Título: La
puerta
Personajes:
Niño, Paula y Pedro
Una joven va camino de la calle desde el portal de su
casa, se detiene al oír un extraño sonido en el sótano. Baja a comprobar de
donde sale y se encuentra con una puerta que no había visto
antes. La abre, está oscuro, no ve a nadie, pero oye la voz de un
niño que grita.
Niño: ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, ayúdeme!
Estoy buscando a mi madre y no la encuentro.
Paula: ¿Dónde la estás buscando?
Niño: Ha salido por esta puerta. No me atrevo a ir
solo. ¿Me puede acompañar?
Paula: ¿Pero a dónde da esa puerta?
Niño: Va a la calle.
Paula: ¿Y tú dónde estás? ¡No te veo!
Niño: Yo estoy casi saliendo. Esto es muy estrecho,
no cabemos los dos.
Paula: Vale, vamos a buscarla, espérame, voy para
allá (avanza despacio) tienes razón, esto es estrechísimo.
Cuando Paula sale a la calle no ve a ningún niño, solo
hay un señor mayor de unos 70 años. Mira a su alrededor y no reconoce el lugar.
Todo está cambiado.
Paula: (se dirige al señor): Buenas,
disculpe ¿ha visto al niño que acaba de salir de aquí? ¿Qué es esto? ¿Qué ha
pasado con las tiendas?
Pedro: ¿Qué tiendas, señora? aquí no hay tiendas.
Paula: (mirando muy confusa por todas partes):
¿Cómo que no?; en esta calle hay un montón de ellas, o por lo menos (dudando
y mirando alrededor) ayer había muchas.
Pedro: Pero señora, está usted hablando de principios
de siglo. Las tiendas ya no existen. Todo se compra on line, ¿no ve los drones?
Paula: ¡Hala! ¿Pero eso que es? ¿A dónde van todos
esos avioncitos?
Pedro: ¿Pero usted de dónde sale? Llevan los pedidos
que hace la gente. Los depositan en los centros receptores y en las
azoteas.
Paula (sorprendida y alarmada): ¡Mire! ¡Hay
montones de autobuses que se mueven sin conductor y con mucha gente dentro! ¡Se
van a matar…!
Pedro (riéndose): Jajajaja; todos los
vehículos circulan solos, los trenes, los barcos, los aviones y hasta las
motos.
Paula: Pero ¿por qué sólo hay ancianos en la calle?
Pedro: Bueno, bueno; ancianos es una palabra muy
exagerada. Dejémoslo en mayores de 70. Veo que se le ha olvidado que como somos
demasiados habitantes hay que hacer turnos para salir. Nosotros disponemos
de 5 horas diarias, que no está mal. Y esté muy atenta a los horarios, no vaya
a salir a deshora y se encuentre con algún joven, que ya sabe que nos odian y
son muy agresivos.
Paula: ¡Yo soy joven y no odio a nadie!.
Pedro: Jejejeje; hombre, ya sabemos que
nuestra esperanza de vida es de 160 años, pero joven, joven no es, ¿ehhhhh?
Paula: ¡¡¡Sólo tengo 18!!!
Pedro: Jijijijiji; qué graciosa es
usted. Hacía mucho que no me reía tanto. Le recomiendo que acuda al
Centro de ajuste. No es normal que en estos tiempos alguien pierda
la memoria, pero igual se le ha desajustado algo en el cerebro.
Paula comienza a pellizcarse en la cara y en los brazos
con inquietud.
Pedro: Señora; ¿qué hace?
Paula: ¡¡¡Por favor, no me llame señora!!! Intento
despertarme de esta pesadilla.
Paula (continúa asombrada mirando alrededor):
¿Y por qué todos van con animales?
Pedro: ¿Es que usted no tiene mascota?; todos tenemos
alguna; yo tengo un loro con el que converso mucho. Otros tienen perros, gatos,
conejos, hurones, peces…
Paula: ¿Y cuándo salen los jóvenes?; tendrán que ir a
trabajar en algún momento.
Pedro: ¿En qué mundo vive? Nadie trabaja ya. Todo lo
hace la inteligencia artificial. Quedan solo oficios desagradables,
como los cuidadores de enfermos y los poceros, aunque poco a poco los robots y
los animales los van sustituyendo. Están experimentando un sistema para
comunicarse con los perros, así podremos hablar con ellos. ¡Es fascinante!
Pronto lo conseguirán, va a ser magnífico. Estoy deseando que llegue el
momento.
Paula: Y si nadie trabaja ¿de qué viven, de dónde
sacan el dinero?
Pedro: Mujer, ¿no sabe que el dinero no existe? Los
bancos nos asignan una cantidad diaria para que podamos gastar. A
los mayores nos dan más que a los jóvenes y disfrutamos de más tiempo para
salir. Por eso nos odian tanto.
Paula: ¿Pero qué clase de gobernantes hay?
Pedro: ¿Qué pregunta es esa?; ha quedado demostrado a
lo largo de la historia que nosotros no tenemos capacidad para gobernar. La
ambición y la codicia inherentes al ser humano provocan siempre corrupción. Se
están intentando eliminar genéticamente esas deficiencias, ya falta menos. Ahora
nos gobierna la Inteligencia Artificial.
Paula: ¿La Inteligencia Artificial? ¡Si se puede
desconectar en cualquier momento!
Pedro: La propia IA ha generado un sistema de autocarga
automática. Es imposible desconectarla.
Paula: Esto es de locos; ¿dónde está la cámara
oculta?
Pedro: ¿Oculta? No hay ninguna cámara oculta, todas
están a la vista; ¿no las ve? Están por todas partes.
Paula: ¿Y los niños a qué hora pueden salir?
Pedro: ¿Me está usted tomando el pelo? ¿No sabe que
los niños viven internos en escuelas desde que nacen hasta los 23
años? Sus profesores y cuidadores son robots y así se consigue una
educación y aprendizaje homogéneos evitando cualquier tipo de intrusismo.
Paula: ¿No salen de allí, nunca les ven?
Pedro: Oh si, al año tenemos dos fiestas nacionales
que duran tres semanas y los niños desfilan en procesiones. Así
podemos verlos. ¡Es una fiesta maravillosa! ¿Usted nunca ha estado?
Incluso a algunos privilegiados les permiten pasar ratos jugando con ellos. Eso
es lo mejor de la fiesta. Hay un sorteo anual para conseguirlo.
Paula: ¿Y sus padres?
Pedro: ¿Qué padres? No hay padres. Menos mal que se
detectó a tiempo la fuerte crisis de infertilidad que invadió la tierra y así
pudieron congelarse millones de embriones, aunque cada día se fabrican menos
porque apenas se necesita mano de obra. La gestación se hace en los
laboratorios para acabar con anomalías y enfermedades genéticas como, el
alzhéimer que parece que sufre usted.
Paula se vuelve a pellizcar.
Pedro: ¡Señora, que no está soñando! Esto es la vida
real.
Paula: Pero yo antes he oido a un niño. Ha salido por
esta puerta, le ha tenido que ver usted. ¿Sabe donde ha ido?
Pedro (sonríe con malicia): Claro (pausa),
ese niño soy yo.
Paula: Lo que me faltaba por oir. Eso es imposible.
Usted es un viejo.
Pedro: Menos viejo que usted.
Paula: ¿Qué dice? ¡Yo tengo 18 años!
Pedro: Y yo 10.
Pedro saca un espejo y se lo pone a Paula delante. Ella,
al reflejarse, ve a una anciana. Da un grito de horror.
Pedro (sonriendo): Estamos en el año
2086. Han pasado 60 desde que has rebasado la puerta. Por ahí solo cabe una
persona. Lo siento, si quieres volver a tus dieciocho, tendrás que
buscar un sustituto que pase a este lado. Yo ya lo he encontrado. ¡¡¡Buena
suerte!!!
Pedro entra rápidamente y cierra la puerta tras él.
Detrás se oye la voz del niño que le grita desde el otro lado.
Niño: ¡¡Vuelvo con mi madre!! Gracias.
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