lunes, 27 de abril de 2026

EL ALMA DEL CEREZO, por José María Gómez

El ALMA DEL CEREZO

Teatro NOH

 

 

 ESCENARIO

El escenario está completamente vacío. A la derecha, sobre una tarima elevada o una silla de árbitro de tenis se sienta un personaje vestido de kimono formal en colores ocres, que es el CORO. Lleva un abanico en la mano, que sostendrá plegado sobre sus piernas cuando esté callado y abrirá ostensiblemente cuando tome la palabra.

A la izquierda del escenario habrá durante toda la obra un único elemento, que aparecerá en la segunda escena cuando Niwashi lo plante. Es un cerezo. Niwashi lo plantará como de medio metro de altura. A partir de la tercera escena, el cerezo ya tendrá dos metros y medio de altura.

Las canciones se deben cantar musical pero no melódicamente. Se trata de embellecer el texto, no de sujetarlo a una melodía concreta.

La voz del coro tiene que ser imponente, explicando aquello que se debe transmitir al espectador para la mejor comprensión de las circunstancias de la trama.

 

PERSONAJES

SAKURA Es la protagonista femenina. Es la hija de un hacendado que posee una enorme finca en el campo. Viste muy elegante, denotando su riqueza.

NIWASHI Es el protagonista masculino. Es hijo del jardinero del padre de Sakura, y pasa a ser el jardinero cuando su padre fallece. Viste pobremente, denotando su pobreza.

KOMORI Es el aya que cuida a Sakura desde niña. Cuando Sakura se casa y marcha, Komori continúa en la finca de sus padres. Viste informal, sin pretensiones.

 

ESCENA PRIMERA

        Suena el Claro de luna de Debussy.


claro de luna Debussy
    

        Un niño y una niña de unos once años salen corriendo por la parte izquierda del escenario y se persiguen uno al otro, riendo y gritando. Luego se sientan y empiezan a jugar con unas flores que llevan en los bolsillos y colocan en el suelo formando figuras. La música baja de volumen para que se oiga al Coro, pero se mantiene.

CORO: Sakura es la hija del dueño de la finca donde el padre de Niwashi trabaja como jardinero. Sakura y Niwashi se conocen desde muy pequeños. Ahora tienen once y doce años y siempre se han llevado muy bien y juegan juntos en el jardín.

        Sakura se levanta y canta y baila sobre la música. Niwashi la mira desde el suelo.

SAKURA: Soy la reina del jardín

                que florece aquí a mi lado;

                color y aromas sin fin

                alegran sus verdes prados.

                Pía el pájaro en su nido,

                canta el agua en el regato,

                alegres juegan los niños,

                nadan alegres los patos.

                Las flores lucen colores

                que endulzan nuestra mirada

                y la tarde reposada

                se desliza lentamente.

        Se sienta. Se levanta Niwashi y canta y baila sobre la música. Sakura le mira desde el suelo.

NIWASHI: El jardín donde yo juego,

                tan lleno de mil colores,

                luce hoy la más hermosa

                flor de todas estas flores.

                Es mi amada compañera,

                es mi señora adorada,

                de mis juegos compañera,

                por mi alma idolatrada.

        Niwashi sale corriendo de pronto y vuelve con una maceta en la que un pequeño cerezo muestra sus flores recién abiertas. Sakura le ve llegar.

SAKURA: ¿Qué es eso, Niwashi?

NIWASHI: Un cerezo. Es nuestro cerezo, Sakura.

SAKURA: ¿Nuestro?

NIWASHI: Si. En este cerezo están nuestras almas. Las he puesto ahí para que estén siempre juntas. Y lo voy a plantar aquí en medio del jardín, para que lo veamos crecer todos los días.

SAKURA: ¡Qué bonito!

        Niwashi hace los gestos correspondientes a la plantación de un árbol. Cava, abona, luego pide ayuda con gestos a Sakura y entre los dos plantan el cerezo. Luego Niwashi llena el hueco de tierra y la apisona con las manos y luego con los pies, tras lo que se levanta, coge de la mano a Sakura y la lleva un metro hacia atrás, para observar el árbol recién plantado.

NIWASHI: Recuerda, Sakura, es nuestro árbol, y nuestras almas están en él.

        Vuelve a sonar el Claro de luna de Debussy, incrementando el volumen mientras se hace oscuro.

 

ESCENA SEGUNDA

        Niwashi está al lado del árbol, que ahora ya es grande, tiene un par de metros de alto.         Está moviendo la tierra con el azadón alrededor del árbol, que está escasamente  florido. A su alrededor, cientos de flores caídas alfombran la tierra.

        Por la derecha salen Sakura y el aya Komori, que se quedan observando a Niwashi.

        Niwashi y Sakura tienen ahora unos veinticinco años.

CORO: Sakura y Niwashi han crecido. Tienen veinticuatro y veinticinco años. Sakura viene a despedirse de Niwashi, porque se ha comprometido con el hijo del marqués de Sawara, con el que se va a casar, y se marcha de casa de sus padres. La acompaña Komori, su aya, que se queda en la casa.

KOMORI: Ahí lo tienes.

SAKURA: Ya lo veo, Komori.

KOMORI: ¿No vas?

SAKURA, haciendo un esfuerzo: ¡Si, voy!

        Sakura se adelanta y se queda al lado de Niwashi, que no la ve acercarse y sigue trabajando.

SAKURA: Hola, Niwashi.

        Niwashi levanta la vista, la ve y se yergue inmediatamente.

NIWASHI, con voz entrecortada: Hola, Sakura.

SAKURA: ¿Qué le pasa al cerezo?

NIWASHI: No lo sé. Creo que está enfermo. No te preocupes, me ocuparé de él hasta que se cure.

SAKURA: Ya, claro, gracias. Yo... vengo a despedirme. Me marcho.

NIWASHI: Ya lo sé. Me lo ha dicho mi padre. ¡Te casas!

SAKURA: Si. Me caso con el hijo del marqués de Sawara.

NIWASHI: Te deseo que seas muy feliz, Sakura.

SAKURA: Yo... yo también.

        Da media vuelta y sale corriendo hacia Komori, que la acoge en sus brazos. Ambas salen por el fondo derecha. Komori todavía se vuelve a mirar a Niwashi, que no ha dejado de mirarlas. Cuando salen, comienza a sonar la Gymnopedie número 1 de Satie.


Gymnopedie Numero 1

        Niwashi canta, estático en medio del escenario.

NIWASHI: Mi alma y mi cuerpo se rompen

                de ver marchar a mi amada.

                Como la flor del cerezo

                está mi alma atribulada.

                Y nada puede aliviarme,

                no encuentro consuelo en nada.

                Moriré, como el cerezo,

                con el alma desgarrada.

CORO: La vida separa dos almas que siempre han estado unidas. Los dos sufren por la separación, pero las circunstancias son más fuertes que los deseos de los hombres.

        Se eleva el volumen de la música unos segundos, luego comienza a bajar mientras se pasa a oscuro.

 

ESCENA TERCERA

        Por el fondo derecha sale Sakura, en una silla de ruedas. La va empujando Komori, torpemente por su avanzada edad.

CORO: Sakura, ya viuda y muy mayor, vuelve a casa de sus padres. El aya, Komori, aún mayor que ella, se conserva mejor y empuja la silla de ruedas donde va Sakura.

        Sakura se queda mirando al cerezo desde un par de metros y pregunta a Komori.

SAKURA: ¿Qué le pasa al cerezo?

KOMORI: Se secó al año de marcharte. Pero Niwashi nunca quiso cortarlo. Siempre decía: “algún día florecerá”, y ahí lo dejó, pero todos los días lo cuidaba, le removía la tierra, lo regaba, le echaba abono en primavera. Y decía que no estaba muerto, sólo estaba esperando.

SAKURA: Y Niwashi, ¿dónde está?

KOMORI: Murió hace un año. Nunca se casó.

SAKURA: ¿Murió?... ¿Y no se casó?

KOMORI: No. Un día le pregunté y me dijo que él siempre había estado casado, pero que su esposa se había marchado, así que él sólo tenía que esperar pacientemente a que volviera, porque estaba seguro de que algún día volvería a reunirse con él.

        Sakura se echa a llorar violentamente, sacudiéndose bruscamente en la silla, mientras Komori la mira preocupada.

KOMORI: ¿Está usted bien, señora?

SAKURA: Si, Komori, estoy bien. Estoy mejor que nunca. Ahora sé cuál es mi sitio. Llevo toda la vida sin saber cuál era mi sitio. He estado casada con un hombre que nunca me quiso, sólo quería mi dinero. He tenido decenas de amantes, pero ninguno me quería, sólo querían mi sexo.

KOMORI: ¡Señora!...

SAKURA: Esa ha sido mi vida, Komori. Sólo he tenido un amor, y me marché. Me alejé de él por ignorancia, por torpeza, cegada por el brillo del lujo y el dinero.

KOMORI: ¿Quiere que le traiga un té?

SAKURA: Si, por favor, Komori, tráeme un té. Te espero aquí, al lado del cerezo.

        Komori sale hacia la casa. Suena el nocturno número 9 de Chopin.


Chopin Nocturno numero 9

        Sakura canta.

SAKURA: Toda una vida corriendo,

                toda una vida saltando,

                toda una vida sufriendo,

                toda una vida llorando.

                ¡Qué torpe es la juventud!

                ¡Qué vacío es el placer!

                Solamente es el amor

                quien te ayuda a envejecer.

        Sakura se deja caer en la silla de ruedas, los brazos cuelgan a sus costados. El volumen de la música crece intensamente. De pronto, el cerezo comienza a florecer prodigiosamente, llenándose de flores de color rosa pálido. El olor de las flores casi se puede apreciar.

        La música baja de volumen para que pueda oirse al Coro.

CORO: Sakura ha muerto. El cerezo florece porque su alma ya se ha encontrado con la de Niwashi. Ambos están ahora juntos, viendo cómo el cerezo se llena de flores. ¡¡¡Ooooooohhhhh!!!

        El volumen de la música vuelve a subir mientras el escenario pasa a oscuro.

 

FIN

 

 

                                                                                                                  

 

 

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