lunes, 24 de marzo de 2025

TERESA PANZA, por JOSÉ MARÍA GÓMEZ

 



TERESA PANZA

OBRA DE TEATRO EN UN ACTO DIVIDIDO EN CUATRO ESCENAS


SINOPSIS

En un teatro se ensaya una comedia de costumbres manchega inspirada en Teresa Panza. La actriz principal se descuelga en medio de los ensayos. La limpiadora del teatro, trasunto de Teresa, decidida, valiente, defensora de su familia y amante del teatro, sustituye a la actriz.


Esquema de acciones

ESCENA UNO.- En el teatro, Estrella, limpiadora, contempla los ensayos de la obra, que trata de una mujer manchega muy decidida, trasunto de Teresa Panza. Prado, que es su nombre, avisa a Amparo, mujer del alcalde, de que el alcalde le regala joyas, la persigue y se mete en su casa. Estrella le comenta al director de la obra que ella se quitó de encima a las chicas que su marido perseguía.

ESCENA DOS.- Elena, la actriz que interpreta a Prado, avisa al director, Lorenzo, de que ella no quiere interpretar a una señora pobre e inculta. Ella quiere hacer una señora rica, dueña de una hacienda. Como Lorenzo también es el autor de la obra, le exige que cambie la obra. Quiere interpretar una mujer rica y culta, no una aldeana pobre que no sabe ni hablar bien. Al tiempo, Estrella ayuda a Lorenzo con detalles de La Mancha, para mejorar la obra.

ESCENA TRES.- Lorenzo se desespera de la pobreza artística de sus actores, que no viven los personajes. Se interpreta una escena en la que Prado consigue vender los membrillos de su huerto desde su casa en el pueblo, mientras su marido, Francisco, pierde quince días en Madrid sin conseguir vender nada. Estrella le comenta a Lorenzo cómo abordó ella los problemas económicos cuando su marido, albañil, se cayó del andamio y quedó incapacitado tanto para trabajar de albañil como para cultivar el huerto. Estrella se marchó del pueblo y consiguió empleo para el marido y para ella misma.

Estrella también le comenta de su gusto por el teatro. Estrella actuaba todos los años en la Pasión de su pueblo, y se sabe el Tenorio de memoria. También se sabe la obra de Lorenzo, porque lleva quince días siguiendo los ensayos.

ESCENA CUATRO.- Estrella está en el escenario, representando una escena, y lo borda. Suena el móvil de Lorenzo. Es Elena, la actriz principal, que no ha ido al ensayo porque insiste en que Lorenzo cambie la obra. Lorenzo le da la razón, le pide excusas, le dice que ella es absolutamente necesaria. Cuando cuelga y termina la escena que está representando Estrella, Lorenzo se levanta entusiasmado, aplaudiendo, sonriendo y gritando: “Bravo, bravo, magnífico”.

 

Personajes:

Lorenzo, director de teatro. De unos cincuenta años, está montando una obra que trata de una mujer manchega, Prado, que mantiene la familia moral y económicamente, y está casada con un marido, Isacio, con pocas luces y escasos méritos.

Elena, actriz, de unos cuarenta y cinco años, engreída, escasamente dotada para la interpretación, siempre imposta los personajes excesivamente. En la obra representa a Prado.

YYY, actor, de unos cuarenta años, representa a Francisco, el marido de Prado.

XXX, actriz, de unos cuarenta y cinco años, aparatosa, seria, representa a Amparo, esposa del alcalde.

Estrella, mujer de la limpieza del teatro donde se está ensayando la obra. Unos cuarenta y cinco años, bien formada, alegre.



TEXTO ÍNTEGRO DE “TERESA PANZA”

El escenario reproduce un teatro. Toda la mitad derecha es un escenario teatral, encuadrado, elevado medio metro sobre el suelo y con el telón recogido en ambos lados. Dentro se reproduce una calle de un pueblo manchego, en escorzo. En primera posición, una casa típica manchega, con puerta de madera cortada en dos partes, superior e inferior. La superior puede abrirse sola dejando la inferior cerrada.


PUBLICO

La parte izquierda del escenario reproduce las dos o tres primeras filas del patio de butacas. Sentado en segunda fila está Lorenzo, el director de la obra, con el libreto en la mano. Dispersos por el escenario hay dos o tres personas, que pueden ser tramoyistas o actores, que observan el escenario fingido o simplemente esperan su turno para actuar.

A la izquierda del todo está Estrella, la señora de la limpieza del teatro, que con un paño y una botella de plástico se dedica a limpiar las butacas, sin quitar ojo al escenario fingido. De vez en cuando se para y escucha con mucha atención.

 

ESCENA UNO

En la puerta de la casa, Prado, una señora de unos cuarenta años, atractiva, vestida de faena y con un pañuelo anudado en la cabeza, enjalbega las jambas de la puerta. En el suelo hay una cubeta de goma con asa que debe contener la cal, y Prado moja de vez en cuando en ella una brocha redonda de pelo. A su lado, un escabel permite a Prado subirse para llegar por encima de la puerta. Prado utiliza la brocha como si fuera un pincel y estuviera pintando un cuadro, muy delicada y desmañadamente. En dos o tres brochazos se aprecia que enjalbegar las jambas podría llevarle una eternidad.

Pasados unos segundos, aparece por la izquierda una señora. Viene paseando. Lleva un vestido de flores, el pelo cardado, un bolso negro, zapatos de tacón. La imagen es una persona del pueblo pero con posibles. Lleva pendientes de oro, collar de perlas y una cadena también de oro, gruesa, le rodea la muñeca derecha. Prado la ve venir, para de enjalbegar, se pone en jarras y cuando la señora llega a su altura, la interpela:

PRADO: Hola, Amparo. Te veo muy galana.

AMPARO: Hola, Prado; gracias. ¿Enjalbegando?

PRADO: Ya ves. Oye, ¿tu y yo seguimos siendo amigas, verdá?

AMPARO: Claro que sí, hermosa; somos amigas desde el colegio.

PRADO: Ya, es que como ahora eres la mujer del alcalde, a lo mejor ya no quieres trato conmigo.

AMPARO: Claro que no, Prado, ¡qué bobada! Los amigos del colegio son para toda la vida.

PRADO: Pues el caso es que quería enseñarte algo, ¿puedes esperar un momento?

AMPARO (con extrañeza): Si, claro.

PRADO entra en la casa y al poco aparece con una caja de joyería, que abre y cuyo contenido enseña a Amparo.

PRADO: Mira, unos aretes de filigrana, como los que llevabas este verano en las fiestas.

AMPARO: Es verdad, son muy parecidos; ¿dónde los has comprado? Yo los compré en la capital cuando fui con mi marido el año pasado, en una joyería que nos gusta.

Prado cierra la tapa de la caja para que se vea el nombre de la joyería y lo enseña a Amparo.

AMPARO (sorprendida): ¡Esa, es esa joyería!

PRADO: A mí me los ha osequiao un señor….

AMPARO: ¿Un señor? ¿Qué señor?

PRADO: No te lo he de decir, porque es un señor de mucho lustre en el pueblo y no quiere que naide sepa que me regala aretes de filigrana. Me los mandó ayer con un propio. Yo creo que no se atrevió a traelos él porque yo no los habría cogío.

AMPARO: ¿Así que ese señor no quiere que se sepa que te hace regalos?

PRADO: No, no quiere… El muy jinojo lo que quiere es otra cosa que no le pienso dar… Yo no me los voy a poner, así que, mira, casi llévatelos tú, así tienes dos pares… Por si pierdes alguno.

Amparo coge la caja, la mira y mira a Prado.

AMPARO: Gracias, Prado. Si, se los voy a enseñar a mi marido, a ver si a él también le gustan. Gracias.

PRADO: De nada, Amparo. Oye, ¿te podría pedil un favor?

AMPARO: Claro. Dime.

PRADO: Pues quería pedilte a ver si podrías hablar con tu marido, que no me malee. Resulta que ma dicho que me va a cortar el agua del güerto, y ma dicho que me va a obligar a retranquear la casa, y cosas así. Denque Francisco marchó hace diez días a vender los membrillos, cada día me se mete en casa y me asusta con algo.

Amparo pregunta, con extrañeza.

AMPARO: ¿Que se te mete en casa?

PRADO: Si; una vez entró por el corral y casi me pilla desnuda.

Amparo calla unos segundos.

AMPARO: Ya… No te preocupes, Prado. Yo hablaré con mi marido. Hoy mismo.

PRADO: Pues muy agradecía, Amparo, hermosa. Muy agradecía.

Prado despide a Amparo, que se marcha con paso vivo en dirección al Ayuntamiento.

LORENZO (en voz alta): ¡Muy bien, chicas! Ha quedado bien. Vamos a hacer una pausa. Diez minutos.

Amparo y Prado salen del escenario y desaparecen, junto con el resto de personas que andaban por escena. Estrella, que ha estado mirando la escena sin perder ojo, duda y luego se acerca a Lorenzo, que consulta el libreto. De pie a su lado, comenta:

ESTRELLA: Esa señora no ha enjalbegao en su vida.

LORENZO (sorprendido): ¿Y eso? ¿Usted sí?

ESTRELLA: ¡Claro! Mi casa de Miguelturra es de piedra y siempre ha estao encalada.

LORENZO: ¿Y porqué dice usted que Elena no lo hace bien?

ESTRELLA: Pues porque parece que está pintando Las Mininas. Al ritmo que va no termina ni pa Navidá.

LORENZO: ¡Ah, claro! ¡Ya veo!

ESTRELLA: Es que además le han dao una brocha, y no se enjalbega con brocha. Se enluce con un jalbego, que se hace con anea y coge más masa. Y luego, se moja, se salpica la paré y se da parriba y pabajo y pa los laos. Y luego se cambia de sitio, porque si se insiste se levanta lo anterior.

Estrella, según habla, ha ido simulando las acciones que comenta.

LORENZO: Pues se lo voy a decir al técnico, y se lo explicamos a Elena.

ESTRELLA: Claro. Y los aleros hay que pintarlos de añil, que queda muy lucido.

LORENZO: De añil. ¿Eso es azul, verdad?

ESTRELLA: No, es añil.

LORENZO: ¡Ah, vale! ¿Y usted se llama?

ESTRELLA: Yo soy Estrella. Soy manchega, de Miguelturra.

LORENZO: Pues muchas gracias, Estrella.

ESTRELLA: De nada. Me gusta mucho la obra que están haciendo. Son las cosas que pasan en los pueblos.

LORENZO: ¿De verdad?

ESTRELLA: Claro. Donde hay mujeres y hombres…

LORENZO: ¿A usted le ha pasado algo así?

ESTRELLA: A mí no. Algún moscón me seguía, pero con dos arremetías me lo quitaba. Y le quitaba también las moscas a mi Isacio.

LORENZO: ¿Su marido?

ESTRELLA: Ese, que si nace más tonto nace botijo. Iba detrás de toas, como enfuegao. Pero una vez me las quité todas de en medio pa siempre.

LORENZO: ¿Y cómo lo hizo?

Estrella se sienta en la butaca de delante de Lorenzo y se gira, para seguir hablando con él.

ESTRELLA: Pues resulta que vino al pueblo una de Ciudad Real, una desahogá, ya moza vieja, con un pantaloncito corto apretao que le iba marcando las entrepiernas.

LORENZO: ¡Caramba, qué discreta, ¿no?!

ESTRELLA: ¡S’ijo, sí! Paseaba por la plaza con cincuenta ojos pegaos a las ingles. ¡P’aborrecer el anís! A mi marío se le salían los ojos como a los sapos. Y yo le advertí: “Isacio, te cuelgo de las criadillas”. Pero na, cuando un tonto coge una linde... Y va el bobo de mi Isacio y se encapricha, y me llega que les habían visto juntos en una romería. Asín que cogí un vergajo que era de mi padre y me fuí a casa de la forastera. La desnudé a tirones y la saqué desnuda a la calle, dándola vergajazos hasta la obra donde estaba Isacio, quera arbañil. Allí, sujetándola de los pelos, le llamé a voces: “¡Isacio, asómate!” Cuando salió, le pregunté: “A ver, Isacio, ¿tu conoces de algo a esta señora?”. Se puso mu serio y dijo: “No, Estrella, no la conozco de nada”. Así que yo le dije: “Me alegro, guacho. Me alegro por ti, galán”. Y a la pendona la dejé que se fuera, y se marchó a su casa. Y ya no volvieron a verse.

LORENZO (sonriendo): ¡Qué bárbaro! ¿Y su marido no la volvió a engañar nunca?

Estrella se ríe…

ESTRELLA: ¡Bueno, él lo intentaba, pero ya ninguna quiso dir con él! ¡Ninguna quería verse desnuda por la calle…!

LORENZO: ¡Qué historia! Es genial.

ESTRELLA: En los pueblos siempre hay líos.

Estrella mira el reloj y se levanta.

ESTRELLA: Bueno, señor, me tengo que marchar. Perdone que le haya molestao.

LORENZO: No me ha molestado usted, Estrella. Yo me llamo Lorenzo Uclés, y me alegro de conocerla.

Se levanta y le da la mano. Estrella mira el trapo y la botella, pasa el trapo a la izquierda y le da la mano.

ESTRELLA: Pues yo también. Gracias, señor.

Estrella sale por el fondo izquierda, mientras Lorenzo la mira marchar con cara de asombro. Luego se vuelve a sentar y sigue consultando el libreto.

 

ESCENA DOS

Lorenzo está subido al falso escenario revisando los decorados cuando llega Elena, que se dirige hacia él.

ELENA: Lorenzo, tenemos que hablar.

LORENZO: Dime.

ELENA: Yo no puedo actuar en estas condiciones.

LORENZO: ¿Qué condiciones?

ELENA: Esta obra. Yo soy una actriz de clase, y la obra que has escrito no me da valor. Es una señora vulgar.

LORENZO: Todo lo contrario. No es nada vulgar. Es una mujer fuerte, recia, es el alma de su familia, es la que la mantiene, incluso económicamente.

ELENA: Pero si habla fatal…

LORENZO: Habla como se habla en La Mancha.

ELENA: Y viste fatal.

LORENZO: Viste como se viste en La Mancha.

ELENA: ¿Y cómo me luzco yo en ese papel?

LORENZO: Pues interpretándolo bien. Eso es lo que la gente espera de una actriz, que interprete a un personaje, sea como sea el personaje.

ELENA: No me vengas con discursitos profundos del oficio. Yo soy una figura de la escena, y quiero salir en escena como una figura.

LORENZO: Pero Elena, esta obra es como es.

ELENA: Pues la tienes que cambiar. Tu la has escrito, así que la puedes cambiar. Yo quiero ser una señora bien, dueña de una hacienda.

LORENZO: Pero ¿cómo voy a cambiar la obra? No se puede cambiar. Es la vida real de una mujer pobre, con problemas económicos contra los que pelea constantemente. Si fuera rica se perdería esa faceta de su carácter, que es fundamental en la obra.

ELENA: Pues lo mismo sería que en vez de una señora pobre fuera una señora rica, la dueña de una finca… Y que pelee con los problemas de los ricos, que también pueden tener problemas, ya se te ocurrirá algo. Eso a la obra no le afecta, y yo podría salir bien vestida, no de fregona, y hablar educadamente, no como una verdulera.

LORENZO: Elena, esa sería otra obra, no ésta.

ELENA: Pues piénsatelo, porque yo no quiero hacer de paleta. Voy a seguir una semana más, pero luego a lo mejor me voy si la obra no cambia.

Elena da media vuelta y se marcha. Lorenzo se queda viéndola marchar. Apabullado, se sienta en una silla de dirección que hay en el escenario y se echa para atrás. En esto aparece Estrella en el patio de butacas y le llama:

ESTRELLA: ¡Don Lorenzo!

LORENZO (cansinamente): Hola, Estrella.

ESTRELLA (al notarle desanimado): ¿Está usté bien?

LORENZO: Si, si, muy bien. ¡Ah, por cierto, hablé con el técnico sobre lo que usted me dijo, y en unas cosas le da la razón y en otras no!

ESTRELLA: ¡Caramba!

LORENZO: Si. Dice que en lo del orujo tiene usted razón, que en La Mancha nadie pide orujo, piden aguardiente.

ESTRELLA: Claro, eso es. Algunos ni eso, algunos piden “agua” y el tabernero ya sabe lo que es. Y muchos ni piden, cuando entran el tabernero ya sabe lo que quieren.

LORENZO: Pero en lo del añil me dice que no, que mucha gente no pinta de añil, ni de almagre, lo dejan todo en blanco, y el técnico dice que él es de Ciudad Real y sabe lo que dice.

ESTRELLA: Pues él será de Ciudad Real, pero yo soy calatrava, y mis padres eran calatravos y mis abuelos eran calatravos, y un bacín de culipardo no va a enseñame a mí cómo se pintan las casas.

LORENZO: Bueno, Estrella, si le parece lo dejamos pasar, tampoco quiero decirle al técnico que todo lo hace mal.

ESTRELLA: Me parece bien, Don Lorenzo. Si la cuerda se estira mucho igual se rompe y es peor.

LORENZO: Sabía que usted lo iba a entender, Estrella. Gracias.

ESTRELLA: De nada, Don Lorenzo. Yo sólo quiero ayudar.

LORENZO: Eso lo sé perfectamente, Estrella. Usted ayuda… otros no.

 

ESCENA TRES

Lorenzo está sentado en primera fila, hablando con Elena y Ricardo, que están sentados en el borde del falso escenario, mirando hacia él.

LORENZO: Tenéis que meteros en el personaje. Prado es una mujer fuerte, recia, que cuida de la casa durante los viajes de Francisco. Estamos idealizando a la pareja de Sancho Panza, Teresa. Ella es el alma de la familia cuando Sancho se va de andanzas con Don Quijote. De manera que Isacio tiene que ser bueno pero simplón, y Prado muy batalladora, que defienda a su familia y a su marido hasta cuando él no tenga razón. Tenéis que ponerle alma. No se trata de leer el texto, hay que vivirlo. El público tiene que leer sus almas a través de vuestra actuación. Vamos a hacer el regreso de Francisco… Escena cinco.

Elena y Ricardo se levantan y se ponen a la puerta de la casa. Ricardo luego sale por el fondo derecha.

LORENZO: Va. Empezamos.

Ricardo aparece por el fondo derecha y va hacia Elena, que le ve venir.

ELENA: ¡Francisco, ya era tiempo! ¿De dónde sales?

RICARDO: Pues de Madrí. De los membrillos.

ELENA: Ya. Quince días hace que te fuistes.

RICARDO: Nadie quiere membrillos. No he vendío na.

ELENA: Eso ya me lo imaginé yo a la semana.

RICARDO: Pues se van a pasar.

ELENA: No se van a pasar porque la niña y yo los estamos embotando.

RICARDO: ¿Vosotras dos solas?

ELENA: Con los niños de la escuela. Por las tardes van al huerto y recogen lo questá maduro. Y yo lo emboto.

RICARDO: ¿Y cómo has conseguido que vayan los niños?

ELENA: Porque cada niño se lleva un bote a casa cada semana. Las madres encantadas. Ya tengo la mitad vendíos a la Guardia Civil de Miguelturra, que hay una Casa Cuartel muy grande. La otra mitá la tengo apalabrá con las Mercedarias, que quieren hacer dulce con nueces.

RICARDO: Pues yo no traigo na.

ELENA: ¡Anda, pasa y lávate, que paece que vienes del campo las ánimas!

Ambos pasan dentro de la casa.

Por el fondo izquierda sale Estrella, que se acerca a Lorenzo.

ESTRELLA: Buenas tardes.

LORENZO: ¡Ah, buenas tardes, Estrella! (En voz baja). Esto es un desastre.

Elena y Ricardo salen y preguntan:

ELENA: ¿Qué tal?

LORENZO: Bien, bien. Ir preparando la siete, que la hacemos ahora.

Ambos desaparecen entre bastidores. Lorenzo se vuelve a Estrella:

LORENZO: Un desastre. No actúan, leen; sólo leen. Yo creo que les aburre el teatro.

ESTRELLA: ¿No son actores?

LORENZO: Ellos dicen que sí, pero yo lo dudo.

ESTRELLA: Pues a mí me encanta. De las cosas que más me gustan.

LORENZO: Ah, ¿sí? ¿El teatro?

Estrella se sienta al lado de Lorenzo y cuenta.

ESTRELLA: Me encanta. En la Pasión de Miguelturra he salido todos los años, hasta que nos vinimos a Madrí. Nunca he hecho de María, porque soy bajita y regordeta y siempre ponen una chica alta y delgada, pero muchas veces he hecho de Ana, y una vez hice de María Magdalena, y otras veces de pastora, o de aguadora, o de vendedora de pescao.

LORENZO: ¡Así que ha actuado usted! ¿Y no pasa vergüenza, no le tiembla la voz delante de tanta gente?

ESTRELLA: Ni una miaja. Muchas personas se ponen de los nervios y tiemblan como una jalea, pero yo no. Yo tan pancha. Y no me he perdío nunca el Tenorio que hacen todos los años para los Santos, gente que viene de Cuenca. ¡Me lo sé de memoria!

Mientras Lorenzo la mira asombrado, Estrella recita:

ESTRELLA (sonriendo abiertamente):

            ¡Ay! ¿Qué filtro envenenao

me dan en este papel,

que el corazón desgarrao

me estoy sintiendo con él?

¿Qué sentimientos dormíos

son los que revela en mí?

¿Qué impulsos jamás sentíos?

¿Qué luz, que hasta hoy nunca vi?

¿Qué es lo que engendra en mi alma

tan nuevo y profundo afán?

¿Quién roba la dulce calma

de mi corazón?

 

LORENZO (que la ha estado oyendo admirado, levantando las manos): ¡Don Juan!

ESTRELLA: ¿Le ha gustao?

LORENZO: Mucho. Recita usted muy bien. Se ve que lo siente.

ESTRELLA: Es que me gusta, y además es como si yo fuera Inés. Cuando era joven yo sentía lo que siente Inés. Piensas en el chico que te gusta y se te encalabrinan todas las asaúras, y el corazón se te sale del pecho… ¡Ufff!

LORENZO: Lo vive usted.

ESTRELLA: Si, entavía macuerdo de lo que se siente. Luego la vida te cambia. A mí me mandó al Isacio, que tié menos luces que las cuevas del vino, y no es mal hombre, pero está gafao. Era arbañil, pero se cayó de un andamio y quedó quebrao de la espalda; anda como una escarpia, así que de arbañil ya na.

LORENZO: Claro, ¡pobre hombre! ¿Y qué hicieron ustedes? Les quedaría una pensión…

ESTRELLA: No nos quedó ná, porque Isacio no estaba dao de alta. Y el güerto ya no lo podía trabajar. Así que, como la niña ya estaba casá, nos vinimos a Madrid con una tia mia que era portera en la calle de Narváez y ya estaba muy mayor. A los dos años murió mi tia y nos quedamos con la portería.

LORENZO: ¿Y por qué viene usted a limpiar al teatro?

ESTRELLA: Porque tenemos casa, pero la paga es poca. Por eso vengo a limpiar por las tardes mientras Isacio cuida la finca.

LORENZO (halagándola con sinceridad): Es usted una mujer muy valiente, muy echada para alante.

ESTRELLA: Bueno, la vida te obliga. Isacio no ha tenío suerte.

LORENZO: Pues yo creo que sí, Estrella. No conozco ningún marido que haya tenido tanta suerte como para casarse con usted.

ESTRELLA: Don Lorenzo, ¡qué zalamería! ¡Me va a poner usté colorá!

LORENZO: No se sonroje usted. Lo pienso de veras. ¡Qué suerte ha tenido Isacio!

ESTRELLA: No es malo. Un poco simplón, pero no es malo.

LORENZO: ¿Y de verdad se sabe usted el Tenorio completo?

ESTRELLA: Casi. No estoy segura, pero a lo mejor sí. ¡Me sé la obra de ustés!

LORENZO: ¿La nuestra?

ESTRELLA: Si. Llevan ustés quince días repitiéndola, y yo escuchándola, así que me la tengo aprendía.

LORENZO: Ya… ¿Podría usted decir la escena dos?

ESTRELLA: ¿Cuál es esa?

LORENZO: La del enjalbegado. La de Amparo.

ESTRELLA: ¡Ah, esa seguro! ¡Y enjalbegando como Dios manda!

 

ESCENA CUATRO

En el escenario, Estrella y Lucía están representando la escena dos.

AMPARO (sorprendida): ¡Esa, es esa joyería!

PRADO: A mí me los ha osequiao un señor….

AMPARO: ¿Un señor? ¿Qué señor?

PRADO: No te lo he de decir, porque es un señor de mucho lustre en el pueblo y no quiere que naide sepa que me regala aretes de filigrana. Me los mandó ayer con un propio. Yo creo que no se atrevió a traelos él porque yo no los habría cogío.

AMPARO: ¿Así que ese señor no quiere que se sepa que te hace regalos?

Suena el móvil de Lorenzo y éste descuelga. Dejan de oírse las voces de Prado y Amparo, que siguen actuando.

 

PRADO: No, no quiere… El muy jinojo lo que quiere es otra cosa que no le pienso dar… Yo no me los voy a poner, así que, mira, casi llévatelos tu, así tienes dos pares… Por si pierdes alguno.

AMPARO: Gracias, Prado. Si, se los voy a enseñar a mi marido, a ver si a él también le gustan. Gracias.

PRADO: De nada, Amparo. Oye, ¿te podría pedil un favor?

AMPARO: Claro. Dime.

PRADO: Pues quería pedilte a ver si podrías hablar con tu marido, que no me malee. Resulta que ma dicho que me va a cortar el agua del güerto, y ma dicho que me va a obligar a retranquear la casa, y cosas así. Denque Isacio marchó hace diez días a vender los membrillos, cada día mese mete en casa y me asusta con algo.

 

LORENZO: Hola, Elena. Si, si, claro que te estamos esperando. Nos ha extrañado mucho que no vinieras hoy al ensayo.

 

Ya sé que eres una gran actriz, Elena. Y sé que quieres que cambie la obra.

No, no, no funcionaría con cualquier otra actriz, por supuesto que no. Tienes que ser tú, Elena; o estás tú o no hay obra.

 

No, Elena, claro que cuento contigo. Estoy resolviendo todos los problemas que me has planteado; ya los tengo casi resueltos.

 

Si, si, yo te llamo, por supuesto. Gracias, adiós.

 

Se vuelven a oir las voces de las actrices, que finalizan la escena dos.

AMPARO: ¿Que se te mete en casa?

PRADO: Si; una vez entró por el corral y casi me pilla desnuda.

Amparo calla unos segundos.

AMPARO: Ya… No te preocupes, Prado. Yo hablaré con mi marido. Hoy mismo.

PRADO: Pues muy agradecía, Amparo. Muy agradecía.

Cuando terminan, las dos actrices se vuelven hacia Lorenzo, que se levanta y empieza a aplaudir.

LORENZO: ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Magnífico!

Lorenzo va hacia ellas, sonriendo entusiasmado, mientras sigue aplaudiendo y se va cerrando el telón.

 

FIN

domingo, 23 de marzo de 2025

ESTAMPIDA (Cortometraje).Carlos Mochales. Ver y escribir teatro (UNED) 23-03-25


                                                                                                                                                                   





 



Carlos Mochales. Ver y escribir teatro (UNED)          23-03-25.

Ejercicio donde interviene el ensayo o representación de una obra de teatro.

TÍTULO: ESTAMPIDA. (Cortometraje)         DURACIÓN: 5 minutos.

SINOPSIS.

Un equipo de televisión está grabando, en un teatro, la escena del acto II, cuadro II, de “Rinoceronte”, de Eugéne Ionesco, cuando Juan padece los síntomas de conversión a un rinoceronte, mientras conversa con Berenguer. La grabación no se termina, porque todos se transforman en rinocerontes, excepto la ayudante de dirección.


SINOPSIS POR SECUENCIAS.

SECUENCIA 1. SALA DE TEATRO. ESCENARIO Y PATIO DE BUTACAS. INT. DÍA.
Una jornada de grabación de una obra de teatro. Dos actores ensayan la escena del acto II, cuadro II, de “Rinoceronte", de Ionesco, donde se puede ver como Juan padece síntomas de conversión a un rinoceronte, en presencia de Berenguer. En el patio de butacas está instalado un equipo de TV, con la maquinaria habitual: cámaras, sonido, control, etc. La ayudante de dirección de TV da paso a un corte para el catering.

SECUENCIA 2. TEATRO. HALL DE ENTRADA AL PATIO DE BUTACAS. INT. DÍA.
Una mesa con catering. La ayudante de dirección, manifiesta que es vegana y discute con el encargado del catering, porque solo hay sándwiches de embutidos, lanzando un meeting, al equipo, sobre los perjuicios para la salud de la comida procesada. Pero el equipo, encantado con el catering, agota todos los sándwiches.

SECUENCIA 3. SALA DE TEATRO. ESCENARIO Y PATIO DE BUTACAS. INT. DÍA.
Es hora de reanudar el trabajo. La ayudante de dirección esta, sola, en el set, y da ordenes, por un walkie talkie, para que acuda el equipo al set de grabación.

SECUENCIA 4. BAÑO DE MUJERES DEL TEATRO. INT.DIA.
Una auxiliar parece indispuesta, mientras recibe ordenes de la ayudante, por el walkie. Varios miembros del equipo tienen convulsiones y un color verdoso de piel.

SECUENCIA 5.  BAÑO DE HOMBRES DEL TEATRO. INT. DIA.
Otro de los auxiliares, con un sarpullido verdoso en la cara, habla con la ayudante de dirección. Los actores y, el resto de los miembros del equipo, tienen: sudores, espasmos, retortijones y sarpullidos, a la vez que emiten ruidos guturales extraños.

SECUENCIA 6. SALA DE TEATRO. ESCENARIO Y PATIO DE BUTACAS. INT. DÍA.
La ayudante de dirección está sola en el set, esperando al equipo, mientras come apio. Se escucha un ruido de estampida de animales. Vuelven los auxiliares, con la cabeza de rinoceronte y el cuerpo de persona. Los actores y el resto del equipo de TV, transformados en rinocerontes, cruzan, a toda velocidad, el patio de butacas y desaparecen por el escenario, mientras la ayudante de dirección se queda sola, en silencio, mordiendo una rama de apio. 
                                          

                                      FIN      






lunes, 10 de marzo de 2025

¡VAYA TROPA!- Comedia breve escrita por Paco Arellano, Juana Cámara, Susana Fernández-Bujarrabal, Carlos Gallego, Puri García y José María Gómez

 



¡VAYA TROPA!


Comedia realizada para el curso VER Y ESCRIBIR TEATRO 2024-2025. Ejercicio de clase


Profesora: MARU GARCÍA



TRABAJO DE CLASE PREPARADO POR LOS ALUMNOS:

 

Paco Arellano

Juana Cámara

Susana Fernández-Bujarrabal

Carlos Gallego

Puri García

José María Gómez

 

 

 El trabajo se llevó a cabo entre los días 25 de Febrero y 9 de Marzo de 2025


DEFINICIÓN DE PERSONAJES POR CADA PARTICIPANTE

 

Personaje de Paco Arellano

-        Sacerdote de 40 años

-        Nombre Antonio

-        Características personales

o   Pertenece al Opus Dei

o   Viste con sotana

o   Es atractivo, simpático, encantador

o   Voz dulce y persuasiva

o   En el fondo es ruin. Busca meter a la gente en el OPUS o sacarles la pasta

o   Manipulador

-        Primer pensamiento de la mañana

o   Gracias Señor por este nuevo día que tú me regalas, prometo servirte con fe y devoción, por favor, muéstrame cómo ser santo como San José María Escrivá de Balaguer para que cada día pueda ver tu mano amorosa en mí trabajo. San José María Escrivá de Balaguer, pongo mis oraciones y mis intenciones en tus manos firmes en la certeza de que las llevaré rápidamente a los pies de Dios. Amén. Y después de mí oración saldré al mundo a pregonar mí misión evangelizadora.

 

Personaje de Juana Cámara

-        Señora de 50 años

-        Nombre Desiré

-        Características personales

o   Soltera

o   Enfermera

o   Estatura media, morena

o   Vive en Madrid, pero es de provincias

o   Tiene un hijo de diez años

o   Compasiva, empática, sin prejuicios de ningún tipo

o   Trabaja desde joven, para pagarse los estudios

o   Le gusta viajar

o   Le gusta aprender

-        Primer pensamiento de la mañana

o   ¡Uh, Parece que acabo de acostarme! Dormiría otras cinco horas más. ! ¡Ya está, arriba! Tengo que ir a recoger a mi hijo y llevarle a baloncesto.  El turno de noche cada vez me trastoca más; antes dormía como un lirón, ahora me despierta el mínimo ruido. Esta comunidad de vecinos se ha puesto un poco folclórica. Los de arriba aporrean el techo, ¡vaya con los niños!, los de al lado parece que no trabajan, al menos los jóvenes: Sebastián parece un Dandi, mantiene su cuerpo que es un primor, le oigo todos los días hacer gimnasia con su música bien fuerte; si, se sabe cuidar. Y esa chica que tiene una habitación alquilada, Brigitte; ¡uh! en cuanto sale de casa, tacón y, más tacón; me traspasa el cerebro. Pero bueno, no me voy a quejar tanto, cada uno tiene sus circunstancias de vida; en general, hay buena convivencia en esta comunidad de vecinos.  Ahí tienes a Manuel, ¡ejemplo de buena persona!; ¡y como nos soluciona la vida, cuando tenemos algún problema con nuestro coche!  Si, hay que ser agradecidos con lo que tenemos, cada día es un nuevo reto. ¡A por otro día!

 

Personaje de Susana Fernández-Bujarrabal

-        Señor español de 50 años

-        Nombre Manuel

-        Características personales

o   Casado

o   Dueño taller mecánico

o   Trabajador

o   Estatura media, robusto, canoso, manos fuertes

o   Con carácter

o   Algo melancólico

o   Formal, serio, reflexivo

-        Primer pensamiento de la mañana

o   ¿Suena la alarma? Si, ya es la hora. ¡Qué rápido se pasa la noche!... ¡Y los días! Tengo que levantarme. Ufff, me espera un día duro. Como ayer. ¡Qué cansancio! ¿Me estoy haciendo viejo? No, no es para tanto… pero el cuerpo ya no responde como antes… A ver si consigo que el chaval nuevo se espabile. si no, no podré terminar el coche del cura hoy. ¿Qué estaba soñando? Creo que volaba. ¿Qué querrá decir?... Mejor no darle más vueltas y a seguir dando el callo. Arriba voy.

 

Personaje de Carlos Gallego

-        Chico español de 20 años

-        Nombre Sebastián

-        Características personales

o   Soltero

o   No estudia ni trabaja

o   Vive con sus padres (¿en la casa donde vive Brigitte?)

o   Alto, delgado, pelo castaño rizado abundante

o   Elegante

o   Tímido, de pocas palabras

o   Mirada profunda, educado

o   Buen lector

o   Juega al fútbol y al ajedrez

-        Primer pensamiento de la mañana

o   Parece que hace bueno.  Me puedo ir al parque a correr y cuando vuelva, me zampo unas buenas tostadas con aceite y tomate. ¡Joder! He soñado con la tonta esa de Brigitte. Me cae fatal, se lo tiene muy creído la tía. Pero eso sí, guapa es un rato. ¡Bah! Es muy mayor para mí. En fin, me levanto.

 

Personaje de Puri García

-        Chico de 15 años

-        Nombre Bruno

-        Características personales

o   Familia con padres separados

o   Va a un grupo de apoyo por su absentismo escolar

o   Sus amigos ya están en la droga

o   Tiene posibilidades de regeneración

-        Primer pensamiento de la mañana

o   Mierda, mierda, mierda, me he quedado dormido y ya no me permiten una falta más en el insti. ¿Dónde están mis calcetines? ¿Además hoy me toca grupo? Joder, ¿qué hago? ¿Le digo lo de anoche? Todo por hacerle caso al Chumi, con sus porros de mierda, ¡es que no tengo remedio! Espero que la Maite me entienda, es muy buena tía. Y la comunidad, ¿se habrá enterado del fumadero del portal? ¡Ya lo que faltaba! ¡Vaya día que me espera!

 

Personaje de José María Gómez

-        Chica española de 45 años

-        Nombre Brigitte

-        Características personales

o   Alta, delgada, atractiva

o   Ligera de cascos

o   Soltera

o   Sensible, buena persona

o   Dicharachera

o   Golosa

-        Primer pensamiento de la mañana

o   ¡Uaaaah! Anda, hoy hace sol. ¡Qué bien, porque he quedado con Linda para ir a hacernos las uñas! (se mira el cuerpo) ¡Anda, me ha salido un moratón!. Esto seguro que fue Johnny… ¡Qué bárbaro, qué fuerza tiene! Voy a bajar a desayunar al bar, hoy no me apetece entrar en la cocina. ¿Qué hago con las uñas? A lo mejor les digo que me pongan purpurina, seguro que quedan superchulas. ¡Ay, que me hago pis! Corre, corre.

 



 

DEFINICIÓN DE SITUACIÓN COMPLEJA DE ARRANQUE

 

José María: en el portal del edificio aparece una mañana una chica joven apuñalada.

 

Susana: los personajes se quedan bloqueados en el portal del edificio y no hay cobertura.

 

Paco: en el portal aparece una chica apuñalada. El asesino ha bloqueado las salidas del portal. No hay cobertura. Entre todos deciden investigar quién es el asesino, porque creen que es uno de ellos.

 

Carlos se adhiere a Paco.

 

Al haber ya cuatro opiniones iguales, queda decidido por mayoría:

Aparece una chica apuñalada y están todos encerrados en el portal. La cerradura de la calle está rota, igual que la subida de la escalera. La bajada al cuarto de conexiones está abierta. El ascensor no funciona.



ESCENAS REALIZADAS POR CADA ALUMNO

 

Escena uno, escrita por Susana Fernández-Bujarrabal

Escena dos, escrita por José María Gómez

Escena tres, escrita por Carlos Gallego

Escena cuatro, escrita por Puri García

Escena cinco, escrita por Juana Cámara

Escena seis, escrita por Paco Arellano


ESQUEMA DE ACCIONES

 

ESCENA UNO (SUSANA FERNÁNDEZ-BUJARRABAL)

Todos menos Brigitte en el portal. Llega Brigitte, pero cierra la puerta de la escalera, que ya no se puede volver a abrir. Se dan cuenta de que están encerrados. Se dan cuenta de que no hay cobertura.  Descubren el cadáver. Alguien se fija en que Bruno tiene un corte en la mano. Deciden desnudarle, buscando el puñal. Le desnudan, no hay puñal, pero lleva anfetas. Bruno reconoce que el rompió la cerradura del portal. Ven que hay sangre en el suelo. Bruno se queda en calzoncillos, porque hace muchísimo calor. Es Agosto y están encerrados en un portal.

 

ESCENA DOS (JOSÉ MARÍA GÓMEZ)

Deciden seguir desnudándose. Alguien pregunta la cura qué hace allí. El cura titubea, dice que iba a buscar a Manuel, el mecánico. Manuel dice que mejor hubiera ido al taller. Desnudan al cura. Aparece la octavilla de Brigitte. Comentarios procaces de todos. El cura se queda en calzoncillos.

 

ESCENA TRES (CARLOS GALLEGO)

Desnudan a Brigitte. Comentarios procaces del cura. Intento de Bruno de acercarse. Desprecio de Brigitte. Comentarios negativos de Desiré, “Parece mentira que se dedique usted a la prostitución. Esta es una casa decente”. Brigitte la ignora. Brigitte ya no se pone el vestido. En un aparte, Bruno intenta quedar con ella. Brigitte se ríe a carcajadas delante de todos y le dice: “Yo no me acuesto con niños de teta”. Bruno se enfurece y empieza a dar patadas a la puerta del ascensor.

 

ESCENA CUATRO (PURI GARCÍA)

Desnudan a Desiré. Lleva un bisturí, pero alguien dice que es pequeño, que la puñalada del cadáver es de un cuchillo grande. Aparecen abortivos. Comentario malévolo de Brigitte, que dice: “Algunas vendemos vida y alegría, pero otras, más decentes y más cristianas, (con retintín) venden muerte”. Desiré se queda en braguitas y sujetador. El cura está mirando a Brigitte, embobado. Brigitte se da cuenta, y le provoca bailando delante de él. Manuel se acerca al cura por detrás, le pasa el brazo por el hombro y le pregunta: “¿Qué, padre? ¿Está usted admirando las maravillas de la Creación del Señor?. El cura se sobresalta, se pone colorado, coge su breviario y se va a un rincón de cara a la pared.

 

ESCENA CINCO (JUANA CÁMARA)

Desnudan a Sebastián. Revista porno de chicos. Comentarios de todo tipo. Sebastián se queda en calzoncillos.

Desnudan a Manuel. Sebastián descubre la vara metálica plastificada. Huele a cable eléctrico quemado, porque Manuel es quien ha roto la conexión del ascensor. Manuel lo reconoce, porque está harto de quejarse del ruido que hace la maquinaria del ascensor al lado de su dormitorio. Se ha quejado a la Comunidad de propietarios pero no han hecho nada. Además, iba tan enfadado de tener que subir a su casa seis pisos andando, que rompió la puerta de la escalera sin querer, del portazo que dió. Además descubren el cacharro para descontar kilómetros a los coches. Comentarios malévolos de todos. Siguen encerrados. Manuel se queda en calzoncillos.

 

ESCENA SEIS (PACO ARELLANO)

Aparece una pareja de policías, chico y chica, con un cerrajero, que abre la puerta del portal. Los policías se sorprenden al verles a todos desnudos. Han detenido al asesino, que estaba rondando ensangrentado por la calle y ha confesado. La policía, al verlos desnudos, pregunta que qué orgía están montando en el portal. Quejas de uno, chanzas de otro. Alguien les invita a participar. Comentarios de alegría de todos, mezclados con comentarios de repugnancia de lo que han descubierto unos de otros. Vaya tropa.

 


TEXTO ÍNTEGRO DE LA COMEDIA

 

TÍTULO: “¡VAYA TROPA!”

 

PERSONAJES

Antonio, sacerdote del Opus Dei de 40 años

Desiré, señora de 50 años, soltera, enfermera

Manuel, dueño de un taller de coches, de 50 años, casado

Sebastián, chico de 20 años, soltero, ni-ni

Bruno, chico de 15 años con problemas de absentismo escolar

Brigitte, señora española de 45 años, atractiva, ligera de cascos

Un policía varón, de unos 35 años

Una policía mujer, de unos 35 años

Un cerrajero, de unos 40 años

 


 

ACTO ÚNICO, escena única. Se mantiene la división en escenas con objeto de diferenciar la aportación de cada alumno, pero la dramatización es continua.

El escenario es el portal de un edificio antiguo del centro de Madrid. En la pared derecha, ligeramente sesgado, se abre el portal que da a la calle, que es una doble hoja de hierro redondo que se adivina muy pesada, acristalada en sus dos tercios superiores. De frente a la derecha se ve la puerta del ascensor. Más a la izquierda están los huecos de escalera; el de subida está cerrado con una puerta antifuego, y el de bajada se encuentra diáfano. En la pared izquierda del escenario se disponen dos grandes maceteros con grandes plantas de plástico. Al abrirse el telón, entre los maceteros y la pared izquierda se adivina el bulto del cadáver de una chica joven. En medio del escenario, charlando entre ellos en uno o dos grupos, se encuentran cinco personajes. Dos chicos jóvenes, uno de unos quince años y otro de unos veinte, vestidos de acuerdo con su edad; El chico de veinte lleva una bolsa de deportes. Una señora de unos 50 años con bata de enfermera que lleva en una mano un bolso y en la otra una bolsa grande de tela. Un señor de unos 50 años lleva un mono de mecánico con franjas rojas de arriba abajo y una gorra madrileña de color gris. A la cintura lleva un cinturón de herramientas del que cuelgan una barra metálica plastificada y un aparatito mecánico con un cable negro que cuelga. Por último, un sacerdote de unos 40 años, con sotana, que lleva un breviario en la mano. Todos se amontonan cerca de la puerta del portal, y miran de vez en cuando hacia fuera.

 

ESCENA UNO

BRIGITTE sale al portal por la puerta de la escalera. Según sale, Bruno sale corriendo hacia la puerta, para sujetarla, pero Brigitte ya la ha cerrado.

BRUNO: ¡La puerta!

BRIGITTE, (abanicándose con la mano): ¡Qué calor, por Dios! No se puede ni respirar en esta ciudad. ¿Qué hace todo el mundo en el portal? ¡Si está aquí toda la comunidad!

SEBASTIÁN, (señalando al cura): Casi…él no vive aquí ¿no?

DESIRÉ, (intentando abrir la puerta): ¿Otra vez la puerta de la escalera bloqueada?

BRIGITTE: Ni idea, yo la he cerrado sin más. ¿Pasa algo?

MANUEL, (probando la puerta): Pues que no abre.

DESIRÉ, (señalando el ascensor): Y el ascensor tampoco funciona. ¡Esta comunidad es un desastre!

BRUNO: Alguien lo ha saboteado. He visto que le han dado un martillazo al mecanismo en el cuarto de contadores…

ANTONIO: ¿Y con la puerta del portal qué pasa?

SEBASTIÁN, (sacudiendo la cabeza): No sé. Yo no he podido abrirla. Parece bloqueada.

DESIRÉ: ¿Y los móviles? el mío no funciona.

BRUNO: El mío, muerto.

SEBASTIÁN, (mirando su móvil): Vaya mierda… No tengo cobertura.

BRIGITTE: En este portal nunca ha habido cobertura. ¿Qué hacemos?

MANUEL: A ver, tranquilos. Seguro que se puede solucionar…Si viene alguien a lo mejor desde fuera se puede abrir…

SEBASTIÁN, (sarcástico): Sí, claro. En agosto. Aquí no queda ni el apuntador.

Un breve silencio. De repente, Desiré se gira y fija la vista en el rincón junto a los maceteros.

DESIRÉ, (bajando la voz): ¿Y… eso?

Todos siguen su mirada. Entre los maceteros se distingue el bulto de un cuerpo. Manuel se acerca con cautela, los demás retroceden instintivamente.

MANUEL, (tenso): Dios santo… Es un muerto. Es una chica.

BRIGITTE: ¿Está…?

DESIRÉ se acerca y le toma el pulso. Suspira, sin mirar a nadie.

DESIRÉ: Sí. Soy enfermera. Tiene una puñalada en el corazón.

Un silencio denso se apodera del grupo. Sebastián se fija en la mano de Bruno.

SEBASTIÁN: Tío… ¿Qué te ha pasado en la mano?

Todos miran a Bruno. Él esconde la mano tras la espalda.

BRIGITTE: ¡Madre mía! El asesino. Tiene una herida en la mano.

ANTONIO: ¿Te has hecho daño?

BRUNO, titubeando: No… O sea, sí, pero no es nada.

MANUEL: A ver esa mano.

Bruno intenta dar un paso atrás, pero Sebastián le agarra del brazo. Todos le rodean, expectantes.

DESIRÉ: Tenemos que ver si tienes algo encima…

BRUNO: ¿Qué? ¡No, ni de coña!

SEBASTIÁN: Tío, si no tienes nada que esconder, ¿qué más te da?

BRIGITTE: Que se quite la ropa.

BRUNO: ¡Estáis locos!

MANUEL: Tenemos que estar seguros de que no llevas un puñal. Si no es por las buenas…

Entre Sebastián y Manuel le sujetan. Bruno forcejea, pero le despojan de su camiseta y pantalones. No hay puñal. De su bolsillo cae un pequeño envoltorio.

ANTONIO, (recogiéndolo y abriéndolo): ¿Esto qué es? ¿Droga?

DESIRÉ: Anfetaminas.

Todos miran a Bruno, quien permanece en calzoncillos, sudando, con la respiración agitada.

BRIGITTE: Vale… Esto se pone interesante.

SEBASTIÁN, (mirando a Bruno): Yo creo que hay que cachearle, no vaya a llevar algo más ahí escondido.

Sebastián se acerca a Bruno y comienza a palpar por encima del calzoncillo. Bruno le separa de un empujón.

BRUNO: Pero bueno, ¿qué haces? ¡Que yo no tengo nada! ¡Qué solo me he hecho daño con la puerta! Y siii, he sido yo el que la ha roto. ¡Tenía que hacerlo! No me apetece ir a terapia. Al romper la manilla me corté en la mano, por eso tengo la herida.

Sebastián suspira hondamente y se separa de Bruno.

DESIRÉ, (acercándose a la puerta del portal): Tiene razón, aquí en el suelo hay sangre suya.

MANUEL: ¿Y para qué vas a terapia?

BRUNO: Porque falto a clase.

MANUEL: Pues nos has hecho polvo, hijo, todos aquí encerrados por tu culpa.

 

ESCENA DOS

BRUNO: ¿Y ahora qué? Ya les había dicho que yo no he matado a nadie.

BRIGITTE, (a Bruno): ¡Vístete!

BRUNO: No pienso. Con el calor que hace… Ya que me habéis desnudado, me quedo en calzoncillos.

MANUEL: Pues yo no me quedo tranquilo. Aquí puede haber un asesino, y puede ser el que menos nos esperemos. (al cura) ¿Usted qué hace aquí? ¿Cómo sabemos si de verdad es un cura?

ANTONIO: Soy el padre Antonio Barragán, de las Desamparadas. Yo venía a hablar con el dueño del taller mecánico, que me han dicho que vive aquí en el sexto.

MANUEL: El dueño del taller mecánico soy yo. ¿Qué quiere usted?

ANTONIO: Que el coche me falla.

MANUEL, (sacando la barra de hierro del cinturón y empuñándola en alto): Ya. Y viene usted a mi casa. Esto no es normal. ¡Desnúdese usted ahora mismo!
ANTONIO: Pero, pero… Yo soy un ministro del Señor. ¿Cómo me voy a desnudar?

MANUEL, (amenazante con la barra): Pues por la cabeza, como las señoras. ¡Y rápido!

ANTONIO se echa para atrás, se queda parado y luego baja la cabeza, le da el breviario a Sebastián y empieza a desabotonarse la sotana, que cae a sus pies. Debajo lleva un pantalón gris. Manuel coge la sotana y la sacude.

MANUEL, (mirando a Antonio): ¡Los pantalones!

ANTONIO se quita los pantalones y se los da a Manuel. Manuel saca una cartera de un bolsillo, la mira y se la mete en un bolsillo suyo. Mientras tanto, Sebastián está mirando dentro del breviario, que hojea de adelante hacia atrás.

MANUEL coge el pantalón y lo sacude. Caen al suelo unas llaves. De pronto, SEBASTIÁN saca una octavilla del breviario y grita:

SEBASTIÁN: ¡Pero bueno…! ¿Qué es esto?

Todos se acercan a ver lo que Sebastián mira, excepto el cura, que recoge la sotana y se echa hacia atrás pegándose a la pared. Sebastián, con la octavilla en alto, lee:

SEBASTIÁN: ¡Brigitte!

Todos se vuelven a mirar a Brigitte, que hace como que no oye.

SEBASTIÁN: ¡Brigitte, compañía alegre con final feliz!. Completo, ochenta euros. Matalaúva número 15, tercero derecha.

BRUNO: ¡Es aquí! ¿Quién es Brigitte?

Todos se separan de Brigitte, que sigue haciéndose la loca pegada a la pared y jugueteando con el bolso. Desiré la señala con el dedo.

DESIRÉ: ¿Será guarra? Ha montado un putiferio en el edificio. ¡Que aquí hay niños!

MANUEL, (a Antonio, devolviéndole el pantalón, la cartera y las llaves): ¿O sea, que a arreglar el coche? Los bajos, claro, lo que le falla a usted del coche son los bajos.

 

ESCENA TRES

MANUEL, (dirigiéndose a Brigitte): Vamos guapa, no te hagas la tonta. Quítatelo todo. ¡Ya!

BRIGITTE: ¡Dejadme en paz!  ¡No me pongáis la mano encima!

MANUEL: ¡Vamos! ¡Desnudarla!

SEBASTIÁN: Échame una mano, Bruno, que se resiste.

BRUNO: Estoy.

Entre los dos, la desnudan a tirones.

BRUNO: ¡Ya está! Estate tranquilita, ¡eh!

ANTONIO: Señorita, por favor. Mantenga la calma. Por el bien de todos.

DESIRÉ: Parece mentira que usted se dedique a la prostitución. Esta es una casa decente y una indeseada no nos puede echar por tierra nuestro honor. Con lo que cuesta hoy en día mantener los valores éticos y morales, para que una mujercilla lo eche todo a perder.

ANTONIO: Lo ha dicho muy bien. ¡Qué fácil es pecar!

BRIGITTE: Bueno, vale, yo me quedo así, no me pongo el vestido, estoy más fresquita y así pueden ver que yo no escondo nada, que no soy sospechosa.

MANUEL: Ya se ve que no escondes nada. Mejor que te lo pongas, que veo que por aquí se le está subiendo la temperatura a más de uno.

ANTONIO: No lo dirá por mí. Que a mí esta señorita no me influye en nada, ni en lo físico ni en lo espiritual. Pero tengan en cuenta que, ante todo, yo soy un hombre y tengo las mismas necesidades fisiológicas que todos los demás. Otra cosa son los juramentos.

SEBASTIÁN: Tiene toda la razón, padre. Dejarla en paz de una vez a la chica, que me parece que os trae a todos de cabeza.

BRUNO (se acerca a Brigitte y habla bajito): Oye guapa, si te parece quedamos a la hora que te venga bien.

BRIGITTE, (a voces): ¡Anda, vete por ahí, mocoso! (se ríe a carcajadas), que yo no me acuesto con niños de teta.

BRUNO: ¡Pero que te has creído, tonta del bote!

Bruno se pone a dar patadas en la puerta del ascensor.

MANUEL: Tranquilidad, ¡eh! Que como me ponga a repartir hostias me quedo solo.

ANTONIO: ¡Cuida esas palabras, hijo!

SEBASTIÁN: Oye, Brigitte. Recuerda el dicho famoso. La caridad bien entendida, empieza por casa. (Le guiña un ojo, y ella sonríe suavemente).

 

ESCENA CUATRO

MANUEL: Me parece que la siguiente es usted, Desiré.

DESIRÉ: A mi no tiene que ponerme la mano encima nadie. Me sé desnudar solita.

Se empieza a desnudar. Se quita la bata, se quita el vestido, queda en braguitas y sujetador.

DESIRÉ: Yo no tengo nada que ocultar.

MANUEL, (resoplando): Desde luego que no. Está usted admirablemente bien.

Sebastián ha estado hurgando en el bolso y en la bolsa de tela. De la bolsa de tela saca un bisturí.

SEBASTIÁN: Esto es un arma.

DESIRÉ: Eso es un bisturí, no un arma.

SEBASTIÁN: Esto corta.

DESIRÉ: Si se acerca usted a la muerta verá que tiene una herida de un cuchillo enorme. Este bisturí puede pinchar, pero no puede hacer ese agujero. Además, les aclaro que los bisturís los colecciono, tengo varios, los traigo de mi trabajo; ya sé que no está bien, pero es un vicio que tengo.

SEBASTIÁN saca un bote de pastillas de la bolsa.

SEBASTIÁN: ¿Estas pastillas qué son?

BRIGITTE mira el bote y aclara: Eso son píldoras abortivas.

DESIRÉ explica: Las píldoras abortivas son para dos pobres niñas engañadas precisamente por un cura.

ANTONIO: ¡Falsos testimonios no por favor! Un respeto a los ministros de Dios.

BRIGITTE: ¡Así que yo soy una guarra! Pues yo vendo alegría y vida, señora, y usted vende muerte.

DESIRÉ: A mí me va a decir una guarra lo que soy… ¡Guarra!

BRUNO, a voz en grito: ¡Basta de sandeces!; una que colecciona bisturís y otro que defiende a un pederasta. ¡Luego dicen de los jóvenes! ¡Los jóvenes, los jóvenes! ¡Estoy hartooooooo!

Bruno vuelve a liarse a patadas con la puerta del ascensor.

Se oyen voces desde fuera del portal.

VOCES: ¿Qué ocurre ahí dentro? ¿Necesitan ayuda?

ANTONIO, a todos: Brigitte a pesar de sus pecados es una buena hermana.

BRIGITTE, (con sorna): No lo sabe usted bien, padre.

 

ESCENA CINCO

BRIGITTE: ¡Vamos Sebastián! !A desnudarse! ¡Y enséñanos lo que llevas en esa bolsa de deporte que tanto te caracteriza!

Sebastián se desnuda, la camisa, el pantalón, y lo tira al suelo. Bruno, mientras tanto, ha cogido la bolsa de deporte y va sacando ropa de deporte, unas playeras, una revista, que ojea con curiosidad. Luego la levanta para que la vean todos.

BRUNO, (con malicia): !Vaya,vaya! Una revista porno de chicos… O sea, que tu entiendes… (riéndose a carcajadas) !Qué sorpresa!

Sebastián mantiene la cabeza gacha.

BRUNO: Don Manuel, ahora le toca a usted.

MANUEL, como Sebastián, se desnuda él sólo. Al quitarse el cinturón, Sebastián coge la barra metálica y la huele.

SEBASTIÁN: Esta barra huele a cable eléctrico quemado. Usted es el que ha roto la conexión eléctrica del ascensor.

MANUEL: Si, he sido yo. Estoy harto del ruido atronador que hace y que me afecta mucho, porque el cuarto de máquinas da a mi dormitorio. Lo he puesto en conocimiento de la comunidad muchas veces sin obtener respuesta. Y además cuando subía a mi casa saltó el pestillo de la puerta de las escaleras, por el portazo que la dí del cabreo que llevaba.

ANTONIO: Bueno, este señor mecánico parece que es honrado y por lo menos reconoce lo que hace.

DESIRÉ: ¿Y qué me dice de este aparatito que tenemos aquí?

BRUNO: ¡Uy! Si es un quitakilómetros. !Vaya con Manuel, vendiendo coches viejos como si fueran nuevos! Bien, ya estamos todos desnudos de cuerpo y alma. ¿Y ahora qué hacemos?

SEBASTIÁN: Se está arremolinando gente en la calle.

MANUEL: No me extraña, aquí todos en pelotas. Pensarán que es una orgía.

Se oye una voz que grita en la calle:

VOZ: ¡Dejadme entrar! ¡Soy soltero!

OTRA VOZ: ¡Yo soy casado, pero también quiero entrar!

Se oyen golpes que la gente de fuera da en la puerta del portal.

Brigitte va a su bolso, que había dejado en un rincón, saca unos papeles, va hacia la puerta del portal, se agacha y empieza a pasar los papeles por debajo.

MANUEL, (yendo a su lado): ¿Qué hace usted?

BRIGITTE, (sonriendo): Publicidad para mi negocio. Les estoy pasando mis octavillas.

MANUEL: ¡Caramba, qué idea! ¡Qué lástima!; yo no tengo octavillas del taller, si no también pasaba.

ANTONIO, (a voces hacia la calle): ¡Llamen a un cerrajero!

DESIRÉ, (mirando a Sebastián y Manuel): Aquí tenemos dos prototipos de hombre; uno tan delicado y otro tan… Sebastián, ¿has visto? Tu cuerpo de efebo atrae mucho; cada vez tenemos más espectadores. Brigitte y tu podríais hacer un buen show. ¡Vamos, haced algún número para estos espectadores hambrientos de ver cuerpos desnudos!; a la salida pasamos el sombrero.

SEBASTIÁN: Cuando sea mayor.

DESIRÉ, a Manuel: Y la fuerza bruta, ¿qué va a hacer con el ascensor y la puerta? Yo no pongo ni un euro para el arreglo. Te tenía por el vecino más honrado de toda la comunidad. !Qué vergüenza, manipular los coches de esa manera, quitarles kilómetros para engañar a la gente!

MANUEL: Bueno calla, calla, que tú no eres ninguna santa.

ANTONIO: Silencio. Ya está bien. En vez de hablar tanto pensemos; tenemos que salir de aquí lo antes posible. !Vaya espectáculo que estamos montando!

BRUNO, (mientras se asoma al portal): Y además gratis… !Mirad ! Llega la policía. Yo no quiero que me vean.

Bruno se pega a la pared, detrás del resto de los vecinos.

TODOS, (saltando de alegría): ¡Bien! ¡Bien!...

Algunos se abrazan entre ellos.

 

ESCENA SEIS

A través del portal se oye la voz de un policía:

POLICÍA 1: Señores, tranquilos. Somos la policía, venimos con un cerrajero.

Se oye un golpe y se abre la puerta del portal. Entran dos policías, un hombre y una mujer.

POLICIA 1: Pero ¿esto qué es, una orgía?; no me lo puedo creer. ¿Dónde está el cadáver?

DESIRÉ: Allí, detrás de los maceteros.

Los dos policías van a examinar el cuerpo. El cerrajero ha entrado con su bolsa de herramientas e interviene:

CERRAJERO: La madre que me parió, que espectáculo, cuando lo cuente en casa…

POLICIA 1, (volviéndose hacia los vecinos): Vístanse a la voz de ya.

MANUEL. Sí señor agente, ahora mismo.

Todos se visten, Antonio se pone la sotana.

CERRAJERO: ¡Hostia, un cura! Perdón, padre.

POLICIA 2: Pero padre… ¡Usted también!

ANTONIO, (enfadado): Estos hijos de Satanás me han desnudado, morirán todos abrasados en las llamas del infierno.

DESIRÉ: Bueno padre, no se ponga usted así, yo también he pasado vergüenza.

POLICIA 1: Señores, veníamos a avisarles de que hemos detenido al asesino; es el llamado “Asesino de los portales” y llevábamos mucho tiempo detrás de él; lástima que no hayamos podido llegar antes y salvar a esta pobre chica.

SEBASTIÁN: Vaya menos mal, pero la que hemos liado para nada.

BRUNO: ¿Y ahora que les digo yo a mis padres? Sobre todo cuando se enteren de que he hecho novillos… Me van a matar… Aunque al final me lo he pasado de puta madre.

BRIGITTE: Pues a mi todo esto me ha venido genial para mi negocio, creo que tendré un montón de clientes nuevos, es lo que tiene la publicidad y ser famosa.

DESIRÉ: Mírala, ¡que contenta! A ver, so guarra, el putiferio te lo montas lejos de aquí. ¿Has oído, cerda?

BRIGITTE: Mira quién fue a hablar; la asesina de bebés.

POLICIA 2: Señoras, haya paz o me las llevo a las dos detenidas por escándalo público.

ANTONIO: ¡Ay Señor, qué gentuza!

POLICIA 1: Señores, ahora me van a acompañar todos a comisaria a declarar. (todos protestan) Por las buenas si quieren, y si no, les pongo las esposas a todos.

El policía sale el primero.

Van saliendo todos de escena por el portal detrás del policía, mientras el Policía 2 se queda con el cadáver.

Antes de salir los últimos, Brigitte coge al padre Antonio, le echa los brazos por encima y le pregunta:

BRIGITTE: Padre Barragán, ¿nos volveremos a ver?

ANTONIO, (embobado): Puedes llamarme Antonio, si lo prefieres.

Brigitte coge de la mano a Antonio y salen por la puerta del portal. El Policía 2 los mira salir alucinado.

POLICIA 2, (meneando la cabeza a los lados): ¡Vaya tropa!

 

 

FIN

 


CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

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