sábado, 7 de marzo de 2026

LA PUERTA, por Carmen

 

Título: La puerta




Personajes:

Niño, Paula y Pedro

 

Una joven va camino de la calle desde el portal de su casa, se detiene al oír un extraño sonido en el sótano. Baja a comprobar de donde sale y se encuentra con una puerta que no había visto antes.  La abre, está oscuro, no ve a nadie, pero oye la voz de un niño que grita.

Niño: ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? ¡Por favor, ayúdeme! Estoy buscando a mi madre y no la encuentro.

Paula: ¿Dónde la estás buscando?

Niño: Ha salido por esta puerta. No me atrevo a ir solo.  ¿Me puede acompañar?

Paula: ¿Pero a dónde da esa puerta?

Niño: Va a la calle.

Paula: ¿Y tú dónde estás? ¡No te veo!

Niño: Yo estoy casi saliendo. Esto es muy estrecho, no cabemos los dos.

Paula: Vale, vamos a buscarla, espérame, voy para allá (avanza despacio) tienes razón, esto es estrechísimo.

Cuando Paula sale a la calle no ve a ningún niño, solo hay un señor mayor de unos 70 años. Mira a su alrededor y no reconoce el lugar. Todo está cambiado.  

Paula: (se dirige al señor): Buenas, disculpe ¿ha visto al niño que acaba de salir de aquí? ¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado con las tiendas?

Pedro: ¿Qué tiendas, señora? aquí no hay tiendas.

Paula: (mirando muy confusa por todas partes): ¿Cómo que no?; en esta calle hay un montón de ellas, o por lo menos (dudando y mirando alrededor) ayer había muchas.  

Pedro: Pero señora, está usted hablando de principios de siglo. Las tiendas ya no existen. Todo se compra on line, ¿no ve los drones?

Paula: ¡Hala! ¿Pero eso que es? ¿A dónde van todos esos avioncitos?

Pedro: ¿Pero usted de dónde sale? Llevan los pedidos que hace la gente.  Los depositan en los centros receptores y en las azoteas.

Paula (sorprendida y alarmada): ¡Mire! ¡Hay montones de autobuses que se mueven sin conductor y con mucha gente dentro! ¡Se van a matar…!

Pedro (riéndose): Jajajaja; todos los vehículos circulan solos, los trenes, los barcos, los aviones y hasta las motos.

Paula: Pero ¿por qué sólo hay ancianos en la calle?

Pedro: Bueno, bueno; ancianos es una palabra muy exagerada. Dejémoslo en mayores de 70. Veo que se le ha olvidado que como somos demasiados habitantes hay que hacer turnos para salir. Nosotros disponemos de 5 horas diarias, que no está mal. Y esté muy atenta a los horarios, no vaya a salir a deshora y se encuentre con algún joven, que ya sabe que nos odian y son muy agresivos.

Paula: ¡Yo soy joven y no odio a nadie!.

Pedro:  Jejejeje; hombre, ya sabemos que nuestra esperanza de vida es de 160 años, pero joven, joven no es, ¿ehhhhh?

Paula: ¡¡¡Sólo tengo 18!!!

Pedro: Jijijijiji; qué graciosa es usted.  Hacía mucho que no me reía tanto. Le recomiendo que acuda al Centro de ajuste.  No es normal que en estos tiempos alguien pierda la memoria, pero igual se le ha desajustado algo en el cerebro.

Paula comienza a pellizcarse en la cara y en los brazos con inquietud.

Pedro: Señora; ¿qué hace?

Paula: ¡¡¡Por favor, no me llame señora!!! Intento despertarme de esta pesadilla.

Paula (continúa asombrada mirando alrededor): ¿Y por qué todos van con animales?

Pedro: ¿Es que usted no tiene mascota?; todos tenemos alguna; yo tengo un loro con el que converso mucho. Otros tienen perros, gatos, conejos, hurones, peces…

Paula: ¿Y cuándo salen los jóvenes?; tendrán que ir a trabajar en algún momento.

Pedro: ¿En qué mundo vive? Nadie trabaja ya. Todo lo hace la inteligencia artificial.  Quedan solo oficios desagradables, como los cuidadores de enfermos y los poceros, aunque poco a poco los robots y los animales los van sustituyendo. Están experimentando un sistema para comunicarse con los perros, así podremos hablar con ellos. ¡Es fascinante! Pronto lo conseguirán, va a ser magnífico. Estoy deseando que llegue el momento.

Paula: Y si nadie trabaja ¿de qué viven, de dónde sacan el dinero?

Pedro: Mujer, ¿no sabe que el dinero no existe? Los bancos nos asignan una cantidad diaria para que podamos gastar.  A los mayores nos dan más que a los jóvenes y disfrutamos de más tiempo para salir.  Por eso nos odian tanto.

Paula: ¿Pero qué clase de gobernantes hay?

Pedro: ¿Qué pregunta es esa?; ha quedado demostrado a lo largo de la historia que nosotros no tenemos capacidad para gobernar. La ambición y la codicia inherentes al ser humano provocan siempre corrupción. Se están intentando eliminar genéticamente esas deficiencias, ya falta menos. Ahora nos gobierna la Inteligencia Artificial.

Paula: ¿La Inteligencia Artificial? ¡Si se puede desconectar en cualquier momento!

Pedro: La propia IA ha generado un sistema de autocarga automática.  Es imposible desconectarla.

Paula: Esto es de locos; ¿dónde está la cámara oculta?

Pedro: ¿Oculta? No hay ninguna cámara oculta, todas están a la vista; ¿no las ve? Están por todas partes.

Paula: ¿Y los niños a qué hora pueden salir?

Pedro: ¿Me está usted tomando el pelo? ¿No sabe que los niños viven internos en escuelas desde que nacen hasta los 23 años?  Sus profesores y cuidadores son robots y así se consigue una educación y aprendizaje homogéneos evitando cualquier tipo de intrusismo.

Paula: ¿No salen de allí, nunca les ven?

Pedro: Oh si, al año tenemos dos fiestas nacionales que duran tres semanas y los niños desfilan en procesiones.  Así podemos verlos.  ¡Es una fiesta maravillosa! ¿Usted nunca ha estado? Incluso a algunos privilegiados les permiten pasar ratos jugando con ellos. Eso es lo mejor de la fiesta. Hay un sorteo anual para conseguirlo.

Paula: ¿Y sus padres?

Pedro: ¿Qué padres? No hay padres. Menos mal que se detectó a tiempo la fuerte crisis de infertilidad que invadió la tierra y así pudieron congelarse millones de embriones, aunque cada día se fabrican menos porque apenas se necesita mano de obra. La gestación se hace en los laboratorios para acabar con anomalías y enfermedades genéticas como, el alzhéimer que parece que sufre usted.

Paula se vuelve a pellizcar.

Pedro: ¡Señora, que no está soñando! Esto es la vida real.

Paula: Pero yo antes he oido a un niño. Ha salido por esta puerta, le ha tenido que ver usted. ¿Sabe donde ha ido?

Pedro (sonríe con malicia): Claro (pausa), ese niño soy yo.

Paula: Lo que me faltaba por oir. Eso es imposible. Usted es un viejo.

Pedro: Menos viejo que usted.

Paula: ¿Qué dice? ¡Yo tengo 18 años!

Pedro: Y yo 10.

Pedro saca un espejo y se lo pone a Paula delante. Ella, al reflejarse, ve a una anciana. Da un grito de horror.

Pedro (sonriendo): Estamos en el año 2086. Han pasado 60 desde que has rebasado la puerta. Por ahí solo cabe una persona.  Lo siento, si quieres volver a tus dieciocho, tendrás que buscar un sustituto que pase a este lado. Yo ya lo he encontrado. ¡¡¡Buena suerte!!!

Pedro entra rápidamente y cierra la puerta tras él. Detrás se oye la voz del niño que le grita desde el otro lado.

Niño: ¡¡Vuelvo con mi madre!! Gracias.

 


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