La sombra habla a través de otro
(Desdoblamiento dramático)
LA BUENA
HIJA
Isabel
una mujer de unos cuarenta años, está sentada en la sala de su casa, tiene un
libro en las manos, pero se la ve cansada y ojerosa.
Madre: —(Solo
se oye su voz, no está en escena) ¡Isabel, Isabel! ¿Qué haces? ¿Cómo puedes
tratar así a tu pobre madre?
Isabel: —(Isabel
cierra el libro resignada) ¿Qué quieres ahora, mamá?
Madre:— Que
me atiendas y no holgazanees por la casa. ¿No ves que estoy en un ay? Y encima
aquí sola, como un perro abandonado.
Isabel:—
Pero mamá, te he dado el calmante hace diez minutos. Tienes que dejar que
actúe, ten un poco de paciencia. Estoy intentando descansar un poco. La noche
ha sido muy larga…
Madre: —
Igual te piensas que lo hago por gusto. No tienes ni idea de cuánto me dolía (termina
diciendo algo llorosa). Solo le pido a Dios que no te de a ti este
sufrimiento con el que me castiga cada minuto del día.
Isabel:—
Mamá, por favor, intenta dormir. Tengo que preparar la comida y recoger un poco
la casa. Duerme, verás cómo te mejoras enseguida con las gotas.
Madre:— Esas
gotas me aturden mucho, deben de ser muy fuertes.(Dice la madre con la voz
algo pastosa y embotada)
Isabel:— Sí,
son fuertes, pero dijo el médico que es lo único que te quitará el dolor
durante unas horas. Así que aprovecha y descansa, por favor. Yo también estoy
exhausta, mamá.
Madre:— La
señorita está exhausta, la señorita está harta de su madre.
Isabel: —
No, la señorita está agotada, porque no ha dormido ni una hora seguida desde
hace meses.
Madre:— ¿Me
lo reprochas? ¿Sabes los días que estuve yo al pie de tu cama cuando tuviste la
tosferina?
Isabel:— Sí,
mamá, cinco días con sus cinco noches , porque me ahogaba. Me lo has contado
cien veces. Nosotras llevamos así ya dos años, y no me pesa; lo único que me
apena es que no lo reconozcas, que nunca me agradezcas…
Madre:—
¡Sigue, sigue, no te cortes! Muestra tu verdadera cara, todo sería más fácil si
yo no estuviera, ¿a que sí? Saldrías con tus amigas, irías al cine…solo me ves
como un estorbo.
Isabel:—¡Eso
no es verdad! ¿por qué te gusta mortificarme?
Madre:
—¿Sabes qué puedes hacer? Dame una buena dosis de las dichosas gotas la próxima
vez, y muerto el perro se acabó la rabia.(Dice la madre, ya como si
estuviera borracha)
Isabel:—(Isabel
saca el frasco de gotas, que guarda en el bolsillo, y se queda mirándolo
fijamente, absorta ) No digas disparates, mamá. Ahora duerme un poco, te lo
suplico.
(La madre
ya no contesta. Isabel se levanta y vuelve a mirar el frasco fijamente.
Solloza.)
La escena
se va a oscuro
Pilar , se me ha encogido el corazón. El giro final muestra perfectamente la sombra de Isabel. Es de un realismo que asusta....
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