EJERCICIO. VER Y ESCRIBIR TEATRO. ENERO 2026
ANGEL MARTÍNEZ DE LA TORRE
ESCENA DE ARQUETIPOS PERSONA/SOMBRA
La sombra habla a través de otro (Desdoblamiento
dramático)
Objetivo Trabajar la sombra como proyección: otro
personaje dice o hace lo que el protagonista no se permite.
Consigna Escribir una escena donde:
• El protagonista defiende una postura “correcta”
• Otro personaje exagera esa postura o la lleva a una
PERSONA.- KEPLER 1571-1630
- Valora el conocimiento y aporta
su toque.
- Personalidad transformadora con
enfoque filosófico y reflexivo.
- Aspira a conocer el
funcionamiento del mundo y a darlo a conocer
- Carismático
SOMBRA.- GALILEO (1564-1642)
- No es capaz de prever las
consecuencias negativas de sus descubrimientos.
- Manipulador
- Egoista
- Capaz de distorsionar lo
cotidiano y convertir lo bueno en malo
- Miedo a ser percibido como
ignorante
- Temor a estar equivocado
ESCENA
La escena transcurre en
Florencia, en la casa de Galileo. donde está viviendo los últimos días antes de
la amenaza de prisión por el Papa Urbano II. Kepler intenta convencerle de que
abandone la pugna que mantiene con la Iglesia respecto a su teoría heliocéntrica.
(Galileo está sentado, con la
mirada perdida. Está oscureciendo. En la mesa, la llama de una vela titila. La
luz tiembla en la estancia. Llaman a la puerta. Se levanta y acude a abrir).
Galileo Galilei, G.
Johanes Képler, K.
G.- Por fin has llegado, Johan;
llevo días esperándote. Dame un abrazo, amigo.
(Kepler se sacude el agua del
amplio ropón que viste y le abraza)
K.- No veía el momento de llegar.
Y esta guerra maldita; todos los caminos están bloqueados.
(Galileo le señala una silla
junto a la suya y ambos se sientan)
G.- Violante, acércate, mi
invitado ya ha llegado. Toma su ropón, que se seque y se caliente (le ayuda a
quitarse el abrigo).
(La muchacha entra en escena. En
silencio, recoge el abrigo de Kepler y sale).
G.- No he salido de casa en todo
el día, esperando tu venida.
K.- No seas melodramático, los
guardias del Papa no se mueven de tu puerta.
G.- Era una metáfora, Johan; al
norte del Rhin os falta el sentido de la épica.
(Ambos sonríen y juntan sus
manos).
G.- ¿Café caliente? Me lo traen
directamente de La Española.
K.- Nunca lo he probado. Dicen
que nubla el entendimiento.
G.- Pruébalo; néctar de dioses,
ahora que Urbano no me oye. Además, tu entendimiento es inmenso, nada temas por
perder parte. (Grita en dirección a la puerta interior) Violante, sírvenos una
taza de ese café que tengo guardado bajo llave, animemos a nuestro viajero.
K.- Si, lo probaré. Falta me
hace.
G.- Ha debido ser un largo viaje,
amigo.
K.- Y peligroso, esta guerra
parece que nunca va a acabar. Dios mío, ¿por qué has permitido esta sinrazón?
(Kepler mira al cielo y se santigua).
G.- Déjalo, Johan, no hablemos de
ello.
K.- Si, que las peleas entre
Urbano y Lutero las resuelva el Altísimo. Nosotros nada podemos hacer.
(Violante aparece con dos tazas
de café. Las deja en la mesa y sale.).
K.- Muy bueno, muy reconfortante.
G.- ¿Por qué has venido, Johan?
K.- Porque te quiero, respeto tu
intelecto, y temo que tu intransigencia te destruya.
G.- ¿Sólo por eso hiciste este
largo viaje?
K.- Arriesgas a consumirte en una
prisión del Vaticano. Urbano II es un político, por mucho que te admire. Te
crees tan sabio que ignoras las prioridades del Papa.
G.- Nunca me abandonará; sabe que
tengo razón. Tú también lo sabes.
K.- Te dejará tirado porque sus
prioridades son otras. ¿Cómo se puede ser tan engreído?
(Silencio).
G.- Copérnico tenía razón. Lo he
comprobado cien veces. La Tierra se mueve.
K.- ¿Y?
G.- Que no puedo ni debo callar;
la Historia me juzgará. Ptolomeo estaba equivocado. Es imposible demostrar los
movimientos de los planetas con su absurda teoría.
K.- ¿Y?
G.- Pues que no estoy dispuesto a
callar. Por Dios que nos lo estoy.
K.- Arrogante.
G.- Contemporizador.
K.- ¿Y?
G.- Tengo a la verdad de mi
parte.
K.- ¿Y?
G.- Que sabes que tengo razón. Tú
mismo lo has comprobado. Tus cartas lo atestiguan.
K.- Y me he callado, estúpido. Y
nadie me molesta. Y sigo vivo. Y Ticho Brahe sufraga mis investigaciones. Y
vivo en su castillo rodeado de lujos. ¿Sigo?
G.- La Tierra gira alrededor del
Sol.
K.- (Bajando la voz) Galileo,
eres un necio. Eso ya lo sabemos tu y yo.
G.- Y la luna gira alrededor de
la Tierra. También lo he comprobado.
K.- Pero el mundo en que vivimos
es más que eso.
G.- Y he descubierto Júpiter.
¿Quién se ha creído que es Urbano II para humillarme de ese modo?
K.- En la vida hay más que eso.
G.- No señor, en la vida no hay
más que eso.
K.- Vamos a tranquilizarnos;
escucha un buen consejo. No todo es conocimiento. Estás obcecado con cambiar
las reglas de este mundo imperfecto. Y te aplaudo por ello, porque sé que te
anima el amor a la verdad. Pero olvidas las reglas de la convivencia, los roles
y las jerarquías para que esto no sea un infierno. Ese orden es el que la
Iglesia aporta. Me refiero al amor al prójimo, la compasión, el cuidado de los
necesitados.
G.- La Tierra gira alrededor del
Sol.
K.- Que insistencia ¿Que más le
da al que no tiene qué comer? ¿No es más importante la armonía que la verdad?
G.- No insistas. Soy un
científico. El mejor que han dado los siglos.
(Kepler le mira compasivamente y
respira profundamente)
K.- ¿Cómo estás tan seguro?
G.- Porque soy el único que
aplico el método deductivo, porque ignoro los paradigmas establecidos, porque
camino a ciegas sujetando el candil de la verdad.
(Galileo le señala la vela
encendida).
K.- ¿Ignoras acaso la Verdad que
nos enseña la Santa Madre Iglesia?
G.- Ignoro a todo aquel que
aplica el método inductivo, Iglesia incluida.
K.- Deberías tener más humildad
intelectual. Podrías estar equivocado.
G.- No me hagas reír, Johanes; ¿cómo
puedes decirme eso? He aplicado tus ecuaciones del movimiento planetario.
K.- Pues olvídalo, a veces yo
mismo dudo de ellas.
G.- Amigo, lo dices porque no
quieres verme en prisión. Pero es inútil; todo lo que he escrito en mi libro
que los mercachifles de la Inquisición han prohibido está corroborado por
cientos de horas tras el telescopio.
K.- ¿Aquel que dijiste que habías
inventado y que se descubrió que habías copiado?
G.- No cambies de conversación,
aquello fue un malentendido. Lo he comprobado y punto.
K.- Eres incapaz de prever las
consecuencias de lo que dices y lo que haces. Estás condenado en vida.
G.- ¿Y que me dices del Papa?
Asegurar que el Señor creó al hombre el sexto día y lo colocó sobre la Tierra,
en el centro del Universo. (Galileo se levanta de la silla) Eso es mentira.
K.- Soberbia intelectual, amigo.
Tu pecado es el de soberbia intelectual.
G.- Y el de la Iglesia, avaricia;
avaricia terrenal.
K.- Calla, desdichado, que los
guardias del Papa están apostados a la puerta y pueden oírte.
G.- El Papa me acusa de
manipulador. ¿Manipulador yo? Mira como me río.
K.- Reflexiona, amigo,
reflexiona. No son muchos los años que nos quedan. Vívelos tranquilamente,
rodeados de los tuyos, no los pierdas en una húmeda celda, en una celda oscura,
sin esperanza, recuerda quien detenta el poder, el terrenal y el divino
(Dos meses más tarde Galileo
viajará a Roma, se retractará de su teoría heliocéntrica ante el Papa Urbano
II, la guerra de los 30 años acabará quince años más tarde con la separación
definitiva entre católicos y protestantes y tanto él como Kepler serán considerados los más grandes astrónomos
de la Historia).
FIN