NUEVA OFERTA DEL IMSERSO
Premisa:
Corre el año 2058, ante la gran población de mayores de sesenta años que existe
en el planeta, sobre todo en el Primer Mundo, los gobiernos han desarrollado un
programa de “viajes al futuro” para estos habitantes, que les ofrece la
posibilidad de viajar al futuro y así aliviar la tensión demográfica y la alta demanda
de servicios sociales y sanitarios originada por este grupo poblacional. Se ha conseguido
diseñar un acelerador de partículas de uso doméstico a un precio muy razonable,
el HPA( Human Particles Accelerator) que les es ofertado a los mayores, para que
aquellos que lo deseen puedan viajar en él.
Adela y
Cosme, un matrimonio en la sesentena, se encuentran por la mañana en su cocina.
Una casa de clase media. Adela está sirviendo el café para desayunar, cuando
aparece Cosme aún en pijama.
Cosme: —
Buenos días, cariño ¿ Has conseguido dormir?
Adela:—
¡Qué va! Por más vueltas que le doy, no lo veo claro, Cosme. Yo ahí no me meto ¿Qué
se nos ha perdido a nosotros en el siglo XXIII?
Cosme.—
Pero mujer, probamos y, si no nos convence, pues nos volvemos y punto. Ya lo
hemos discutido cien veces.
Adela: —
Sí, ya, pero… ¿y si no podemos volver? No conocemos a nadie que haya vuelto.
Cosme:— ¡Eso
quiere decir que lo que se han encontrado les ha gustado! Piénsalo, es de
lógica.
Adela:— ¡O
no!, O aunque quisieran, no pueden regresar. A mí este cacharro me da miedo.
Míralo, si parece un microondas gigante. Igual nos fríe como croquetas y
nuestro futuro es un ciprés en el pecho (Dice Adela mientras observa por
todos lados y con desconfianza el HPA instalado en su cocina junto al
frigorífico).
Cosme:—
¡Qué cosas tienes, Adela, de verdad! Ya oíste a la asistente social: este es un
viaje voluntario y reversible si así lo queremos.
Adela:— Si
todavía fuera al pasado…Yo soy más de miriñaque que de escafandra. Seguro que
los trajes siderales esos me irritan las ingles. No me apetece nada vivir en
una cápsula de blanco inmaculado y acero, y mirando el cosmos por un ojo de
buey. Y quiero comer chistorra propiamente dicha, roja y grasienta, no una
cápsula con sabor a chistorra.
Cosme:— Tú
has leído mucha novela que nada tiene que ver con la realidad. ¿Quién te ha
dicho a ti que eso vaya a ser así?
Adela:—
Pues eso, que nadie sabe cómo será. Y yo no, no me arriesgo. Además, nos dijo
que no nos podíamos llevar ningún objeto: ni fotos, ni la olla a presión, ni mi
gorrito de visón, ni mi grapadora de tapicero…nada. A empezar allí desde cero
pero con sesenta y tres años. Y luego están los chicos y los nietos, ¿no te da
pena dejarlos?
Cosme:— Un
poco sí, pero ellos sí que tienen todo el futuro por delante. ¡Va, mujer, vamos
a probar!
Adela:—
Encima nos ha dejado el modelo low cost, el coreano. Ni siquiera es el
original. No me fío ni un pelo.
Cosme:—
Tiene todas las garantías, me he estudiado el manual como para una oposición.
Si no fuera seguro, ¿cómo lo iban a ofrecer así alegremente? Adela, tenemos que
decidirlo. No lo podemos tener aquí sin usarlo más días. Se lo van a llevar.
Adela:—
Pues que se lo lleven de una vez. Me tiene empantanada toda la cocina el
cacharro este, con lo que abulta.
Cosme:—
¡Qué terca eres, por Dios! Cuando se te mete una cosa en la cabeza…¿Ni siquiera
una vueltecita y a ver qué tal? (Le pregunta meloso e intentando hacerle un
arrumaco que Adela rechaza)
Adela:—Mira,
que no. Lo he decidido, Cosme. Me voy a hacer la compra. Recoge luego estas
cosas del desayuno, y a mi vuelta lo empaquetamos y que se lo lleven.
Cosme
aguarda a oír cómo Adela se va y cierra la puerta. Se dirige al HPA y lo vuelve
a observar detenidamente. Coge de un cajón las instrucciones y un cuaderno de
notas con un bolígrafo. Se sienta y escribe una nota para su mujer, que va
leyendo en voz alta:
«Querida
Adela:
No te
enfades, pero no me he podido resistir a probar el HPA. Te juro que vuelvo, un
futuro sin ti nunca sería feliz, pero la curiosidad me ha vencido, lo reconozco.
Si no estoy de vuelta en tres días es que aquello es maravilloso. Entonces, te
metes tú y le das al botoncito verde y luego al ámbar, por este orden,
recuérdalo por favor, están claramente señalizados dentro, junto al asiento. Si
veo que no apareces, me vuelvo, créeme, y aquí no ha pasado nada. Un beso
enorme. Cosme.»
Cosme
se mete en el HPA, ilusionado y con el libro de instrucciones en la mano,
cierra la puerta y le da a los botones, tras un ruido como de turbinas, la
escena se va a oscuro. Luego aparece en escena Adela que ha vuelto de la compra.
Adela:—
¡Cosme, Cosme! ¡Nos has recogido nada, eres un desastre! ¡Cosme! (Y en ese
momento ve la nota sobre la mesa de la cocina. La lee, y rompe a llorar)¡
Ay Cosme! ¿Y si no puedes volver? Eres demasiado confiado, siempre lo has sido.
(Vuelve a gemir, saca un pañuelo y se limpia las lágrimas, y se acerca al HPA
acariciando la puerta)
¡Y encima,
te has ido al futuro con el pijama viejo!
Oscuro. FIN
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