TRABAJO: PASAR UNA ESCENA DEL
CINE AL TEATRO
UN HOMBRE LLAMADO CABALLO,
escena en la que los indios cuelgan a John Morgan, que quiere casarse con
Tachincha
El escenario está
completamente vacío. En el centro está, de pie, John Morgan, desnudo salvo por
un escueto taparrabos formado por una tela rectangular que se ciñe a la cintura
con un cordel y cuelga por delante y por detrás. Debe ser un hombre completamente
formado, alto y musculoso, que transmita fuerza física.
Al comenzar la escena, el
escenario está totalmente a oscuras. Una luz cenital se enciende e ilumina a
John. Tras unos segundos, comienza a escucharse un cántico indio (el mismo de
la película), que comienza casi inaudible y va subiendo de volumen durante un
minuto hasta resultar ensordecedor. Cuando llega al máximo, se corta de
repente. Tras unos segundos, otra luz cenital ilumina el fondo izquierda, donde
aparecen dos personajes: el jefe de la tribu, Napé Zi, padre de Tachincha, y el
brujo Wichasa Waján. John vuelve la cabeza hacia ellos. Un silencio.
Napé Zi: Sunkawakan, ¿has
cumplido tu misión?
Sunkawakan: Cumplí lo
ordenado, Napé. Un maldito hombre blanco está siendo devorado por las alimañas
del desierto. Su nombre era Ferguson, y ahora es carne podrida que devoran los
buitres alabando el honor de la tribu.
Wichasa: ¿Qué muerte le
diste? ¿Sufrió?
Sunkawakan: Seguí el
ritual. Mi daga cortó primero los tendones de sus manos para someterlo. Luego
desjarreté sus piernas para inmovilizarlo, y cayó al suelo. Canté al Gran
Espíritu y le fuí cortando la piel poco a poco. Tardó una hora en morir, y
finalmente su espíritu se marchó de su cuerpo y su cuerpo quedó en el desierto
a merced de las alimañas.
Wichasa: Has cumplido tu
deber con el Gran Espíritu.
Sunkawakan: Deseo a
Tachincha. Haré lo que sea necesario para poseerla.
La luz de la izquierda se va
apagando lentamente. Al mismo tiempo, una luz cenital se va encendiendo a la
derecha, iluminando a Tachincha, que está sentada en el suelo, con las piernas
hacia un lado, mirando a John. John vuelve lentamente la cabeza hacia ella.
Tachincha: ¿Qué deseas de
mi, Sunkawakan?
Sunkawakan: Quiero tu
sonrisa.
Tachincha: Mi sonrisa es
sólo mia.
Sunkawakan: Quiero tus
cabellos.
Tachincha: Mis cabellos me
pertenecen.
Sunkawakan: Quiero
penetrar tu vientre.
Tachincha: Mi vientre está
cerrado para los hombres blancos.
Sunkawakan: Quiero tener
hijos tuyos.
Tachincha: Yo solo quiero
engendrar hijos indios.
Sunkawakan: Me convertiré
en indio, en el indio más fuerte y más valiente de tu tribu.
Tachincha: Sólo así podrás
tenerme.
Se vuelve a iluminar la zona
izquierda, donde continúan el jefe y el brujo. Comienza a escucharse de nuevo
el cántico de la película, que va subiendo de volumen hasta un momento que
todavía permita escuchar a los actores. En ese momento continúa sonando pero ya
sin aumentar de volumen.
Wichasa: Proclama tu
deseo.
Sunkawakan: Quiero ser
parte de la tribu.
Napé Zi: Debes demostrar
tu fuerza.
Sunkawakan: Partí al
desierto. Durante una semana viví solo y desnudo.
Napé Zi: Has demostrado tu
fuerza.
Wichasa: Debes demostrar
tu valor.
Sunkawakan: Maté un puma y
lo traje para ofrecerlo al Gran Espíritu.
Wichasa: Has demostrado tu
valor.
Napé Zi: Debes demostrar
tu odio al hombre blanco.
Sunkawakan: Ya maté a un
hombre blanco.
Napé Zi: Has demostrado tu
odio al hombre blanco.
Tachincha: Debes demostrar
tu amor.
Sunkawakan: Durante seis
meses he vivido solo en una cabaña, sin contacto con mujeres. Todos los días
iba a tu puerta a tenderme en el suelo. Todos los días salías de tu casa y me
pisabas.
Tachincha: Has demostrado
tu amor.
Wichasa: Sunkawakan,
¿quieres pertenecer a la tribu?
Sunkawakan: Quiero
pertenecer a la tribu.
Napé Zi: ¡Adelante!
El sonido de los cánticos se
incrementa hasta hacerse ensordecedor. Luego vuelve a bajar al nivel anterior.
Wichasa coge un cuenco con un líquido y se acerca a Sunkawakan, dándoselo a
beber.
Wichasa: Bebe. El peyote y
la ayahuasca te ayudarán a pasar la prueba.
Sunkawakan bebe.
El cántico vuelve a subir de volumen. Wichasa coge dos cuerdas que cuelgan del
techo y las sujeta al pecho de Sunkawakan.
Wichasa, gritando:
¡Tirad! ¡Arriba!
Las cuerdas tiran de
Sunkawakan, que se va elevando mientras grita de dolor.
Sunkawakan: ¡Aaaaaah!
Los gritos deben ser
espaciados, con silencios más o menos prolongados, transmitiendo el
sufrimiento. Al mismo tiempo, deben producirse fogonazos de color que
transmitan las visiones sicodélicas que el peyote le produce.
Tachincha se levanta, va hacia
él, se pone por delante, mirándole. Se desnuda completamente y baila
sensualmente.
La luz y el sonido van
desapareciendo lentamente.
FIN
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