domingo, 6 de abril de 2025

EL INSUMISO “LA SUMISIÓN “ (Juana Cámara)

 Sinopsis. 


Un joven a punto de cumplir la mayoría de edad ve interrumpido el curso de su vida durante años. Por motivos morales, no acepta la nueva situación (que por ley) tiene que pasar, y, se declara insumiso. Esta situación le lleva a ser juzgado, penalizado y pasar unos años en la cárcel.

Obra.

Corrían los años 80 y un joven de 17 años, en un pequeño pueblo de Jaén, marchaba a toda velocidad como queriendo beberse la vida. Miguel, que así se llamaba, vivía con sus padres, y ayudaba en la pequeña tienda familiar, a la vez que estudiaba.  Era un joven muy activo que todo despertaba su interés.  Por las tardes, y después de echar un rato en el negocio familiar, asistía a la Asociación de Vecinos del barrio, donde colaboraba transcribiendo las actas de las reuniones que iban saliendo.  Participaba en el grupo de teatro formado en la misma asociación y, pronto se dio cuenta, que era lo que más le gustaba hacer.

Fue en este Grupo de Teatro del barrio donde comenzó su andadura que no abandonaría, (pese a las adversidades) por el resto de su vida. Actuar le hacía sentirse vivo, se hacía más grande, era el mismo. Como buen lector, pasaron por sus manos muchas obras de teatro; se empapó del teatro español del siglo de oro, pero no se quedó ahí, quería seguir conociendo y un día descubrió, el teatro del absurdo de Eugene Ionesco.  Leyó toda su obra, y dos le atrajeron especial atención: “El Rinoceronte “y "Jacques o la Sumisión”.

 

Para continuar sus estudios, tuvo que trasladarse de provincia, y junto con la decisión de su familia el lugar conveniente era Barcelona.  A los pocos meses de instalarse, una llamada de teléfono cambió el rumbo de su vida.  A la otra parte del hilo la voz de su padre sonaba trémula, y después de darse mutuamente saludos amorosos dijo:  Miguel, te llamo principalmente para darte una noticia que no te va a agradar (padre e hijo habían hablado más de una vez de este asunto, y el padre conocía el parecer del hijo al respecto); ha llegado una carta donde te comunican la fecha de incorporación en dos meses, al Servicio Militar; tienes que presentarte en el Cuartel Militar de Jaén, la próxima semana.  Miguel enmudeció, y solo pudo decir: Papa, luego os llamo, ahora tengo que salir. Con una gran tristeza, se hundió en la cama, y su mente empezó a funcionar a gran velocidad:   Pensaba en los estudios que tendría que cortar, en la chica que había conocido en el nuevo grupo de teatro, y, sobre todo; pensaba que no quería perder un año de su vida para servir en algo con lo que estaba en desacuerdo. Todo, todo esto, es absurdo.   De pronto le vino a la memoria la obra de Ionesco.  Y dando un grito que alertó a todos los compañeros de la casa, dijo: No, no iré, no me presentaré.

                                                                                                                                                               El Servicio Militar Obligatorio llamaba a filas cada año a jóvenes, que no conocían lo que les esperaba. En algunos casos situaciones muy difíciles, como para quienes fueron destinados al Sahara, donde se libraba una guerra. Otros trataban de librarse; y a través de algún enchufe que mediaba por ellos no hacían este servicio.

 

Miguel no se presentó en el Cuartel General y, como consecuencia, le hicieron un Consejo de Guerra: Fue condenado a 15 meses de cárcel por desobediencia Civil. Cumplidos estos meses cuando salió, se exilió a Francia donde pasaría unos años. Se formó en una escuela de arte dramático, y conoció a jóvenes españoles que estaban pasando por las mismas circunstancias: se preparan para cómo librarse de no ir al SM. Todos estos jóvenes eran desertores de la justicia, y en algún momento iban a pagar por ello. Así, empezó el movimiento de objetores de conciencia; objetores por ideas, políticas, morales o religiosas que aumentó, llegando en 1999 al número de 20.000.                                              Miguel, que se acogió a este derecho, por motivos morales, no por ello estuvo libre para continuar sus planes de vida.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            En 1984 el Gobierno sacó un Decreto que reconocía el derecho de los Objetores de Conciencia a no hacer el Servicio Militar, y sustituirlo por un Servicio Civil de dos años. Muchos se acogieron a él, pero otros muchos no estuvieron de acuerdo, como fue el caso de Miguel. De nuevo fue llamado a filas, y de nuevo condenado a cárcel por insumiso: desobediencia civil.

 

 Entró en la cárcel de Jaén en el pabellón de los políticos por insumiso.  Aquí, junto con otros compañeros condenados por la misma causa, puso en marcha un grupo de teatro que dirigió y representó al personaje principal: “Jacques o la Sumisión”. El grupo de Insumisos con las ideas bien claras ensayaba cada día la obra absurda que a todos les llegó, por considerar que era tan absurda como la vida que les estaba tocando vivir en la cárcel.  Con gran sentido del humor, se reían tanto de la obra como de su propio destino.

 

Un 9 de marzo de 2001, a la entrada del salón- biblioteca de la cárcel, un cartel anunciador decía:

 :                                                                                                                                                    HOY 9 DE MARZO A LAS 18 HORAS SE REPRESENTA LA OBRA DE TEATRO “Jacques o La Sumisión “por el grupo “Los Insumisos”

 

Reparto:

Miguel Hernandez.  Jacques.

Carmelo Bienvenido.  Jacques padre.

Bernardo Alba. Jacques madre.   

Alfredo Machado. Jacques abuelo.

Héctor Guerrero. Robert novia.

Federico Cámara. Jacqueline hermana.

Eleuterio Gonzalez. Jacques abuela.

Fernando Matamoros. Robert padre de la novia.

Gabriel Fernandez. Robert, madre de la novia.

 

El público iba a divertirse, los presos ya habían presenciado algún ensayo, pero, este día sería todo más a lo grande, más real. Un escenario hecho con sábanas pintadas con colores fluorescentes daba vida a toda la instancia, las luces hacia la otra parte, y en medio un sillón desvencijado completaba el escenario. Todo estaba preparado, había mucha expectación, inquietud en todos los presos, eran muchos los que habían colaborado en la preparación tanto de la obra como del escenario. Para otros era un día especial por ver a sus compañeros; era la primera vez que en la cárcel se representaba una obra de teatro. Si, fuera un día diferente: agradable, divertido; máximo cuando cuatro de los personajes se transformaban en el papel de mujer.                                                                                                                                                                                                                Miguel, que hacía el personaje de Jacques, estaba nervioso y hundido en el sillón, estaba preparado para empezar la representación. A su alrededor, toda la familia de Jacques.

 

 

 

 

(Al levantarse el telón, hundido en el sillón igualmente hundido, Jacques con sombrero puesto, tiene aspecto gurruñado y de mala persona. A su alrededor están sus parientes).

 

 

Jacques Madre. (llorando) ¡Hijo mío, mi niño, después de todo lo que he hecho por ti! 

¡Después de tantos sacrificios!  Jamás habría creído eso de ti. tus eras mi esperanza…Lo sigues siendo, pues no puedo creer, no, no puedo creer, per-Baco, que te obstines. ¡Ya no quieres a tus padres, tus trajes, tu hermana, tus abuelos!  Pero piensa, hijo mío, piensa en que te alimente con biberón, que te dejaba secar en tus pañales, como a tu hermana, por lo demás… (A Jacqueline) ¿No es así hija mía?

 

Jacqueline Sí mamá, así es ¡Ay, después de tantos sacrificios y tantos sortilegios!

 

Jacques, Madre. ¿Lo ves…, lo ves?  Fui yo, hijo mío, quién te dio los primeros azotes, y no tu padre, aquí presente, que habría podido hacerlo mejor que yo, pues es más fuerte; no, fui yo, porque te quería demasiado. Era también yo quien te privaba del postre, te besaba, te cuidaba, te domaba, te enseñaba progresar, a transgredir, a tartajear, quien te llevaba, en los calcetines, tantas cosas ricas para comer. Yo te enseñé a subir las escaleras cuando las había, a frotar las rodillas con ortigas, cuando querías que te picasen. Fui para ti más que una madre, una verdadera amiga, un marido, un marino, una confidente, una oca. No retrocedí ante ningún obstáculo, ante ninguna barricada, para satisfacer todos tus placeres de niño. ¡Ah, hijo ingrato!, ni siquiera te acuerdas de cuando te tenía en mis rodillas y te arrancaba tus lindos dientecitos y las uñas de los dedos de los pies para hacerte berrear como un becerro adorable.

 

Jacqueline ¡Oh, ¡qué graciosos son los becerros!  ¡Mu!  ¡Mu!  ¡Mu!

 

Jacques Madre.  ¡Y tú te callas, testarudo!   No quieres oír nada.

, su porvenir Jacqueline. Se tapa los oídos y adopta una actitud repugna

Jacques Madre.  Soy una madre desdichada. He dado a luz un monstruo,

 ¡y el monstruo eres tú!  Tu abuela quiere hablarte. Tropieza. Es octogenaria. Quizá te dejes conmover por su edad, su pasado, porvenir.

 

Jacques, Abuela.  Escucha, escúchame bien: tengo experiencia, he dejado mucho atrás. Yo también tenía, como tú, un tío segundo que tenía tres casas; daba la dirección y los números telefónicos de dos de ellas, pero nunca de la tercera, en la que se ocultaba a veces, pies se dedicaba al espionaje.  No, no he podido convencerle. ¡Oh pobres de nosotros! 

 

 

De pronto alguien de los espectadores grito:  Somos libres, somos libres. Un insumiso, dio la noticia de que se acababa de aprobar por Real Decreto la abolición del servicio militar obligatorio.

La representación se cortó en el acto; todos los presos estaban eufóricos, y querían celebrarlo; se abrazaron y gritaron hasta la saciedad. Una vez todo más tranquilo, Miguel, habló de continuar la obra.  A partir de este momento, todo ya era más informal: silbidos, risas; todo valía sería una gran tarde de fiesta.

 

De las cárceles españolas salieron muchos insumisos que continuaron su vida, como si nada hubiese pasado, pero algo había cambiado en el sistema español. Un cambio de paradigma se empezaba a dar en la sociedad española.

                                                                                                                Miguel cumplió tres años de cárcel; volvió a Barcelona, reanudó su vida en el mundo del teatro y audiovisual; formó su propio grupo con el dirigió algunas obras.  Continua aun en escena.

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