Propuesta Diálogo: “Hace cuarenta años”
(Joaquín, un hombre de unos 70 años, aún apuesto y bien trajeado,
aguarda su turno en la sala de espera del dentista. Se abre la puerta de la
calle y aparece Isabel, una mujer algo más joven, que también conserva gran
parte del atractivo que tuvo en su juventud. Ambos se miran un tanto perplejos)
Primera escena: encuentro entre Isabel y
Joaquín
Joaquín:
¿Isabel? Eres tú, no me lo puedo creer.
Isabel:
¡Joaquín!, esto sí que es un encuentro
inesperado.
Joaquín:
¡No me digas que tú vienes también a este
dentista!
Isabel:
Bueno… (ella aún no da crédito, y lo mira
y escruta de arriba abajo) sí, aunque hoy es Paco, mi marido, el que ha
venido a consulta. Ha debido de pasar ya. Yo estaba…
Joaquín:
Ya, ya, aparcando el coche.
Isabel:
…No entiendo nada. ¿Cómo lo sabes?
Joaquín:
Me lo ha dicho Paco, he hablado con él.
Isabel:
Pero… ¿tú lo conoces?
Joaquín:
Desde luego. Íbamos juntos al Instituto.
Hasta que yo empecé la carrera éramos inseparables. Luego, poco a poco nos
distanciamos. Sobre todo, cuando tú y yo empezamos a salir.
Isabel:
No tenía ni idea… ¡qué casualidad del destino
que tú y Paco os conocierais!
Joaquín:
Y ¿Cómo estás? Yo tampoco sabía hasta hoy que
Paco y tú os hubierais conocido y… ¡casado! ¿Tenéis hijos, nietos?
Isabel:
Estoy bien, bueno, ya con alguna pequeña
gotera, ya sabes. Y sí, tenemos dos hijos, varones ¡Ah, y tres nietos!
Joaquín:
Debes de ser feliz, porque estás muy guapa.
Isabel:
¡Va, no me adules! ¿Feliz? Hace mucho tiempo
que no me pregunto esas cosas. Desde luego no fui capaz de cumplir mis
expectativas de juventud.
Joaquín:
¿No acabaste la carrera?
Isabel:
Sí, acabé Derecho, pero nunca ejercí. Ayudé
mucho a Paco con su zapatería, luego vinieron los niños…En fin, historia típica
de típica mujer de clase media de mi generación (sonríe resignada). ¿Tú?,
sí acabaste arquitectura, supongo.
Joaquín:
Sí, pero después de lo nuestro me marché a Barcelona,
aunque he viajado mucho por trabajo. He vuelto a Madrid hace poco. Mi madre es
muy mayor, claro, y ahora que me he jubilado he vuelto a cuidarla.
Isabel:
Pero…te casarías y esas cosas.
Joaquín:
Pues no, lo cierto es que nunca superé lo
tuyo. Sí, no pongas esa expresión sarcástica, es verdad. Y perdona, Isabel, que
sea tan sincero ¿cómo acabaste con un hombre tan…básico, como Paco?
Isabel:
(Irritada por la pregunta) Quizás porque encontré a un hombre honesto, que me quería, que me
era fiel…No sé cómo te atreves.
Joaquín:
No comprendo nada Isabel. Te esfumaste de un
día para otro, sin una explicación, sin contestar jamás a mis llamadas…Es más,
tu madre me advirtió de que dejara de molestarte, que asumiera que no me
querías ni ver. Si es porque conociste a Paco, no lo entiendo, me lo podías
haber explicado y yo…
Isabel:
¡Basta, Joaquín, por favor! No me tomes por
idiota. Bastante daño me hiciste y te juro que me costó mucho pasar página. Yo
aún no conocía a Paco: a ese hombre tan «básico», que luego me llenó de
atenciones y de cariño sin hacer demasiadas preguntas.
Joaquín:
…
Isabel
- Sí Joaquín, cuando recibí
aquellas fotos… tú rodeado de mujeres cariñosas en unas, abrazando a la maciza
de turno en otras…mejor no seguir recordando, ¿cómo crees que me sentí?
Estafada, profundamente desengañada. No era una historia gloriosa de la que me
apeteciera hablar con nadie.
Joaquín
- ¡Pero, qué fotos, Isabel! Yo nunca te fui infiel. ¿Quién te mandó esas
supuestas fotos? (le pregunta casi gritando)
Isabel - Supuestas no, aquellas fotos eran bastante elocuentes. Y no sé
qué buen samaritano me las mandó, llegaron en un sobre anónimo pero me
abrieron los ojos ante una realidad que yo desconocía por completo. Me hundí
emocionalmente al descubrir tu engaño continuo y despiadado. ¿Por qué? No
paraba de preguntarme por qué me hacías aquello. Yo te quería de veras,
Joaquín, y tú te reías de mí. El apuesto Joaquín, el pluscuamperfecto
estudiante de arquitectura, el encantador de serpientes…Cuando me propusiste
salir, ¿sabes?, me sentí vergonzosamente agradecida, porque pensaba que no daba
la talla para estar contigo. Pero tú me hacías sentir única, casi hermosa…Y de
un día para otro todo se desvaneció. Y descubrí que en la vida es muy difícil
morir de amor, como deseé en esos días, pues uno llega para quedarse y la vida
sigue, aunque se nos haga insoportable. Entonces apareció Paco, como un
bálsamo, que, poco a poco, restañó mis profundas heridas. Y nunca me preguntó
nada, simplemente se esmeró en consolarme en silencio, en colmarme de
atenciones, en estar allí, siempre disponible para mí. Y, poco a poco, aprendí
a amar a ese hombre algo vulgar, puede que sin
demasiado atractivo, pero con un corazón inmenso.
(Joaquín se
queda lívido, pensativo…y de repente reacciona, coge por los brazos a Isabel,
casi con dureza)
Joaquín
- ¿Paco seguía con su pasión por la fotografía? (pregunta vehemente, con
urgencia)
Isabel
- Sí, nunca lo ha dejado. Pero… ¿qué ocurre? ¿Por qué me hablas así?
Joaquín
- ¿No lo ves? Paco hacía unas composiciones increíbles, sus fotografías eran a
veces una distorsión genial y artística de la realidad, tenía ese don.
Isabel
- ¿Qué estás insinuando? Si él ni me conocía…
Joaquín
- De alguna manera te conoció, te vio, y no había nada que yo tuviera que él no
quisiera también poseer. Esa actitud suya nos llevó a muchas discusiones y
finalmente terminó alejándonos. Créeme, yo jamás te fui infiel, esas fotos eran
falsas, te lo juro.
(Isabel se
queda rígida, como si fuera de granito, no da crédito)
En ese
momento, se abre la puerta de la consulta y sale Paco con la mano sobre su
mandíbula.
Paco: ¿Ya estás aquí, cariño? Mira, me he encontrado aquí con Joaquín,
un viejo amigo ¿Has visto qué sorpresa? (Joaquín lo mira con dureza)
Isabel:
(hierática y severa) Sí, ha sido toda una
sorpresa.
Segunda escena: conversación entre Isabel y
Paco
(Joaquín se ausenta porque le llaman a la consulta.
Isabel comienza a interrogar a su marido.)
Isabel - ¿Por qué
enviaste aquellas fotos? ¿Por qué conocías nuestra relación si no se lo
habíamos dicho a nadie?
Paco - ¿De qué
fotos hablas y de qué relación? ¿Es que os conocíais?
Isabel – Paco, no hagas
el ridículo, te estoy dando la oportunidad que no le di a él hace más de 40
años. Explícate, ¿por qué lo hiciste?, ¿cómo conocías lo nuestro? ¿Qué fue lo
que te llevo a arruinar la relación que
tenía tu amigo? ¿Cómo sabías mi dirección?
(Paco se mueve nervioso por la sala, pero admite que
no puede seguir esquivando la verdad.)
Paco - ¿Sabes lo
que es para un niño que no tiene nada estar al lado de gente que lo tiene
todo? Aquella familia era perfecta, había padre, madre, hermanos, todos unidos,
todos divertidos, no les faltaba nada, una economía desahogada, una casa
preciosa, todo ideal. Mi primer equipo de fotografía me lo regaló su madre,
aquella madre tan atenta y cariñosa que me hacía montones de regalos. Ella
disponía de ayuda en las tareas de la casa y así tenía tiempo para dedicarse a
sus hijos, a su marido e incluso al amigo de su hijo. Era una familia feliz. Yo en cambio no tenía padre, vivía con mi
madre que se pasaba el día trabajando en la zapatería, atendiendo y
complaciendo a gente tan perfecta como ellos.
A ella nadie la ayudaba, llegaba a casa destrozada y sin momento alguno para
atender a su hijo.
Isabel – Pero eso no
es motivo para odiar, al contrario, deberías estar agradecido.
Paco -
¿Agradecido?, ¿agradecido de que sólo unos pudieran disfrutar de sus familias?,
¿Agradecido de que tanto sus hermanos como Joaquín pudieran tener buenos
estudios, viajando todos los veranos a Irlanda para perfeccionar su inglés?,
¿agradecido de que todos ellos pudieran hacer buenas carreras y yo ni siquiera podía
acabar el bachiller? Agradecimiento ninguno. Cuanto más me daban, más me
demostraban aquella superioridad insultante que me hervía la sangre.
Isabel – No te
reconozco.
Paco –Tú has sacado
lo mejor de mí. Joaquín sacaba lo peor
con esa maldita condescendencia.
Isabel – Le
reventaste su futuro, su ilusión, su vida.
¿Cómo pudiste hacer una crueldad así? Yo quedé destrozada, pasé del amor
al odio sin poder perdonarle por algo que no había hecho. Y además no te
quedaste satisfecho con haberle frustrado su ilusión, te lanzaste a
conquistarme sin piedad.
Paco – No, en
principio solo quería conocerte por pura curiosidad, sin ninguna otra
intención. Os estuve siguiendo durante
bastante tiempo, por eso sabía dónde vivías. Pero cuanto más te conocía más me
enamoraba de ti. Espero que me
comprendas.
Isabel – No Paco, no.
No puedo entenderlo. Nunca imaginé que
fueras capaz de hacer una cosa así y con esa premeditación. Entendería que lo
hubieras pensado como una fantasía, pero llegar a hacerlo me parece de locos,
completamente inhumano. Yo te conozco
como persona ambiciosa y luchadora, pero no a costa de falsedades. No puedo con ello. Ahora mismo no quiero verte, no quiero estar
contigo, no quiero ni siquiera mirarte a la cara. No me esperes, márchate.
Paco – Pero ¡qué
dices!, eso pasó hace más de 40 años.
Fue una estupidez, lo sé, pero no podemos volver atrás.
Isabel – Vete Paco,
por favor.
(Paco sale de la habitación. Isabel se queda pensativa sin comprender nada)
Los ojos se le van llenando de lágrimas.
FIN