LAS LARRA: UNA VIDA TORMENTOSA
(Otoño, sobre 1881. Baldomera Larra, tras unos años de
prisión, - fue detenida en Auteuil, Francia, en mayo de 1879, por crear una estafa
piramidal con más de 5000 estafados - gana su recurso en el T. Supremo y es
absuelta. Decide emigrar a América con sus hijos y emprender una nueva vida)
Casa de Baldomera, una casa burguesa pero no ostentosa; en la sala, llena en ese momento de baúles y maletas, irrumpe Praxeditas, la
criada, anunciándole a Baldomera la visita de Adela, hermana mayor de ésta.
Praxeditas:
- Doña Baldomera, su hermana Adela ha venido. La encuentro
muy alterada, en su estilo. Quiere verla sin falta. ¿La hago pasar?, o ¿le
pongo alguna excusa?
Baldomera:
- Hazla pasar, anda. ¿Qué afán la traerá hoy ?
Praxeditas:
- Bueno, ya sabe, ella no es como usted. Se ahoga en un vaso
de agua. ¿Le ha dicho ya…? ¿O sigue en la inopia?
Baldomera:
- Va, va, hazla entrar y no te tomes tantas confianzas.
(Entra en escena Adela; viene nerviosa y casi jadeante)
Adela:
- ¡Si me pinchan, no me sale una gota de sangre!
Baldomera:
- ¿Qué ocurre ahora, Adela? (Pregunta cargada de
paciencia)
Adela:
- Ha sido horrible, tremendamente embarazoso, hermana.
Baldomera:
- Venga, cuenta sin tantos aspavientos.
Adela:
- Esta mañana he acudido al atelier de Mme. Florence; tenía que probarme un vestido de raso que le encargué hace…
- ¡Al grano, por favor! Tengo muchas cosas que hacer. (La
interrumpe abruptamente)
Adela:
- Pues bien, al entrar me he encontrado allí con la Marquesa
de Sepúlveda y con María Dolores de Sotomayor, que estaban hablando con Mme.
Florence, y al momento han callado, provocando un silencio de lo más incómodo,
te lo aseguro. Hablaban de mí, claro.
Baldomera:
- Pero ¿sigues acudiendo a ese nido de víboras? Y la
tal Florence, se llama Florencia Retuerta, natural de la Membrilla , provincia
de Ciudad Real. Por mucho que se esfuerce en hablar con acento francés, es una cateta con aires de no sé qué.
Adela:
- Bueno, como tú digas, pero déjame que te cuente:
De repente he visto sobre la mesita, de estilo isabelino,
una preciosidad, por cierto, la primera plana del ¡Imparcial!. Con letras
enormes ponía «Vergonzosa absolución de Baldomera Larra, la estafadora de más
de cinco mil incautos que cayeron en sus redes. Hija del ilustre Mariano José
de Larra, nuestro Fígaro, que si levantase la cabeza moriría de bochorno»
Me he querido morir, que la tierra me tragase. Sin duda, de
eso hablaban cuando he entrado. ¡Qué vergüenza, por Dios! Tendríamos que darles
una lección, hermana. Acuérdate de lo que siempre decía mamá: Si te toca ser
del montón, sé del montón pero de las de arriba. Que nadie te pise.
Baldomera:
Yo no voy a demostrarle nada a esa panda de sabandijas, que
, por cierto, tienen mucho que esconder…
¡Ay, Adelita! Nuestra madre no se enteró nunca de nada. Y…¡cómo te pareces
a ella!
Adela: (En ese momento se percata de las maletas y
baúles de la habitación)
¡¿Dónde vas, te vas de viaje?! ¡Ah, entonces es cierto!. Sin
decirme nada…
Baldomera:
Sí, me marcho a Buenos Aires, mis hijos se merecen un futuro
sin maledicencias crueles por parte de esta sociedad hipócrita y despiadada. ¡Claro
que te lo iba a decir!
Adela: Gracias por el detalle. Y nada menos que a las
Américas (Pausa)
Pero Baldomera, ¿lo has pensado bien?¿Por qué vas a huir
ahora que has sido absuelta? No sabes lo que te espera en aquellas tierras,
extrañas y medio salvajes.
¿Medio salvajes? Hermanita, creo que son mucho más civilizados
que estos españoles fatuos y orgullosos que nos rodean.. Tú misma lo has
comprobado esta mañana. Y tú, si fueras lista, te vendrías también. Aquí nunca
nos quitarán el estigma que ha caído sobre nosotras. Estamos malditas desde
niñas.
Adela:
¡Qué estigma ni
maldiciones! Yo tengo aquí mi vida, mis amistades…
Baldomera:
¡¿Qué amistades?! ¡Adela, por Dios! ¿Esas que te negaron el
saludo cuando el rey de Saboya te sustituyó por aquella inglesa de piel de
porcelana y aires intelectuales? O los amigos de tu marido que te tildaron de… cortesana, cuando su majestad te puso el piso en la Castellana. No, Adela, no te engañes,
aquí no somos ni seremos más que carnaza para sus afiladas lenguas. Nuestro
pasado no es nada glorioso, digamos que tú por pensar demasiado de cintura para
abajo y yo de cintura para arriba hemos arruinado para siempre nuestra reputación
en esta burguesía que no perdona.
Adela: Chissst…habla más bajo, nos puede escuchar
Praxeditas.
Baldomera: Ja, ja. Ella conoce de sobra nuestros
avatares. Lo que te decía, Adela, hasta
nuestro hermano, que ahora triunfa en los grandes teatros, se siente incómodo
con nuestra presencia.
Adela:
Te confundes, Baldomera. Luis hasta me ha ofrecido su casa
mientras encuentro algo más económico que el piso de ahora. Nuestro hermano nos
quiere…
Baldomera:
Sí, lo más lejos posible (dice sarcástica) Seguro que
te ha pedido que mientras estés en su casa seas «discreta», ¿a que sí? No,
Adela, estoy cansada. Reconozco que me equivoqué, busqué atajos para salir de
la penosa situación en que el egoísta de mi marido me dejó cuando se fue a Cuba.
Conozco la condición humana, sé de su codicia y la aproveché. Nadie sabe de mis
noches sin dormir para ver cómo salía adelante, de mis angustias pasadas por
dar de comer a mis hijos cada día… Eso no vende titulares, ¿verdad? Aquí ya no
me aguarda nada ni nadie; está decidido, me marcho. Si te vienes estaré
encantada, pero si prefieres seguir aquí viviendo tu mentira, tú sabrás.
Adela:
Lo siento, hermana, pero no, no te puedo seguir. Me parece
todo un disparate. Yo y la incertidumbre no nos llevamos bien. Mi marido ha
vuelto a mandarme alguna carta… ¿quién sabe si algún día me perdonará?
Baldomera:
Lo dudo. No quiere perder el contacto con sus hijos y es
normal, pero de ahí a que te perdone… Esta sociedad es así, y, aunque él lo
quisiera, la presión absurda del honor y esas zarandajas no le dejaría. Pero no
quiero quitarte la ilusión… Ahora, disculpa, pero tengo que seguir con las
maletas. Partimos en apenas cinco días; Praxeditas viene conmigo y los chicos.
Adela:
¡Tu fiel sirvienta! (exclama irónica) A ella te la
llevas ya.
Baldomera:
Sí, ella no abandonó el barco como las ratas cuando la cosa
se puso fea. Cuidó de mis hijos cuando todos nos evitaban. Tengo mucho que agradecerle.
No te burles de ella, no se lo merece.
Adela:
Yo hice lo que pude. Ya sabes que mi situación, entonces,
era más que delicada.
Baldomera:
Ya , ya, no te reprocho nada. Bueno, sí, que no vinieses a visitarme
ni un día a prisión, y todo por el qué dirán.
Adela:
No seas injusta… (llorosa) ni rencorosa. Mamá ya
estaba muy enferma, yo me ocupé de ella. Le oculté tu situación, no podía
arriesgarme a que lo descubriera…
Baldomera:
Dejémoslo estar, Adela, a estas alturas no merece la pena
discutir por aquello.
Adela:
Desde luego. Pero no quisiera que te fueras con una idea
equivocada.
Baldomera:
Te he dicho que no vale la pena remover ese asunto. Tú y yo
somos muy diferentes. Yo soy más pragmática, no me engaño. Ahora mi afán es
sacar a mis hijos adelante, todo lo
demás… Y si tú fueras lista, dejarías aquí tu pasado y vendrías. Tus hijos
también se merecen un futuro mejor.
Adela:
Baldomera, por Dios, nos conocemos, no vayas a caer en otro
de esos “negocios raros” que tanto te gustan. Procura ser…
Baldomera:
¿Qué?, ¿honesta? No te atreves a decírmelo. Yo procuraré
labrarme un futuro allá, y no sufras, tendré cuidado. Y tú no te montes
castillos en el aire, ya no tenemos edad ninguna de las dos para según qué
tipos de «aventuras».
(Irrumpe en escena Praxeditas)
Praxeditas:
Perdonen, la señora Adela ¿se quedará a comer? ¿O tiene
algún compromiso? (pregunta con
cierto aire sarcástico)
Adela:
No, no me quedo. Y sí, tengo un compromiso ineludible (contesta
ella con retintín)
Praxeditas:
(Después de mirarla de arriba abajo) Muy
bien, usted misma. (y sale de escena)
Adela:
¿Lo ves?, es odiosa. No me soporta. Claro, que yo a ella
tampoco.
Bueno, hermana, démonos un
abrazo. Despidámonos como Dios manda y prométeme que me escribirás (Dice
llorosa mientras abraza estrechamente a Baldomera)
Baldomera:
Te lo prometo. Y no dudes ni un momento de que saldré
adelante. Cuídate y cambia de amistades, esas sí que no merecen la pena.
(Adela sale de escena y Baldomera va a la ventana, la
abre y aspira el aire de la mañana profundamente)
FIN
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