VICTORIA.- ¡Creo que lo mejor, es que nos tranquilicemos todos! (Se dirige a  ABDOU) ¡No te preocupes, no tenemos nada contra ti! (Conciliadora) ¡Deja de amenazarnos y vuelve a tu sitio, por favor!

AMPARO.- ¡Sí es lo mejor! (Empieza a relatar) Todavía me acuerdo de aquella  vez, en otro juicio en que también fui jurado, que alguien del público se puso nervioso y aquello empezó a liarse…

JAIME.-  ¡Por favor, no nos cuentes batallitas, que no es el momento!

MANOLO.- ¡Venga! (Va hacia la puerta) ¡Si os parece, me asomo yo, a ver qué pasa…!.

ABDOU.-  ¡He dicho… no salir nadie!

DIEGO.- ¡Vamos, muchacho! no creo que tengas un arma (Explica) ¡No se puede acceder a un aeropuerto con armas! (Le reta) ¡A ver, enséñanosla!

ABDOU.- (Se resiste a sacar la mano del bolsillo, pero finalmente lo hace. No hay arma, la mano está vacía, inmediatamente se derrumba y se pone a sollozar). ¡Es verdad! Pero sí policía... pilla...me mandan a mi país. Yo ser Indio… No tener…papeles,  los tiré…cuando… policía…me iba a coger…

AMPARO.-  ¡Pobre muchacho!

JAIME.- ¡Venga señora! (Explica) que eso dicen muchos para vivir del cuento, a saber si es verdad lo que ha explicado este chico…

MANOLO.- ¡Bueno! Mientras se aclara esto, que queréis que os diga ¡Me voy fuera!  (Se dirige a la puerta, la abre, mira lo que hay y se queda parado sin llegar a salir de la sala)

CUADRO 4

 

DIEGO.-  ¡Oye! (Se dirige a MANOLO) ¿Vas a salir o no?

MANOLO.- ¡Más tarde! (Se vuelve y cierra la puerta) ¡Voy a esperar un poco!

(Algunos de los presentes, bostezan, se reclinan en las sillas y ABDOU se sienta en un rincón, parece como si se desdoblara entre su cuerpo medio dormido y  su espíritu despierto. DIEGO se acerca a ABDOU para charlar)

DIEGO.- Supongo, que salir de tu país, para ir a un destino incierto, es difícil ¿Verdad?

ABDOU.- ¡Si, lo es! Yo sufro… (En ese momento ABDOU con tristeza, se sumerge en sus pensamientos) “Lo más jodido de ser migrante es que siempre terminas por dar la nota de color. Y todos estos de aquí están rematadamente locos me toman por un traficante de drogas, un peligroso terrorista o un refugiado que huye de la guerra… Y no. No es así. Mi historia no es esa” (Ahora se acerca AMPARO  a ABDOU)

AMPARO.- Muchacho, realmente ¿Por qué te fuiste de tu país? (ABDOU le explica con sus palabras, el porqué)

ABDOU.- Yo soy un ave de paso, en tránsito en este país, para llegar a mi destino… Voy a casa de mi primo, en Londres, y allí ayudarle con su negocio de frutas y es que yo necesito ganar dinero… Pensando que me escondía de la Policía en el cuarto de los trastes de limpieza, voy y me meto aquí, en esta habitación con estas gentes locas… ¡Cuánto me acuerdo! De mi amada esposa, Kadija, se ha quedado al cuidado de nuestros tres hijos y de mis padres, en la casita de Thanjabur, nuestro pueblo en Tamil Nadu, India. Y si, yo soy musulmán pero no soy ni un árabe ni un terrorista; soy un simple vendedor de verduras en el mercado. Las compro a buen precio en mi pueblo a los agricultores y las vendo en el mercado de Kumbakonan los jueves.

Lo único que quiero es poder salir de este cuarto y pasar los controles… Está claro que al haber destruido mi pasaporte en el avión, ya no me pueden devolver y aquí me quedo. O bien veo si me puedo subir a un avión con destino al Reino Unido, o bien escapo del aeropuerto a la ciudad. Se me complicaría el viaje si tengo que ir a Francia y cruzar a Reino Unido… Pero lo primero es lo primero: tengo que alejarme de algunas de estas personas que están locas y son capaces de entregarme a la Policía… (Apoya los brazos sobre las piernas y mete la cabeza entre ellos)

CUADRO 5

 

AMPARO.- ¡Vaya vida tan complicada! (Se entristece) ¡No me gustaría, estar en su pellejo, la verdad!

VICTORIA.-  ¡Oye! (Se dirige a MANOLO) ¿Por qué no echas otro vistazo a ver qué está pasando fuera?

MANOLO.- ¡Está bien, voy! (Abre de nuevo la puerta de la salita, se asoma y vuelve a entrar, cerrando otra vez) ¡Uy! Hay mucho jaleo por ahí todavía! (Hace gestos con las manos) ¡Casi tanto como en un estadio de futbol!

JAIME.- ¡Siéntate con nosotros, hombre! (Pausa) Hay que relajarse y disfrutar de la vida, en cualquier situación, que para estresarse siempre hay tiempo…

DIEGO.- ¡Que razón tienes! (Pausa) yo que he visto fallecer a mi primo hace una semana, me dije a mi mismo: “DIEGO, hay que vivir a tope, que son dos días…”

AMPARO.- ¡Pues claro que sí! (Pausa) ¡Mirad, a ese muchacho! (Señala a ABDOU) ¡Qué cara de buena persona tiene! (Pausa) ¡Deberíamos echarle una mano entre todos!

VICTORIA.- ¡Mire señora! (La señala con el dedo) no es por nada, pero yo personalmente, bastante tengo con ocuparme de solucionar mis asuntos, cómo para tener además que ocuparme de los de otros.

MANOLO.- ¡Bueno! Nos ha contado una historia muy entrañable, pero en realidad es verdad, que no sabemos si es cierto lo que ha dicho.

AMPARO.- ¡Hacerme caso, que luego ya veréis como os remorderá la conciencia…! os lo digo por experiencia (Pausa) Un poco de ayuda entre todos y la vida de este chico puede cambiar.

VICTORIA.- ¡Ja, ja, ja! (Pausa) ¡Cómo que fuera tan sencillo!

AMPARO.- ¡Que sí! (Pausa) ¡Ya veréis, un poquito cada uno…! (Cambia de tema) ¡Bueno! ¡Escucharme, un momento! (Ilusionada) ¡Se me acaba de ocurrir una idea…!

JAIME y MANOLO.- ¿Cuál?

AMPARO.- Entre mis cosas, llevo una baraja de cartas, porque como no sabía el tiempo que iba a estar fuera por lo del juicio, pensé que así podría entretenerme, si me aburría… ¡Venga! Podemos jugar todos un rato, total no hay nada mejor que hacer, por ahora.

JAIME.- Pues mira, a lo mejor es buena idea y así nos calmamos un poco ¿Quién quiere jugar?

MANOLO.- ¡Yo, pero hay que poner pasta! ¿Eh?

(Todos se acercan con las sillas a la mesa)

VICTORIA.- ¿Pasta? (Pausa) ¡Alucino, con la gente!

MANOLO.- ¡Pues no sé porque!

(ABDOU, se levanta y la conversación cesa. Les mira a todos un momento y se acerca a la mesa, se queda de pie un rato)

DIEGO.- ¡No te quedes ahí, hombre! (Se dirige a ABDOU) ¡Siéntate con nosotros! (ABDOU hace caso sonriendo)

AMPARO.- ¡Mirad! (Señala al muchacho) ¡Si es muy majo! (Pausa) ¡Venga, empecemos! (Empiezan el juego, explicándole al chico cómo hacerlo y poco a poco se van animando, olvidándose incluso por un rato, de la razón que les ha llevado hasta allí)

JAIME.- ¡ABDOU, te toca!

ABDOU.- ¡Tengo que aprender…yo no sé mucho!

DIEGO.- ¡No te preocupes, que te ayudamos!

(En ese momento alguien desde fuera, abre la puerta de la salita, todos miran, inmóviles y muy sorprendidos)

CUADRO 6

 

MANOLO.- ¡Oiga…! (Grita. Un pasajero había abierto, mirándoles a todos y después se marcha corriendo. El grupo se levanta y van hacia la puerta)

AMPARO.- ¿Qué estará pasando? (Intrigada) ¿A dónde va toda esta gente?

VICTORIA.- ¿A lo mejor, nos podemos ir ya?

MANOLO.- ¡Qué más quisiéramos!

DIEGO.- Yo voy a preguntar… ¡Esperad aquí!

MANOLO.-  ¡Voy contigo! (Sale con DIEGO)

VICTORIA.- Tendrían que haber venido antes a avisarnos.

(Se oye por megafonía: “Por favor, salgan despacio, cada uno a su sala de embarque. No se apresuren”

VICTORIA.- ¡Me estoy poniendo nerviosa, no puedo esperar más!

JAIME.- ¡Tranquila, mujer! ¡Qué son unos minutos en una vida! y más cuando hemos estado a punto de perderla.

(Se adentran en la salita y van recogiendo sus bolsas y bolsos. JAIME decide tumbarse un rato en un rincón, mientras vuelven los dos compañeros de aventura. Le apetece descansar un poco, cierra los ojos y sonríe. Pasado un rato aparecen DIEGO Y MANOLO

DIEGO.- Al parecer, han recibido un aviso de bomba en unos de los aviones, sin especificar en cual. No han querido dar más información para no asustar.

MANOLO.- Ya han revisado todos los aviones y era una falsa alarma. Así que podemos ponernos en marcha.

ABDOU.- ¡Amigos, marcho! mejor salir calle. Iré por mi gente de aquí. Tengo direcciones…

VICTORIA.- ¿Crees que es lo mejor? (ABDOU afirma con la cabeza)

DIEGO.- ¡Nunca se sabe! con toda la policía vigilando el embarque de tanta gente, puede que la salida a la calle sea la mejor opción.

JAIME.- ¡No te vayas así! (Le dice incorporándose un poco desde el lugar dónde está tumbado) te dejaré mi zamarra y unas deportivas. ¡Llévate también mi mochila y mi gorra! Así es más fácil que no se fijen en ti… ¡Ahí lo tienes! (Se lo deja a un lado y vuelve a tumbarse, cómo si no pasara nada)

ABDOU.- ¡Gracias! Tú, mi hermano…

JAIME.- ¡Espera, no te vayas sin un abrazo! Te deseo que logres tu sueño y encuentres tu lugar en este mundo. (ABDOU se agacha para darle un abrazo, JAIME, vuelve a tumbarse en su cama improvisada y añade) ¡Paz y bien para todos! ¡Adios!

ABDOU.- ¡Inshallah! (Se marcha)

VICTORIA.- ¿Nos vamos? (Anima a todos) Cuanto antes estemos en la sala de embarque, antes saldremos de aquí…

AMPARO.- ¡Bueno! Al final no nos hemos aburrido, yo he pasado un rato muy agradable, peor será lo que me espera, cuando llegue a la Audiencia. ¡Nos podíamos dar los teléfonos para saber cómo hemos llegado!

MANOLO.- ¡No, muchas gracias…! Seguro que llegamos bien ¡Qué tranquilidad! (Contrariado) ¡Ya me estaba cansando del jueguecito! (Murmura entre dientes) ¡Menos mal que el partido no es hasta mañana!

DIEGO.- Espero que no volvamos a encontrarnos, en una situación como esta. Inshallh, como dice nuestro amigo…

(Van saliendo poco a poco de la sala, que se queda vacía durante varios segundos… ¡De pronto! suena una explosión, un ruido atroz, crujidos de paredes que caen, voces ahogadas. La sala se queda a oscuras y se hace un silencio total mientras la escena  se llena de humo y polvo…

JAIME.- ¡Ahhhh! (Grita y se incorpora, con el sudor, corriéndole por la frente. Mira alrededor y ve a los compañeros de encierro en la puerta, preparados para salir. Todos se asustan con JAIME y gritan también)

TODOS.- ¡Ahhhhhh! ¡Que susto!

JAIME.- ¡Perdón! (Se excusa) Me había quedado dormido y he tenido una pesadilla con una bomba…

MANOLO.- ¡Mejor no nos lo cuentes!

DIEGO.- ¡Déjalo, para otro viaje!

AMPARO.- ¡Y vámonos ya, a la sala de embarque! (Abandonan la salita y se dirigen cada uno al lugar de embarque, que tenían previsto, desde que llegaron al aeropuerto)

 

FIN

(TELÓN)

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

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