Me encuentro en la más absoluta
oscuridad. Durante toda mi vida he
estado ciego, ahora que he conocido mi terrible realidad, merezco seguir ciego.
He asesinado a mi padre y he desposado a mi propia madre, con quien he tenido
hijos. Es una pesadilla de la que no
podré despertar jamás. Merezco la
ceguera eterna.
¡Pero que estupidez irreparable
he cometido! Acabo de arrancarme los ojos y veo ahora con más claridad que
nunca.
Yo no soy el responsable de esta
tragedia que tanto daño ha provocado. Fueron los dioses los que sin coherencia
alguna trazaron ese terrible destino.
Fue el sacerdote chismoso quien no dudó en desvelar el oráculo en vez de
callar para siempre. Fueron mis padres
los que, con absoluta crueldad, me entregaron a un criado nada más nacer para
que acabase con las pocas horas de vida que tenía.
Además, hay algo bueno de esta
sucesión de hechos siniestros: si yo no me hubiera casado con mi propia madre,
mis hijos, a los que adoro a pesar de ser también mis hermanos, no existirían y
tampoco tendrían la oportunidad de nacer jamás; estarían condenados por toda la
eternidad a pertenecer a la nada.
.jpeg)
Es casi un desarrollo filosófico. Al final enfrenta un dilema filosófico sin respuesta. Este monólogo invita a pensar.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario. Es precioso.
Eliminar