lunes, 6 de abril de 2026

EL RETORNO DE MC MURPHY, por Susana y José María

 

TÍTULO: EL RETORNO DE  McMURPHY

 

Adaptación del cine al teatro del final de "Alguien voló sobre el nido del cuco".

 

PERSONAJES:

 

* RANDLE Mc MURPHY: unos 40 años, antes carismático, ahora con la mirada perdida y cicatrices frescas en las sienes. Viste una bata de hospital gris.

* JEFE BROMDEN: Nativo americano gigante, silencioso, observa todo.

* ENFERMERA RATCHED: Fría, rígida, con su uniforme blanco.

* MARTINI: Paciente ingenuo y juguetón.

* HARDING: Es un paciente inteligente que toma la voz cantante en ausencia de Mc Murphy.

* UN CELADOR: Va uniformado.

* MADISON: Enfermera de nueva entrada en el siquiátrico.

 

 

 

 

ESCENA PRIMERA

 

ESCENARIO:

 

La sala común de una unidad psiquiátrica. Un espacio estéril, pintado en tonos verde pálido y blanco. Hay sillas de metal y vinilo. Al fondo, la estancia de las enfermeras con un ventanal de vidrio, el "puesto de control" de Ratched. A un lado, la enorme fuente de agua de mármol que el Jefe arrancará después. Es de noche. Una luz fluorescente alumbra la sala y emite un zumbido mientras parpadea de vez en cuando, transmitiendo una molesta sensación.

 

El jefe Bromden está de pie, solo, cerca de una ventana, mirando hacia la oscuridad exterior. Tiene los brazos cruzados. Su presencia es imponente pero estática.

 

Harding y Martini están sentados en las sillas. Hay un silencio pesado, casi insoportable. Harding se muerde las uñas; Martini tamborilea con los dedos sobre su rodilla.

 

La puerta de la estancia de las enfermeras se abre. Sale la enfermera Ratched. Camina con pasos medidos, el sonido de sus zapatos de goma resuena. Se detiene ante el grupo, su mirada es de acero.

 

RATCHED (con voz baja, calmada, pero con una autoridad inquebrantable): Es hora de que vuelvan a sus camas. El descanso es parte del tratamiento. Mañana reanudaremos la terapia.

 

Ninguno de los pacientes se mueve. Ratched no se inmuta.

 

De repente, se escucha el sonido de las puertas del pasillo principal abriéndose. Entra un celador trayendo a Randle Mc Murphy del brazo.

 

Mc Murphy está sin vitalidad. Camina con pasos arrastrados, como un muñeco de trapo. Sus ojos están abiertos pero están fijos en un punto en el espacio. Las cicatrices rojas y frescas de la lobotomía son visibles en sus sienes. Sus manos cuelgan a ambos lados de su cuerpo.

Silencio absoluto en la sala. Harding se levanta lentamente, con horror. El Jefe se tensa contra la pared.

El celador conduce a Mc Murphy hasta una de las sillas y lo "sienta", o más bien, lo deposita allí. Él no reacciona. Se queda sentado, desplomado, la cabeza ligeramente inclinada.

 

Ratched camina hacia Mc Murphy. Se para frente a él, mirándolo desde arriba.

 

RATCHED: ¿Qué? ¿No dices nada ahora, Mc Murphy?

 

Mc Murphy no reacciona, sigue con la mirada perdida, la boca abierta… Ratched se dirige a los demás pacientes, su voz tiene un tinte de triunfo frío.

 

RATCHED: Como ven, el señor Mc Murphy ha regresado. Ha sido intervenido. La operación ha sido necesaria para controlar su comportamiento agresivo y antisocial. Confiamos en que ahora sea una persona más... colaborativa y positiva para nuestra comunidad.

 

Harding retrocede un paso, tapándose la boca con la mano.

 

MARTINI, con voz de niño inocente, levantándose y acercándose a Mc Murphy: ¿Mac? He guardado tus cartas. ¿Jugamos? ¿Me vas a enseñar el truco del cigarrillo otra vez?

 

Mc Murphy no responde. Ni siquiera parpadea. Mira al infinito.

 

La sonrisa de Martini desaparece. Se asusta.

 

MARTINI: ¿Qué te pasa Mac? ¿Por qué no me respondes? No me gusta este juego. Estás muy quieto.

 

Harding se acerca a Martini y lo toma suavemente por el hombro.

 

HARDING, con la voz temblando de rabia contenida y pena: No está jugando, Martini. Ya no está aquí…

 

Harding mira directamente a los ojos de Ratched.

 

HARDING: Solo han dejado el envoltorio… los muy canallas.

 

Ratched sostiene la mirada de Harding, sin expresión…

 

RATCHED, al celador: Llévelo a su cama. Ya es tarde para que esté aquí.

 

El celador se acerca para levantar a Mc Murphy.

 

El jefe Bromden comienza a caminar lentamente hacia el centro de la sala. Se detiene frente a McMurphy mientras el celador lo sostiene.

 

El Jefe mira su rostro vacío. Su expresión es de dolorosa comprensión.

 

BROMDEN, en un susurro: No... No eres tú. Te han quitado tu cerebro. Y tu alma…

 

El Jefe levanta una mano y acaricia suavemente el cabello de Mc Murphy.

 

El celador se lleva a Mc Murphy a rastras. La sala queda en silencio otra vez.

 

Ratched da media vuelta y se dirige a su puesto de control. El Jefe se queda de pie en el centro, mirando la puerta por donde salió su amigo. Sus ojos se fijan en la pesada fuente de mármol que está a un lado de la sala. La luz fluorescente sigue zumbando.

 

POCO A POCO EL ESCENARIO SE QUEDA A OSCURAS

 

 

 

ESCENA SEGUNDA

 

Al iluminarse el escenario, Mc Murphy está en la sala común, en un rincón, cabeceando. Es de día, y la luz del sol entra por la ventana enrejada. De vez en cuando emite un gritito, como si algo le asustara o alguien le pinchara.

 

Pasados unos segundos, aparece por la izquierda la enfermera Madison, acompañada de la enfermera jefe Ratched, que le viene indicando sus obligaciones.

 

RATCHED: Esta es la sala común. Aquí pasan la mayor parte del tiempo. Tienen juegos de mesa y televisión.

 

MADISON mira a Mc Murphy y pregunta: Ese ¿quién es?

 

RATCHED: Mc Murphy, el enfermo más insoportable que hemos tenido. Pasa aquí todo el día, solo le llevamos a la habitación para dormir.

 

Madison le mira desde lejos y pregunta:

 

MADISON: ¿Que le pasa?

 

RATCHED, con cruel alegría: Está lobotomizado. Decidimos que no molestara más ni a los otros enfermos ni a nosotros.

 

MADISON: ¡Se ha quedado idiota!

 

RATCHED: Idiota para siempre. Morirá idiota. – cambiando el tono por uno de mando – Una de sus obligaciones es mantenerle vivo. Hay que darle de comer, cambiarle y tomarle la tensión y la temperatura todos los días.

 

MADISON, con tono de queja: ¿Por qué me tengo que encargar yo de él? Eso lo puede hacer una enfermera novata; ese enfermo no necesita una enfermera con veinte años de experiencia.

 

RATCHED: Queremos que viva muchos años. Nos sirve de ejemplo para los otros enfermos. Desde que nos le quitamos de encima los demás no han vuelto a quejarse de nada.

 

MADISON, agriamente: Pero ¿por qué yo? ¿Por qué tengo yo con mi experiencia que limpiarle la mierda a nadie?

 

RATCHED, firmemente: Su obligación es cuidarle. No queremos que muera pronto, tiene que durar muchos años.

 

Se yergue según dice esto último y se marcha sin mirar atrás. Madison queda en medio de la sala, viéndola marchar, y luego se vuelve a mirar a Mc Murphy, con cara de profundo odio.

 

MADISON: ¡Un idiota! ¡Con mi experiencia y me ponen a cuidar a un idiota!

 

Va hacia él, le mira agachándose para verle la cara. Le da un golpe en el hombro, que Mc Murphy recibe con un gritito y mirándola fijamente.

 

Madison da media vuelta, sale y vuelve enseguida con una bandeja de hospital en la que lleva la comida de Mc Murphy. Acerca una silla a Mc Murphy, le mira y dice:

 

MADISON: ¡A dar de comer al idiota! ¡Abre la boca!

 

Comienza a darle cucharadas de algo como sopa o puré, que Mc Murphy va tragando. A las diez o doce cucharadas, Mc Murphy levanta un brazo de pronto y tira el puré de la cuchara.

 

MADISON, grItando: Pero ¿qué haces? ¿Vas a portarte bien?

 

Vuelve a acercarle la cuchara, que Mc Murphy rechaza de nuevo con un golpe.

 

MADISON, enfurecida, le da una bofetada y se levanta: ¡Se acabó! ¡Púdrete!

 

Mc Murphy grita de dolor e impotencia. Madison, ya de pie, huele el aire.

 

MADISON: ¿Te has hecho caca? ¿A la hora de comer?

 

Se le queda mirando, limpia el suelo y grita:

 

MADISON: ¡Pues ahí te quedas, rebózate en tu mierda! A lo mejor te limpio mañana. O pasado, ¡idiota!

 

Se marcha con paso vivo. Mc Murphy queda temblando en su silla.

 

Pasan unos segundos, durante los cuales la luz que entra por la ventana va apagándose, lo que permite adivinar que se está haciendo de noche. En un momento determinado alguien enciende una lámpara del techo, que emite un zumbido y parpadea. Por la izquierda aparece el jefe Bromden, que se acerca a Mc Murphy y se sienta a su lado, cogiéndole las manos y mirándole de frente.

 

BROMDEN: Hola, Mac. ¿Estás bien?

 

Tras unos segundos, vuelve a hablar.

 

BROMDEN: No, no estás bien, amigo. La Combinación te ha destruido. A mi me estaba destruyendo pero viniste tu en forma de ángel para salvarme. Ahora ya no pueden conmigo. Soy libre, soy grande y soy fuerte... gracias a tí.

 

Otro silencio. Vuelve a hablar.

 

BROMDEN: Vamos a escaparnos, Mac. Vamos a salir de aquí, a vivir la vida como personas libres y felices. Nos vamos juntos, amigo.

 

Bromden se levanta, mira a Mc Murphy, se pone detrás de él y le pasa los brazos por el cuello. Empieza a apretar el cuello de Mc Murphy sin dejar de hablar. Suena de fondo el Nocturno número 15 en Fa mayor de Chopin, que va subiendo de volumen durante diez segundos. A los diez segundos, Mc Murphy deja de patalear y mover los brazos, pero Bromden sigue apretando otros diez segundos, durante los cuales la música va bajando de volumen hasta desaparecer.

 

Cuando para la música, Bromden se separa de Mc Murphy, se pone frente a él, se arrodilla, le coge las manos y dice:

 

BROMDEN: Ya no te pueden hacer daño, Mac. Eres libre.

 

Bromden todavía mira a Mc Murphy durante diez segundos, tras lo cual se levanta y va hacia la ventana. Cuando llega, la abre de par en par y mira a Mc Murphy. El recuadro de la ventana muestra el enrejado que la ventana tiene por fuera. Luego se acerca al fondo izquierda, donde está la fuente de agua de piedra. El jefe suspira hondamente, agarra la fuente y la bambolea de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás hasta que la sujeción al suelo cede. El jefe agarra la fuente con los dos brazos y tira arrancándola del suelo. Las tuberías revientan y un chorro de agua comienza a salir desde el suelo. El jefe coge la fuente, la levanta por encima de su cabeza y la tira por la ventana contra el enrejado, que cede con el estrépito consiguiente y cae hacia fuera. El jefe pasa una pierna por encima del poyete y se vuelve a mirar a Mc Murphy, extiende una mano hacia él y dice:

 

BROMDEN: ¡Nos vamos, Mac! ¡Vamos!

 

Pasa la otra pierna por el poyete, sentado sobre él aún se vuelve a mirar y luego se tira hacia el suelo de la calle.

 

Unos momentos de silencio. Se oyen gritos indistinguibles en la calle. El escenario se oscurece lentamente.

 

FIN

 

 

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