domingo, 26 de noviembre de 2023

Ucrania (VARIACIONES SOBRE ANTÍGONA-monólogo) por Carlos Mochales



PREMISA

Guerra de Ucrania en 2023. Un bando dicta que los cuerpos de los traidores no pueden ser enterrados en suelo ucraniano. Antígona, hija de un antiguo general ucraniano, está recluida en una celda de castigo por enterrar a su hermano, acusado de combatir con el ejército ruso.

 


TEXTO

 

Celda de castigo de una prisión.

 

ANTIGONA. Creonte, me entierras, en vida, sumida en esta mortaja de piedra. Soy de tu misma sangre, déjame descansar en el panteón de mi familia. Un final digno para la hija de un general que defendió, con honor, nuestro país. ¿qué delito cometí? ¿enterrar a mi hermano? Muertos mis padres, ¿Quién engendrará más hermanos?

    Todavía perdura en mi nariz el olor pestilente a carne quemada del campo de batalla de esta guerra sin sentido que adormece el corazón y mueve a los poderosos a dictar leyes que van en contra de la naturaleza humana.

    La guerra, Creonte, engendra más guerra, odio, terror, crueldad, miseria y apaga la llama del amor y la compasión. ¿Dónde está tu compasión?

    Mi hermano eligió combatir en el ejército ruso, pero, a nadie se le puede negar una sepultura en la tierra que le vio nacer.

    Tus leyes no rigen sobre los muertos. Yo creo en la fuerza de la sangre, pues donde hay fuerza de hecho se pierde cualquier derecho. La legalidad y la justicia son dos extraños que comparten cama.

    Apelo a las leyes eternas del universo, que nos muestran el camino para ser justos y sabios. Que la justicia divina decida mi destino. No debemos permitir que nuestra mente se ciegue con leyes absurdas de tiranos que no permiten que una hermana honre a su hermano.

    Su cadáver, estaba expuesto a merced de los perros hambrientos y los ladrones de cadáveres que trafican con órganos. No soy una heroína, solo una hermana que ha cumplido con un deber sagrado.

    Creonte, me has sacado los ojos sin sacármelos, encerrándome en esta oscura celda que no penetra ni un pequeño rayo de luz y, el aire pesa sobre mis entrañas como una losa. La luz necesita a la oscuridad, como el sueño a la realidad y la vida a la muerte, Y yo, vivo sin vida, sin día, sin noche. Ya no pertenezco al mundo de los vivos ni de los muertos.

    Creonte, me has privado del azul del cielo, de las nubes blancas, el sol rojizo al atardecer, el pálido reflejo de la luna sobre un cielo negro preñado de estrellas fugaces, del aire fresco al amanecer, las flores, las caricias y los labios de los amantes, los abrazos de mis seres queridos, la mirada de los niños en mi regazo. Ya no podré casarme, ni tener hijos. Ahora, mi esposo será la muerte.

    Puedo tocar el mundo donde habitan las sombras que me arrastran con la fuerza de un agujero negro. No temo a esta oscuridad que invade mis entrañas. Es el preámbulo de la luz de mis antepasados que me guían bajo un manto de eternidad. Padre, madre, hermano yo os di sepultura con mis propias manos ¡Mostradme la luz, para unirme a vosotros!  ¿Dónde estáis? Madre, padre, hermano. ¡Abrazadme, abrazadme!

 

TEXTO DE REFERENCIA. Traducción & introducción: Luis Gil . ed. Sir Richard Jebb, Cambridge (1891)

ANTÍGONA. Oh tumba, oh cámara nupcial, oh subterránea morada que me habrá
de guardar siempre, adonde me encamino a reunirme con los míos, cuya mayor parte ha recibido ya Perséfone entre los muertos! De ellos
soy yo la última y la que va a bajar con mucho del modo más horrible, antes de cumplirse el plazo fijado para mi vida. Pero, una vez
emprendida la marcha, grande es mi esperanza de que a mi llegada
tendré el amor de mi padre, y tu amor también, madre, y el tuyo,
hermano mío. Pues, cuando moristeis, con mis propias manos yo os
lavé, y os arreglé, y os doné libaciones sepulcrales. Y ahora, Polinices,
por rendir a tu cuerpo los fúnebres cuidados, he aquí la recompensa
que recibo. Y, sin embargo, a juicio de los cuerdos, yo te honré como
es debido. Pues jamás, ni, aunque fuera madre de hijos, ni, aunque mi
esposo muerto se estuviera pudriendo, hubiera tomado sobre mí
fatiga semejante en contra de los ciudadanos. ¿Y en razón de qué ley
digo esto? Muerto mi esposo, otro hubiera podido tener, y un hijo de
otro varón si lo perdía. Pero estando padre y madre ocultos en el
Hades, no hay hermano que pueda nacer jamás. Por tal ley te puse a
ti el primero en mi estima; pero a Creonte le pareció esto una falta y
un gran atrevimiento, hermano mío. Y habiéndome cogido entre sus
manos, hace que así me lleven, sin casar, sin cantos de himeneo, sin
haber tenido participación en el matrimonio ni en la crianza de hijos.
En tal abandono de amigos, infortunada, me encamino viva a los
sepulcros de los muertos. Y ¿qué derecho divino he transgredido?
Mas ¿por qué he de poner, desdichada de mí, mi vista aún en los
dioses? ¿A qué aliado puedo invocar? Ciertamente, con mi piedad
me gané un trato impío. Si esto es lo justo entre los dioses,
escarmentada, podré reconocer que he errado.
Pero si son éstos quienes yerran, ¡que no sufran ni más ni menos mal
del que injustamente me hacen!

CORIFEO. La siguen dominando a ésta los embates de los mismos vientos de su
ánimo.

CREONTE. De ahí que por esa razón les vaya a servir su lentitud de llanto a
quienes la conducen.

ANTÍGONA. ¡Ay!, esas palabras significan la inminencia de la muerte.
CREONTE. Aliento no te doy ninguno a que confíes que mi orden ha de quedar
sin cumplimiento.

ANTÍGONA. ¡Oh ciudad paterna de la tierra de Tebas, y dioses fundadores de mi
linaje!, me llevan ya, ya no hay demora. Mirad, príncipes de Tebas,
qué cosas sufro yo, el único restante de las hijas del rey, y a manos de
qué hombres, por haber tenido a la piedad en piadosa reverencia.
(Se la llevan).


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