El Capricho del tiempo
El parque de El Capricho (siglo XVIII), localizado en el distrito de Barajas, en Madrid, fue una idea de la duquesa de Osuna, doña María Josefa Alfonso Pimentel, mujer culta y afrancesada. Fue una de las jóvenes aristócratas más adineradas del Madrid ilustrado de finales del siglo XVIII. La noble estaba considerada en su época como la mujer más inteligente y fue protectora de artistas, toreros e intelectuales. A tal efecto, la aristócrata contrató a uno de los principales arquitectos franceses, Jean Baptiste Mulot, para que creara en ella un bello jardín. La obra quedó terminada en 1839. Tras la muerte de los duques pasó por diversas manos y sirvió para diversos usos, como cuartel de tropas napoleónicas, o del alto Estado Mayor del general Miaja durante su defensa de Madrid, en plena Guerra Civil, para ello se desarrolla un entramado de búnkers que recorre el jardín. Es justo en esta época donde se desarrolla la acción dramática.
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Una noche fría de abril un teniente y un soldado republicanos que custodiaban la entrada del búnker, cercano al Palacio de los Duques de Osuna, son reemplazados y buscan refugio de la lluvia y el frío en el interior del mismo, situado a escasos metros de la entrada del Búnker donde estaba reunida la plana mayor del Ejército Republicano a salvo de los bombardeos fascistas.
Los dos soldados recorren el palacio con curiosidad y se meten en una habitación donde encuentran un cuadro que representa un ritual de aquelarre, presidido por el gran macho cabrío, una de las formas que toma el demonio, en el centro. Los dos soldados se quedan atónitos ante el cuadro y entran en la habitación portando una linterna portátil e iluminando el cuadro que adquirió un aspecto fantasmal.
Soldado 1 (señalando el cuadro): ¡qué cuadro más siniestro! ¿Qué representará?
Teniente: parece un macho cabrío rodeado de mujeres jóvenes y mayores al que le ofrecen niños. Vayámonos de aquí. Bajemos a las cocinas a ver si hay algo de comer.
(De pronto aparece un jardinero, al que se le ve mayor, provocando un gran susto entre los soldados)
Jardinero: representa un ritual de aquelarre, presidido por el gran macho cabrío, una de las formas que toma el demonio, a su alrededor aparecen brujas ancianas y jóvenes que le dan niños con los que, según la superstición de la época, se alimentaba. En el cielo, de noche, brilla la luna y se ven animales nocturnos volando (que podrían ser murciélagos). Este cuadro se le atribuye a Goya, que pasaba grandes temporadas en la finca, de hecho se albergaba en la casa que hay junto a la entrada.
(Los dos soldados se le quedan mirando atónitos)
Teniente: ¡Qué susto nos ha dado! ¿Usted quién es?
Jardinero: Soy el encargado de conservar los jardines, llevo aquí trabajando toda la vida, de hecho nací aquí hace mucho, mucho tiempo, en una casa que está junto a la entrada de la finca.
Teniente: Hemos entrado a protegernos del viento y la lluvia y al pasar por aquí nos ha sorprendido el cuadro y…
Jardinero: Este cuadro fue encargado por la Duquesa de Osuna a Goya junto con otros para conjurar el mal de ojo que sufrían sus hijos.
Teniente: ¿Y en qué consistió el mal de ojo?
Jardinero: Era como una maldición, la Duquesa tuvo durante su matrimonio al menos nueve hijos, cuatro de los cuales fallecieron en la infancia, los primeros, y debido a ésto, no tuvo más remedio que ahuyentar el mal de ojo que creía que sufrían los Duques, para ello tenía que realizar un ritual de limpieza energética que buscaba proteger a la familia de la energía negativa con la que habían sido hechizados.
Soldado: ¿Y el cuadro qué tiene que ver con el conjuro?
(Aparece un ermitaño con largas barbas y ropa raída)
Ermitaño: se necesitaba realizar un conjuro para invocar fuerzas sobrenaturales y así alejar el mal, y para realizar el conjuro se necesitaba una representación del mal.
Jardinero: y para invocar a esas fuerzas ocultas era necesario el cuadro.
(El oficial y el soldado se quedan aterrorizados ante la aparición del ermitaño)
Teniente (dirigiéndose al ermitaño): ¿y usted quién es?
Jardinero: es un fraile que vive en la pequeña ermita situada junto al riachuelo. No se preocupen por nosotros que ya nos vamos, no pertenecemos a este tiempo.
Soldado (muerto de miedo): ¿qué?
Ermitaño: descubrimos que podemos viajar en el tiempo, ya que en este mismo espacio coexisten varias realidades que pueden existir en superposición y sólo tenemos que viajar por ellas.
Oficial: ¿quieren decir que pueden volver al pasado y viajar al futuro?
Ermitaño: Sí. Ahora nos iremos al embarcadero que está al final de la ría y remando hacia el casino de baile haremos un viaje en el tiempo y con un poco de suerte llegaremos al nacimiento de la nueva hija de los duques de Osuna…
Y así desaparecen el Ermitaño y el jardinero, quedando los dos soldados quietos y atónitos.
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