martes, 31 de marzo de 2026

UN HOMBRE LLAMADO CABALLO, por José María Gómez

 

TRABAJO: PASAR UNA ESCENA DEL CINE AL TEATRO

UN HOMBRE LLAMADO CABALLO, escena en la que los indios cuelgan a John Morgan, que quiere casarse con Tachincha

 


El escenario está completamente vacío. En el centro está, de pie, John Morgan, desnudo salvo por un escueto taparrabos formado por una tela rectangular que se ciñe a la cintura con un cordel y cuelga por delante y por detrás. Debe ser un hombre completamente formado, alto y musculoso, que transmita fuerza física.

Al comenzar la escena, el escenario está totalmente a oscuras. Una luz cenital se enciende e ilumina a John. Tras unos segundos, comienza a escucharse un cántico indio (el mismo de la película), que comienza casi inaudible y va subiendo de volumen durante un minuto hasta resultar ensordecedor. Cuando llega al máximo, se corta de repente. Tras unos segundos, otra luz cenital ilumina el fondo izquierda, donde aparecen dos personajes: el jefe de la tribu, Napé Zi, padre de Tachincha, y el brujo Wichasa Waján. John vuelve la cabeza hacia ellos. Un silencio.

Napé Zi: Sunkawakan, ¿has cumplido tu misión?

Sunkawakan: Cumplí lo ordenado, Napé. Un maldito hombre blanco está siendo devorado por las alimañas del desierto. Su nombre era Ferguson, y ahora es carne podrida que devoran los buitres alabando el honor de la tribu.

Wichasa: ¿Qué muerte le diste? ¿Sufrió?

Sunkawakan: Seguí el ritual. Mi daga cortó primero los tendones de sus manos para someterlo. Luego desjarreté sus piernas para inmovilizarlo, y cayó al suelo. Canté al Gran Espíritu y le fuí cortando la piel poco a poco. Tardó una hora en morir, y finalmente su espíritu se marchó de su cuerpo y su cuerpo quedó en el desierto a merced de las alimañas.

Wichasa: Has cumplido tu deber con el Gran Espíritu.

Sunkawakan: Deseo a Tachincha. Haré lo que sea necesario para poseerla.

La luz de la izquierda se va apagando lentamente. Al mismo tiempo, una luz cenital se va encendiendo a la derecha, iluminando a Tachincha, que está sentada en el suelo, con las piernas hacia un lado, mirando a John. John vuelve lentamente la cabeza hacia ella.

Tachincha: ¿Qué deseas de mi, Sunkawakan?

Sunkawakan: Quiero tu sonrisa.

Tachincha: Mi sonrisa es sólo mia.

Sunkawakan: Quiero tus cabellos.

Tachincha: Mis cabellos me pertenecen.

Sunkawakan: Quiero penetrar tu vientre.

Tachincha: Mi vientre está cerrado para los hombres blancos.

Sunkawakan: Quiero tener hijos tuyos.

Tachincha: Yo solo quiero engendrar hijos indios.

Sunkawakan: Me convertiré en indio, en el indio más fuerte y más valiente de tu tribu.

Tachincha: Sólo así podrás tenerme.

Se vuelve a iluminar la zona izquierda, donde continúan el jefe y el brujo. Comienza a escucharse de nuevo el cántico de la película, que va subiendo de volumen hasta un momento que todavía permita escuchar a los actores. En ese momento continúa sonando pero ya sin aumentar de volumen.

Wichasa: Proclama tu deseo.

Sunkawakan: Quiero ser parte de la tribu.

Napé Zi: Debes demostrar tu fuerza.

Sunkawakan: Partí al desierto. Durante una semana viví solo y desnudo.

Napé Zi: Has demostrado tu fuerza.

Wichasa: Debes demostrar tu valor.

Sunkawakan: Maté un puma y lo traje para ofrecerlo al Gran Espíritu.

Wichasa: Has demostrado tu valor.

Napé Zi: Debes demostrar tu odio al hombre blanco.

Sunkawakan: Ya maté a un hombre blanco.

Napé Zi: Has demostrado tu odio al hombre blanco.

Tachincha: Debes demostrar tu amor.

Sunkawakan: Durante seis meses he vivido solo en una cabaña, sin contacto con mujeres. Todos los días iba a tu puerta a tenderme en el suelo. Todos los días salías de tu casa y me pisabas.

Tachincha: Has demostrado tu amor.

Wichasa: Sunkawakan, ¿quieres pertenecer a la tribu?

Sunkawakan: Quiero pertenecer a la tribu.

Napé Zi: ¡Adelante!

El sonido de los cánticos se incrementa hasta hacerse ensordecedor. Luego vuelve a bajar al nivel anterior. Wichasa coge un cuenco con un líquido y se acerca a Sunkawakan, dándoselo a beber.

Wichasa: Bebe. El peyote y la ayahuasca te ayudarán a pasar la prueba.

Sunkawakan bebe. El cántico vuelve a subir de volumen. Wichasa coge dos cuerdas que cuelgan del techo y las sujeta al pecho de Sunkawakan.

Wichasa, gritando: ¡Tirad! ¡Arriba!

Las cuerdas tiran de Sunkawakan, que se va elevando mientras grita de dolor.

Sunkawakan: ¡Aaaaaah!

Los gritos deben ser espaciados, con silencios más o menos prolongados, transmitiendo el sufrimiento. Al mismo tiempo, deben producirse fogonazos de color que transmitan las visiones sicodélicas que el peyote le produce.

Tachincha se levanta, va hacia él, se pone por delante, mirándole. Se desnuda completamente y baila sensualmente.

La luz y el sonido van desapareciendo lentamente.

 

FIN

 

 

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