TRÁNSITO
Creo que el hilo conductor entere la vida y la muerte puede ser tan fino que se podría atravesar. Dicen que este hilo es de plata, pero yo lo vi dorado, compuesto de unos puntos minúsculos que brillaban los unos junto a los otros.
La experiencia que viví con mi madree, que se fue el 21 de febrero de este año, con 89 años vividos, me dejó un legado de reconciliación con el mundo.
Durante su enfermedad, me decía que siempre estaba acompañada, que su familia estaba con ella, aunque no estuvieran presentes físicamente, porque sentía todo el cariño y el amor de todos. Yo jamás la contradecía y le decía: "Claro, madre, estamos contigo, te amamos mucho" Y notaba su carita llena de paz y de amor, ¡madre mía!
"Es que verás, Mari, hoy se me ha aparecido un señor muy guapo y me ha dado de beber en una copa" "Qué suerte, madre., ¡bebe, bebe! que es el elixir de la vida eterna"
También me contó que la visitó una mujer preciosa y que la cubrió con un manto. Yo, emocionada, le decía: "Debe ser la Virgen, ella es la protectora de la vida eterna. !Qué suerte tienes, madre!
"Mira, Mari, hoy me dan toquecitos por la espalda" Y yo le decía: "Tranquila, cariño, es porque te has dormido y te despiertan para que meriendes"
Durante sus últimos días, ella quería agarrarse a todas las cosas que veía volando. "Pues agarra, madre, agárrate, pero no te agarres a un clavo ardiendo. Agárrate a un billete de quinientos euros, que falta nos hace" bromeaba yo, para quitar un poco de dureza a lo que estaba ella viviendo.
"Pero Mari, hija, ¿por qué ahora vienen y me dan un triángulo? ¿Qué es esto, hija?" "Pues porque el triángulo es un signo sagrado para muchas religiosidades, madre. ¡Eres muy afortunada!"
Aquella mañana la levanté para llevarla al baño, casi no podía andar, pero yo la invité a hacerlo. Después me dijo que ya estaba curada porque no sentía dolor en la boca ni en ningún sitio y que no le diera los laxantes, que ya no los necesitaba. A continuación se sentó en el baño y su cuerpo se desinfló como un globo, como si quisiera dejar en este mundo todo lo que le sobraba a su cuerpo para irse limpiio y perfecto, después se lavó y como una crisálida que acabara de salir de su capillo voló, voló de este mundo y su alma formó parte del Todo.
¡Vuela alto, madre, vuela alto, bonita!
Hoy quedo con mi amiga María Jesús para que me ayude a escribir estos hechos, que viví durante la enfermedad de mi madre. Gracias, María Jesús.
Más tarde, sentada en un banco, una mariposa vino a posarse en mi rodilla. ¿Seguro que es una mariposa?
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