domingo, 30 de noviembre de 2025

29 de Octubre de 2024. Por Francisco Arellano

 

29 DE OCTUBRE DE 2024

In Memoriam de Manolo Rosa y Carmen Fenoll y las otras 227 personas fallecidas por la Dana.




SINOPSIS

Una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) implacable está arrasando la región de Valencia, provocando inundaciones, caos y la trágica muerte de muchos ciudadanos. La obra nos sumerge en dos espacios paralelos: el reservado de un restaurante elegante y el humilde salón-comedor de una casa de campo. A la derecha del escenario, Carlos Mazón y Maribel Vilaplana comparten una comida que pronto se convierte en la excusa para una propuesta profesional inesperada y una confesión sentimental largamente reprimida.
Simultáneamente, a la izquierda del escenario, Manolo Rosa y Carmen Fenoll, una pareja octogenaria, viven la angustia de ver su hogar inundarse por la lluvia torrencial.
La obra mezcla momentos de humor negro con la crudeza de la tragedia, reflejando la desconexión entre el poder político y la realidad social, el dolor de las víctimas y el debate sobre la responsabilidad pública del máximo representante de la Comunidad Valenciana.

"29 DE OCTUBRE DE 2024" invita al espectador a reflexionar sobre el papel de los líderes políticos en tiempos críticos, la empatía y el deber, en una puesta en escena que alterna el calor de la mesa con el frío de la tragedia exterior.

PERSONAJES

Carlos Mazón de 50 años, presidente de la Comunidad Valenciana

Maribel Vilaplana de 48 años, periodista reconocida

Manolo Rosa, de 87 años, jubilado

Carmen Fenoll, de 85 años, ama de casa

 


ESCENARIO

El escenario esta divido en dos partes, a la derecha del espectador se encuentra el reservado del restaurante El Ventorro, una mesa de madera maciza y dos sillas, la mesa cubierta con mantelería blanca, una cubitera y dos copas de cava. A la izquierda un salón-comedor de una casa de campo en Torrent, cerca del barranco de L`Horteta, un tresillo un poco desvencijado por el tiempo y una mesa baja.

Al levantar el telón aparece en escena Carlos y Maribel sentado a la mesa brindando con las copas, después de comer, mientras en el salón-comedor están Manolo y Carmen sentados en el tresillo, quietos y a oscuras.

 

MAZÓN: (Brindando con Maribel) Chin, chin por nosotros.

MARIBEL: (Brindando con Mazón) por nuestra eterna amistad. Gracias por esta comida tan deliciosa.

MAZÓN: Nada, no te preocupes, paga el partido. (Le suena el móvil a Mazón, se levanta de la mesa para hablar)

(El escenario del reservado se queda a oscuras, los personajes se quedan totalmente quietos y se ilumina el salón-comedor)

MANOLO: (Mirando por la ventana) Has visto Carmen, está cayendo la del pulpo, no había visto llover así desde hacía mucho tiempo.

CARMEN: Esperemos que pare pronto, esta lluvia me ha pillado con la ropa tendida.

MANOLO: Llueve muchísimo, voy a poner una toalla bajo la puerta, no sea que al final entre agua.

(El escenario del salón comedor se queda a oscuras, los personajes se quedan totalmente quietos y se ilumina el reservado)

MARIBEL: ¿Quién era?

MAZÓN: Nada, por lo de siempre, me requieren para la foto. Por cierto, te quería proponer un asunto, ¿a ver qué te parece? estamos buscando a alguien con experiencia, criterio y, sobre todo, pasión por la comunicación. La dirección de la televisión pública valenciana va a ser clave en los próximos años y creemos que tú eres la persona ideal.

MARIBEL: (Con cara de sorpresa) ¿La directora? Uff, es una responsabilidad enorme... ¿Qué esperáis de mí exactamente?

MAZÓN: Queremos renovar la televisión, abrirla a la sociedad, que recupere la confianza de los valencianos. Tu trayectoria habla por sí sola y, sinceramente, tu forma de comunicar y tu cercanía nos parecen imprescindibles. (Le suena el móvil, pero esta vez no lo coge)

MARIBEL: Me halaga mucho lo que dices, eres un encanto Carlos. La televisión pública siempre me ha parecido un reto apasionante. ¿Tendría libertad de acción para elegir equipo y plantear una nueva línea editorial?

MAZÓN: Por supuesto. Buscamos precisamente un liderazgo fresco, independiente y profesional. Tienes total confianza para tomar las decisiones que consideres mejores. Evidentemente, habrá retos y presiones, pero confiamos en tu criterio.

MARIBEL: Dame unos días para pensarlo y hablarlo con mi familia. Quiero valorar bien el impacto, pero te agradezco mucho la confianza corazón. (Se levanta y le da un beso en la mejilla muy cerca de los labios)

MAZÓN: Perfecto, cariño. Tómate el tiempo que necesites. Para nosotros y sobre todo para mí, sería una gran noticia contar contigo. (Se levanta y le da un beso en los labios, después se vuelven a sentar y le vuelve a sonar el móvil a Mazón, esta vez lo coge)

(El escenario del reservado se queda a oscuras, los personajes se quedan totalmente quietos y se ilumina el salón-comedor)

CARMEN: ¡Ay! Manolo, ¡mira cómo entra el agua! ¿Has visto alguna vez llover así?

MANOLO: Pues desde la riada del 62 no recuerdo algo así, Carmen. Pero entonces éramos jóvenes… A ver, ¿tienes ahí la fregona?

CARMEN: ¿Fregona? Pero ¿tú, estás tonto?, con la cantidad de agua que está entrando, ni con diez fregonas, por Dios. Rápido aprieta el botón de la Teleasistencia. (Aprieta el botón)

MANOLO: Espera, que me pongo las botas, que no quiero volver a coger frío como el año pasado. (Suena el móvil de Manolo, lo coge) Sí, hola, verá es que está entrando agua en casa y ya nos llega a los tobillos, ¿Qué hacemos?

CARMEN: ¿Qué te han dicho?

MANOLO: Nada, que no nos preocupemos, que enviarán a alguien y que nos subamos a lo más alto que podamos.

(El escenario del salón comedor se queda a oscuras, los personajes se quedan totalmente quietos y se ilumina el reservado)

MARIBEL: ¿Pasa algo?

MAZÓN: Nada importante, no te preocupes. (Mirando por la ventana) Jamás había visto llover así.

MARIBEL: (Sonríe) Es como si la naturaleza quisiera que estemos juntos aquí ¿No te parece hermoso?

MAZÓN: Hermoso es estar aquí contigo. Hace tiempo que no me sentía tan en paz.

MARIBEL: A veces hace falta que pase algo fuera de lo corriente para encontrar lo que realmente importa. (Le toma la mano)

MAZÓN: (sorprendido pero agradecido) Maribel, tu mano está tan cálida... como si el mundo entero se detuviera y solo existiéramos tú y yo.

MARIBEL: ¿Y si fuera así? ¿Y si solo importáramos nosotros, aquí y ahora?

MAZÓN: Entonces, me atrevería a decirte lo que tantas veces he callado. Que cada vez que me sonríes, siento que todo tiene sentido.

MARIBEL: (susurrando) No calles más.

(El escenario del reservado se queda a oscuras, los personajes se quedan totalmente quietos y se ilumina el salón-comedor)

MANOLO: ¿Dónde está mi sombrero?

CARMEN: Déjate de sombrero, que eso no te va a tapar. Mejor agarra la linterna y la radio, que dicen en la tele que puede irse la luz. Menos mal que guardé pilas en el cajón de la cómoda.

MANOLO: (Se suben a la mesa) El salón se está inundando cada vez más, vamos Carmen súbete a la mesa que el agua ya nos llega a las rodillas.

CARMEN: ¡Ay Dios! Y los de la Teleasistencia sin venir, Manolo llama ya al 112.

MANOLO: (Cogiendo el móvil) Nada, está comunicando. (Vuelve a llamar) Imposible, sigue comunicando. Esto se está poniendo muy feo Carmen.

CARMEN: No te preocupes. Lo importante es que estamos juntos. Después de sesenta y cinco años, hemos compartido tantas cosas... Hasta en esto nos enfrentaremos cogidos de la mano.

MANOLO: Me alegro de que estemos juntos en este momento. Siento no poder protegerte más.

CARMEN: No digas tonterías, Manolo. Siempre me has cuidado. Ahora, sólo quiero que me abraces fuerte.

MANOLO: Ven aquí, Carmen. Quédate a mi lado. Pase lo que pase, nada podrá separarnos ahora. (El agua sigue subiendo. Manolo abraza a Carmen)

CARMEN: Te quiero Manolo.

MANOLO: Y yo a ti Carmen, siempre.

(Se ilumina el reservado)

(Mazón y Maribel se miran a los ojos, Mazón acerca su rostro al de Maribel, y se besan, primero con timidez y luego con la pasión de quien ha esperado demasiado tiempo.

La tormenta continúa fuera, pero dentro del Ventorro, los dos se entregan al amor, olvidando el mundo y celebrando la fuerza de lo inesperado. Sus cuerpos, encendidos por el deseo, se encuentran una y otra vez, mientras el agua cae sin tregua afuera.

Suena el móvil de Mazón, pero esta vez no lo coge La escena termina con Manolo y Carmen abrazados, mientras el agua sigue entrando, hasta cubrirlos del todo, mientras Mazón y Maribel siguen entregados al amor)

(Oscuro)

TELÓN


NOTA: Aunque está basado en hechos reales y los personajes también son reales, la trama solo existe en la imaginación del autor y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Amistad enferma, por Paloma Luaces

 



AMISTAD ENFERMA

 




 

Pablo, un joven en la treintena, está esperando a las puertas de un viejo edificio. Su gesto adusto denota preocupación. Del edificio sale otro hombre de edad similar, Luis, que se muestra algo inquieto al ver que Pablo se dirige a su encuentro. Le saluda con cierto recelo.

  

Luis.- Hola, Pablo. ¿Habíamos quedado? Pues la verdad es que no puedo (esquivo). Me está esperando Gloria en casa porque…

Pablo.- Tenemos que hablar. Y lo que te tengo que decir es importante (con autoridad).

Luis.- Bueno, vale, está bien. Solo un momento. ¿Vamos donde siempre?

Pablo.- No. Allí hay mucho ruido. Vamos al parque. Estaremos más tranquilos.

Luis.- Bien. Pero no me puedo entretener mucho porque…

Pablo.- Descuida. No te voy a entretener (elevando tono).

Ambos se dirigen hacia un parque próximo. No pronuncian una palabra a lo largo del camino. Pablo se muestra tenso y aprieta fuertemente la mandíbula. Luis, nervioso, dirige a Pablo alguna mirada de soslayo, pero ninguno de los dos se mira abiertamente.

Llegan hasta un banco y se sientan. Nada más sentarse, Luis se levanta de un respingo y se aleja.

Luis.- Ahora vengo.

Pablo, algo desconcertado, ve cómo Luis se acerca hasta un quiosco de prensa.

Luis.- Perdona, pero es que he visto que Paco todavía estaba abierto y quería…

Pablo.- Vale, Luis. Está bien. A ver si puedo…

En ese momento una mujer les interrumpe.

Mujer.- Excuse me. Could you please tell me how to get to Tribulete (pronunciando las “T” como una guiri) street from here?

Luis, raudo, se vuelve a levantar de un salto para dirigirse a ella.

Luis.- Yes, of course. Well… You have to… take this way and then… (hablando inglés con dificultad)

Pablo.- (Enojado, le grita a la mujer) Get away! (Pausa) Now! (gritando todavía más)

La mujer, asustada, se marcha a toda prisa.

Luis.- Ya vale, Pablo. Has asustado a la turista. Y yo que quería practicar mi inglés. Claro, como tú has podido estudiar fuera y yo…

Pablo.- (Todavía enfadado) ¿Quieres dejar ya de evitar el tema? (Traga saliva, intentando recomponerse) A ver, Luis, quería hacerte una pregunta: ¿Le has contado a alguien de la empresa lo mío?

Luis.- ¿Yo? No, claro que no.

Pablo.- ¿Estás seguro? Me ha parecido notar ciertas miradas, cuchicheos…

Luis.- Bueno, tal vez…

Pablo.- ¿Tal vez qué? La otra noche bien que insististe en que te contara qué me pasaba y ante mi negativa apelaste a nuestra amistad de más de veinte años. Yo también invoco esa amistad. Por favor, Luis, sé sincero.

Luis.- Está bien. Se lo dije a Bermúdez.

Pablo.- ¿A Bermúdez? Pero si es el chivato de la empresa. ¿Por qué?

Luis.- Es que Bermúdez iba a entrar al baño después de ti.

Pablo.- O sea, ¿me estás diciendo que toda la empresa sabe que tengo sida porque Bermúdez quería cagar?

Luis.- Es que tenía que avisarle y no se me ocurría ninguna excusa que darle.

Pablo.- ¿Avisarle de qué? ¿De que yo me había sentado en el trono antes? ¿Es que crees que le iba a contagiar así?

Luis.- Pablo, tienes que entenderlo. Eso es algo nuevo. No sabemos cómo funciona eso.

Pablo.- Claro, yo tengo que entender. ¿Y tú entiendes que por “eso” me han despedido?

Luis.- (Casi aliviado) ¿Cómo? ¿Que te han despedido? Vaya, Pablo, lo siento. No era lo que yo pretendía.

Pablo.- (Percatándose de su “alivio”) ¿Seguro? Parece que te ha cambiado la cara. Diría que hasta te has alegrado.

Luis.- Por Dios, Pablo. ¿Cómo puedes decir eso? Eres mi mejor amigo. ¿Cómo me voy a alegrar de que te hayan despedido?

Pablo.- Sí, de hecho esta mañana ni siquiera me has querido ver en el desayuno.

Luis.- Es que tenía mucho trabajo. No podía.

Pablo.- Ya. A mí lo que me parece es que tus buenas palabras de la otra noche eran pura falacia. Eso de (con ironía) “nuestra amistad ha superado una dictadura y superará cualquier cosa”, o “compartiendo un momento duro es donde se demuestra nuestra capacidad de amar”, o “un buen amigo siempre está ahí, sin reservas”. Claro que todas esas grandes frases las dijiste antes de saber el motivo de mi tristeza.

Luis.- Por favor, Pablo, no lo dudes. Voy a estar a tu lado. Me tienes para lo que necesites.

Pablo.- ¿De verdad? Bueno, vale. Entonces supongo que la comida de este domingo con tu familia sigue en pie. Es que ahora necesito cierta estabilidad.

Luis.- Sí, Pablo, pero es que justo este domingo viene mi suegra y creo que vamos a ser ya demasiados.

Pablo.- Claro. Ya veo. Al menos me podrás acompañar al hospital el próximo jueves.

Luis.- Sí, claro, por supuesto. Si puedo… (bajando tono)

Pablo.- Y también podemos quedar con la pandilla y fumarnos unos porros. Es que necesito desconectar. Y no tendrás remilgos a que nos pasemos el porro, ¿verdad?

 (Luis calla)

Pablo.- Ah, también tengo muchas ganas de abrazar a mi ahijada. Hace mucho que no la veo y necesito contacto humano. ¿Vamos a recogerla luego al colegio?

(Luis calla).

Pablo.- Ya veo que no dices nada. Para lo que necesite, acabas de decir. Te he mencionado algunas de mis necesidades y por tu parte solo hay silencio.

Luis.- (Explota) Está bien, Pablo. Sí, tienes razón, te lo reconozco. No sé cómo reaccionar. Y sí, eres mi mejor amigo, pero es que tengo una hija y tengo miedo, por ella, por mi familia, por mí. Cualquiera tendría miedo. Tienes que entenderme.

Pablo.- Claro. Yo te tengo que entender. A todos os da miedo. ¿Y mi miedo? (Le empieza a temblar la voz) ¿Te has parado a pensar en mi miedo, en mi incertidumbre, en mi soledad? ¿En que lo voy a pasar muy mal? ¿En que no voy a llegar a cumplir 40 años? ¿En que me voy a morir? (casi llorando, in crescendo)

Luis, conmovido, hace ademán de darle una palmada en el hombro en señal de consuelo, pero reprime el impulso.

(Pausa)

Luis.- Perdona, Pablo, no quería ahondar en la herida. Pero piensa que a lo mejor dentro de poco se descubre algún remedio para esa cosa. Mientras haya vida, siempre habrá una oportunidad. Y no pienses que puedes morir mañana. Piensa que pudiste morir ayer, y celébralo.

Pablo.- Mira, Luis, he aguantado tu filosofía barata todo este tiempo por amistad, pero ya te puedo decir honestamente que nunca has impresionado a nadie. (Pausa) Al menos te podré esperar en mi lecho de muerte (con resignación). ¿O solo acudirás a mi entierro?

Luis.- (Con ira) Lo siento, Pablo, y lamento decirte esto, pero yo tengo una vida y tú ya no.

Pablo.- (Sin sorpresa) Pues entonces creo que no hay mucho más que decir. Adiós, Luis. (Se levanta del banco, y de repente se da la vuelta). Ah, sí, se me olvidaba lo importante que te tenía que decir. ¿Recuerdas que nos hicimos un tatuaje? Pues quizás deberías ir al médico.

 

 

 

FIN


Laura y Carlos. Trabajo preparado por Susana e Ignacio

 

 

Laura y Carlos


Laura, que vive con su marido (Carlos) en Vigo, es informada por su asistenta (María) de que Carlos le es infiel. Laura y su marido se quieren mucho, se conocen desde el colegio y sus familias son amigas.

Laura (45 años) es profesora de arte y Carlos (45 años) médico especialista. No tienen hijos.

Laura quiere mucho a su marido y aunque ha notado que se han producido cambios en su rutina, no quiere creer a María.

Laura comienza a investigar la vida de su marido y cuál no será su sorpresa cuando descubre que la relación que tiene su marido es con Álvaro, otro médico del hospital de Vigo.

Ella empieza a atar cabos sobre las pocas relaciones sexuales que había tenido en ese tiempo con su marido y las revistas gays que hace mucho encontró en un cajón del escritorio de su marido.

 

Diálogo

 

 Carlos - (Desayunando, mientras Laura aparece) Hola, cariño. ¿Cómo tienes el día?

Laura - (Mira a su marido fijamente y permanece durante unos momentos callada) Normal, cuando salga del instituto me pasaré a hacer algo de compra. ¿Qué te apetece cenar hoy?

Carlos - (Bajando la mirada al café) Ufffff. Hoy me voy a tener que quedar a hacer una guardia. Es increíble, seguimos con la misma plantilla, no contratan nuevos médicos y claro vamos a acabar reventados! Por no hablar de cómo afecta a nuestras familias.

Laura - (Preparándose un café) Con quién te quedas hoy?

Carlos - (Tarda en contestar, coge una galleta, la moja en el café cuidadosamente…) (Después de un silencio pensativo) Mmm, no sé cómo van los turnos. ¿Por?

Laura - (Dejando la taza sobre la mesa con un ruido sordo) Carlos, ¿Qué pasa?

Carlos - (Sin levantar la vista, se toma su tiempo). ¿A qué te refieres, cariño? Es solo el trabajo. Está siendo una semana dura.

Laura - ( Agarra la mano de Carlos para que atienda). No hablo del trabajo. Hablo de nosotros. De este... silencio.

Carlos - (Suspira, la mira, forzando una sonrisa). Laura, no pasa nada. Todo va bien. Sólo estamos cansados.

(Hay una pausa, Carlos sigue con su desayuno. Laura está pensativa con aire preocupado)

Laura - (Conteniendo la emoción). No me has tocado en meses…

Carlos - (Se remueve incómodo, mira al techo, luego a sus manos). Ya sabes que... es la presión. No he estado... muy en mí.

Laura (Otro largo, doloroso silencio). No es solo la falta de ganas. Es... la falta de presencia. Tus salidas, la forma en que miras tu teléfono…

Carlos - (Más firme, a la defensiva). Te lo he dicho: en el hospital hay mucho lío y tenemos que atender a los pacientes. Por favor, no empieces con historias. No las hay.

Laura - (Su voz se quiebra). He visto las revistas…

Carlos - (Se queda atónito. Mira a Laura asustado. Hay un largo, atronador silencio).

Laura - (Después del silencio, con la voz firme pero rota). No eran de trabajo. Eran... de hombres. ¿Qué pasa, Carlos?

Carlos - (Baja la cabeza. Otro silencio. Finalmente, su voz es baja y seca). Laura. Es... es complicado.

Laura - (Cierra los ojos. Un suspiro. Un silencio que dura una eternidad). ¿Me has estado mintiendo todo este tiempo? ¿Toda nuestra vida?

Carlos - (Se levanta) No pensarás que eso es mío. Se lo dejó Álvaro, mi compañero en el hospital. Se las devolveré. ¿Lo has comentado con alguien?

Laura - (Mirándole fijamente) Lo descubrió María limpiando.

Carlos - (Después de un silencio) Vaya, hablaré con ella. No lo habrás comentado con nadie.

Laura - María sabe muchas cosas

Carlos - ¿Qué quieres decir?

Laura - Sabes…esta es una ciudad pequeña. Te han visto con un hombre en bares de ambiente. ¿Qué hacías tú allí? Me has estado mintiendo todo este tiempo, decías que tenías mucho trabajo y…

Carlos - (Hablando entrecortado) Lo hice por Álvaro, mi compañero, lo está pasando mal. Ha tenido un desengaño amoroso y eso unido a problemas en el trabajo, le ha afectado mucho la muerte de una paciente…No podía dejarle tirado.

Laura - No te creo una palabra.

Carlos - (Se sienta al lado de ella y le coge la mano) Nos conocemos desde el Instituto, quizás se ha podido enfriar un poco la relación pero, yo te quiero mucho, nuestros padres se conocen de toda la vida, vamos a tener cuidado de no hacernos daño por una serie de casualidades…

Laura - (Permanece en silencio y cuando él se levanta para irse ella casi llorando) Carlos, me lo han contado todo, me han contado detalles que me han hecho vomitar. Me han hecho sentirme como una extraña, vacía. (se echa a llorar).

Carlos - (Se pone tenso) Llevo media vida intentando encajar…

He hecho todo lo que debía: casarme, ser un buen marido, cumplir…

Pero sentía que me faltaba algo…

Y necesito ser quien soy

Laura - (Con rabia)

¿Y yo qué? ¿Por qué me arrastraste contigo?

¿Sólo por las apariencias? ¿Sólo como parte de tu vida hipócrita?

¿O para engañarte a ti y después a mi?

Carlos - No era un engaño. Al principio creí que lo que sentía no era real. Que se me pasaría. Y quería llevar la vida que se esperaba de mí…

Y te quería… aún te quiero.

Laura - (Interrumpiendo)

¿Eso es amor? ¿Mentirme? ¿Cuánto tiempo llevas con él?

Carlos - (Muy alterado)

¡No lo entiendes!

No sabes lo que es vivir escondiéndose de uno mismo.

Despertarte fingiendo. Acostarte fingiendo.

Mirarte al espejo y no saber quién eres.

Laura - ¿Y yo qué?

¿Crees que a mi no me duele saber que sólo me elegiste por comodidad?

Que era tu coartada.

Que nunca has confiado en mí…

(Silencio)

Carlos - No sé qué quieres que haga, Laura.

Necesito tiempo.

Laura - ¿Tiempo para qué?…Yo no voy a poder ser nunca lo que tú quieres. Nunca voy a ser un... (hace una pausa)  ¿hombre?. Me has destrozado todo mi proyecto de vida. Me siento utilizada. Abandonada. Perdida. Sola.

Carlos - Lo siento. Siento mi cobardía. Haberte utilizado, pero también he sido utilizado por todos, he querido ser el hijo que querían mis padres, he estudiado la carrera de mi padre como manda la tradición familiar, me he casado con la hija de sus amigos, siempre he hecho lo que querían los demás y me sentía feliz con ello, recibía el cariño de mi entorno por ser lo que ellos, vosotros, esperabais de mí, pero he tropezado con Jesús y, por primera vez en mi vida, me he dejado llevar… Hemos vivido en un engaño. Somos prisioneros del amor de los demás, pero ese amor a la vez es una cárcel y lo tenemos que pagar con nuestra libertad.

Laura - (Después de un silencio para asimilar todo lo que él le cuenta) Pero... ¿y yo? Yo me sentía libre queriéndote. Era feliz compartiendo mi vida contigo. Yo sí que había encontrado a la persona que amaba, vivía en un sueño en el que todo era perfecto, nuestra relación, nuestras familias, y resulta que estaba viviendo una farsa. Me siento engañada.

Carlos - (Carlos y Laura se dan un largo abrazo) Me voy… Me tengo que quedar a hacer una guardia… No me esperes...

 


viernes, 28 de noviembre de 2025

MORIR EN LA CALLE. Por el grupo MAYORGA 25

 MORIR



EN LA CALLE

 Autores: MAYORGA 25.

UNED “Ver y escribir teatro”


Amina ha tendido el mantel en el suelo, mientras Hamza la observa pensando en la cena que saborearán esta noche.

Hoy es un día especial, Hamza ha conseguido dos latas Ikar, al pasar por la calle Ferhadija, en su camino de vuelta a casa, tras la recogida de leña; no es mucha la que trae hoy, pero suficiente para calentar la carne de las latas y templar mínimamente la sala donde conviven hacinados los tres miembros de la familia.

Ahmed, el único hijo de la pareja, se encarga de buscar agua cada día. Tiene solo 12 años pero ha alcanzado la edad adulta de repente, sin proponérselo.

La sufra ya está colocada. Amina ha cocinado khubz con algo de harina que Sara, su prima, le ha regalado.

Los amantes esposos esperan abrazados, sentados en el suelo, la llegada de Ahmed. No encenderán el fogonero hasta que su hijo no regrese.

Suenan dos golpes en la puerta, Hamza se dirige a ella, ilusionado abre el pesado tablón de madera que protege la entrada.

Sí, es Ahmed, pero no viene solo ni camina por mismo, lo trae en brazos el fiel vecino Ali. Ha recogido el cadáver del niño en Snajperska Aleja.

(Fundido a negro)

 

En escena aparece una familia sentada en una mesa alargada, decorada para la comida de Navidad.

Padre, industrial, de unos 65 años aproximadamente, bien vestido con traje, corbata y unos gemelos con la bandera italiana, calvo y con una prominente barriga preside la mesa, junto a él, a su derecha, una mujer anodina y súper arreglada, en el otro Iado el hijo, un joven adolescente con sus cascos puestos y a su Iado sentada, su hermana Sofía, en la treintena, melena rubia, camisa de seda blanca, vaqueros impecables y botas de tacón, ha acudido a la cita navideña con sus dos hijos. Paolo de 10 años, Lucía de 6 y sin acompañante.

Se les oye en animada charla sobre menudencias. 

PADRE grita de repente.

—¡Giorgio, diga a la cocinera que baje la radio! (Habla al mayordomo que está situado tras él) 

SOFÍA

—Increíble la noticia del Corriere della Sera de hoy, ¿la has leído, papá?

PADRE

—¡Estupideces! Que un día como hoy, Navidad, publiquen esas noticias, da idea de cómo está el mundo.


SOFÍA

 —¡Papá! ¿Pero qué dices?

PADRE

—Lo que oyes, periodistas extravagantes que solo saben sacar historietas del pasado, sin contrastar, sin fundamento alguno.

SOFÍA

 —Pero ¡Papá! ¿Tú conocías a Marco Rossi? Yo le recuerdo, venía por la casa de campo cuando era pequeña, sobre todo en época de caza.

PADRE

 —Marita dile a tu hija que no ponga muertos sobre la mesa el día de Navidad. (Dice casi levantándose y dirigiéndose a su mujer que levanta la vista como si todo aquello no fuese con ella)

SOFÍA

 —Papá ¿Qué te pasa?

PADRE

 —Los muertos, muertos están y la historia se caracteriza, por eso, porque ya pasó. 

SOFÍA

—Pero lo que dice el Corriere es muy fuerte y ellos siempre mantienen una línea editorial moderada.

PADRE

 —Pues por eso tenían que estar callados. Ahora cualquier abogaducho con ganas de progresar, empezará a remover la mierda.

SOFÍA

 —Papá que mataban a la gente mientras cruzaba la calle. 

PADRE

—Sandeces. 

SOFÍA

—¡PAPÁ! Se dice que lo hacían por hobby, que pagaban para ello y que si eran niños pagaban más.


PADRE

 —Y eso ¿Quién lo dice? AI final nos vas a dar la comida. 

SOFÍA

—Podrían ser mis hijos, ¡padre! ¿Defiendes a tu amigo? 

PADRE

—¡Haz el favor! Y no hables de Marco, un gran amigo desde hace años, viajamos siempre juntos, nos gustaban los safaris.

SOFÍA

—Ya, pero lo investigan por matar a un niño en Los Balcanes, lo acusan de crímenes contra la humanidad.

PADRE  (Ya puesto en pie)

—Sofía cállate o vete.

 (Sofía, sentada frente a su padre, se pone también en pie y le mira fijamente. Marita mira hacia del plato de sopa en la mesa, incómoda.)

SOFÍA

 —Pues, salvo que utilices uno de tus métodos con el personal de la fábrica, ni me callo ni me voy.

MARITA

—¿Es que quieres darnos las cena, Sofía? 

SOFÍA

—No mamá; sólo quiero aclarar algo que me da vueltas a la cabeza desde hace cuatro meses.

MARITA

 —¿A qué te refieres? (Sofía de dirige a su padre) 

SOFÍA

—Papá, ¿qué fue de Marco Rossi? ¿Por qué dejó de venir por casa? Le recuerdo cuando era pequeña, inseparables, siempre estabais juntos.

(El padre se queda sorprendido. Apura la copa de vino) 

PADRE

—¿A qué viene eso ahora? Después de tantos años sin saber nada de él. Casi no me acuerdo. Le compré su participación en la fábrica y no volví a saber nada de él. 

SOFÍA

—¿Ah sí? Pues entonces te alegrará saber que su hija y yo hemos coincidido en la Universidad, las dos estudiando International Business.

(El padre se remueve en la silla, nervioso. Da un nuevo sorbo a su vaso de vino) 

PADRE

—Vaya, ¡qué casualidad! ¿Y cómo sabías de quien se trataba? Eras muy pequeña cuando dejó de venir por casa.

SOFÍA

— Si, una casualidad. Me contó que su padre murió el año pasado. Que en sus últimos días, aunque muy enfermo, estuvo muy rodeado de toda su familia y que todos ellos Iloraron su muerte.

PADRE

 —Sí, sí; leí lo de su muerte en el Corriere della Sera. 

SOFIA

—Estuve en su casa el día de su muerte para dar el pésame a Stephany, su hija. 

PADRE

—Eso esta muy bien, Sofía. Hay que consolar a los amigos en los duelos.

SOFÍA

—El salón de su casa, inmenso, por cierto, estaba Ileno de plañideros. Me entretuve viendo los recuerdos que el señor Rossi almacenaba. Había cuernos de rinoceronte, astas de toro, pirañas...., todas con sus referencias de donde habían sido hechas. Me pareció una vida fascinante Ilena de aventuras. ¿Y sabes qué?

(Padre cada vez más nervioso) 

PADRE

—¿Qué, hija?


SOFÍA

 —Que en alguna de ellas estabas junto a él. Te reconocí al momento. Me hizo ilusión y casi a escondidas, saqué mi móvil y fui fotografiándolas como recuerdo. Tú no tienes nada de eso en casa.

PADRE (enfadándose)

 —No a dónde quieres ir, Sofía. No veo a qué sacas todo eso esta noche. Está todo muy lejano y no tengo ganas de recordar los tiempos aquellos.

SOFÍA (sin perder la compostura)

 —Lo sabrás en un momento. Cuando el mes pasado apareció la noticia de los safaris humanos, ya sabes, la cacería de inocentes por parte de empresarios italianos, volví a ver las fotos del velatorio de Marco Rossi.

PADRE

 —Muy bien. Pero Sofía, ¿quieres dejar de poner a los muertos en la mesa? Marita díselo por favor.

SOFÍA (muy tranquila)

—Ya acabo. Como decía volví a ver esas fotos. En una de ellas ponía “Sarajevo, Febrero 1992).

PADRE

- ¿Y?

SOFÍA

- Coincide con la fecha de las matanzas humanas.

 PADRE

—No digas estupideces. No todos los que íbamos a las cacerías en Yugoslavia hacíamos lo que ha dicho la prensa.

SOFÍA

 —Cierto, papa; llevas razón. Lo que sucede es que en otra de las fotos apareces en las mismas fechas del año siguiente: “Zagreb, cacería de osos, febrero 1992”.

 PADRE

- Ya te he dicho que era una afición que compartíamos, no veo nada malo en ello.

SOFÍA

—Ya me pareció demasiada casualidad que siempre fuerais al mismo sitio. La siguiente fotografía fue la que me generó más inquietud: “Kigali, Ruanda; cacería de elefantes, mayo de 1994”.

 

PADRE

 —¿Y qué tiene eso de extraño? Ya te he dicho que era nuestra afición.

SOFÍA

—No hubiera ocurrido nada si no hubiera aparecido la noticia. Pero al leerla, de pronto, todo se hizo nítido. Papá, en la primavera de 1994 Los hutus y los tutsis se masacraron mutuamente. ¿Se puede saber qué hacíais Marco y tú allí?

 

PADRE (fuera de sí)

 - Fuera de mi casa. No quiero volver a verte más. Insinuar que tu padre es un asesino, qué falta de respeto.

- Y tú, Marita, deja de llorar de una puta vez y acábate la sopa.

 

 

 

FIN

 

 

Noticia en la que se basa “Morir en la calle” EL PAIS NOVIEMBRE





CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

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