martes, 2 de diciembre de 2025

Hace cuarenta años. Trabajo realizado por Carmen, Loreto y Pilar

 

Propuesta Diálogo: “Hace cuarenta años”




(Joaquín, un hombre de unos 70 años, aún apuesto y bien trajeado, aguarda su turno en la sala de espera del dentista. Se abre la puerta de la calle y aparece Isabel, una mujer algo más joven, que también conserva gran parte del atractivo que tuvo en su juventud. Ambos se miran un tanto perplejos)

Primera escena: encuentro entre Isabel y Joaquín

Joaquín: ¿Isabel? Eres tú, no me lo puedo creer.

Isabel: ¡Joaquín!, esto sí que es un encuentro inesperado.

Joaquín: ¡No me digas que tú vienes también a este dentista!

Isabel: Bueno… (ella aún no da crédito, y lo mira y escruta de arriba abajo) sí, aunque hoy es Paco, mi marido, el que ha venido a consulta. Ha debido de pasar ya. Yo estaba…

Joaquín: Ya, ya, aparcando el coche.

Isabel: …No entiendo nada. ¿Cómo lo sabes?

Joaquín: Me lo ha dicho Paco, he hablado con él.

Isabel: Pero… ¿tú lo conoces?

Joaquín: Desde luego. Íbamos juntos al Instituto. Hasta que yo empecé la carrera éramos inseparables. Luego, poco a poco nos distanciamos. Sobre todo, cuando tú y yo empezamos a salir.

Isabel: No tenía ni idea… ¡qué casualidad del destino que tú y Paco os conocierais!

Joaquín: Y ¿Cómo estás? Yo tampoco sabía hasta hoy que Paco y tú os hubierais conocido y… ¡casado! ¿Tenéis hijos, nietos?

Isabel: Estoy bien, bueno, ya con alguna pequeña gotera, ya sabes. Y sí, tenemos dos hijos, varones ¡Ah, y tres nietos!

Joaquín: Debes de ser feliz, porque estás muy guapa.

Isabel: ¡Va, no me adules! ¿Feliz? Hace mucho tiempo que no me pregunto esas cosas. Desde luego no fui capaz de cumplir mis expectativas de juventud.

Joaquín: ¿No acabaste la carrera?

Isabel: Sí, acabé Derecho, pero nunca ejercí. Ayudé mucho a Paco con su zapatería, luego vinieron los niños…En fin, historia típica de típica mujer de clase media de mi generación (sonríe resignada). ¿Tú?, sí acabaste arquitectura, supongo.

Joaquín: Sí, pero después de lo nuestro me marché a Barcelona, aunque he viajado mucho por trabajo. He vuelto a Madrid hace poco. Mi madre es muy mayor, claro, y ahora que me he jubilado he vuelto a cuidarla.

Isabel: Pero…te casarías y esas cosas.

Joaquín: Pues no, lo cierto es que nunca superé lo tuyo. Sí, no pongas esa expresión sarcástica, es verdad. Y perdona, Isabel, que sea tan sincero ¿cómo acabaste con un hombre tan…básico, como Paco?

Isabel: (Irritada por la pregunta) Quizás porque encontré a un hombre honesto, que me quería, que me era fiel…No sé cómo te atreves.

Joaquín: No comprendo nada Isabel. Te esfumaste de un día para otro, sin una explicación, sin contestar jamás a mis llamadas…Es más, tu madre me advirtió de que dejara de molestarte, que asumiera que no me querías ni ver. Si es porque conociste a Paco, no lo entiendo, me lo podías haber explicado y yo…

Isabel: ¡Basta, Joaquín, por favor! No me tomes por idiota. Bastante daño me hiciste y te juro que me costó mucho pasar página. Yo aún no conocía a Paco: a ese hombre tan «básico», que luego me llenó de atenciones y de cariño sin hacer demasiadas preguntas.

Joaquín: …

Isabel - Sí Joaquín, cuando recibí aquellas fotos… tú rodeado de mujeres cariñosas en unas, abrazando a la maciza de turno en otras…mejor no seguir recordando, ¿cómo crees que me sentí? Estafada, profundamente desengañada. No era una historia gloriosa de la que me apeteciera hablar con nadie.

Joaquín - ¡Pero, qué fotos, Isabel! Yo nunca te fui infiel. ¿Quién te mandó esas supuestas fotos? (le pregunta casi gritando)

Isabel - Supuestas no, aquellas fotos eran bastante elocuentes. Y no sé qué buen samaritano me las mandó, llegaron en un sobre anónimo pero me abrieron los ojos ante una realidad que yo desconocía por completo. Me hundí emocionalmente al descubrir tu engaño continuo y despiadado. ¿Por qué? No paraba de preguntarme por qué me hacías aquello. Yo te quería de veras, Joaquín, y tú te reías de mí. El apuesto Joaquín, el pluscuamperfecto estudiante de arquitectura, el encantador de serpientes…Cuando me propusiste salir, ¿sabes?, me sentí vergonzosamente agradecida, porque pensaba que no daba la talla para estar contigo. Pero tú me hacías sentir única, casi hermosa…Y de un día para otro todo se desvaneció. Y descubrí que en la vida es muy difícil morir de amor, como deseé en esos días, pues uno llega para quedarse y la vida sigue, aunque se nos haga insoportable. Entonces apareció Paco, como un bálsamo, que, poco a poco, restañó mis profundas heridas. Y nunca me preguntó nada, simplemente se esmeró en consolarme en silencio, en colmarme de atenciones, en estar allí, siempre disponible para mí. Y, poco a poco, aprendí a amar a ese hombre algo vulgar, puede que sin demasiado atractivo, pero con un corazón inmenso.

(Joaquín se queda lívido, pensativo…y de repente reacciona, coge por los brazos a Isabel, casi con dureza)

Joaquín - ¿Paco seguía con su pasión por la fotografía? (pregunta vehemente, con urgencia)

Isabel - Sí, nunca lo ha dejado. Pero… ¿qué ocurre? ¿Por qué me hablas así?

Joaquín - ¿No lo ves? Paco hacía unas composiciones increíbles, sus fotografías eran a veces una distorsión genial y artística de la realidad, tenía ese don.

Isabel - ¿Qué estás insinuando? Si él ni me conocía…

Joaquín - De alguna manera te conoció, te vio, y no había nada que yo tuviera que él no quisiera también poseer. Esa actitud suya nos llevó a muchas discusiones y finalmente terminó alejándonos. Créeme, yo jamás te fui infiel, esas fotos eran falsas, te lo juro.

(Isabel se queda rígida, como si fuera de granito, no da crédito)

En ese momento, se abre la puerta de la consulta y sale Paco con la mano sobre su mandíbula.

Paco: ¿Ya estás aquí, cariño? Mira, me he encontrado aquí con Joaquín, un viejo amigo ¿Has visto qué sorpresa? (Joaquín lo mira con dureza)

Isabel: (hierática y severa) Sí, ha sido toda una sorpresa.

 

Segunda escena: conversación entre Isabel y Paco

(Joaquín se ausenta porque le llaman a la consulta.

Isabel comienza a interrogar a su marido.)

Isabel - ¿Por qué enviaste aquellas fotos? ¿Por qué conocías nuestra relación si no se lo habíamos dicho a nadie?

Paco - ¿De qué fotos hablas y de qué relación? ¿Es que os conocíais?

Isabel – Paco, no hagas el ridículo, te estoy dando la oportunidad que no le di a él hace más de 40 años. Explícate, ¿por qué lo hiciste?, ¿cómo conocías lo nuestro? ¿Qué fue lo que te llevo a arruinar  la relación que tenía tu amigo? ¿Cómo sabías mi dirección?

(Paco se mueve nervioso por la sala, pero admite que no puede seguir esquivando la verdad.)

Paco - ¿Sabes lo que es para un niño que no tiene nada estar al lado de gente que lo tiene todo? Aquella familia era perfecta, había padre, madre, hermanos, todos unidos, todos divertidos, no les faltaba nada, una economía desahogada, una casa preciosa, todo ideal. Mi primer equipo de fotografía me lo regaló su madre, aquella madre tan atenta y cariñosa que me hacía montones de regalos. Ella disponía de ayuda en las tareas de la casa y así tenía tiempo para dedicarse a sus hijos, a su marido e incluso al amigo de su hijo.  Era una familia feliz.  Yo en cambio no tenía padre, vivía con mi madre que se pasaba el día trabajando en la zapatería, atendiendo y complaciendo a gente tan perfecta como ellos.  A ella nadie la ayudaba, llegaba a casa destrozada y sin momento alguno para atender a su hijo. 

Isabel – Pero eso no es motivo para odiar, al contrario, deberías estar agradecido. 

Paco - ¿Agradecido?, ¿agradecido de que sólo unos pudieran disfrutar de sus familias?, ¿Agradecido de que tanto sus hermanos como Joaquín pudieran tener buenos estudios, viajando todos los veranos a Irlanda para perfeccionar su inglés?, ¿agradecido de que todos ellos pudieran hacer buenas carreras y yo ni siquiera podía acabar el bachiller? Agradecimiento ninguno. Cuanto más me daban, más me demostraban aquella superioridad insultante que me hervía la sangre.

Isabel – No te reconozco. 

Paco –Tú has sacado lo mejor de mí.  Joaquín sacaba lo peor con esa maldita condescendencia. 

Isabel – Le reventaste su futuro, su ilusión, su vida.  ¿Cómo pudiste hacer una crueldad así? Yo quedé destrozada, pasé del amor al odio sin poder perdonarle por algo que no había hecho. Y además no te quedaste satisfecho con haberle frustrado su ilusión, te lanzaste a conquistarme sin piedad.

Paco – No, en principio solo quería conocerte por pura curiosidad, sin ninguna otra intención.  Os estuve siguiendo durante bastante tiempo, por eso sabía dónde vivías. Pero cuanto más te conocía más me enamoraba de ti.  Espero que me comprendas.

Isabel – No Paco, no. No puedo entenderlo.  Nunca imaginé que fueras capaz de hacer una cosa así y con esa premeditación. Entendería que lo hubieras pensado como una fantasía, pero llegar a hacerlo me parece de locos, completamente inhumano.  Yo te conozco como persona ambiciosa y luchadora, pero no a costa de falsedades.  No puedo con ello.  Ahora mismo no quiero verte, no quiero estar contigo, no quiero ni siquiera mirarte a la cara.  No me esperes, márchate. 

Paco – Pero ¡qué dices!, eso pasó hace más de 40 años.  Fue una estupidez, lo sé, pero no podemos volver atrás. 

Isabel – Vete Paco, por favor. 

(Paco sale de la habitación.  Isabel se queda pensativa sin comprender nada)

Los ojos se le van llenando de lágrimas.

FIN

 

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...