¿De qué sirven unos ojos que no te dejan ver la verdad y te engañan?
Oh cruel destino que me persigue. Me guiaste, paso a paso, hasta la cima sólo para
arrojarme al abismo sin piedad. Todo estaba escrito, cada paso, cada decisión, cada error.
Maté a mi padre, amé a mi madre… ¿cómo sigo viviendo después de esto?
No me permitas vivir así, ya todo se ha cumplido, déjame morir…
¿Para qué me valen estos ojos? Yo no tengo derecho a ver la luz del sol ni el rostro de
ningún ser querido. Ahora siento que mi ceguera es un castigo justo, y también es mi cobijo.
Pero no, no merezco ninguna paz, no merezco nada.
¡Maldito sea el día en que nací, y maldito el destino que se rió de mí!
Ahora estoy perdido. Sólo soy un fantasma, un alma en pena que camina arrastrando la
carga de sus pecados.

Muy condensadas las emociones, transmite credibilidad. Enhorabuena.
ResponderEliminar