jueves, 15 de enero de 2026

LA BUENA HIJA, por Pilar Mas

 

La sombra habla a través de otro

(Desdoblamiento dramático)

 

LA BUENA HIJA

Isabel una mujer de unos cuarenta años, está sentada en la sala de su casa, tiene un libro en las manos, pero se la ve cansada y ojerosa.

Madre: —(Solo se oye su voz, no está en escena) ¡Isabel, Isabel! ¿Qué haces? ¿Cómo puedes tratar así a tu pobre madre?

Isabel: —(Isabel cierra el libro resignada) ¿Qué quieres ahora, mamá?

Madre:— Que me atiendas y no holgazanees por la casa. ¿No ves que estoy en un ay? Y encima aquí sola, como un perro abandonado.

Isabel:— Pero mamá, te he dado el calmante hace diez minutos. Tienes que dejar que actúe, ten un poco de paciencia. Estoy intentando descansar un poco. La noche ha sido muy larga…

Madre: — Igual te piensas que lo hago por gusto. No tienes ni idea de cuánto me dolía (termina diciendo algo llorosa). Solo le pido a Dios que no te de a ti este sufrimiento con el que me castiga cada minuto del día.

Isabel:— Mamá, por favor, intenta dormir. Tengo que preparar la comida y recoger un poco la casa. Duerme, verás cómo te mejoras enseguida con las gotas.

Madre:— Esas gotas me aturden mucho, deben de ser muy fuertes.(Dice la madre con la voz algo pastosa y embotada)

Isabel:— Sí, son fuertes, pero dijo el médico que es lo único que te quitará el dolor durante unas horas. Así que aprovecha y descansa, por favor. Yo también estoy exhausta, mamá.

Madre:— La señorita está exhausta, la señorita está harta de su madre.

Isabel: — No, la señorita está agotada, porque no ha dormido ni una hora seguida desde hace meses.

Madre:— ¿Me lo reprochas? ¿Sabes los días que estuve yo al pie de tu cama cuando tuviste la tosferina?

Isabel:— Sí, mamá, cinco días con sus cinco noches , porque me ahogaba. Me lo has contado cien veces. Nosotras llevamos así ya dos años, y no me pesa; lo único que me apena es que no lo reconozcas, que nunca me agradezcas…

Madre:— ¡Sigue, sigue, no te cortes! Muestra tu verdadera cara, todo sería más fácil si yo no estuviera, ¿a que sí? Saldrías con tus amigas, irías al cine…solo me ves como un estorbo.

Isabel:—¡Eso no es verdad! ¿por qué te gusta mortificarme?

Madre: —¿Sabes qué puedes hacer? Dame una buena dosis de las dichosas gotas la próxima vez, y muerto el perro se acabó la rabia.(Dice la madre, ya como si estuviera borracha)

Isabel:—(Isabel saca el frasco de gotas, que guarda en el bolsillo, y se queda mirándolo fijamente, absorta ) No digas disparates, mamá. Ahora duerme un poco, te lo suplico.

(La madre ya no contesta. Isabel se levanta y vuelve a mirar el frasco fijamente. Solloza.)

La escena se va a oscuro


1 comentario:

  1. Pilar , se me ha encogido el corazón. El giro final muestra perfectamente la sombra de Isabel. Es de un realismo que asusta....

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