viernes, 28 de noviembre de 2025

LA VARA DE MEDIR. Por José María Gómez

 LA VARA DE MEDIR

Microteatro en un acto.

 



PERSONAJES

Elena: 35 años, modosita, de costumbres clásicas, lleva una vida moderna por la fuerza de los hechos. El poliamor le parece una aberración. Lleva cinco años con Antonio sin estar casados, y viven en la casa que Elena compró y empezó a pagar hace diez años.

Laura: 35 años, muy liberada, muy extrovertida, el poliamor le parece la única manera lógica de abordar las relaciones personales en el ámbito sexual.

Antonio: 35 años, adopta una postura de moderno y liberado de tabúes. Entiende su relación con Laura como algo que su pareja debe permitir. No cree que un encuentro esporádico tenga que romper la pareja y defiende ardientemente su libertad sexual.

 

 

ESCENA ÚNICA

El escenario está dividido en dos partes. La izquierda es el salón de la casa de Elena, que vive en ella con Antonio, desde hace cinco años. Un salón clásico con mesa de comedor, sofá, televisión, un par de butacas. En el fondo izquierda, la puerta de la calle, y a su lado una fotografía de gran tamaño enmarcada y colgada en la pared muestra un “selfie” de Elena y Antonio con una playa tropical por detrás. La parte derecha es el dormitorio de la casa, también clásico, con una cama, mesillas de noche, un par de sillas.

Cuando se levanta el telón, Antonio y Laura están en la cama del dormitorio, muy atareados y emitiendo de vez en cuando algún sonido claramente identificativo de la relación sexual que mantienen.

Se oye la llave en la cerradura de la puerta de la casa y entra Elena con una bolsa de la compra. Va hacia la mesa del comedor, deja en ella la bolsa y comienza a quitarse el abrigo. De pronto oye suspiros y gemidos en el dormitorio, se sorprende, deja el abrigo en una silla y abre la puerta. Se queda en la puerta mirando; los amantes no se dan cuenta de su presencia. Pasados seis segundos, Elena avanza dos pasos dentro de la habitación y pregunta, llorosa:

ELENA, llorosa

¿Pero qué es esto?...

Los amantes se incorporan y se quedan sentados desnudos, uno al lado del otro, mirando a Elena. Antonio, desde la cama, muy serio, contesta.

ANTONIO

Es Laura. Estábamos haciendo el amor.

ELENA

Ya veo que es Laura. ¿Qué hacéis en mi cama?

Antonio se levanta, se pone el pantalón del pijama y va hacia Elena, a la que coge del brazo y saca del cuarto llevándola al salón mientras habla.

ANTONIO

Laura vino a traerte un libro y empezamos a hablar, y de una cosa pasamos a la otra. Ya sabes que nos caemos muy bien.

ELENA, llorosa, cogiéndose la cara con las manos

No, no sabía que os caíais tan bien como para meteros en mi cama a hacer el amor. ¡No me lo puedo creer!

ANTONIO

Pero Elena, si no tiene importancia. Es un polvete, nada más.

ELENA, llorosa

¡Nada más y nada menos! ¿No has pensado en mí, en lo que yo podía sentir?

Durante esta conversación, Laura se ha levantado, se ha puesto la chaqueta del pijama de Antonio y aparece en la puerta del dormitorio, desde donde sigue la conversación con los brazos cruzados sobre el pecho, apoyada con un hombro en el cerco, con las piernas cruzadas y cara de no haber roto un plato.

ANTONIO

¿No irás a estar celosa ahora?

ELENA

Tengo motivos, ¿no crees?

ANTONIO

No, mujer, no. El sexo es una cosa y el amor es otra. No tiene nada que ver.

ELENA

¿Cómo que no tiene nada que ver? Las parejas tienen que respetarse.

ANTONIO

¡Uy, no, no! Estás muy confundida, Elena. El sexo no tiene nada que ver con el amor, es un instinto natural que hay que satisfacer, y que es agradable satisfacer. El amor es otra cosa mucho más elevada, no puedes rebajarlo al hecho de tener relaciones.

ELENA

Pues yo creo que sí. Mis padres estuvieron casados toda su vida y no tuvieron amoríos fuera del matrimonio.

ANTONIO, en tono académico

Pero Elena, tus padres eran de otro siglo. Las cosas han cambiado mucho. Me estás hablando de los dinosaurios. Ahora el sexo es más natural y se vive como un pasatiempo, no como una religión. Lo que es importante en el sexo es evitar las disfunciones en las relaciones de pareja. Hay que evitar los roles dominantes, hay que evitar la imposición de uno sobre el otro, hay que establecer relaciones entre iguales, porque mujeres y hombres son iguales en todos los aspectos. Hay muchísimas mujeres que se han dejado la vida para conseguir la igualdad.

Elena le mira con asombro y se sienta en una mesa del comedor, de frente al espectador.

 ELENA

Yo siempre había pensado llevar una vida como la de mis padres, casada con una pareja estable, que nos quisiéramos uno al otro y que viviéramos juntos hasta hacernos mayores. Y que paseáramos de la mano por el parque ya mayores.

ANTONIO

¡La casa de la pradera! Y ¿qué hacemos de la libertad individual?

ELENA

No te entiendo, Antonio.

Antonio vuelve a ponerse en plan académico, incluso volviéndose hacia el público y mirando al techo

ANTONIO

Estamos en el Siglo XXI, y muchísimas mujeres y hombres han luchado para conseguir la libertad individual y para desprenderse de planteamientos de pareja del Pleistoceno. Cada individuo debe ser dueño de sí mismo y tener la libertad de amar a quien desee, sin restricciones impuestas por normas sociales monógamas, fomentando la independencia y reduciendo las trabas impuestas por una determinada relación. Las relaciones poliamorosas se basan en la comunicación abierta y la honestidad entre las personas, consiguiendo una mayor claridad y profundidad en los vínculos afectivos.

Elena calla tres segundos mirando a Antonio, luego agacha la cabeza y dice con voz como para sí misma:

ELENA

Y yo que estaba pensando en tener un hijo contigo.

ANTONIO, con fingida sorpresa

¿Un hijo? ¿Estabas pensando en tener hijos?

ELENA, todavía con la cabeza gacha

¡Claro! Como ya llevábamos cinco años juntos...

ANTONIO, exageradamente sorprendido y en tono doctoral

Pero Elena, ¿has pensado lo que significa tener un hijo?

ELENA, en voz muy baja

¡Claro! Un bebé. Dar a luz, lavarle, cuidarle, darle el pecho...

ANTONIO, a carcajadas

¡Darle el pecho! ¿Quieres tener un cachorro y darle el pecho? Por favor, como si esta casa fuera una granja...

ELENA, algo molesta

Antonio, me estás haciendo daño. No soy una vaca ni una oveja, pero quiero tener hijos.

ANTONIO

Y ¿por qué no me has preguntado?

 ELENA

Tenía que habértelo dicho antes...

ANTONIO

¡Claro! Yo no pienso montar una granja ni criar cachorros. Te lleva todo el día, olvídate de disfrutar de la vida. Olvídate de los viajes, y de los conciertos, y de todo. De casa al trabajo y del trabajo a casa... toda la vida.

ELENA, sollozando

Claro, desde luego, ¡qué tonta soy!

Antonio vuelve a ponerse en plan académico mirando hacia el público. Durante su perorata, Laura se acerca a Elena, se pone detrás de la silla y le echa los brazos por encima. Elena primero se sorprende y luego se levanta y se echa en brazos de Laura, que la acoge con cariño y la besa primero en la cara y luego en la boca, dulcemente. Poco a poco el sexo se va imponiendo sobre el cariño. Laura se restriega con Elena y le toca los glúteos. Elena se sorprende pero luego también comienza a acariciar los glúteos de Laura y a tomar la iniciativa. Antonio mientras tanto está soltando su monólogo de verdades absolutas. Antes de que termine de hablar hacia el público Elena y Laura han vuelto a una posición de abrazo amistoso; los escarceos sexuales han quedado aplazados.

ANTONIO

Las relaciones humanas deben satisfacer las necesidades diversas de las personas. Una sola persona no puede satisfacer todas las necesidades afectivas, intelectuales o sexuales de otra. El poliamor permite a los individuos buscar diferentes apoyos en distintas parejas. Además, eso permite reducir los celos y la infidelidad, al eliminar el concepto de exclusividad sexual o emocional. De esa manera, los celos pueden abordarse mediante la comunicación, fomentando la confianza y la seguridad personal. Estar expuesto a diferentes formas de amar y relacionarse fomenta una mentalidad más abierta, flexible y tolerante, lo que promueve el crecimiento personal y la capacidad de adaptación a los cambios de la vida. Date cuenta, Elena, de que múltiples parejas pueden proporcionar una red de apoyo emocional más práctica y más amplia, mejorando la estabilidad y el bienestar general. Y considera que el amor, como la compasión o la amistad, no son recursos finitos que se agotan al compartirlos, sino que el corazón tiene capacidad para querer a varias personas a la vez. 

Antonio ahora se vuelve y ve a Elena y Laura abrazadas.

ANTONIO

Me agrada muchísimo que os queráis. Siempre habéis sido buenas amigas.

ELENA, mirando a Laura con cariño

Laura siempre ha sido mi mejor amiga, desde el colegio, y la quiero mucho.

LAURA

Te quiero desde pequeña, Elenita. En cuanto llegaba al colegio te iba a buscar y ya estábamos juntas en clase, y en el patio, y siempre íbamos juntas a hacer pis.

ELENA, con voz y risa infantil

¡Es verdad! La de veces que hemos hecho pis a la vez, y nos reíamos a ver quién duraba más haciendo pis.

 ANTONIO

¡Esto hay que celebrarlo!

Antonio sale y vuelve con una botella de champán y tres copas. Las deja en la mesa y va al equipo de música. Empieza a sonar “Dos mujeres a la vez” de Diego el Cigala. Antonio abre la botella de champán, sirve y les ofrece a las chicas, que han permanecido abrazadas y mirándose a los ojos. Los tres cogen las copas, brindan y beben. Antonio se sienta en el sofá mirando a las chicas y bebiendo. Las chicas se dan besos y beben. De pronto Antonio se levanta.

ANTONIO

Voy a por algo de picar.

Sale hacia la cocina. Antes de entrar en la cocina se vuelve hacia el público y hace musculitos y signos de penetración, sonriendo. Las chicas están en medio del salón, dejan las copas y se besan. Laura se separa, le quita la falda a Elena y la deja caer al suelo. Luego le desabrocha la blusa y le acaricia ostensiblemente los pechos. Elena se aprieta contra Laura, la besa y le acaricia los glúteos, levantando muy visiblemente la camisa del pijama.

ANTONIO, desde la cocina

¿Queréis queso? ¿O salchichón?... Bueno, mejor corto un poco de cada cosa.

Laura coge de la mano a Elena y la lleva al dormitorio. Se meten en la cama y se tapan. Se oyen risas y jadeos durante diez o doce segundos. Aparece Antonio en el salón.

ANTONIO

¿Dónde estáis?  ¡Anda!

Va hacia el dormitorio. Antes de entrar hace musculitos, mira hacia el público y dice:

ANTONIO

¡Soy Tarzán!

Abre la puerta y ve el bulto de las sábanas moviéndose. Se quita el pantalón y levanta las sábanas. Se queda mirando sorprendido.

ANTONIO

Pero ¿qué hacéis?

Silencio, siguen los jadeos

ANTONIO

Esas cosas entre dos chicas son una guarrería... Eso lo tengo que hacer yo... ¡Eh! ¿Que donde me pongo yo?

De debajo de las sábanas sale una mano que le hace gestos de que se vaya.

ANTONIO

¿Qué?

Se oye la voz de Elena, que grita.

ELENA

¡Que te largues!

Antonio se queda paralizado.

ANTONIO

¡Serán guarras! Pero ¿qué hace un hombre aquí?

Las cabezas de Elena y Laura salen a la vez de debajo de las sábanas y gritan.

ELENA y LAURA

¡Que te pires, machirulo!

Y se vuelven a meter bajo las sábanas, riendo a carcajadas. Antonio se queda de pie, desnudo. Luego recoge su ropa de la silla y sale al salón. Se viste, siempre mirando hacia el dormitorio, donde se oyen risas. Ya vestido, mira otra vez al dormitorio, va a la pared, descuelga el “selfie” y arranca la foto, que rompe en pedazos que tira al suelo.

Va hacia la puerta, la abre, grita hacia dentro:

ANTONIO

¡¡Guarras!!

Sale dando un enorme portazo.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 


2 comentarios:

  1. Me ha encantado. Qué bien escribes, y con lo difícil que es el humor

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  2. Gracias, Paloma. Me alegra que te haya gustado.

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