viernes, 14 de noviembre de 2025

CAYETANA DE ALBA Y GOYA. Por Ernesto Pozuelo

 






El museo de la Hispanic Society of America de Nueva York ha cerrado sus puertas. Todo está en silencio. Solo una tenue luz ilumina el retrato de la Duquesa de Alba vestida de negro que pintó Goya. Alguien avanza desde un rincón de la sala, no podemos ver quien es, camina despacio hasta detenerse delante del retrato de Cayetana. Durante unos segundos contempla el cuadro en silencio. Ese silencio es roto por la voz de Cayetana, la pintura ha cobrado vida y sale del cuadro. Cayetana habla con su interlocutor, le llama por su nombre: Francisco, otra vez estás aquí.

 

Francisco da un paso adelante entrando en la zona iluminada, descubrimos que se trata de Goya. Francisco responde a Cayetana, lleva décadas apareciéndose ante ella y nunca se había dignado a dirigirle la palabra, hay cierto tono de reproche en su voz.

 

Cayetana y Francisco hablarán como dos viejos amigos que se reencuentran después de mucho tiempo. Cayetana es alegre, muy desenvuelta, un pelín frívola. Francisco es más huraño, su carácter se agrio con la sordera y ni siquiera el pasar a la eternidad le ha vuelto más sereno.

 

Cayetana se ríe, simplemente estaba probando hasta donde era capaz de llegar para estar junto a ella.  Para Francisco, ahora que los dos hace siglos que murieron, el tiempo carece de significado. Cayetana propone tomárselo a broma, ya todo da igual.

Francisco recuerda como era ella, sus escapadas por Madrid vestida de moza, sus fiestas, y sus romances con algún torero. Cayetana recuerda el Madrid de esa época, sus verbenas y admite que le gustaba divertirse. También le gustaba ayudar a los más necesitados, no tiene que olvidarse de eso. Francisco asiente, también tenía el poder de hacer lo que le viniera en gana. Fue la mujer más importante de su época, incluso se atrevió a enfrentarse a la reina. Cayetana comenta que llego a copiar un modelo de María Luisa de Parma y visito con esa ropa a todas sus criadas. Se ríen durante un instante, luego Francisco se queda en silencio muy serio. Cayetana comprende que no se ha pasado cientos de años visitándola solo para comentar algunos chascarrillos.

 

Francisco y Cayetana dan unos pasos y se sientan en uno de los bancos que hay en la sala. Cayetana entiende que su pena viene de la sordera que le torturó durante sus últimos años. Él le confiesa que no solo fue eso lo que le amargó de esa forma, los horrores que presenció en la guerra contra los franceses y sobre todo la muerte de ella terminaron de arruinarle el carácter.

 

Cayetana se muestra cariñosa con él, sabe lo mal que lo pasó, como cambio su pintura.

Francisco le dice que la última vez que fue feliz fueron los días que pasaron juntos en Sanlúcar de Barrameda. Cayetana no puede reprimir el impulso de acariciarle y confesar que para ella también fue maravilloso. Entre otras cosas él termino el cuadro que ha atrapado el espíritu de ella. Francisco se pregunta por qué no siguieron con su amor, por qué no lo hicieron público. Cayetana confiesa que se arrepiente de no haber dado ese paso, pero en esa época nadie lo habría entendido.

 

Francisco, molesto, apunta que en ese momento un pintor era poco más que un sirviente. Cayetana responde que nunca fue eso para ella. Por eso cuando estaba posando para ese retrato escribió en el suelo “Solo Goya” y le pidió que la pintara señalando lo que había escrito. Para Francisco eso solo es un triste consuelo que ha servido para forjar una leyenda en torno a ellos. Como que Cayetana posó desnuda para la maja desnuda, mucha gente piensa que fue así. Cayetana no puede menos que reírse, ella nunca lo hubiera permitido y menos para acabar expuesta en las habitaciones de Godoy, no le soportaba. Goya confiesa que de alguna forma ella está allí, cuando pintó a la maja solo pensaba en ella.

 

Cayetana da un pequeño beso en los labios a Francisco. Cayetana lamenta no haber sido más valiente.  Los dos reflexionan sobre lo distinto que habría sido su relación de haber vivido en la actualidad. Tal vez hubiera sido él, un pintor famoso, el que no hubiera querido hacer pública su relación con una persona como ella. Francisco está seguro de que hubieran sido felices. Cayetana se anima, se ve a sí misma paseando con Goya por el Madrid actual, Francisco sonríe por primera vez, no está seguro de que fuera a gustarle, demasiado ruido… hasta para un sordo. Francisco y Cayetana se miran fijamente, pero las campanadas de un reloj rompen el momento. Va a amanecer y no pueden seguir allí. Se levantan, se abrazan con fuerza, se besan y se separan.

 

Cayetana le pregunta si volverá a verla al día siguiente. Francisco asiente. Cayetana antes de volver al cuadro quiere saber si volver una y otra vez a contemplar su cuadro es el infierno de Goya, sabe que al final de su vida tonteo con la brujería. Francisco le asegura que no es su infierno, verla a diario es su cielo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...