sábado, 18 de abril de 2026

EL DIA DE AÑO NUEVO, por Pilar Mas

 EL DIA DE AÑO NUEVO

Ejercicio basado en la adaptación de un texto narrativo a una escena teatral.

Premisa: El relato «El día de Año Nuevo» de la escritora norteamericana Edith Wharton (N. York 1862—Francia 1937) (primera escritora en recibir el Premio Pulitzer, por La edad de la inocencia) es parte de la obra The Old New York, donde se retratan las costumbres de la alta sociedad de la época y la suma importancia que se le daba a las apariencias.

Una sociedad clasista, machista e hipócrita que Edith Wharton disecciona con aparentes pequeños detalles.

El asunto central del relato se sintetiza en esta escena: la presunta infidelidad de Lizzie Hazzeldean y el esfuerzo denodado de ésta por justificar su presencia, en una situación más que comprometida, ante sus conocidos de la alta sociedad y fieles admiradores de Charles Hazzeldean, marido de Lizzie. Esta comprueba que su esfuerzo es inútil; la han visto claramente salir del hotel y sabe que esta Sociedad en la que se mueve no perdona.




Casa de la familia Wesson, una casa burguesa y lujosa, donde se está celebrando la habitual comida familiar de Año Nuevo. La casa está situada justo enfrente del hotel Quinta Avenida.

Mayordomo:— ¡Señor Wesson, el hotel Quinta Avenida arde en llamas!

Señor Wesson:— ¡Qué dices, Tom!— al tiempo que se levanta raudo y va hacia el ventanal desde donde se ve con claridad la fachada principal del hotel. Le siguen todos los miembros de la familia que se levantan de la mesa con premura.

La tía Sabina Wesson:— ¡Qué horror! Mirad todas esas señoras emperifolladas, cómo salen sujetándose sus sombreros de dudoso gusto y con cara de pánico.

Señora Wesson:— ¡Ya llegan los bomberos! Espero que no haya que lamentar ninguna víctima.

La prima Kate Wesson:—Ja, ja, mirad esa señora obesa cómo corre espantada.

La abuela Parret:— Kate, por favor, no frivolices con la situación. Puede ser grave.

Señor Wesson:— No, tranquilos, parece que el incendio está controlado.

Señora Wesson:—  ¡Qué tumulto de gente se ha formado en la entrada! Menuda celebración de Año Nuevo.

Sabina Wesson:— Esa señora que acaba de salir…la del vestido azul…¡Es Lizzie Hazzeldean! ¡Estaba en el hotel!

Señora Wesson:— Ha mirado hacia acá. Es ella sin duda.

Kate Wesson:— Y el caballero que está detrás es…¡Henry Prest!

Sabina Wesson:— ¡Qué desvergüenza! Estaban juntos en el hotel. ¡Pobre Charles Hazzeldean!

Señora Wesson:— Nunca me pareció que estuviera a la altura del bueno de Charles.

Señor Wesson:— ¡No saquemos conclusiones precipitadas! Lizzie siempre me ha parecido una dama con mucha clase…

Sabina Wesson:— Mucha clase… y sin un dólar cuando conoció a Charles.

Kate Wesson:— Todo el mundo sabía que su padre, el reverendo Arcadius Winter, disipó toda su fortuna, que tampoco era muy cuantiosa ni que digamos, en viajes y aventuras inciertas con varias señoras francesas de su parroquia. Se ve que todo se hereda…

Señor Wesson: — Y las lenguas afiladas también se heredan. ¡Ha vuelto a mirar hacia acá! Se la ve realmente angustiada. ¿Salimos en su ayuda?

Señora Wesson: — ¡Ni se te ocurra! La pondrías en una situación más que embarazosa, por no decir que nosotros tampoco sabríamos qué decir.

Kate W.:— ¡Se dirige hacia la casa!, ¿tendrá valor?

Suena el timbre y segundos después Lizzie entra en escena, viene muy agitada y habla entrecortadamente.

Lizzie:— ¡Buenas tardes!, ¡¿han visto que barbaridad?!. Perdonen que irrumpa así sin avisar, señores Wesson. Los he visto en la ventana y me he acercado a informarles. Gracias a Dios los bomberos se han hecho enseguida con el fuego. Parece que todo está ya controlado.

Sr. Wesson:— Siéntese, Lizzie, por favor. Le serviremos una tila o una melisa. Tranquilícese. Ya no hay peligro.

Sra. Wesson:— A usted…¿no le habrá pillado el fuego…?

Lizzie:— ¡No, por Dios! Yo tan sólo me acerqué al ver el tumulto…venía de visitar a una buena amiga y al pasar vi el incendio y me acerqué a ver qué…

Kate W.:— Y el señor Prest, ¿también se acercó?

Lizzie:— (Se queda aturdida por la pregunta) ¿El señor Prest, dice? No lo he visto…

Sabina W.:— Ya, pues estaba detrás de usted. Con el desconcierto se ve que no se han fijado el uno en el otro. Debe de ser eso.

Kate:— Sin duda, sin duda, ha sido eso (Dice Kate con cierto retintín)

Sr. Wesson:— Kate, por favor, dejemos que Lizzie se sosiegue. Siéntese , le serviremos una infusión, ahora mismo.

Lizzie:— No, no se molesten. Me voy ahora mismo para casa, Charles debe de estar preocupado por mi tardanza. Con esto del incendio me he retrasado más de la cuenta.

Sr. Wesson:— Se me está ocurriendo una idea estupenda. Mandaré un coche a recoger a Charles y pasaremos juntos la tarde de Año Nuevo. ¿Qué le parece, Lizzie?

Lizzie:— ¡Oh! Se lo agradezco, pero Charles hoy no se encontraba muy bien. Últimamente su corazón…me tiene muy preocupada. El doctor Swan le ha aconsejado reposo y no salir con este aire tan frío.

Sabina W.:— ¡Qué pena! Habríamos pasado una tarde sin duda interesante. Pero lo importante es que su marido se recupere del todo. Tengo entendido que últimamente no puede atender su despacho como a él le gustaría. ¿Es cierto?

Abuela Parret:— Sabina, no seas indiscreta. Si hiciésemos caso a todo lo que se dice.

Lizzie:— No importa, señora Parret. Es verdad que Charles lleva unas semanas sin poder acudir a su trabajo. Y sufre por ello, por sus clientes…pero la salud es lo primero, ¿verdad?

Kate W.:— Sin duda es usted animosa. Estando así de delicado su marido, no se amilana y se lanza a visitar… a una amiga…

Sra. Wesson:— Pues volviendo al señor Prest y a lo que se dice por ahí (Lizzie se pone tensa, en guardia) creo que se ha prometido con su prima segunda, Esther, y que piensan casarse sin tardar mucho. Así que las veladas en casa de la señora Struthers pronto se quedarán sin el soltero de oro.

Kate W.— Bueno, unas lo sentirán más que lo sentiremos otras. Es un buen partido, desde luego, pero siempre lo he encontrado demasiado…snob.

Sabina W.:— Yo lo encuentro encantador, Kate. ¿Y usted , señora Hazzeldean?

Lizzie:— …No tengo una opinión muy formada… ( responde algo cabizbaja)

Sr. Wesson— Bueno, si se van a poner a hablar de caballeros casaderos, perdón, pero me retiro a la biblioteca. Echaré una cabezadita. Discúlpeme Lizzie y dele muchos recuerdos y mis mejores deseos de que se recupere pronto a Charles.(Le besa la mano y sale de escena)

Lizzie:— Gracias por el té y ahora yo también me debo despedir…

Sabina W.:— Un día de emociones fuertes, sin duda. Los días de Año Nuevo siempre me resultaron un tanto anodinos, pero este Año…con esto del incendio, ¿verdad?, Lizzie.

Lizzie:— Disculpen, pero me tengo que marchar ya. (Lizzie sale de escena contrariada y algo abatida)

Sra. Wesson:— ¡Pobre Charles!

Sabina W. :— Y lo más indignante es que ella no le llega ni a la suela del zapato.

Abuela Parret:— ¡No me gustan estos chismorreos! La estáis crucificando por una suposición. Me retiro a mi cuarto. Mañana salimos temprano para el campo, no os entretengáis mucho, y menos con un tema tan desagradable. (Sale de escena y mira con reproche a Kate, a Sabina y a su hija ,  la Sra. Wesson)

Kate W.:—¡No hay la menor duda! ¿Habéis visto su turbación cuando hemos nombrado a Henry Prest?

Sabina W.:— ¿Y qué haremos a partir de ahora, querida cuñada? (Dirigiéndose a la Sra. Wesson) ¿Seguiremos invitándola a las recepciones, al teatro…cómo si nada?

Sra. Wesson:— ¡Por supuesto! Castigaríamos también a su marido y, pobre Charles, ¿en qué posición quedaría él?

Kate W. :— He oído que está más grave de lo que parece. Los Hazzeldean y su corazón…nunca han muerto de viejos. Cuando enviude…será harina de otro costal.

Sabina W.:— ¡Eso por descontado! Entonces cultivaremos nuestro desprecio sin disimulos.

 

(Fin de la escena)


No hay comentarios:

Publicar un comentario

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...