Soy Ana Caro de Mallén
(Ana está postrada en su cama, ha enfermado de peste…)
- Oh Señor, este es el fin. Tú lo quieres así…
(Ana tose, se incorpora y se queda sentada)
- A mí, Ana Caro de Mallén, me hiciste mujer en este mundo de hombres y, sin embargo, yo me sentí tan distinta en él…
(Suspira)
- Si, nací cuando a las mujeres apenas se nos concedía voz… pero yo, aun así, hice de la palabra mi oficio y mi sustento. No heredé fortuna ni nombre ilustre y tuve el ingenio y la determinación para abrirme paso en este mundo hecho para los hombres.
(Suspira, traga saliva)
- He sido poeta y dramaturga, y escribía no, como otras mujeres, sólo para entretenerme. Era mi vocación, así me ganaba la vida.
- Mis versos y comedias recorrieron los corrales de comedias y las calles de Sevilla y Madrid, y por ellos recibí algo poco común para una mujer: reconocimiento y pago. Algunos me llamaron la “décima musa sevillana”, y aunque el elogio halaga, más orgullo me causa haber demostrado que, siendo mujer, pude vivir de mi talento.
(Hace una pausa, cierra los ojos, los vuelve a abrir)
- En mis obras di vida a mujeres valientes, capaces de tomar las riendas de su destino, como Leonor, que no se resigna al agravio y se disfraza, lucha y actúa. Porque yo sabía - y sé - que el valor no entiende de sexos, y que la honra no es patrimonio exclusivo de los hombres.
(Suspira, toma aire)
- Viví en un mundo de apariencias, de normas estrictas y silencios impuestos. Pero yo elegí hablar, escribir, crear. Y aunque el tiempo tal vez quiera borrar mi nombre, en mis escritos siempre estará mi voz.
(Silencio)
- Oh Señor, dime, pues, si no es justo que una mujer como yo reclame su lugar en la memoria. Porque mientras haya quien lea mis palabras, no habré sido olvidada.
FIN
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