viernes, 27 de febrero de 2026

CASTIGADO SIN POSTRE, por Angel M. de la Torre

 

TITULO

Castigado sin postre.

  


 

SINOPSIS

 

La abuela Abu y la madre Mam están esperando, enfadadas, a que el niño Hij llegue a casa.

Hij llega enfadado porque le ha castigado la profe en el colegio. Les da explicaciones y la abuela y la madre comentan el castigo.

Finalmente, por lo injusto del mismo, le perdonarán.

 

 

ESCENARIO

El comedor de una casa. La madre, la abuela y el niño. Sentados. Se presupone:

-       -  Que en el multiverso en que viven los personajes tienen forma humana por convencionalismos ancestrales (como la docena de huevos o la pareja de la Guardia Civil).

-        - Que son robots con el Sistema Operativo de humanos que evolucionaron mediante AGI (IA que aprende sola a partir de experiencias compartidas).

-        - Que viven alrededor de 500 años, lo que duran los materiales que las componen.

-       -  Que el software de consciencia que integran puede ser traspasado a otras maquinas después de ese tiempo (¿no suena esto a inmortalidad?).

-        - Que la Teoría de la Relatividad de Einstein es válida.

-        - Tiempo en que se desarrolla: Exactamente, en el 1.215 DG (después de Google).

-        - Que se alimentan mediante energía Fotovoltaica.

 

 

PERSONAJES.

 

 


Abuela.-        ABU

Madre.-        MAM

Hijo.-            HIJ.

 




ESCENA

  

MAM.- (Mirando el reloj, enfadada) Ya era hora de que vinieras, hijo. La abuela y yo llevamos media hora en stand by, como si no tuviéramos otra cosa que hacer. ¿Cuántas veces tengo que decirte que quiero que nos carguemos juntos a mediodía?

ABU.-Tu madre tiene razón. Humano, que estás hecho un humano. HIJ.-Abuela, no hace falta insultar, que no he podido llegar antes. MAM.- A ver, ¿qué te ha pasado?

HIJ.- La profe de Prehistoria me ha vuelto a castigar. Me tiene manía.

 MAM.- No sé qué voy a hacer contigo. No estudias ni un terabyte en toda la tarde. ABU.- (Conciliadora) ¿Qué te ha preguntado, hijito?

HIJ.- Déjalo, abuela. Es muy complicado, tu no tienes ni idea.

 ABU.- (Señalándole, enfadada) Será desvergonzado este niño. A ver, ¿qué te ha preguntado la profe?

 HIJ.- (Resignado) Va la tía y me pregunta quien es ... (conecta su terminal porque no se acuerda) un tal Jesús de Nazaret.

 ABU.- ¿Quién?

 HIJ.- Ya te lo he dicho. Que me tiene manía.

 MAM.- (Resoplando) Uff, madre (dirigiéndose a la abuela y disculpando al niño); vaya preguntitas. En mis tiempos era más fácil.

 ABU.- (Dirigiéndose a la madre, recriminándola) Oye, ahora que lo pienso, a ti no se te habrá olvidado instalarle al niño la última versión de Sistema Operativo. Que últimamente tienes unos despistes...

MAM.- iAy val Pues ahora que lo dices, se me pasó. Me llegó el Push la semana pasada y lo almacené en la memoria volátil. Y luego con las prisas... Es que ando liada con mil subrutinas.

 HIJ.- Pero mamá ...

 ABU.- Hijito, tienes una madre que es un puro despiste. Solo produce ruido browniano a su alrededor. ¿Por eso has llegado tarde?

 HIJ.- Sí, abuela, si.

 ABU.- Que te ha hecho la profe, hijito; cuéntaselo a la abuelita.

 HIJ.- Me ha hologramizado y me ha dejado media hora castigado en el cuarto de los espejos.

 ABU.- ¿Y eso qué es?.

 HIJ.- Ha tenido rebotando mi holograma entre los espejos de la Tierra y la Luna novecientas veces.

 ABU.- ¿Cuántas?

 HIJ.- Novecientas, abuelita, novecientaaaaasss. ABU.- Buah, no es para tanto. Eres un quejica.

HIJ.- Es que ha sido mucho peor. Antes me ha instalado la APP "patada en la espinilla". Al que se porta mal se la instala y duele un huevo virtual.

 ABU.- Si, si; alguna vez me la me la instalaron de niña en el cole. Pero no es para tanto, dura un segundo.

 MAM.- (Compadeciéndose del niño) Que no, que no; pobre hijito mío. HIJ.- Tu, sí, mama. Tu sabes lo que es.

ABU.- No entiendo lo que quieres decir, hija.

MAM.- Al niño le han instalado la APP y le han tenido rebotando novecientas veces entre la tierra y la luna a la velocidad de la luz, ¿no es así?, hijo.

HIJ.- mama.

MAM.- Eso dura media hora terrestre. Pero para mi nene el tiempo no discurría, recuerda al antepasado Einstein.

 ABU.- Si, si; algo me suena.

 MAM.-Mi pobre niño ha tenido media hora instalada la APP "patada en la espinilla", aunque para él el tiempo se detuviese.

ABU.- Ay pobre, que dolor mas grande.

HIJ.- abuelita.

MAM.- (Conciliadora).- Cariño, estas muy débil. Si te conectas ahora a la recarga superrápida, esta tarde mami deja que te vayas de hologramas. (Se siente culpable por olvidarse de instalar al niño la última versión de Sistema Operativo, donde casualmente estaba incluida la vida del tal Jesús de Nazaret).

 HIJ.- (Protestando) Pero mamá; no me gustan las recargas superrápidas. Me hacen muchas cosquillas.

 MAM.- Pues entonces esta tarde no sales.

HIJ.- Mami, ¿Y puedo avisar a mis amiguitos?

MAM.- Claro que sí, hijo, ve con ellos.

HIJ.- ¿Podemos ir a Marte?

MAM.- Siii. Pero te quiero en casa antes de cenar. Ya sabes que me gusta que nos recarguemos juntas por la noche.

 HIJ.- Genial, mami. Te quiero. Ya ti también, Abu. 

La abuela y la madre se desconectan, se levantan y salen de escena. El niño permanece quieto recargándose entre temblores producidos por las cosquillas, muy contento.

   

 

BAJA EL TELÓN.


martes, 24 de febrero de 2026

EL YOGUR DE BORIS, por JOSE MARIA GOMEZ

El yogur de Boris



 

En un laboratorio, el doctor Wittgenstein está trabajando. Redomas llenas de líquidos con colores diversos llenan la pared de la derecha, ubicados en unas estanterías metálicas adosadas al muro.

El doctor Wittgenstein está sentado en una mesa donde un cajón cuadrado de color gris emite por su frente un haz de luz de color verdeazulado que se dirige al techo; al mismo tiempo, un zumbido muy energético de baja frecuencia llena el ambiente. Wittgenstein, con gafas oscuras, manipula desde su silla el dispositivo para que el haz de luz vaya bajando hasta incidir directamente en un pastor alemán que está encerrado en una jaula a un metro del dispositivo. El animal está sentado sobre sus cuatro patas y observa al doctor. Cuando el haz incide sobre el lomo del animal, éste gira la cabeza para observar el círculo de luz que aparece en su piel, y lo va siguiendo mientras el haz de luz baja por sus costillas. Detrás del animal hay un recipiente de vidrio con un líquido incoloro en su interior. El haz de luz atraviesa al animal e impacta con el recipiente, cuyo líquido empieza a hervir inmediatamente con gran violencia.

Wittgenstein está observando el recipiente que hierve cuando la puerta del laboratorio se abre violentamente y se oye una voz que grita, con tono imperativo:

-       - ¡Doctor Wittgenstein!

El doctor se vuelve. Por la puerta del laboratorio aparece una persona alta, fornida, muy bien vestida, que se dirige directamente hacia él, se planta delante con los brazos en jarras y sigue gritando:

-        ¡He estado esperando su llamada!

El doctor Wittgenstein acciona un interruptor que hace desaparecer el haz de luz. Se dirige hacia el pastor alemán, al que acaricia metiendo el brazo entre los barrotes de la jaula, y luego se inclina para observar el frasco de cristal donde el líquido sigue hirviendo. Al mismo tiempo, contesta:

-     -   No tengo nada nuevo que decirle, señor Waltman.

El señor Waltman va hacia él, enfurecido, y continúa con sus gritos:

-       - ¿Cómo que no tiene nada que decirme? Ya hace un mes que le traspasé el dinero que me pidió. ¿En qué se lo ha gastado usted?

-       - En pruebas, señor Waltman. He estado haciendo pruebas.

-     -   Doctor, me pidió usted cinco millones de euros. ¿En qué pruebas se los ha gastado usted?

-       - Estoy construyendo la máquina del tiempo que usted me pidió.

-       - ¿Y dónde está?

-      -  Está en pruebas. Pero ya he conseguido algún avance.

-        -¿Ha viajado usted en el tiempo?

-     -   No yo no. Un amigo suyo, Boris.

-      -  ¡El guardaespaldas que le mandé!

-      -  Si. Boris. Un personaje muy peculiar.

-      -  ¿Dónde está?

-     -   Ahí atrás, en el almacén.

-     -   Y ¿que hace en el almacén? No me contesta al móvil.

-     -   Yo le he puesto ahí, en el almacén.

-      -  ¿Cómo que le ha puesto ahí?

-        - Si. Usted le dijo a Boris que me vigilara, y él hacía su trabajo extraordinariamente bien. Me controlaba continuamente, me gritaba para que no dejase de trabajar ni a la hora de comer. Era bastante brusco conmigo, la verdad.

-     -   Es un guardaespaldas extraordinario. Yo le ordené que le vigilara a usted para que no malgastara mi dinero.

-       - Y lo hacía, me vigilaba continuamente. El caso es que Boris también estaba muy interesado en mis experimentos, de manera que no dejaba de preguntarme sobre lo del viaje en el tiempo, porque a él también le gustaría viajar en el tiempo. Así que decidió participar en un experimento. Le metí en la cámara del tiempo y le envié cinco años atrás, a 2020. Allí estuvo cinco minutos y luego le traje de vuelta.

-       - ¿Y dónde está ahora?

-     -   En el almacén. Siéntese, que se lo traigo.

El señor Waltman se sienta mientras el doctor sale por la puerta del fondo y al poco vuelve con una traspaleta en la que trae un gran bidón de plástico de color azul, que pone delante del señor Waltman, mientras le mira y dice:

-      -  ¡Boris!

El señor Waltman mira al bidón, mira al doctor y pregunta:

-       - ¿Boris? ¿Eso es Boris?

El doctor se sienta a su vez, mira al bidón y contesta:

-     -   Si. Eso es lo que quedó de Boris tras el viaje en el tiempo. Es un amasijo de agua, calcio, proteínas, vitaminas y minerales. Parece un yogur. Debe ser muy nutritivo, aunque yo no le probado. Tiene una pinta horrible y huele a amoníaco.

-     -   Y ¿qué le ha pasado?

-     -   Pues algo que yo me suponía pero no lo había probado. No lo quería probar hasta estar seguro. Se lo dije a Boris, le dije que no estaba seguro, pero me insistió muchísimo en que quería viajar cinco años atrás en el tiempo.

-     -   ¿Por qué?

-      -  Parece ser que cinco años atrás le abandonó su mujer por otro hombre. El quería volver para no dejarla que se fuera. Tenía pensado estar esperando al otro hombre y pegarle tres tiros cuando apareciera.

-      -  Es verdad que Natacha se fugó con otro.

-      -  Pues cuando le hablé de mis dudas sacó la pistola y me la puso en la sien. “Mándame cinco años atrás”, me dijo. Y yo obedecí. Ante esos argumentos tan convincentes no tuve más remedio que obedecer.

-       - Y ¿qué pasó?

-      -  Que el viaje en el tiempo de un ser humano no es posible. El ser humano es un organismo biológico que está en continua regeneración. A nivel vulgar se comenta que cada siete años cambiamos completamente nuestro cuerpo. Esto es solamente una aproximación a la realidad, porque hay partes del cuerpo que cambian cada nueve días, otras cada cinco años y otras no cambian nunca. Lo de los siete años es solamente una media de las distintas partes del cuerpo, pero lo cierto es que excepto la corteza cerebral, el corazón y alguna otra cosa, todas las demás partes del cuerpo se van renovando continuamente.

-      -  ¿Y eso que tiene que ver con el viaje en el tiempo?

-     -   Pues tiene que ver porque el Boris de ayer no es el Boris de hace cinco años. Cada átomo del Universo es único. Un átomo de calcio que hoy está en mi tibia derecha hace dos años estaba en una hoja de hierba en Valdemorillo. Una vaca se comió la hierba y el átomo de calcio pasó a formar parte de la leche que el granjero ordeñó al día siguiente. Con esa leche una fábrica hizo queso. A los seis meses yo me comí el queso y el átomo de calcio pasó a formar parte de mi tibia derecha. Si yo retrocediera dos años en el tiempo, ese átomo de calcio volvería a estar en la hoja de hierba y desaparecería de mi tibia dejando un vacío.

El señor Waltman se ha quedado callado, mirando al suelo. El doctor continúa:

-     -   Y así con cada uno de los átomos y moléculas de todo el cuerpo humano. Cuando Boris viajó cinco años atrás, el sesenta por ciento de su cuerpo volvió a donde estaba cinco años atrás. Y el resto es lo que está en el bidón.

Waltman pregunta:

-      -  Y los átomos que estaban en su cuerpo cinco años atrás y ya no están, ¿no volvieron también a su sitio?

-     -   Si que volvieron, claro, pero volvieron todos a la vez. El cuarenta por ciento de su cuerpo volvió también a la cámara, pero todos los átomos y moléculas a la vez, sin ningún mecanismo biológico que los fuera colocando en su lugar poco a poco y con orden. Agua, calcio, proteínas, todo mezclado sin orden ni concierto. Se juntaron con el sesenta por ciento restante y ahí está todo junto, en el bidón. Lo único que volvió entero fue el carnet de conducir... Y el reloj.

FIN

CHISTORRAS, SOLES Y LECHUGAS, por PACO ARELLANO

 


CHISTORRAS, SOLES Y LECHUGAS

SINOPSIS:

Este microteatro nos introduce en la trastienda de la política, donde los discursos públicos de ética y transparencia se contradicen con la ambigüedad y el egoísmo particular. Tres políticos se enfrentan a sus propias contradicciones entre tensiones, reproches y confesiones, la obra descubre la complicidad y los autoengaños que perpetúan el poder y la corrupción, invitando al espectador a cuestionar no solo a los protagonistas, sino también a la sociedad que los sostiene, sean de un partido político o de otro, da igual.

PERSONAJES:

CERDÁN: Político veterano, elegante, calculador, hábil, gran estratega, sereno, discreto.

KOLDO: Asesor de Ábalos, influyente, pragmático, reservado, operativo, práctico, incansable.

ÁBALOS: Exministro, carismático, organizado, tenaz, inagotable, imperturbable, invariable.

ESCENARIO:

Despacho elegante, mesa de despacho llena de expedientes. Un ventanal deja ver la ciudad. Es de noche.

EMPIEZA LA ACCIÓN

(La escena comienza con Cerdán sentado tras la mesa utilizando una calculadora. Koldo, de frente a la cuarta pared, saca una grabadora, disimuladamente la enciende y se la vuelve a guardar, Ábalos está de pie junto a la ventana, de espaldas, observando la calle.)

CERDÁN: (susurrando) 40 chistorras, 100 soles, 200 lechugas, ¡coño, vaya despensa! ¿Qué hubiera hecho mi abuela con tantas chistorras? (en voz más alta) ¿Sabéis? Estoy convencido que todo esto es por el bien común. Porque, está claro que las chistorras alimentan al pueblo. Los soles, evidentemente, calientan los cuerpos y las lechugas, como no puede ser de otra manera, hacen que el futuro sea verde y ecológico. ¿Entonces quién puede juzgar la intención cuando la necesidad se justifica?

ÁBALOS: (sin girarse, todavía ante la ventana) Una intención puede tener más peso que una acción. Pero son las acciones las que dejan huella, macho. No las justificaciones, que lo sepas.

CERDÁN: (con tono despectivo) Hablas como un fiscal, coño. Además, la ética es un asuntillo de la moral.

ÁBALOS: Y por lo que parece hoy tu moral está por todo lo alto, por las nubes diría yo, macho.

KOLDO: (dirigiéndose a Cerdán) La ética. ¿Esa que moldeas según te conviene? ¿y lo dices tú quien contaba chistorras a escondidas, quien cambiaba soles por favores y quien regaba las lechugas en dónde más te convenía? Mírame, tío, sabes yo soy tú cuando nadie mira.

CERDÁN: Perdona coño, pero yo decido, no tú.

KOLDO: (acercándose, amenazante) Mira tío, yo soy el resultado de tus decisiones. Cada chistorra que tienes en tu bolsillo, cada sol con el que te calienta tus manos, cada lechuga que posees marchita tu conciencia. ¿Sabes cuántas llevas esta noche?

CERDÁN: Vale ya, coño. No es tan sencillo como parece, joder. Nada lo es.

ÁBALOS:  Si hay algo peor que la inmoralidad, no cabe duda, es negarla. Macho, que aquí todos somos inmorales, pero lo más importante es que para el mundo mundial somos los más decentes y honrados de España.

KOLDO: (riendo) Ya, pero es que resulta que yo hablo cuando él calla, resulta que yo decido cuando él duda. Y tío, lo más importante es que es mi mano es la que firma cuando el pulso le tiembla.

CERDÁN: ¿Qué quieres de mí, coño? ¿una confesión? ¿Qué me rinda? ¿O solo que comparta contigo el botín?

KOLDO: Quiero que reconozcas lo que eres en la puta realidad. Que admitas que tú, sin mí, no habrías llegado hasta aquí ni de coña, tío.

(Cerdán se levanta bruscamente, cayéndose unos papeles al suelo. Koldo recoge uno, y lo lee sobreactuando.)

KOLDO: “Contrato a favor de Servinabar. Total: cien chistorras, cincuenta soles doscientos lechugas. Motivo: trabajo nunca realizado”. ¿Eres tú, o soy yo quien firma?

CERDÁN: (desesperado) ¡Basta ya coño! ¿Acaso no hemos hecho todos lo mismo? ¿No son las reglas del juego? La política no es blanca ni negra, sino gris, muy gris.

KOLDO: Tío, el gris es más sucio que el negro, porque el gris engaña. Tú trazas de legalidad lo que es saqueo y disimulas de progreso lo que es expolio.

ÁBALOS: Yo he visto a muchos justificarse así, macho. Y todos terminaron más solos que la una.

CERDÁN: (cansado) Vale coño, lo que vosotros queráis, me tenéis hasta los cojones, a ver, cambiando de tema, mañana tengo que dar un discurso. Algo que calme a la prensa, pero sin ponernos la soga al cuello, ¿eh?

KOLDO: (riendo) O sea, lo de siempre, jefe. La ética por fuera y el negocio por dentro, como mola tío.

ÁBALOS: Joder macho, no seas bruto. Aquí lo que se trata es de dar confianza. El pueblo quiere saber que su dinero está en buenas manos.

KOLDO: ¡Y lo está, tío! En las nuestras.

CERDÁN: (poniéndose de pie) Mañana diré que estamos comprometidos con la transparencia, que condenamos cualquier comportamiento inaceptable, venga de donde venga. Exigiremos ejemplaridad. Aquí no hay espacio para el abuso, coño.

KOLDO: (aplaude sarcástico) Tío, te aplaudirán hasta los que te odian. ¡Eso sí que es arte, oleeee!

ÁBALOS: Lo importante es que lo digas con convencimiento. Hay que creérselo, macho.

CERDÁN: (mirando a Koldo) Tú, animal, podrías aprender algo de contención, coño.

KOLDO: ¿Perdona tío, contención o hipocresía? (imitando a Cerdán) “Además en esta santa casa no se tolera el machismo…” (pausa, voz más baja) …salvo si se ayuda a cerrar un trato, claro, entonces llamamos a la Ariadna o a la Carlota y ya harán su trabajito… (se ríe él solo)

ÁBALOS: (incómodo) Macho, no empieces. Estamos en otra etapa.

KOLDO: Otra etapa, pero ¿qué dices tío? Si el machismo es como un grano, es palpable, siempre está ahí y lo mejor de todo es que no desaparecerá nunca, por mucho que se empeñen esas feminazis asquerosas… (se ríe él solo)

CERDÁN: (irritado) Basta coño, que aquí nadie es machista. Joder, somos profesionales y lo que importa de verdad es el resultado final.

KOLDO: Claro, jefe. Y si una becaria mete la pata, ya se encargará alguien de “explicarle” cómo funcionan las cosas, ¿no? tío

ÁBALOS: Joder macho, no deberías hablar así.

KOLDO: ¿Qué pasa tío? Solo digo lo que todos pensamos. Pero vosotros lo disfrazáis de igualdad…se os llena la boca. Yo, al menos, no miento.

CERDÁN: Eso no es verdad, coño. Yo defiendo la igualdad. Siempre he sido claro en eso.

KOLDO: Tío, tú defiendes lo que te conviene. ¿O me equivoco? Venga, dímelo a la cara valiente.

ÁBALOS: (intentando mediar) Joder macho, no empecemos, que como salte un escándalo de puta madre nos vamos todos de patitas a Soto del Real, y la verdad, no me apetece nada dormir a la sombra.

KOLDO: ¿Tío, recuerdas a Laura, aquella jovencita que tenías por asesora? Sí aquella a la que “convenciste” para que retirara la denuncia. Muy ejemplar, sí señor.

CERDÁN: (tartamudea) Bueno, eso fue… distinto. Había matices, coño. Además, tú no tienes ni puta idea.

KOLDO: Tío, sé más de lo que tú crees. Y lo peor de todo es que te pareces a mí muchísimo más de lo que te gustaría admitir.

ÁBALOS: Joder macho, a ver, todos nos parecemos, y por eso estamos aquí. No lo olvidéis.

CERDÁN: (mirando a Koldo) Si no fueras tan animal, podrías llegar muy lejos, coño. Pero eres como el avestruz, que prefieres esconder la cabeza para no verte a ti mismo.

KOLDO: (sonríe) ¿a mí mismo o a ti, tío?

CERDÁN: Yo al menos intento mejorar las cosas, coño.

KOLDO: Joder tío, tú lo que intentas es salvar tu puta conciencia. Mejorar las cosas, ¿sabes? Eso cuesta algo más.

ÁBALOS: Basta macho, el mayor peligro que tenemos es mentirnos a nosotros mismos. Aquí nadie es inocente, eso lo sabemos todos, es así.

CERDÁN: En fin, mañana daré el discurso, como siempre. Diré lo que esperan oír. Pero, coño, soy consciente de lo que he hecho. Y también de lo que estamos haciendo.

KOLDO: Vaya, eso puede ser un comienzo, o a lo mejor el principio de tu condena, tío.

ÁBALOS: Joder macho, a veces, el mayor castigo es seguir siendo uno mismo. Puede que nos llamen corruptos, machistas, hipócritas… Y quizás tengan razón. Pero ¿quién se atreve a mirar de verdad a su propia conciencia? Mañana, en el estrado, todos aplaudirán, menos la puta oposición, claro. Y nosotros seguiremos jugando al mismo juego. Porque lo más fácil no es engañar a los demás, es engañarse a uno mismo.

CERDÁN: (entregando sobres a Ábalos y Koldo): Coño, aquí tenéis vuestras chistorras. Acciona está feliz y nosotros también.

(Abalos y Cerdán salen del despacho, dejando a Koldo solo, riéndose a carcajadas. Saca la grabadora del bolsillo y la apaga, mira el sobre y dice)

KOLDO: Tío. ¡A la porra que corra la chistorra! (sale del despacho riéndose)

TELÓN

 


CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...