sábado, 16 de marzo de 2024

EL MONTACARGAS (por Fernando González)

 

Nico se acerca al borde del escenario y se dirige al público mientras que a su espalda se ve como hablan muy bajo, sentados y en círculo, el resto de personajes.

Nico - Buenas tardes, mi nombre es Nico y estoy buscando piso. Lo digo por si alguno de vds, conocen un apartamento que me pudiera interesar. Nada pretencioso, algo sencillo, cinco dormitorios, tres baños, cocina, office, salón…, ¡¡¡Ah!!  y una zona de servicio con su escalera diferenciada y montacargas.

Bueno seguramente piensen que soy muy exigente en mis pretensiones, pero realmente es a lo que he estado acostumbrado hasta hace escasos tres días; concretamente hasta la última junta de vecinos celebrada la tarde del jueves pasado.

Entenderán que después de lo que pasó, no puedo mirar a la cara a ninguno de los vecinos con los que compartí, aquél momento tan …….especial.

Ah claro!! que no saben lo que pasó. Ya… bueno…, se lo voy a intentar explicar y les pido que juzguen si mi intención de cambio de domicilio es acertada o si por el contrario resulta um desvarío, exagerado y excéntrico.

Verán:

…La convocatoria de la junta tenía un único punto a discutir y no era otro que la reparación del ascensor -estropeado un mes antes-  o la sustitución del mismo por otro…. Digamos estéticamente más acorde con la dignidad de nuestro edificio.

Toman voz el resto de los actores y Nico se incorpora al grupo.

Eustaquio – Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Independientemente que podamos o no asumir el coste del cambio… -yo desde luego lo puedo hacer sin despeinarme-…

Saturio (cuchichea) – No te jode, es calvo.

Eustaquio – …..tenemos que ser conscientes del mundo más desfavorecido que nos rodea y no debemos hacer gastos superfluos si realmente se puede reparar.

Manu (con voz tímida)– A mi realmente me parecen bien las dos opciones.

Nico – Joder Manu, no te mojas ni en el mar.

Manu (con la misma timidez) – si? tú crees?.

Nico – Que barbaridad!!

Florencio – Vamos a ver!!! yo me opongo a todo!!!, ¿no tenemos un montacargas?, pues lo usamos hasta que ahorremos suficiente con las cuotas ordinarias y podamos reparar el ascensor sin necesidad de derramas.

Justina – Pero entonces… tardaremos 4 años.

Florencio – ay que se nos van a caer los anillos….. Mire señora… creo que usted es la última que ha llegado a la casa…créame, se muy bien lo que me digo. Por cierto ¿cómo se llama? No tengo el gusto de conocerla ¿no ha podido venir su marido y ha bajado vd? ¿está casada? Yo desde luego no dejaría que una mujer como vd anduviese sola ni para bajar la basura; vamos!... que estaría encima de vd hasta cuando hiciese la colada, ya me entiende….

Justina – Pero bueno, ¿a vd que le pasa?

Florencio – Disculpe bombón, es que para alguien que baja a una junta que merece la pena……

Justina – Ave María Purísima

Florencio – Sin pecado concebida…y no la digo hermana porque no es el parentesco que vd y yo nos merecemos.

Justina (le mira con cara de espanto)

Miren (se incorpora a la reunión)- Buenas noches, perdón por el retraso.

Florencio – Estás perdonada Miren, que gusto volver a verte.

Miren (en voz baja le dice a Nico)– Este hombre no se entera.

Nico – Pues preséntale a tu chica la próxima vez y así le aclaras las cosas.

Miren – Si hombre!!, voy a perder el tiempo en este besacabras federado.

Saturio – El ascensor… estamos en el punto del ascensor y en este tema no avanzamos. Las tres primeras plantas del edificio que están ocupadas por el despacho de abogados de Botarate y Asociados han dicho ya, que se suman a lo que diga la mayoría y nosotros que somos muy pocos porque ocupamos un piso por planta, seguimos en el mismo punto de partida, es decir, que no avanzamos. ¿Queréis que votemos y decidimos?

Todos hablan a la vez y Nico se dirige al público.

Nico – la votación quedó en tablas y apremiados por el partido televisado de la champion que iba a empezar en breves momentos,  nos emplazamos a una segunda reunión en la que estudiaríamos las distintas opciones, pero ahora sí, con presupuestos concretos.

Apresuradamente, todos los asistentes a aquella reunión vecinal, nos dirigimos al montacargas para repartirnos por nuestros respectivos pisos sin reparar en una chapa dorada con letras negras en la que se advertía que su vetusta maquinaria soportaba un peso máximo  de 350 kg, cantidad sensiblemente inferior a los aproximadamente 500 kg que debíamos pesar entre los 7 vecinos que nos afanábamos por subir hasta nuestras viviendas.

Una vez todos dentro,  ysorteadas las dos primeras plantas sin ninguna incidencia, al llegar a la tercera que daba fin al imperio de Botarate y Asociados, el elevador empezó a hacer unos extraños con la luz que irían acompañados de variables hipos en su velocidad. Todos -y esto, les confieso, ni idea de porqué se produce…-, todos -repito-, miramos al unísono al techo del sube-cargas cuando a los pocos segundos, aquel aparato quebró su trayectoria  y se paró en seco, a la vez que las luces nos abandonaron de forma abrupta, provocando el grito ahogado del conjunto de los allí presentes.

Una vez finalizada la aterradora exclamación grupal, un silbido marcadamente musical, agudo, penetrante y largamente sostenido sería lo único que se escucharía en el cerrado habitáculo en el que nos encontrábamos. La pestilencia de la que fue seguida aquella afinada y breve sonata, delató que una radioactiva flatulencia se habría escapado a alguno de los allí presentes, sin que su autoría quedase evidenciada para el resto de los afectados.

Durante un par de minutos el montacargas estuvo parado y apagado sin que ninguno de los encausados en aquel echo “casi” delictivo, hubiésemos tenido la osadía de movernos ni para pulsar el botón de emergencia y mucho menos hacer un fugaz comentario de lo que terminábamos de presenciar.

Fue el propio Julio Botarate que salía en ese momento de su despacho, el que se ofreció para llamar al servicio de guardia de la máquina elevadora y socorrernos desde su inocencia en aquella tensa situación, desconociendo el afamado letrado, el motivo por el que el conjunto de nuestras caras se habían vestido en un tono verdoso casi amarillento.

Una vez llegó el técnico del “montacagas” (nombre con el que al día siguiente se bautizaría a aquella infausta cárcel temporal) y realizadas las maniobras necesarias para nuestra liberación, salimos uno a uno muy pausadamente, los eventuales convivientes de aquel reducido cuadrilátero.  

Al salir, caminamos como sin rumbo con la mirada perdida y sin mediar palabra.

Sólo una pregunta flotaba en el ambiente… a saber: ¿cuál debería ser nuestra reacción cuando al día siguiente, nos encontrásemos con alguno de los supervivientes de aquella traumática aventura??...

Es por ello, que he decidido cambiar de aires, -nunca mejor dicho-, para empezar de nuevo lejos de aquel marcado recuerdo. Y a falta de que el anónimo culpable reivindique la autoría de aquel cuesco inoportuno, les ruego que, si saben de alguna vivienda con las características descritas, no duden en contactarme y así podré evitar las miradas veladamente acusadoras del resto del vecindario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...