domingo, 3 de mayo de 2026

JIKEIDAN, por José María Gómez

 

JIKEIDAN “El justiciero”

Tragicomedia mágica para ser representada en formato KABUKI (Teatro de títeres representado por personas).

ESCENARIO

 El escenario es la plaza de Villaolmedo de la Jurisprudencia, aldea de los Montes de Toledo dedicada principalmente a la agricultura.

La fachada del Ayuntamiento, ostentosa y almenada, preside la plaza por la izquierda, el resto son casonas que componen un recinto soportalado con puntales de nogal que se apoyan en pies de piedra. A la derecha, una estrecha casa de aspecto mísero luce un letrero toscamente escrito: “Panadería”. En el centro derecha, una pequeña fuente eleva hacia lo alto un minúsculo chorrito que sale ladeado, cayendo mitad dentro y mitad fuera de la taza.



ESCENA PRIMERA. EL COMPROMISO

Al abrirse el telón, suenan los primeros compases de la Marcha Triunfal de Aida, al tiempo que sale del Ayuntamiento Akuyaku, el regidor nombrado por el Rey, luciendo capa larga, sombrero medieval de gran pluma y calzas repujadas en dorado. Viste espada al cinto y lleva en la mano la vara de regidor municipal. La música va desvaneciéndose mientras Akuyaku, altivo, arrogante, sale ostentosamente, andando con las piernas muy abiertas y con la cara alta para plantarse en medio de la plaza, mirar a su alrededor, ponerse en jarras y llamar a voces, despectivamente:

AKUYAKU: ¡Kirei! Ven enseguida a mi presencia. ¡Ja, ja, ja! (con sorna)

Pasados escasos segundos, la puerta de la panadería se abre con cierto crujido de la edad y sale a la plaza Kirei, una chica joven, pobremente vestida, que lleva en la mano una hogaza de pan. Kirei es bella por encima de sus andrajos, y camina encorvada, a pasitos muy cortos, mirando con miedo al personaje que la requiere, delante del cual se detiene a un metro y alza los brazos, ofreciéndole la hogaza de pan mientras balbucea, tímidamente:

KIREI: ¡Poderoso Akuyaku, mi padre os envía su saludo, os promete obediencia y os ofrece este presente!

Akuyaku mira a Kirei altivamente, sonríe y luego ríe a carcajadas, mientras golpea el pan, que cae al suelo del que Kirei enseguida lo recoge, quedándose arrodillada mirando a Akuyaku, que proclama:

AKUYAKU: ¡No necesito el pan de tu padre, no lo quiero! Tengo una gran noticia para vosotros, que os alegrará conocer.

KIREI, que sigue arrodillada, pregunta: ¿Qué noticia, poderoso señor?

AKUYAKU: He decidido tomarte por esposa, Kirei. Tu padre se alegrará de saber que su hija va a ser mi mujer y que sus nietos serán hijos de Akuyaku, el regidor de Villaolmedo de la Jurisprudencia, directamente nombrado por el Rey en agradecimiento a mis hazañas guerreras.

Mientras Kirei alza las manos al cielo, suenan compases de La Tempestad de Robert Smith, imitando truenos y relámpagos. Kirei, arrodillada, comienza a bascular sobre sí misma a derecha e izquierda, extendiendo las manos al suelo, luego elevándolas al cielo, luego tapándose la cara con ellas mientras declama, compungida:

KIREI: ¡El cielo me socorra! Yo, elegida por esposa de Akuyaku. Yo, entregada al regidor mientras mi alma suspira por una vida honesta al lado de Nomin, el honrado labrador al que he prometido mi vida y mi cuerpo. ¡La maldición de los dioses ha caído sobre mí!

Continúa la música y continúan los lamentos de Kirei. Akuyaku sigue mirándola y riendo a carcajadas, hablando en voz muy alta como para un inexistente auditorio.

AKUYAKU: ¡Yo he elegido esposa y te he elegido a ti, bella Kirei! ¡Nada se opone a mi voluntad! ¡Ja, ja, ja, ja!

Ignorando a Kirei, da media vuelta pomposamente y camina, ostentosamente, de vuelta al Ayuntamiento, por el que entra con gran pompa con una última gran carcajada. Kirei queda en medio de la plaza, lamentándose. Vuelve a sonar La Tempestad, que va apagándose. Kirei queda inmóvil en medio de la plaza unos segundos.

 

ESCENA SEGUNDA. NOMIN Y LOS DIOSES AMIGOS

Por el fondo derecha sale andando tranquilamente Nomin, que vuelve de trabajar el campo. Al hombro lleva un azadón y camina despreocupadamente. De pronto ve a Kirei, se queda parado, se alarma con grandes aspavientos y va hacia ella, aparatosamente, arrodillándose a su lado.

NOMIN: ¡Mi adorada! ¿Qué pesares te afligen, Kirei? ¿Quién ha borrado la sonrisa de tu rostro?

Kirei le mira, sostiene su mirada y vuelve a lamentarse.

KIREI: El cielo nos ha maldecido, Nomin. Hemos debido poner poca miel en el odre de las ofrendas y los dioses nos han mandado un terrible castigo.

Nomin se asombra, se pone de pie y proclama:

NOMIN: Nadie puede quejarse de mis ofrendas. Las más doradas mieses, los más tiernos cabritillos, la leche más pura la he ofrecido a los númenes por conseguir su bienaventuranza y nuestro deseo de una vida pacífica. ¿Quién puede quejarse de nosotros? ¿Qué te ha ocurrido, mi dulce flor del cerezo?

KIREI: Akuyaku me quiere por esposa. Nadie se opone a la voluntad de Akuyaku. Mi vida no vale nada.

Nomin se lleva las manos a la cara, las alza al cielo, vuelve a mirar a Kirei, se adelanta, se yergue, se dirige al público con los brazos extendidos y en voz muy alta.

NOMIN: ¡Nadie te arrancará de mis brazos, Kirei!

KIREI: Nada puedes contra Akuyaku. Su palabra es ley. – se lamenta Kirei, abatida.

NOMIN: ¡Quizá si que pueda!

Nomin se dirige ampulosamente hacia la fuente, ante la cual se arrodilla, eleva las manos al cielo y pide:

NOMIN: ¡Te convoco, Okameinko! ¡Acude en mi ayuda! ¡Okameinko, te necesito!

Suenan los primeros compases del “Aprendiz de brujo” de Paul Dukas, mientras Nomin sigue pronunciando el nombre de Okameinko con la cabeza baja, los brazos en alto y los ojos cerrados.

Mientras tanto, Kirei se ha levantado y camina hacia Nomin, quedándose a media distancia.

Lentamente el chorro de la fuente se endereza, engrosa, se convierte en un chorro de luz que va cambiando de verdosa a azulada. Nomin continúa con su súplica, mirando al suelo y repitiendo el nombre de Okameinko. De repente aparece tras la fuente una figura femenina alada, de suaves rasgos y etérea figura que comienza a girar alrededor de la fuente y del labriego en ella arrodillado. Tras unos giros se coloca delante de Nomin y le toca el hombro, suavemente. Nomin abre los ojos y exclama, con mucho aspaviento:

NOMIN: ¡Okameinko, has venido!

OKAMEINKO, con voz muy suave y melodiosa: Me has llamado, Nomin, y aquí estoy.

NOMIN, agachándose ante ella: Okameinko, necesito tu ayuda.

OKAMEINKO: Tu me ayudaste, Nomin. ¿Qué deseas de mí?

Kirei se va acercando lentamente hacia ellos, despertando la curiosidad de Okameinko, que la ve y la invita a acercarse.

NOMIN: Ella es Kirei, mi prometida. Akuyaku la quiere tomar como esposa. Pero nos queremos.

Okameinko va hacia Kirei, la contempla, gira a su alrededor, le acaricia la cara y el pelo. Después le acaricia el vientre.

OKAMEINKO: Es una bella mujer. Es una mujer fuerte que dará a luz hijos sanos... ¡No será de Akuyaku!

Okameinko coge la mano de Kirei y se alejan ambas de Nomin, que se queda mirándolas. De pronto lucen y truenan relámpagos con oscuros entre ellos alrededor de Nomin, que mira a todos lados, los brazos hacia abajo, sorprendido. Comienza a sonar la parte de la inundación del “Aprendiz de brujo”, que va incrementándose de volumen. Lentamente Nomin va despojándose de su vestimenta de labriego y se coloca una armadura, coge una enorme espada, se coloca un casco con un plumero enorme y colorido. Se hace el silencio.

OKAMEINKO, en voz muy alta y decidida: Ahora eres Jikeidan, el justiciero. Nadie te podrá vencer.

Okameinko desaparece entre una nube de humo de color. Nomin se adelanta hacia el público haciendo alarde de su poder, alzando los brazos, haciendo fintas con la espada, mientras Kirei, las manos juntas sobre el pecho y la boca, le mira asombrada e ilusionada. Para la música y pasa a oscuro.

 

ESCENA TERCERA. EL DESAFÍO

Al abrirse el telón, la plaza está vacía. Suenan los primeros compases de “Caballería ligera”, de Franz von Suppé, que se irán apagando suavemente a medida que transcurra la acción hasta la llamada de Kirei a Akuyaku. Por la derecha aparece Nomin en su papel de Jikeidan, que avanza pomposamente al centro del escenario. Tras él asoma Kirei, que se queda a la derecha del frente del escenario, mirándole. Jikeidan hace todo un alarde de fuerza, golpeándose el pecho, rugiendo hacia el público, haciendo fintas con la espada. Finalmente, se dirige a Kirei.

JIKEIDAN: Avisa al tirano de que estoy esperándole.

Kirei avanza rápidamente hacia el Ayuntamiento, mientras Jikeidan vuelve el cuerpo hacia la fachada del mismo.

KIREI (a voces, llevándose las manos a la boca para hacer bocina, y sonriendo): Akuyaku, alguien quiere hablar contigo.

Desde dentro se oye la voz pomposa de Akuyaku.

AKUYAKU: ¿Quién se atreve a perturbar mi descanso?

KIREI (riendo): Un campesino.

AKUYAKU: ¿Un miserable campesino? ¿Cómo se atreve?

Akuyaku aparece en la puerta del Ayuntamiento, haciendo gala de poderío con rugidos, levantando los brazos al cielo, pataleando con los pies alternativamente y las piernas muy abiertas.

AKUYAKU: ¿Quién es el miserable que...? (Viendo a JIKEIDAN, bajando el tono de la voz) ¡Demonios! ¿Quién eres, guerrero?

JIKEIDAN: Yo soy Jikeidan el Justiciero, el que ayuda a los pobres indefensos a evitar los abusos de los viles poderosos (alzando la voz y señalándole con el dedo) COMO TÚ, AKUYAKU.

Akuyaku es víctima de un ataque de ira, que demuestra avanzando hacia Jikeidan con la espada levantada, dispuesto a entablar batalla. Cuando llega cerca de él, se detiene, se yergue, enfunda la espada y dice:

AKUYAKU: No eres digno de que combata contigo. Eres un miserable campesino. Mis guardias se ocuparán de tí. (Volviendo la cara hacia el Ayuntamiento, grita:) ¡Shokeinin!

Del Ayuntamiento sale corriendo un enorme soldado, evidentemente borracho, que aún lleva en la mano una copa de vino y trastabillea al andar. Se queda a dos metros de Akuyaku y pregunta, trabándose al hablar:

SHOKEININ: ¡Mi señor! ¿Qué ordenas?

AKUYAKU: Ocúpate de ese villano. Quiero su cuerpo colgado de la torre esta noche.

SHOKEININ, todavia mirando a Akuyaku: ¡Lo que ordenes, gran señor!

Luego se vuelve a mirar a Jikeidan, se sorprende, da dos pasos hacia atrás y cae de espaldas, quedando sentado en el suelo y tirando la copa de vino mientras tartamudea:

SHOKEININ: ¡Diablos!... ¡¡Diablos!!... ¡¡¡Diablos!!!... ¡Mierda!...

Shokeinin evalúa la situación sentado en el suelo y mirando alternativamente a Akuyaku y a Jikeidan. Akuyaku se impacienta.

AKUYAKU: ¿A qué esperas?... ¡Acaba con él!

SHOKEININ: ¡Si, mi señor!

Se levanta, dando pasos en falso, saca la espada, enorme, y que pesa tanto que difícilmente la puede levantar del suelo. La levanta y va con ella hacia Jikeidan, que se retira y le pone la zancadilla. Shokeinin, incapaz de parar, sigue avanzando y cae de bruces contra el suelo. Jikeidan, las manos en la cintura, ríe ostentosamente, burlándose de Shokeinin y de su amo Akuyaku, que rabia y patalea desde las escaleras del Ayuntamiento, mesándose los cabellos y maldiciendo a voces la torpeza de Shokeinin.

AKUYAKU: ¡Estúpido, idiota! ¡Borracho! ¡Estoy perdido!

JIKEIDAN: ¡Ja, ja, ja! ¡Menudo guerrero, incapaz de sujetar su propia espada! ¡Estás muerto, Akuyaku! ¡Ja, ja, ja!

Kirei, desde su rincón, aplaude efusivamente, da saltitos y grititos jaleando a su amor.

KIREI: ¡Mi Nomin, mi amor, el más valiente de todos los guerreros!

Jikeidan la oye, se vuelve hacia ella, vuelve a reírse y hace musculitos hacia su enamorada.

AKUYAKU, enfurecido: ¡Todavía no hemos terminado, “justiciero”! (Volviéndose hacia el Ayuntamiento) ¡Arqueros!

En lo alto del Ayuntamiento aparecen las figuras de dos arqueros y por los lados otros cuatro, todos ellos apuntando sus armas hacia Jikeidan, que los mira espantado.

JIKEIDAN: ¡Maldito! ¡Cobarde! ¡Pelea conmigo!

AKUYAKU: ¡Estás muerto, miserable!

Se produce un largo momento de silencio que se ve interrumpido por un hombre que, vestido con ropajes amarillos muy llamativos, aparece por el fondo derecha arrastrando una enorme trompeta de dos metros de largo. Cuando llega al centro de la plaza, y mientras todos le miran asombrados, apoya la trompeta en una horquilla y toca un largo toque de “Atención”. Todos continúan quietos, mirando.

Aparece una silla de manos grandemente ornamentada que llevan dos mozos de silla. Al llegar al centro de la plaza paran y posan la silla en el suelo. Aparece Okameinko, que gira alrededor de la silla mirando a los enamorados y sonriendo. Akuyaku se ha quedado estático, espantado, mirando la escena. Okameinko va hacia la silla de manos y abre la puerta, de la que sale Oosama, el rey.

AKUYAKU, espantado: ¡El rey! (va hacia la silla y se postra ante el rey) ¡Mi señor!

Oosama le mira, le ignora y va directamente hacia los enamorados.

OOSAMA: Jikeidan, Kirei, yo os saludo.

Ambos se arrodillan ante él.

OOSAMA: Levantaos (se levantan)

OOSAMA: Okameinko me avisó de vuestra suerte con el infame Akuyaku, cuyos dias de regidor han terminado.

Akuyaku, todavía arrodillado, ve y oye y se mesa los cabellos, espantado de su suerte. Oosama pone  las manos sobre los hombros de los enamorados.

OOSAMA: Nomin, Okameinko me contó como la sacaste del pozo cuando cayó en él siendo un tritón, en su reencarnación anterior. Te está muy agradecida, y me habló de tu bondad de corazón y tu valentía, por la que te había convertido en Jikeidan. Pero yo no podía fiarme de Akuyaku, del que ya me habían llegado noticias de su ruindad. Por eso he venido, para libraros de él y para que triunfe la bondad en esta tierra por la que todos debemos pasar, pero a la que nadie debe traer más penas que las que la propia existencia envíe, que ya son suficientes. Akuyaku será condenado y nunca más tendrá poder. Y vosotros viviréis felices lo que os quede de vida.

Mientras suena “Ain’t no mountain high enough”, Akuyaku es esposado y llevado a rastras fuera del escenario. Okameinko gira alrededor de los tres personajes, que se abrazan, se dan palmadas, se besan los enamorados mientras el rey los mira complacido.

 

FIN

 

 








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