domingo, 22 de marzo de 2026

M&M, por Pepa

 


M&M



Montseny&Maeztu

Maeztu&Montseny

Mujer&Mujer


En 1933, gobernando Alcalá Zamora durante la segunda república, María de Maeztu y Federica Montseny se conocen sólo de oídas, dado que los círculos por donde se mueven en Madrid son diferentes. Entre ellas existe una importante diferencia de edad, de ideología política y de formación académica.

La escena comienza en la puerta giratoria del Café Comercial.

Federica Montseny intenta entrar mientras que María de Maeztu intenta salir.

A F. Montseny se le engancha la bolsa que lleva con unos panfletos de la CNT, lo que hace que M. de Maeztu tropiece y se le caiga la boina que lleva puesta. La puerta se atasca.

Acude en su ayuda Antonio Machado, que desde la barra ha observado toda la escena mientras se tomaba su primer café.

Sonríe mientras desbloquea la puerta quitando de debajo de una de las hojas la boina, motivo por el que esta no ha seguido girando.

MACHADO: Buenos dias. ¿Qué tal se encuentra? (Se dirige a F. Montseny).

MONTSENY: Bien, bien... Hace mucho que no le vemos en ninguna de nuestras tertulias, precisamente...

Interrumpe Machado.

MACHADO: Ya, ¡ya! Razón no le falta, y mira que me gustan las reuniones que organiza su padre; le respeto mucho y nos une la República, pero a veces hay que escoger el silencio cuando las voces gritan tanto...

MACHADO: Perdón, creo que Vds. no se conocen. (Dirigiéndose a las dos mujeres). Madrid es grande y las ideas levantan muros.

MONTSENY: No.

MAEZTU: No.

(Casi al unísono)

Una vez liberadas de la puerta y recompuestos sus atuendos. Machado procede a las presentaciones.

MACHADO: Le presento a la Sra. Montseny, (dirigiéndose a M. de Maeztu) sindicalista afiliada a la CNT como habrá observado por los panfletos que se le han caído a la entrada.

María sonríe y desvía el tema de conversación iniciada por Machado hacia una frase trivial y educada.

MAEZTU: ¿Está embarazada? Menos mal que no nos hemos enredado más en la puerta.

MONTSENY: Si, espero mi primer hijo; si es niña la llamaré Vida.

Interrumpe Machado.

MACHADO: Ella es la señorita Maeztu, fundadora de la residencia de señoritas y hermana de Don Ramiro; (suspira) con él ya no coincido en nada ni en ningún sitio; no era así en el comienzo de nuestra generación. Ahora me llevo mucho mejor con ella, admiro mucho su labor (sonríe).

Si tienen tiempo las invito a un café, así olvidan el enganchón; hoy en este café aún cabe una mesa para tres... la puerta se atascó para algo... (dice pensativo).

Vuelve a sonreír mientras se dirige a uno de los veladores de mármol blanco tan característicos del establecimiento. Las dos mujeres le siguen.

MAEZTU: Aunque nunca habíamos coincidido sí que he oído hablar de Vd. Sus mítines son famosos en todo Madrid por la cantidad de gente que acude. ¿Aspira a tener un futuro en política? (dice mientras comienza a hojear uno de los panfletos que se le han caído a Montseny en la puerta, donde en grandes letras se lee: “Viva la revolución social”, y que Machado ha dejado encima del velador).

MONTSENY: Claro; las mujeres tenemos derechos, y las pobres, aunque Vd. no lo crea, también.

MAEZTU: No lo dudo, pero para eso es importante que contemos con estudios, que estemos al nivel de los hombres que nos quieren dirigir; eso es lo que yo pretendo...

MONTSENY (la interrumpe): O sea, que para liderar hay que haber pasado por la Universidad... ¡cómo se nota de qué familia procede. ¡Ah!... Y supongo que ser de derechas.

MAEZTU: ¡No! (También un poco alterada, pero manteniendo las formas). Sólo le digo que no todo consiste en dar grandes discursos y llenar recintos con consignas y gritos que las mujeres repitan. Hay que formarlas como mujeres capaces de gobernar y sólo entonces cuando lo hagan lo harán bien. Y estos gobiernos serán duraderos.

MONTSENY (que sigue exaltada): ¡Si! Ya la veo venir. Ustedes quieren educar obreras para que sean buenas y obedientes secretarias del patrón.

MAEZTU (ahora si, elevando el tono de voz): ¡Que no, señora! Vd. o no me escucha o no me quiere entender.

MONTSENY: Vamos, que, mujer u hombre, sólo las clases pudientes pueden gobernar (dice mientras se echa mano a su tripa de embarazada).

MAEZTU (ya gritando): Se confunde nuevamente. ¿Me quiere dejar hablar?... quiero que las mujeres sean capaces de dirigir sus vidas, que lean y lo sepan comprender ¿O es que la Revolución tiene miedo a una mujer con estudios?

Interviene Machado en un intento de apaciguar la situación, mientras se oye su cucharilla removiendo el café.

MACHADO: Señoras (dirigiéndose a las dos), yo pensé al presentarlas que Vds, como mujeres inteligentes, iban a encontrar el nexo en común, pero veo que no se están dando la oportunidad de escucharse... ¡parecen hombres! (dice sonriente).

Ellas por primera vez se miran a los ojos frente a frente. Callan, respiran y... Montseny interpela de forma irónica a Maeztu.

MONTSENY: ¿Qué tal le va con la Residencia de Señoritas? Nos quiere quitar el puesto en la búsqueda de la igualdad (dice, con sorna pero más pausada).

MAEZTU: No seamos nosotras nuestras propias enemigas, ya los tenemos enfrente. Debemos caminar todas unidas en busca del futuro, seamos reformistas o revolucionarias.

MONTSENY continúa, en tono educado pero distante: Se oye que muchas chicas quieren alojarse y estudiar allí.

MAEZTU: Si, es verdad, está siendo un éxito; cada vez son más, rozamos las 300. (Contesta, ahora ya en tono complacido). Muchas de ellas son las primeras mujeres de sus familias en ir a la Universidad.

MONTSENY: He oído que es Vd. la directora.

MAEZTU: Si, lo soy.

MONTSENY, de nuevo incisiva: ¿Cuánto cree que le debe a su hermano en todo esto?

MAEZTU (un poco más alterada): Como le he dicho no deberíamos ser nuestras propias enemigas. A mi hermano le debo el dolor de ver cómo quien me ayudó a dar mis primeros pasos en este mundo de la intelectualidad y la enseñanza ahora se ha radicalizado y es capaz de quemar los libros de los que aprendió. La Residencia se la debo a las señoritas que acuden y creen en mi proyecto y tienen ganas de aprender y ser independientes.

Interrumpe nuebamente Machado para apaciguar la crispación que vuelve a dejarse ver en la conversación y cambia radicalmente el tema.

MACHADO: ¿Qué les ha traído esta mañana al Comercial, señoras?

MONTSENY: Yo venía a repartir unos panfletos de estos que se me han caído en la puerta y que Vd. Amablemente ha recogido, a sabiendas de que aquí, como Vd, toman café muchos republicanos de izquierda liberal desilusionados con el Gobierno. Y ya que me lo he encontrado aprovecho para decirle que hay reunión en casa de mi padre esta tarde.

MAEZTU: Yo me he acercado a buscar a mi amiga María Lejárraga, pero se ve que esta mañana no se ha dejado caer por aquí.

Una vez que los ánimos están más calmados.

MAEZTU (llevándose la taza de café a la boca y en tono sosegado): Se me está ocurriendo que para conocernos mejor y aunar fuerzas podríamos organizar un campamento al aire libre en la Casa de Campo para chicas de cualquier espectro social. ¡Podría impartirlo yo misma! Soy maestra desde hace muchos años y licenciada en filosofía por la Universidad Central. Ponga Vd. el tema que piense le puede interesar a las mujeres de su sindicato con el fin de facilitarles su integración al mundo laboral, a la formación y a una política con futuro.

MONTSENY (nuevamente echándose mano a la tripa y en tono conciliador): Me parece muy buena idea; consultaré con la militancia. Pero también le digo que nosotras ya nos valemos muy bien tal como estamos ahora.

MAEZTU: Hagámoslas libres, promoviendo su emancipación social y económica.

MONTSENY: ¡Eh! ¡Que va ahora a hacerme las consignas de los mítines... ¿Quién lo hubiese pensado de Vd.?

MAEZTU: La edad me ha enseñado a conocer a las personas antes de juzgarlas. ¿Lo ve?... tan feministas la una como la otra; dan igual nuestras ideas políticas, porque lo que nos debe importar son las mujeres y su educación para que tengamos un futuro en igualdad.

MACHADO: Yo, señoras, las tengo que abandonar; dígale a su padre que iré a tomar un vino a su casa esta tarde, y ustedes dos cuídense; aunque no lo crean ni lo vean son lo mejor que nos pasa... Se hace camino al andar.

Ellas casi no le prestan atención... se están dando un apretón de manos.

Piden un segundo café.

FIN

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