¡Dioses! Pero ¿Que hacéis? ¿A que os dedicáis? ¡No nos servís para nada, solo nos tenéis como diversión!
Qué gran error es creer que los
hombres somos seres libres; que podemos movernos por la vida que se nos
concedió con nuestra propia voluntad, comportamiento o discernimiento.
Estamos inexorablemente sometidos
a la voluntad divina, a la predestinación, a los oráculos… No podemos
sustraernos a todo ello… ¡Somos títeres en vuestras manos! Sois vosotros los
que movéis los hilos que nos guían en esta apariencia de libertad, siguiendo siempre
la trama de vuestra obra …
Los hombres somos esclavos. Se
nos imponen reglas y comportamientos que desconocemos. No vemos lo que nos sucede
realmente, pues es otra la voluntad que nos gobierna...
Yo soy Edipo Rey; y ni siquiera
alcanzo la condición de ser una víctima propiciatoria en un sacrificio a la
divinidad. Se me niega hasta la humilde condición del animal a inmolar
ritualmente para aliviar, con mi sangre, las penas de mi pueblo.
¿Fue acaso mi inteligencia lo que
me hizo vencer a la Esfinge? ¿O ello fue simplemente un mero paso más hacia mi
terrible destino y satisfacer vuestro dictado?
¿Fue mi valiosa actuación lo que me
llevó al trono cómo rey? ¿Acaso fue el amor lo que me condujo a desposar a mi
propia madre y a engendrar mis hijas? ¿O todo ello fue el seguir dócilmente el camino
marcado desde que fui engendrado por mis padres?
¿No fue acaso mi profundo deseo
de hacer justicia, como hace un buen gobernante, lo que me llevó tener que reconocerme
como el asesino involuntario de mi propio padre?
¡Dioses!… ¡Soy Edipo y soy inocente!
¡Me arranqué los ojos porque nunca
me sirvieron para ver lo que sucedía! Ahora
que estoy ciego, alcanzo a ver desde mi noche cual es la condición humana.

Transmite perfectamente la queja del ser humano, juguete del destino, que en Grecia estaba representado por los inhumanos designios de los dioses. Usa el lenguaje de modo muy creible y transparente.
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