domingo, 18 de enero de 2026

GALILEO Y KEPLER, por Angel Martínez de la Torre

 

EJERCICIO. VER Y ESCRIBIR TEATRO. ENERO 2026

ANGEL MARTÍNEZ DE LA TORRE

ESCENA DE ARQUETIPOS PERSONA/SOMBRA

 

La sombra habla a través de otro (Desdoblamiento dramático)

Objetivo Trabajar la sombra como proyección: otro personaje dice o hace lo que el protagonista no se permite.

Consigna Escribir una escena donde:

• El protagonista defiende una postura “correcta”

• Otro personaje exagera esa postura o la lleva a una

 

PERSONA.- KEPLER 1571-1630

- Valora el conocimiento y aporta su toque.

- Personalidad transformadora con enfoque filosófico y reflexivo.

- Aspira a conocer el funcionamiento del mundo y a darlo a conocer

- Carismático

SOMBRA.- GALILEO (1564-1642)

- No es capaz de prever las consecuencias negativas de sus descubrimientos.

- Manipulador

- Egoista

- Capaz de distorsionar lo cotidiano y convertir lo bueno en malo

- Miedo a ser percibido como ignorante

- Temor a estar equivocado

 

ESCENA

La escena transcurre en Florencia, en la casa de Galileo. donde está viviendo los últimos días antes de la amenaza de prisión por el Papa Urbano II. Kepler intenta convencerle de que abandone la pugna que mantiene con la Iglesia respecto a su teoría heliocéntrica.

(Galileo está sentado, con la mirada perdida. Está oscureciendo. En la mesa, la llama de una vela titila. La luz tiembla en la estancia. Llaman a la puerta. Se levanta y acude a abrir).

Galileo Galilei, G.

Johanes Képler, K.

 

G.- Por fin has llegado, Johan; llevo días esperándote. Dame un abrazo, amigo.

(Kepler se sacude el agua del amplio ropón que viste y le abraza)

K.- No veía el momento de llegar. Y esta guerra maldita; todos los caminos están bloqueados.

(Galileo le señala una silla junto a la suya y ambos se sientan)

G.- Violante, acércate, mi invitado ya ha llegado. Toma su ropón, que se seque y se caliente (le ayuda a quitarse el abrigo).

(La muchacha entra en escena. En silencio, recoge el abrigo de Kepler y sale).

G.- No he salido de casa en todo el día, esperando tu venida.

K.- No seas melodramático, los guardias del Papa no se mueven de tu puerta.

G.- Era una metáfora, Johan; al norte del Rhin os falta el sentido de la épica.

(Ambos sonríen y juntan sus manos).

G.- ¿Café caliente? Me lo traen directamente de La Española.

K.- Nunca lo he probado. Dicen que nubla el entendimiento.

G.- Pruébalo; néctar de dioses, ahora que Urbano no me oye. Además, tu entendimiento es inmenso, nada temas por perder parte. (Grita en dirección a la puerta interior) Violante, sírvenos una taza de ese café que tengo guardado bajo llave, animemos a nuestro viajero.

K.- Si, lo probaré. Falta me hace.

G.- Ha debido ser un largo viaje, amigo.

K.- Y peligroso, esta guerra parece que nunca va a acabar. Dios mío, ¿por qué has permitido esta sinrazón? (Kepler mira al cielo y se santigua).

G.- Déjalo, Johan, no hablemos de ello.

K.- Si, que las peleas entre Urbano y Lutero las resuelva el Altísimo. Nosotros nada podemos hacer.

(Violante aparece con dos tazas de café. Las deja en la mesa y sale.).

K.- Muy bueno, muy reconfortante.

G.- ¿Por qué has venido, Johan?

K.- Porque te quiero, respeto tu intelecto, y temo que tu intransigencia te destruya.

G.- ¿Sólo por eso hiciste este largo viaje?

K.- Arriesgas a consumirte en una prisión del Vaticano. Urbano II es un político, por mucho que te admire. Te crees tan sabio que ignoras las prioridades del Papa.

G.- Nunca me abandonará; sabe que tengo razón. Tú también lo sabes.

K.- Te dejará tirado porque sus prioridades son otras. ¿Cómo se puede ser tan engreído?

(Silencio).

G.- Copérnico tenía razón. Lo he comprobado cien veces. La Tierra se mueve.

K.- ¿Y?

G.- Que no puedo ni debo callar; la Historia me juzgará. Ptolomeo estaba equivocado. Es imposible demostrar los movimientos de los planetas con su absurda teoría.

K.- ¿Y?

G.- Pues que no estoy dispuesto a callar. Por Dios que nos lo estoy.

K.- Arrogante.

G.- Contemporizador.

K.- ¿Y?

G.- Tengo a la verdad de mi parte.

K.- ¿Y?

G.- Que sabes que tengo razón. Tú mismo lo has comprobado. Tus cartas lo atestiguan.

K.- Y me he callado, estúpido. Y nadie me molesta. Y sigo vivo. Y Ticho Brahe sufraga mis investigaciones. Y vivo en su castillo rodeado de lujos. ¿Sigo?

G.- La Tierra gira alrededor del Sol.

K.- (Bajando la voz) Galileo, eres un necio. Eso ya lo sabemos tu y yo.

G.- Y la luna gira alrededor de la Tierra. También lo he comprobado.

K.- Pero el mundo en que vivimos es más que eso.

G.- Y he descubierto Júpiter. ¿Quién se ha creído que es Urbano II para humillarme de ese modo?

K.- En la vida hay más que eso.

G.- No señor, en la vida no hay más que eso.

K.- Vamos a tranquilizarnos; escucha un buen consejo. No todo es conocimiento. Estás obcecado con cambiar las reglas de este mundo imperfecto. Y te aplaudo por ello, porque sé que te anima el amor a la verdad. Pero olvidas las reglas de la convivencia, los roles y las jerarquías para que esto no sea un infierno. Ese orden es el que la Iglesia aporta. Me refiero al amor al prójimo, la compasión, el cuidado de los necesitados.

G.- La Tierra gira alrededor del Sol.

K.- Que insistencia ¿Que más le da al que no tiene qué comer? ¿No es más importante la armonía que la verdad?

G.- No insistas. Soy un científico. El mejor que han dado los siglos.

(Kepler le mira compasivamente y respira profundamente)

K.- ¿Cómo estás tan seguro?

G.- Porque soy el único que aplico el método deductivo, porque ignoro los paradigmas establecidos, porque camino a ciegas sujetando el candil de la verdad.

(Galileo le señala la vela encendida).

K.- ¿Ignoras acaso la Verdad que nos enseña la Santa Madre Iglesia?

G.- Ignoro a todo aquel que aplica el método inductivo, Iglesia incluida.

K.- Deberías tener más humildad intelectual. Podrías estar equivocado.

G.- No me hagas reír, Johanes; ¿cómo puedes decirme eso? He aplicado tus ecuaciones del movimiento planetario.

K.- Pues olvídalo, a veces yo mismo dudo de ellas.

G.- Amigo, lo dices porque no quieres verme en prisión. Pero es inútil; todo lo que he escrito en mi libro que los mercachifles de la Inquisición han prohibido está corroborado por cientos de horas tras el telescopio.

K.- ¿Aquel que dijiste que habías inventado y que se descubrió que habías copiado?

G.- No cambies de conversación, aquello fue un malentendido. Lo he comprobado y punto.

K.- Eres incapaz de prever las consecuencias de lo que dices y lo que haces. Estás condenado en vida.

G.- ¿Y que me dices del Papa? Asegurar que el Señor creó al hombre el sexto día y lo colocó sobre la Tierra, en el centro del Universo. (Galileo se levanta de la silla) Eso es mentira.

K.- Soberbia intelectual, amigo. Tu pecado es el de soberbia intelectual.

G.- Y el de la Iglesia, avaricia; avaricia terrenal.

K.- Calla, desdichado, que los guardias del Papa están apostados a la puerta y pueden oírte.

G.- El Papa me acusa de manipulador. ¿Manipulador yo? Mira como me río.

K.- Reflexiona, amigo, reflexiona. No son muchos los años que nos quedan. Vívelos tranquilamente, rodeados de los tuyos, no los pierdas en una húmeda celda, en una celda oscura, sin esperanza, recuerda quien detenta el poder, el terrenal y el divino

(Dos meses más tarde Galileo viajará a Roma, se retractará de su teoría heliocéntrica ante el Papa Urbano II, la guerra de los 30 años acabará quince años más tarde con la separación definitiva entre católicos y protestantes y tanto él como Kepler  serán considerados los más grandes astrónomos de la Historia).

FIN

 

 

 


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