Nico se acerca al borde del escenario y se dirige al
público mientras que a su espalda se ve como hablan muy bajo, sentados y en
círculo, el resto de personajes.
Nico
- Buenas tardes, mi nombre es Nico y estoy buscando piso. Lo digo por si alguno
de vds, conocen un apartamento que me pudiera interesar. Nada pretencioso, algo
sencillo, cinco dormitorios, tres baños, cocina, office, salón…, ¡¡¡Ah!! y una zona de servicio con su escalera
diferenciada y montacargas.
Bueno
seguramente piensen que soy muy exigente en mis pretensiones, pero realmente es
a lo que he estado acostumbrado hasta hace escasos tres días; concretamente
hasta la última junta de vecinos celebrada la tarde del jueves pasado.
Entenderán
que después de lo que pasó, no puedo mirar a la cara a ninguno de los vecinos
con los que compartí, aquél momento tan …….especial.
Ah
claro!! que no saben lo que pasó. Ya… bueno…, se lo voy a intentar explicar y les
pido que juzguen si mi intención de cambio de domicilio es acertada o si por el
contrario resulta um desvarío, exagerado y excéntrico.
Verán:
…La
convocatoria de la junta tenía un único punto a discutir y no era otro que la
reparación del ascensor -estropeado un mes antes- o la sustitución del mismo por otro…. Digamos
estéticamente más acorde con la dignidad de nuestro edificio.
Toman voz el resto de los actores y Nico se incorpora al
grupo.
Eustaquio –
Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Independientemente que podamos o no asumir
el coste del cambio… -yo desde luego lo puedo hacer sin despeinarme-…
Saturio (cuchichea) – No te jode, es calvo.
Eustaquio –
…..tenemos que ser conscientes del mundo más desfavorecido que nos rodea y no debemos
hacer gastos superfluos si realmente se puede reparar.
Manu (con voz tímida)– A mi realmente me parecen bien las dos
opciones.
Nico –
Joder Manu, no te mojas ni en el mar.
Manu (con la misma timidez) – si? tú crees?.
Nico –
Que barbaridad!!
Florencio –
Vamos a ver!!! yo me opongo a todo!!!, ¿no tenemos un montacargas?, pues lo
usamos hasta que ahorremos suficiente con las cuotas ordinarias y podamos
reparar el ascensor sin necesidad de derramas.
Justina –
Pero entonces… tardaremos 4 años.
Florencio –
ay que se nos van a caer los anillos….. Mire señora… creo que usted es la
última que ha llegado a la casa…créame, se muy bien lo que me digo. Por cierto
¿cómo se llama? No tengo el gusto de conocerla ¿no ha podido venir su marido y
ha bajado vd? ¿está casada? Yo desde luego no dejaría que una mujer como vd anduviese
sola ni para bajar la basura; vamos!... que estaría encima de vd hasta cuando
hiciese la colada, ya me entiende….
Justina –
Pero bueno, ¿a vd que le pasa?
Florencio –
Disculpe bombón, es que para alguien que baja a una junta que merece la pena……
Justina –
Ave María Purísima
Florencio –
Sin pecado concebida…y no la digo hermana porque no es el parentesco que vd y
yo nos merecemos.
Justina (le mira con cara de espanto)
Miren (se incorpora a la reunión)- Buenas noches, perdón por el retraso.
Florencio –
Estás perdonada Miren, que gusto volver a verte.
Miren (en voz baja le dice a Nico)– Este hombre no se entera.
Nico –
Pues preséntale a tu chica la próxima vez y así le aclaras las cosas.
Miren –
Si hombre!!, voy a perder el tiempo en este besacabras federado.
Saturio –
El ascensor… estamos en el punto del ascensor y en este tema no avanzamos. Las
tres primeras plantas del edificio que están ocupadas por el despacho de
abogados de Botarate y Asociados han dicho ya, que se suman a lo que diga la
mayoría y nosotros que somos muy pocos porque ocupamos un piso por planta,
seguimos en el mismo punto de partida, es decir, que no avanzamos. ¿Queréis que
votemos y decidimos?
Todos hablan a la vez y Nico se dirige al público.
Nico – la
votación quedó en tablas y apremiados por el partido televisado de la champion que
iba a empezar en breves momentos, nos
emplazamos a una segunda reunión en la que estudiaríamos las distintas opciones,
pero ahora sí, con presupuestos concretos.
Apresuradamente,
todos los asistentes a aquella reunión vecinal, nos dirigimos al montacargas
para repartirnos por nuestros respectivos pisos sin reparar en una chapa dorada
con letras negras en la que se advertía que su vetusta maquinaria soportaba un
peso máximo de 350 kg, cantidad sensiblemente
inferior a los aproximadamente 500 kg que debíamos pesar entre los 7 vecinos
que nos afanábamos por subir hasta nuestras viviendas.
Una
vez todos dentro, ysorteadas las dos
primeras plantas sin ninguna incidencia, al llegar a la tercera que daba fin al
imperio de Botarate y Asociados, el elevador empezó a hacer unos extraños con
la luz que irían acompañados de variables hipos en su velocidad. Todos -y esto,
les confieso, ni idea de porqué se produce…-, todos -repito-, miramos al
unísono al techo del sube-cargas cuando a los pocos segundos, aquel aparato quebró
su trayectoria y se paró en seco, a la
vez que las luces nos abandonaron de forma abrupta, provocando el grito ahogado
del conjunto de los allí presentes.
Una
vez finalizada la aterradora exclamación grupal, un silbido marcadamente
musical, agudo, penetrante y largamente sostenido sería lo único que se
escucharía en el cerrado habitáculo en el que nos encontrábamos. La pestilencia
de la que fue seguida aquella afinada y breve sonata, delató que una
radioactiva flatulencia se habría escapado a alguno de los allí presentes, sin
que su autoría quedase evidenciada para el resto de los afectados.
Durante
un par de minutos el montacargas estuvo parado y apagado sin que ninguno de los
encausados en aquel echo “casi” delictivo, hubiésemos tenido la osadía de
movernos ni para pulsar el botón de emergencia y mucho menos hacer un fugaz
comentario de lo que terminábamos de presenciar.
Fue
el propio Julio Botarate que salía en ese momento de su despacho, el que se
ofreció para llamar al servicio de guardia de la máquina elevadora y
socorrernos desde su inocencia en aquella tensa situación, desconociendo el
afamado letrado, el motivo por el que el conjunto de nuestras caras se habían
vestido en un tono verdoso casi amarillento.
Una
vez llegó el técnico del “montacagas” (nombre con el que al día
siguiente se bautizaría a aquella infausta cárcel temporal) y realizadas las
maniobras necesarias para nuestra liberación, salimos uno a uno muy pausadamente,
los eventuales convivientes de aquel reducido cuadrilátero.
Al
salir, caminamos como sin rumbo con la mirada perdida y sin mediar palabra.
Sólo
una pregunta flotaba en el ambiente… a saber: ¿cuál debería ser nuestra
reacción cuando al día siguiente, nos encontrásemos con alguno de los
supervivientes de aquella traumática aventura??...
Es
por ello, que he decidido cambiar de aires, -nunca mejor dicho-, para empezar
de nuevo lejos de aquel marcado recuerdo. Y a falta de que el anónimo culpable
reivindique la autoría de aquel cuesco inoportuno, les ruego que, si saben de
alguna vivienda con las características descritas, no duden en contactarme y así
podré evitar las miradas veladamente acusadoras del resto del vecindario.
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