jueves, 14 de mayo de 2026

EL CORDÓN DE LA VIDA, por Amada Carrero

 

EL CORDÓN DE LA VIDA

Hay un hilo que atraviesa la Historia. No se ve pero se siente. Es el mismo hilo que nos conecta a la vida a través del cordón umbilical.

El cordón umbilical no es solo biología. Es el primer vínculo con el amor, con la protección y con la vida. Antes de saber hablar ya estamos unidos.

En el mito de Ariadna, ella entrega un hilo para que Teseo pueda salir del laberinto. No es la espada lo que salva. Es un gesto femenino. No es la fuerza bruta. Es la intuición. Es la capacidad de orientar en medio de la oscuridad.

Ese hilo representa algo más profundo: la confianza en lo intangible...

Ariadna no lucha contra el laberinto: lo comprende. Sabe que perderse es humano.

Quizás por eso, cuando el mundo se pierde en sus propios laberintos, es la voz de lo femenino la que nos recuerda de dónde venimos. No para escapar del laberinto, sino para atravesarlo con sentido.

Todos tenemos un laberinto interior: miedos, dudas, heridas, sombras. Caminos que parecen repetirse. Puertas que no sabemos si abrir.



Pero a veces olvidamos seguir el hilo, ese que nos lleva al centro de nosotras mismas.

Tal vez el verdadero hilo sea la conciencia amorosa. Esa que nos permite entrar en nuestras propias profundidades, sin miedo a no regresar.

La mujer, como símbolo universal de vida, porta ese hilo desde siempre. No como imposición sino como puente.

Y quizá lo divino no sea otra cosa que ese hilo intacto, esperando que lo tomemos con suavidad para no perdernos de nosotros mismos.

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