M&M
Montseny&Maeztu
Maeztu&Montseny
Mujer&Mujer
En 1933, gobernando Alcalá Zamora durante
la segunda república, María de Maeztu y Federica Montseny se conocen sólo de
oídas, dado que los círculos por donde se mueven en Madrid son diferentes.
Entre ellas existe una importante diferencia de edad, de ideología política y
de formación académica.
La escena comienza en la puerta giratoria
del Café Comercial.
Federica Montseny intenta entrar mientras
que María de Maeztu intenta salir.
A F. Montseny se le engancha la bolsa que
lleva con unos panfletos de la CNT, lo que hace que M. de Maeztu tropiece y se le
caiga la boina que lleva puesta. La puerta se atasca.
Acude en su ayuda Antonio Machado, que
desde la barra ha observado toda la escena mientras se tomaba su primer café.
Sonríe mientras desbloquea la puerta
quitando de debajo de una de las hojas la boina, motivo por el que esta no ha
seguido girando.
MACHADO: Buenos dias. ¿Qué tal se
encuentra? (Se dirige a F. Montseny).
MONTSENY: Bien, bien... Hace mucho
que no le vemos en ninguna de nuestras tertulias, precisamente...
Interrumpe Machado.
MACHADO: Ya, ¡ya! Razón no le falta,
y mira que me gustan las reuniones que organiza su padre; le respeto mucho y
nos une la República, pero a veces hay que escoger el silencio cuando las voces
gritan tanto...
MACHADO: Perdón, creo que Vds. no se conocen. (Dirigiéndose a las dos mujeres). Madrid es grande y las ideas levantan muros.
MONTSENY: No.
MAEZTU:
No.
(Casi al unísono)
Una vez liberadas de la puerta y
recompuestos sus atuendos. Machado procede a las presentaciones.
MACHADO: Le presento a la Sra.
Montseny, (dirigiéndose a M. de Maeztu) sindicalista afiliada a la CNT como
habrá observado por los panfletos que se le han caído a la entrada.
María sonríe y desvía el tema de
conversación iniciada por Machado hacia una frase trivial y educada.
MAEZTU: ¿Está embarazada? Menos mal
que no nos hemos enredado más en la puerta.
MONTSENY: Si, espero mi primer hijo; si es niña la llamaré Vida.
Interrumpe Machado.
MACHADO: Ella es la señorita Maeztu, fundadora
de la residencia de señoritas y hermana de Don Ramiro; (suspira) con él
ya no coincido en nada ni en ningún sitio; no era así en el comienzo de nuestra
generación. Ahora me llevo mucho mejor con ella, admiro mucho su labor (sonríe).
Si tienen tiempo las invito a un café, así
olvidan el enganchón; hoy en este café aún cabe una mesa para tres... la puerta
se atascó para algo... (dice pensativo).
Vuelve a sonreír mientras se dirige a uno
de los veladores de mármol blanco tan característicos del establecimiento. Las
dos mujeres le siguen.
MAEZTU: Aunque nunca habíamos
coincidido sí que he oído hablar de Vd. Sus mítines son famosos en todo Madrid
por la cantidad de gente que acude. ¿Aspira a tener un futuro en política? (dice
mientras comienza a hojear uno de los panfletos que se le han caído a Montseny
en la puerta, donde en grandes letras se lee: “Viva la revolución social”, y
que Machado ha dejado encima del velador).
MONTSENY: Claro; las mujeres tenemos
derechos, y las pobres, aunque Vd. no lo crea, también.
MAEZTU: No lo dudo, pero para eso es
importante que contemos con estudios, que estemos al nivel de los hombres que
nos quieren dirigir; eso es lo que yo pretendo...
MONTSENY (la interrumpe): O
sea, que para liderar hay que haber pasado por la Universidad... ¡cómo se nota
de qué familia procede. ¡Ah!... Y supongo que ser de derechas.
MAEZTU: ¡No! (También un poco
alterada, pero manteniendo las formas). Sólo le digo que no todo consiste
en dar grandes discursos y llenar recintos con consignas y gritos que las
mujeres repitan. Hay que formarlas como mujeres capaces de gobernar y sólo
entonces cuando lo hagan lo harán bien. Y estos gobiernos serán duraderos.
MONTSENY (que sigue exaltada):
¡Si! Ya la veo venir. Ustedes quieren educar obreras para que sean buenas y
obedientes secretarias del patrón.
MAEZTU (ahora si, elevando el tono
de voz): ¡Que no, señora! Vd. o no me escucha o no me quiere entender.
MONTSENY: Vamos, que, mujer u hombre,
sólo las clases pudientes pueden gobernar (dice mientras se echa mano a su
tripa de embarazada).
MAEZTU (ya gritando): Se
confunde nuevamente. ¿Me quiere dejar hablar?... quiero que las mujeres sean
capaces de dirigir sus vidas, que lean y lo sepan comprender ¿O es que la Revolución
tiene miedo a una mujer con estudios?
Interviene Machado en un intento de apaciguar
la situación, mientras se oye su cucharilla removiendo el café.
MACHADO: Señoras (dirigiéndose a
las dos), yo pensé al presentarlas que Vds, como mujeres inteligentes, iban
a encontrar el nexo en común, pero veo que no se están dando la oportunidad de
escucharse... ¡parecen hombres! (dice sonriente).
Ellas por primera vez se miran a los ojos
frente a frente. Callan, respiran y... Montseny interpela de forma irónica a
Maeztu.
MONTSENY: ¿Qué tal le va con la Residencia
de Señoritas? Nos quiere quitar el puesto en la búsqueda de la igualdad
(dice, con sorna pero más pausada).
MAEZTU: No seamos nosotras nuestras
propias enemigas, ya los tenemos enfrente. Debemos caminar todas unidas en
busca del futuro, seamos reformistas o revolucionarias.
MONTSENY continúa, en tono educado
pero distante: Se oye que muchas chicas quieren alojarse y estudiar allí.
MAEZTU: Si, es verdad, está siendo un
éxito; cada vez son más, rozamos las 300. (Contesta, ahora ya en tono
complacido). Muchas de ellas son las primeras mujeres de sus familias en ir
a la Universidad.
MONTSENY: He oído que es Vd. la
directora.
MAEZTU: Si, lo soy.
MONTSENY, de nuevo incisiva:
¿Cuánto cree que le debe a su hermano en todo esto?
MAEZTU (un poco más alterada):
Como le he dicho no deberíamos ser nuestras propias enemigas. A mi hermano le
debo el dolor de ver cómo quien me ayudó a dar mis primeros pasos en este mundo
de la intelectualidad y la enseñanza ahora se ha radicalizado y es capaz de
quemar los libros de los que aprendió. La Residencia se la debo a las señoritas
que acuden y creen en mi proyecto y tienen ganas de aprender y ser independientes.
Interrumpe nuebamente Machado para
apaciguar la crispación que vuelve a dejarse ver en la conversación y cambia
radicalmente el tema.
MACHADO: ¿Qué les ha traído esta
mañana al Comercial, señoras?
MONTSENY: Yo venía a repartir unos
panfletos de estos que se me han caído en la puerta y que Vd. Amablemente ha
recogido, a sabiendas de que aquí, como Vd, toman café muchos republicanos de
izquierda liberal desilusionados con el Gobierno. Y ya que me lo he encontrado
aprovecho para decirle que hay reunión en casa de mi padre esta tarde.
MAEZTU: Yo me he acercado a buscar a
mi amiga María Lejárraga, pero se ve que esta mañana no se ha dejado caer por
aquí.
Una vez que los ánimos están más
calmados.
MAEZTU (llevándose la taza de café
a la boca y en tono sosegado): Se me está ocurriendo que para conocernos
mejor y aunar fuerzas podríamos organizar un campamento al aire libre en la Casa
de Campo para chicas de cualquier espectro social. ¡Podría impartirlo yo misma!
Soy maestra desde hace muchos años y licenciada en filosofía por la Universidad
Central. Ponga Vd. el tema que piense le puede interesar a las mujeres de su
sindicato con el fin de facilitarles su integración al mundo laboral, a la
formación y a una política con futuro.
MONTSENY (nuevamente echándose
mano a la tripa y en tono conciliador): Me parece muy buena idea;
consultaré con la militancia. Pero también le digo que nosotras ya nos valemos
muy bien tal como estamos ahora.
MAEZTU: Hagámoslas libres,
promoviendo su emancipación social y económica.
MONTSENY: ¡Eh! ¡Que va ahora a
hacerme las consignas de los mítines... ¿Quién lo hubiese pensado de Vd.?
MAEZTU: La edad me ha enseñado a
conocer a las personas antes de juzgarlas. ¿Lo ve?... tan feministas la una
como la otra; dan igual nuestras ideas políticas, porque lo que nos debe
importar son las mujeres y su educación para que tengamos un futuro en igualdad.
MACHADO: Yo, señoras, las tengo que
abandonar; dígale a su padre que iré a tomar un vino a su casa esta tarde, y
ustedes dos cuídense; aunque no lo crean ni lo vean son lo mejor que nos
pasa... Se hace camino al andar.
Ellas casi no le prestan atención... se
están dando un apretón de manos.
Piden un segundo café.
FIN
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