Aquí me veo. Entre
cuatro paredes que me niegan el día y la noche, y la luz y el aire. No sé si
aún vivo en el ayer, si el hoy es una pesadilla permanente y soy incapaz de
soñar con el mañana pues ya no sé lo que es el alba para mi. Presa de por vida
y sin saber, si alguna vez, mereció la pena. Aquí me veo y sin haber robado el
fuego para los hombres y sin los trabajos que afamaron a Hércules. Pero claro,
ellos eran hombres y quienes se empeñan en recordar sus proezas para la
eternidad son hombres también. Yo solo fui mujer, hermana y virtuosa… mal
situada, eso sí, que el destino me puso del lado rebelde sin ser yo nada de
eso.
Y ahora, el tiempo
ha pasado de largo y mis desgarros ya ni siquiera son eco, malvivo la vida
elegida por una creencia divina, tan divina como la tuya, o la suya, y la de
aquel. Una creencia que ahora sé, sin más allá. Hace tiempo que me liberé de
esta fantasía y dejé de hablar a mis difuntos y de implorar a mis dioses. Los
unos ya no son, los otros nunca fueron. Y sin embargo, por los unos y por los
otros y por mi orgullo y por su inhumanidad, aquí me veo. Entre cuatro paredes.
En la oscuridad total. Sin luz y sin aire. Sola. Siempre sola. Y la vida me fue
robada… ¡Ay Creonte! No, no te des más protagonismo del que mereces. Fuiste un
actor más, movido por los hilos de la ignorancia. No tío mio, no fuiste tu el
que me condenaste al olvido de los demás y al eterno volver de mi
recuerdo.
Toda una noche… toda una hermosa noche desperdiciada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario