lunes, 19 de febrero de 2024

Arne: la bolsa de plástico convertida en elefante por dos días

Arne: la bolsa de plástico convertida en elefante por dos días

Yo era feliz en la sencillez de mis rutinas: mi polietileno, fundido hacía ya más de una década en aquella vieja 

extrusora de Aldaya, junto a esta solidificación elegante y nada estruendosa, habían conseguido en mi cuerpo 

una textura y una esbeltez, que más de un piropo arrancaron de los polímeros de mi juventud.

Por aquél entonces, mi vida transitaba calma y serena en un enooooorme y preciosísimo parque de atracciones 

sobre el que yo, con mi habitual parsimonia y mi grácil envergadura, disfrutaba de los plácidos hábitos

conocidos: por las noches, cubría con mi enorme cuerpo un hermoso carrusel. Evitaba con ello que el rocío y la 

escarcha deslucieran sus vivos colores. En las mañanas, Índal, mi vieja amiga la grúa, me llevaba parsimoniosa

al reposo de las horas al sol hasta el anochecer en que, de nuevo, volvía a incorporarme con sus brazos 

grandotes para que yo, una noche más, volviera a cubrir a mi tío vivo favorito.

Y así, entre mantos, risas y descansos, pasaban mis días desde mi más tierna soldadura…, lejana ya en aquella 

industria de Aldaya.

Pero aquella noche, algo rompió la placidez del sueño. Me sobresaltaron ruidos de motores y chistidos y medio 

risas y…. y de repente, sin que me diera tiempo a desperezarme y como si de un tornado se tratase, noté cómo 

de mis pies tiraban y tiraban y tiraban unos garfios enormes que, a todas luces, no eran los dulces ganchos de 

Índal. Al mismo tiempo, mi cuello se alargaba y se alargaba y se alargaba con unos tirones taaaan correosos,

que pensé que se me haría girones la lengua. Todo mi cuerpo se propulsaba a una velocidad atropellada y 

fulminante. Mi extremidades se empezaron a impulsar como si se estuvieran inflando, mientras algo soplaba y 

soplaba y soplaba por mi culo haciéndome hinchar como un gigantesco planeta. Fue todo tan rápido y tan 

aturullado que cuando quise darme cuenta, mis pies no tocaban el suelo. Nada en mí tocaba el suelo. Estaba 

flotando en el aire y mi nariz se había estirado tanto, pero tanto, tanto, tanto que parecía la trompa de un 

elefante!! De mi culo salía un rabito y mis orejas habían crecido millones de montones!! No sabía qué era aquello 

pero os aseguro que no tenía ni pizquita de gracia. 

Intenté con todas mis fuerzas ponerme de pie pero la alta densidad de mi polietileno y aquella desorbitada y 

cósmica manera de inflarme, no me dejaban tocar el suelo. Ni pensar. Ni gritar. Ni…. Empecé a oler a gas 

(sí…claro que se que era gas…!!! Mis amigos los balones también lo usan para ponerse gorditos).

Mareadísima y con un cuelgue… buffff…. supongo que me desmayé pero antes, somnolienta, pude ver a cuatro 

humanos energúmenos metiéndome tubitos por todos los agujeros de mi cuerpo. Y soplándome con sus 

asquerosas bocas malolientes... Supuse que así era como me estaban inflando, inflando, inflando… mi 

cinturitaaa!!!!! Grité…

La esbeltez de mi figura se fue al carajo mientras un sopor amodorrable me dejó en un atolondramiento digno 

de un cactus.

Unos días más tarde, ya recuperada de esta extraña aventura, Índal me enseñó algunas de las fotos que 

toooooodo el mundo me hizo -con el culo en pompa y todos mis enseres al viento- mientras surcaba el aire de 

mi Parque. 

Durante dos días enteritos mi figura se convirtió -sin mi permiso- en un tremendo elefante volador del que, ni tan 

siquiera, conseguí saber el nombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CARMEN DE BURGOS (1867-1932), por Juana Cámara

CARMEN DE BURGOS (1867-1932) CARMEN DE BURGOS (1867-1932) Madrileñas. Por Juana Cámara.   CARMEN DE BURGOS, “Colombine”, fue una ...