PRIMERA PLANA
PRIMER ACTO
ESCENA 1
La escena transcurre en 1920, en la SALA DE PRENSA DEL EDIFICIO DE TRIBUNALES DE CHICAGO, en pleno apogeo de la ley seca. Los periodistas están siguiendo la noticia de la inminente ejecución de un terrorista acusado de haber asesinado a un policía. Sus nombre es Earl WILLIAMS.
Los periodistas son:
WILSON, del American News, que viste con traje y lleva puesto un sombrero gris.
MURPHY, del Journal of Commerce, que viste traje con chaleco desabotonado y corbata desajustada. Está cansado de estar allí y esta deseando que le ahorquen rápido para volver a casa.
Henry BESINGER, del Chicago Tribune, atildado, afeminado y un fanático de la higiene.
HILDY JOHNSON, del Examiner acaba de llegar. Cubrirá la noticia pero que se despide de la profesión y será esta su último trabajo. Lleva una botellas para celebrarlo. Viste traje elegante porque se dispone a irse de viaje en cuanto acabe la ejecución.
Son las 8,30 de la noche. Es una habitación desnuda y desordenada. Hay varios teléfonos en el lugar, que comunican con los periódicos de Chicago. Aquí se citan los periodistas más viejos de los periódicos; aquí quedan para cotillear, jugar a las cartas, dormir y tener citas entre asesinatos, incendios, disturbios y otros eventos públicos sobre los que escriben. El mobiliario es de lo más sencillo; dos mesas, algunas sillas y papeleras.
En ese momento entra el sheriff HARTMAN, sheriff del condado, máxima autoridad policial de la prisión. Viste chaqueta, chaleco y pantalón de traje oscuro con raya diplomática, lleva pistola, esposas y placa de sheriff a la vista. Sombrero oscuro. Cruza la escena con paso autoritario hasta sentarse en el extremo opuesto, con parsimonia y mirada alta.
ESCENA 2
WILSON (a su teléfono): Calle Kenwood tres cuatrocientos… (Suena otro teléfono. Se dirige a Murphy) Oye, coge el teléfono. (Murphy sigue a su bola, mirando las cartas. Con un suspiro, se estira y contesta el otro teléfono. Se vuelve a dirigir a Murphy) ¿Qué te pasa? ¿Estás atontada? (al segundo teléfono) ¡Sala de prensa! Hola, sargento.... Soy Wilson. ¿Cómo dice?... ¿Sí? Interesante… Un triángulo amoroso, ¿eh?... ¿sí?... ¡No me diga! ¿Los mató? (decepción) Bah, entonces no me interesa. Gracias, sargento. (Cuelga)
(Voz en off autoritaria del sheriff fuera de escena)
SHERIFF: Abran paso a la ley.
(Entra el Sheriff cruzando el escenario de derecha a izquierda donde se sienta)
SHERIFF:¿Pero qué juerga es esta? ¿Ustedes no saben que este es un edificio del Gobierno y el alcohol es ilegal?
(Todos ríen ignorando las amenazas del sheriff)
HILDY: Hola Sheriff. ¿Qué quiere tomar?
SHERIFF: Voy a meterles a todos en chirona.
HILDY: Al fiscal no le gustaría. Le compré las bebidas a su hermano.
(Risas)
SHERIFF: Sus pases para la ejecución. Tribune, American…
WILSON: ¿Solo dos? Les prometí unos pases a los chicos de la oficina.
SHERIFF: ¿Qué cree que es esto? ¿Los mundiales de béisbol?... Examiner…
(Le da los pases a Hildy, que se los devuelve)
HILDY: Guárdese los pases para mi sustituto, sheriff.
SHERIFF: ¿Qué ocurre, por fin la han echado?
HILDY (bromeando y haciéndose la importante): Me retiro a mi finca en los alrededores de Nueva York.
SHERIFF: Pues beberé un trago para celebrarlo.
(El sheriff se levanta para coger un vaso y la botella de whisky)
HILDY: (le quita la botella de la mano) Con mis bebidas no. Lleve los pases a la reventa, como suele hacer.
TODOS: (Burlándose en alto) Uhhhh.
SHERIFF: (muy cabreado) Estoy harto de usted, Johnson. Entre usted y su jefe me han creado mala fama. Hasta han llegado a decir que tengo instintos criminales.
HILDY: ¿Qué dice? Siempre le hemos llamado el honesto Pit Hartman.
SHERIFF: Pero con retintín, para luego ponerme verde.
WILSON: ¿Por qué no adelantan la ejecución a las cinco? Así podría salir en la primera edición.
SHERIFF: No se puede ejecutar a un hombre en pleno sueño para complacer a los periódicos. No estaría bien.
WILSON: Si la doctora Enguelofer dictamina que Williams está loco...
SHERIFF: Quiero que digan bien claro que la pena de muerte dictada contra Williams es una advertencia a los elementos subversivos de esta ciudad. Hay que reformar a los rojos con la horca.
MURPHY: ¿Puedo mencionar eso en mi artículo?
SHERIFF: Naturalmente. El sheriff Hartman aboga por reformar a los comunistas con la horca.
HILDY: Eso le valdrá doscientos mil votos. Cuando Williams caiga por la trampilla tiene las elecciones ganadas.
SHERIFF: ¿Insinúa que la alcaldesa y yo estamos haciendo política con la vida de un ser humano?
HILDY (resoplando): Me alegro de perder de vista a este asco de ciudad.
SHERIFF: Y yo también a usted, Johnson. Hasta luego, señoras, caballeros…
(Sale el Sheriff)
HILDY: Bueno, voy a recoger a mi novio.
MURPHY: Hagamos el último brindis.
WILSON: A tu salud, Hildy, acuérdate de nosotros y envía alguna postal.
HILDY: Si alguno de vosotros va a Nueva York, por favor que no venga a verme. Ya no quiero tratos con rufianes.
(cantan)
FIN
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