viernes, 31 de octubre de 2025

MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA - Por José María Gómez

 


Madrileñas ilustres

MARÍA DE LA O LEJÁRRAGA


GREGORIO Y YO              (Microteatro)

 

Estamos en 1964 en Buenos Aires. María tiene noventa años y recibe a una periodista en su domicilio. María está sentada en un sillón de orejas ubicado al lado de una mesa camilla, adormilada. Encima de la mesa camilla, una foto muy grande de Eva Perón, en la que se observa una dedicatoria. Por detrás del sillón de orejas cuelga en la pared una fotografía ampliada de Gregorio Martínez Sierra, y a su derecha un calendario con el escudo del Boca Juniors y una fecha: 1964. Se abre la puerta de la izquierda del escenario y entra una chica joven con un bolso, que según entra se vuelve hacia alguien que está fuera de la habitación y dice:

ANGELA: Gracias. No, no la despierto, la dejo dormir.

 

Cierra la puerta con cuidado, entra y se sienta en una silla que hay cerca del orejero, mirando hacia María. Abre el bolso, saca un aparato grabador de sonido y lo pone en marcha. Cuando coge un cenicero que hay sobre la mesa para colocar la grabadora encima de él, mirando hacia María, hace un ligero ruido que despierta a María, que abre los ojos, la ve y dice:

MARIA: Buenas tardes. ¿Quién es usted?

ANGELA: Buenas tardes, doña María. Me llamo Angela Ortiz. Soy periodista. Hablé ayer con usted.

MARIA: ¡Ah, sí, ya me acuerdo! Me he quedado traspuesta, perdone.

ANGELA: Nada, nada, no tengo prisa.

 

María se endereza en el orejero, mira la grabadora y dice:

MARIA: Pues pregunte usted... O si no, mejor me presento yo. Me llamo María de la O Lejárraga, tengo noventa años y soy escritora.

 

Angela dice:

ANGELA: Gracias, doña María. ¿Y qué escribe usted?

MARIA: ¡De todo! Teatro, mucho teatro, pero también cuentos, y novelas, y libros sobre la liberación de la mujer y artículos de prensa. ¡Y escribí el libreto de “El amor brujo”, una ópera de Manuel de Falla!

 

Suena la música de “El amor brujo”, y María se queda escuchando. Luego canta. De vez en cuando da una palmada, con ademanes de persona muy mayor, pero alegremente:

MARIA: La luna es un pozo chico, las flores no valen nada, lo que vale son tus brazos cuando de noche me abrazan.

 

Se echa a llorar calmadamente.

ANGELA: ¿Está usted bien?

MARIA: Si, si, claro que sí. Es que Manuel me quería mucho, y me acuerdo mucho de él.

ANGELA: ¿Manuel de Falla?

MARIA: Si, ese. Pobrecito, nunca le di a probar nada... Le llevé a Granada, y se enamoró de Granada. Pero nunca le di nada...

ANGELA: ¿Nada de qué?

MARIA: De nada. Deja, deja, son cosas mías. – Tras una pausa, continúa – En aquella época yo conocía a muchísima gente del mundo intelectual, y trabajé con muchos de ellos. Recuerdo a Turina, y a Jacinto... Jacinto Benavente, quiero decir. En casa de Juan Ramón Jiménez fundamos una revista y allí publicaban Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado, Jacinto, los hermanos Quintero... Y luego trabajé con Eduardo Marquina, con Carlos Arniches, con Joaquín Turina... con Turina hice un drama lírico que se llamaba “Margot”... muchísima gente. En aquella época éramos muy conocidos Gregorio y yo.

 

Angela vuelve a preguntar:

ANGELA: Doña María, usted ha escrito un libro, “Una mujer por caminos de España”.

MARIA: Si. Unas memorias, hace ya más de diez años. Después escribí otras memorias de mi vida con mi marido, Gregorio Martínez Sierra, que se llaman “Gregorio y yo”.

ANGELA: Si, también lo he leído. Pero no dice usted en sus memorias por qué escribía usted obras a las que les ponía el nombre de su marido.

MARIA: No, no lo digo.

ANGELA: Entonces, doña María, yo también tengo que hacerle la pregunta que siempre le hacen a usted: ¿por qué escribía usted con el nombre de su marido?

MARIA: Bueno, no siempre. Tengo muchas cosas publicadas con mi nombre, María de la O Lejárraga.

ANGELA: Si, lo sé, y muchas otras como María Martínez Sierra.

MARIA: Si, eso es. Y otras con el nombre de Gregorio. Y otras las firmábamos los dos a la vez. De todo.

ANGELA: Pero ¿por qué? No lo explica usted.

MARIA: A lo mejor es que no lo quiero explicar – dice María con una amplia sonrisa – No, mire, le digo: al principio escribíamos los dos, muchas obras de teatro las hicimos entre los dos. Luego Gregorio tenía que llevar el teatro, porque habíamos comprado entre los dos el Teatro Lara, y Gregorio tenía mucho trabajo y poco tiempo, así que algunas obras las hice yo sola mientras él trabajaba. Y luego creamos una compañía de teatro. Y Gregorio tenía que ir todos los días al teatro a controlar al director, y a los actores, y a los empleados, y al público. Y con la compañía de teatro y las giras internacionales y los contratos y los viajes había muchísimo que hacer.  Nos repartíamos el trabajo.

ANGELA: Pero eso era perder usted los derechos sobre su obra.

MARIA: No, ¡qué va! Gregorio incluso lo firmó en un papel que eran obras mías. Porque la niña, Katia, quería cobrar los derechos, que eran míos, y le puse un pleito. Pero lo perdí, porque era un documento privado, que no valía para una herencia.

ANGELA: Y entonces, ¿qué pasó con Gregorio?

MARIA: No, eso fue cuando Gregorio ya se había muerto, por eso la niña quería cobrar ella los derechos. Gregorio se murió muy pronto, en el 47.

ANGELA: Pero ustedes se seguían llevando bien.

MARIA: Claro, toda la vida. Yo le quería mucho. Siempre le quise mucho, desde que nos casamos cuando yo tenía veintiséis años y Gregorio diecinueve. ¡Diecinueve años, hija mía! Casi se lo arranqué a la madre de los brazos...

ANGELA: Pero se querían ustedes.

MARIA: ¡Claro, claro! Por eso nos casamos.

ANGELA: Y luego él la abandonó a usted...

MARIA: Si, se fue con Catalina. Catalina era una actriz extraordinaria. Éramos los tres muy amigos. Gregorio y yo la queríamos mucho, era muy mona y muy dulce y también nos quería. Hizo muchísimas obras nuestras. Y entre los tres montamos el Teatro del Arte, hicimos muchas giras por Europa y América y nos fue muy bien.

ANGELA: Pero... usted ¿cómo se lo tomó?

MARIA: ¿Que se juntaran? Bien, bien. Eran más jóvenes que yo y se querían mucho, y querían tener hijos... y tuvieron una hija, una niña, Katia. Catalina se divorció de su anterior marido, porque cuando la conocimos estaba casada, pero Gregorio no se divorció de mí. Seguimos casados hasta que se murió... Los tres nos queríamos mucho.

ANGELA: Ya... A ver, doña María, es que no acabo de entender... ¿se querían los tres?

MARIA: Eso es. No hay nada que entender. Nos queríamos los tres y trabajamos juntos muchas veces y nunca nos peleamos por nada.

 

Angela se queda callada unos instantes, pensando, y vuelve:

ANGELA: Pero entonces, ¿por qué escribía usted con el nombre de Gregorio?

MARIA: Ya te lo he dicho, hija, nos queríamos los tres.

ANGELA: ¡Pero es que no me aclara usted nada! – dice Angela, broncamente.

 

María se ríe abiertamente dándose palmadas en los muslos. Luego coge la mano de Angela entre las dos suyas, se inclina hacia ella y dice:

MARIA: A lo mejor es que estás intentando que diga algo que yo no quiero decir, niña.

ANGELA: No entiendo...

MARIA: Pues mira... Seguramente tú, antes de venir, ya tenías redactado el titular de la entrevista, o el título de la novela que quieres escribir sobre mí, pero resulta que ese título o ese titular no te van a valer. – Y vuelve a reírse abiertamente - A ver cómo te lo explico... – echándose hacia atrás en la butaca – Yo he escrito con mi nombre siempre que he querido. En 1899 ya publiqué una novela, “Cuentos breves”, y me costó mucho publicarla, como le cuesta mucho a todo el mundo publicar su primera novela. Pero yo lo hice, con veinticinco años y antes de casarme con Gregorio. Ese mismo libro luego lo he vuelto a publicar con el nombre de Gregorio – dice, tras una larga pausa - Y después he publicado mil cosas como María Lejárraga, y otras mil como María Martínez Sierra, y otras mil como Gregorio Martínez Sierra, y mil más con los nombres de los dos. Lo que me ha ido pareciendo.

 

Angela se queda callada con la cabeza baja y María sigue mirándola con una sonrisa muy abierta. De pronto, vuelve a sonar El amor brujo, y María vuelve a cantar, balanceándose en la butaca:

MARIA: Lo mismo que el fuego fatuo, lo mismito es el querer.

 

Se vuelve hacia Angela y le dice, con mucha alegría:

MARIA: La letra la escribí yo, y luego Manuel le puso una música preciosa. – Vuelve a cantar, levantando las manos como si bailara - Le huyes y te persigue, le llamas y echa a correr. ¡Lo mismo que el fuego fatuo, lo mismito es el querer!

 

Angela vuelve a suspirar hondamente, se repone y continúa cansinamente, como abandonando su anterior intento:

ANGELA: Hábleme usted de su paso por la política, doña María.

MARIA: Mi paso por la política... fue muy corto. Yo había estudiado en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, que era una institución antecesora de la Institución “Libre de Enseñanza”. Eso era hacia 1890. En aquella época el socialismo estaba naciendo y a mí me gustaron sus ideales, y luego estuve en Bélgica y conocí las Casas del Pueblo de allí, hacia 1905, ya con treinta años y las ideas muy claras. Y lo que me atrajo sobre todo fue la idea de la liberación de la mujer de los asuntos domésticos, además de disminuir las diferencias entre las clases sociales. Y me dediqué a escribir sobre esos asuntos y he estado toda la vida escribiendo sobre ellos.

ANGELA: He leído algo. Sus Cartas a las mujeres de España siguen siendo un referente obligado.

MARIA: Muchas gracias, niña. Pues en esos temas seguí y luego me apunté al PSOE y me eligieron diputada en 1933, y en el 36 me mandaron a Berna como agregado de la Embajada, y allí me pilló la Guerra Civil.

ANGELA: De su paso por la política, ¿qué recuerda?

MARIA: Que eran unos tiempos muy difíciles para todo el mundo. En Europa convivían planteamientos extremos, desde el fascismo al comunismo, y se veía venir que algún día iban a chocar, lo sabía todo el mundo. Los socialistas alemanes estaban resentidos por haber sido derrotada Alemania en la Primera Guerra Mundial y no querían pagar las reparaciones de guerra, así que se habían vuelto hipernacionalistas, y los soviéticos estaban eufóricos por haber ganado la Revolución de Febrero contra todos los países occidentales que habían mandado tropas contra ellos, así que se habían vuelto bolcheviques y  empezaron a mandar dinero a todas partes para desestabilizar a las democracias occidentales, como había hecho Guillermo II con Lenin. Así que todo el mundo sabía que iba a haber guerras, porque unos y otros tenían que chocar. Y chocaron en todo el mundo, pero en España antes, por desgracia para nosotros. A nosotros nos pilló en medio de ese enfrentamiento porque todo el mundo se dedicaba a echar leña a nuestros propios fuegos que ya teníamos hacía muchos años.

ANGELA: Usted coincidió con personajes políticos importantes, como Dolores Ibárruri.

MARIA: Si, coincidimos en el Comité Nacional de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Pero Dolores era una política activa y yo no. Yo estaba en política por mi adhesión a la causa del feminismo y a la eliminación de las diferencias sociales. Y cuando estalló la guerra ya no volví a España, no viví aquel horror. Y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial yo estaba en Francia, pero enseguida me marché a Méjico.

ANGELA: Ha vivido usted en muchos países. ¿Está a gusto en Buenos Aires?

MARIA: Uy, si, muy a gusto, ya llevo aquí trece años... Y no, en muchos países no... Bueno, en algunos. He vivido en París, y en Berna cuando era agregada de la embajada. El PSOE me mandó allí, pero luego estalló la guerra. Y estuve en Bélgica, y luego en Niza, y luego me fui a Estados Unidos, y a Méjico, y luego ya me vine a Buenos Aires y aquí me quedé. En Estados Unidos estuve a gusto, porque me estrenaron cinco o seis obras, y Catalina hizo muchas películas allí. En castellano, películas en castellano, cuatro o cinco.

ANGELA: Hábleme usted de Disney. Creo que trabajó usted para ellos.

MARIA: ¡No, que va! Yo quería, pero los americanos no. Pero se quedaron con mi historia, los puñeteros.

ANGELA: ¿Le robaron la idea?

MARIA: Eso es. Yo les mandé un guion, “Merlín y Viviana”, y lo rechazaron. Pero luego sacaron una película que era clavada a mi idea, “La dama y el vagabundo”.

ANGELA: Y ¿qué hizo usted?

MARIA: Fastidiarme, hija. Disney tiene muchos abogados, ¡a ver quién se mete con ellos...!

ANGELA: Ya, claro. Tienen mucho dinero.

MARIA: Mucho, muchísimo. Pero dime, hija, tu ¿para quién trabajas?

ANGELA: Para Televisión española, doña María.

MARIA: Y esto ¿va a salir en la tele?

ANGELA: No, es para escribir un libro sobre usted y otras mujeres de la República.

MARIA: ¡Ah! ¿Y te lo van a publicar?

ANGELA: En España no, pero a lo mejor me lo publican en Francia, con un nombre falso.

MARIA: Claro. Mientras viva Franco...

ANGELA: Si. Mientras viva Franco, sobre una mujer republicana, diputada del PSOE y propagandista del feminismo creo que en España no se va a poder publicar nada, doña María.

MARIA: Eso creo yo también. A ver quién se muere antes, él o yo. Tengo casi veinte años más que él, pero me encuentro muy bien. Y él ya debe tener achaques. Los hombres viven menos, fíjese usted mi pobre Gregorio.

ANGELA: Pues esperemos que viva usted más tiempo que él.

MARIA: Eso digo yo.

 

Angela no quiere terminar sin intentarlo de nuevo:

ANGELA: A ver, doña María. Ha escrito usted cientos de obras, pero no ha explicado por qué escribía usted con el nombre de su marido. ¿No cree usted que la gente tiene derecho a saber por qué cedía usted sus obras al nombre de su marido?

 

Doña María se queda pensando y luego dice con rotundidad:

MARÍA: No. Entiendo que tengan curiosidad, o morbo, pero derecho no. Ninguno. Si pensara que lo tienen yo no le quitaría nunca ningún derecho a la gente. Pero en este caso no lo tienen. Por eso yo no lo explico.

ANGELA: Pero la gente se lo va a seguir preguntando; ¿se da usted cuenta?

MARIA: Claro que me doy cuenta, hija, claro que me doy cuenta. Pero hay gente que lo sabe...

ANGELA: ¡Ah, ¿sí?! ¿Quién lo sabe?

MARIA: Mujer... Lo sabe Catalina. Catalina lo sabe. Y Gregorio... y yo.

 

FIN

2 comentarios:

  1. ¡Menudo curro José María! Un recorrido a su trayectoria , gran enigma que firmará algunas de sus obras su marido Gregorio y muy liberal su relación con Catalina ¿ Una relación abierta?...

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  2. No lo sé. Le he dado vueltas, claro, pero no lo sé. Me tienta pensar que no, sencillamente ella se veía mayor que él, y seguramente más inteligente, y lo cuidaba como a un hijo y le dejaba hacer lo que quisiera. Pero seguro no lo sé, claro; no lo sabe nadie. De ahí el interés.

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