miércoles, 8 de abril de 2026

EMILIA Y AMPARO, por MAICHE

 MADRILEÑAS ILUSTRES

BREVE ENCUENTRO ENTRE EMILIA PARDO BAZÁN Y SU PERSONAJE AMPARO LA CIGARRERA



Un día cualquiera de un año cualquiera, en una calle húmeda de Marineda, donde el olor a tabaco se mezcla con la brisa del puerto, Emilia Pardo Bazán camina con paso firme, su sombrero bien colocado, observando con atención a las gentes que entran y salen de la fábrica. De pronto, una joven de mirada viva y manos curtidas se le cruza. Lleva el delantal manchado y el gesto decidido.

EMILIA: - Se detiene y murmura - Vaya. No puede ser.

AMPARO: - Alzando la barbilla -. ¿Qué mira usted tanto? ¿Nunca ha visto a una cigarrera?

EMILIA: - Sonríe con una mezcla de sorpresa y curiosidad - Verte.... te he visto muchas veces, más de las que te imaginas.

AMPARO: Pues yo juraría que no. Y eso que en la fábrica nos conocemos todas. Soy Amparo.

EMILIA: - Bajando la voz, casi susurrando - Lo sé.

AMPARO: - Frunciendo el ceño - ¿Ah, sí? ¿Y de qué?

EMILIA: Porque te he pensado. Te he escrito. Te he dado voz cuando nadie quería escucharla.

AMPARO: - En silencio unos segundos. Luego suelta una risa breve, incrédula -. ¿Escritora, entonces? Ya decía yo que hablaba usted raro.... ¿Y qué sabe usted de nosotras? ¿De lo que es pelear cada día por un jornal y por un poco de respeto?

EMILIA: - Sin ofenderse y complacida - Sé lo suficiente como para no idealizarte. Ni a ti, ni a las demás. Sé de tu orgullo y tus contradicciones. También de tus errores.

AMPARO: - Dando un paso adelante - ¿Errores? ¿Llama error a querer ser libre?

EMILIA: - Responde con firmeza - Error es el mundo que no te deja serlo sin

castigarte por ello.

AMPARO: - Observándola con ojos menos defensivos -. Entonces.... ¿Está usted de mi parte?

EMILIA: Estoy de parte de la verdad. Y la verdad es que mujeres como tú sostienen mucho más que cigarros entre los dedos. Sostienen una lucha.

AMPARO: - Sonríe y ladea la cabeza - Pues no nos vendría mal que esa verdad se oyera más alto.

EMILIA: Para eso escribo.

AMPARO: Bueno... si va a contar mi historia, al menos, hágalo bien.

EMILIA: - Hace una breve reverencia - Lo intento.

Las dos se miran un instante, como si se reconocieran desde planos distintos de la misma realidad. Luego, Amparo se da la vuelta y regresa a la fábrica. Emilia permanece un momento más en el mismo lugar, sin moverse, tomando nota mental de cada gesto, cada palabra. Y, cuando finalmente se marcha, ya sabe que ese encuentro, imposible y, a la vez, verdadero, también merece ser contado.



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