martes, 26 de noviembre de 2024

Monólogo Edipo (por José María Gómez)

Yo, Edipo, rey de Tebas, fui el torrente que corre bravío y orgulloso por los riscos de las sierras, que ruge rompiendo las piedras a su paso, sin saber que su destino es disolverse en el mar sin dejar recuerdo.

Como la hoja que el viento eleva y que contempla desde el cielo, desdeñosa, las miserias de la tierra.

Fui como la nube, blanca, pura, vanidosa, altiva en su celestial belleza, ignorante de que su final es caer al suelo y desaparecer.

El torrente, la nube, la hoja, como yo, somos juguetes de fuerzas poderosas, inhumanas, insensibles, cuyos deseos, fúnebres e ignotos, no están a nuestro alcance.

Los dioses en su infinita crueldad deciden el destino de los hombres ajenos al sufrimiento, inmunes a las plegarias, sordos al llanto. Como niños jugando, hieren, matan, destruyen familias, difunden plagas, generan pestes, matan al niño en el vientre de su madre, al joven en la flor de su existencia, al anciano en su apacible senectud.

Los dioses me han convertido en un ser despreciable. Me han convertido en un criminal, en un degenerado, en un despojo humano; soy la bestia inmunda que contamina cuanto toca. Alejaos de mí, salvaos, no me toquéis, no me miréis siquiera, no os manchéis con mi contacto ni mi cercanía.

¿Cómo explicar el dolor que me inunda el alma, la angustia de saber el daño que he causado, la soledad que siento estando rodeado de mis hijos, de mis amigos, de mis conciudadanos, absolutamente solo entre una inmensa multitud?

¿Cómo conseguir un momento de paz cuando hasta en sueños me persigue la espantosa tragedia que he ocasionado, el dolor causado a mis seres más queridos?

Muerte, llévame. Muerte, consuélame. Muerte, apiádate de mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...