Escenario
El escenario representa un corral de comedias, mezclando
elementos del Siglo de Oro con un toque actual y gracioso. La sensación debe
ser la de un lugar donde el tiempo se ha doblado: Ana Caro aparece como si
hubiera atravesado los siglos para hablar con el público de hoy.
[La escena está casi a oscuras. Se oye un carraspeo
elegante. Entra ANA CARO con una capa demasiado larga, que pisa sin querer.
Tropieza, se recompone con dignidad exagerada.]
ANA CARO: (Con solemnidad impostada)
Permitidme presentarme, soy Ana Caro Mallén de Torres… dramaturga, poeta,
cronista, y según algunos una mujer demasiado respondona para mi siglo. (Se
inclina y empieza a cantar “Demasiado respondona para mi siglo”)
MÚSICA: Demasiado respondona para mi siglo
Gracias, gracias. No hace falta aplaudir todavía… aunque si queréis, tampoco voy a impedirlo. (Se pasea por el escenario como quien inspecciona un corral de comedias recién estrenado.)
Nací en Granada en 1601… ¡Ay! parece que fue ayer… cómo pasa
el tiempo ¿no…? pero crecí en Sevilla, y me hice escritora porque,
sinceramente, era eso o dedicarme a bordar. Y creedme: bordar no era lo mío. (Señala
sus manos) Estas manos están hechas para la pluma, no para la aguja y el
dedal. Además, la pluma mancha menos… bueno, la tinta sí mancha. (Se sienta
en un banco, teatralmente cansada.)
Mis obras… ¡ay, mis obras! En “Valor, agravio y mujer”
decidí que ya estaba bien de damas llorosas esperando a que un caballero les
resolviera la vida. (Con picardía) Así que puse a Leonor a disfrazarse,
viajar, vengarse y hacer justicia por su propia mano. ¿Que si escandalicé a
alguien? (Se encoge de hombros) Pues claro. Si no escandalizas a un par
de señores muy serios, ¿para qué escribes teatro? (Se levanta de un salto.)
Y luego está “El conde Partinuplés”. Magia, amor,
emperatrices poderosas… (Con falsa modestia) Una obra muy discreta,
apenas un pequeño desafío a la idea de que las mujeres no pueden gobernar… (Se
acerca al público, confidencial) Spoiler: sí pueden. Y a veces lo hacen
mejor. (Camina en círculos, como recordando viejos estrenos.)
También fui cronista de fiestas reales. (Con tono de
cotilleo) Me llamaban para escribir loas y poemas en celebraciones
importantes. ¿Sabéis por qué? (Señala su cabeza) Porque tenía ingenio.
¿Y sabéis por qué me pagaban poco? (Señala al cielo, resignada) Porque
tenía ovarios. (Hace una reverencia exagerada, casi cómica.)
Pero aquí me tenéis, siglos después, viva en cada verso que
aún respira. No tuve linaje noble, ni apellido rimbombante, ni fortuna. Tuve
algo mejor: (Se golpea el pecho con orgullo) Tuve palabra. Y la palabra,
cuando se escribe con verdad, no se calla ni con el paso del tiempo. (Se
acerca al proscenio, baja la voz.)
Así que, si alguna vez dudáis de si una mujer puede
escribir, crear, mandar, gobernar o cambiar el mundo… (Se quita la capa con
gesto triunfal) Recordad que yo ya lo hice. Y con bastante estilo. (Ana
Caro se detiene, mira al público con gesto cómplice.)
Y antes de que caiga el telón, permitidme un agradecimiento
muy especial. Porque una cosa es escribir en el Siglo de Oro… y otra muy
distinta es que, siglos después, alguien tenga la osadía, la paciencia y el
cariño de estudiarte.
Por eso, mi gratitud y mi admiración para Juana Escabias,
que ha desempolvado mis versos, ha seguido mis pasos, y ha demostrado que las
dramaturgas no solo existimos… (Con una sonrisa pícara) sino que damos
mucha guerra, incluso desde el más allá.
Gracias, Juana, por devolverme al escenario. Por leerme con
ojos nuevos. Por recordarle al mundo que las mujeres del teatro siempre
estuvimos aquí, aunque algunos no se enteraran. (Hace una reverencia
sincera, esta vez sin tropezar.)
(Oscuro. Un foco final ilumina su sonrisa.)
TELÓN
No hay comentarios:
Publicar un comentario