martes, 24 de febrero de 2026

EL YOGUR DE BORIS, por JOSE MARIA GOMEZ

El yogur de Boris



 

En un laboratorio, el doctor Wittgenstein está trabajando. Redomas llenas de líquidos con colores diversos llenan la pared de la derecha, ubicados en unas estanterías metálicas adosadas al muro.

El doctor Wittgenstein está sentado en una mesa donde un cajón cuadrado de color gris emite por su frente un haz de luz de color verdeazulado que se dirige al techo; al mismo tiempo, un zumbido muy energético de baja frecuencia llena el ambiente. Wittgenstein, con gafas oscuras, manipula desde su silla el dispositivo para que el haz de luz vaya bajando hasta incidir directamente en un pastor alemán que está encerrado en una jaula a un metro del dispositivo. El animal está sentado sobre sus cuatro patas y observa al doctor. Cuando el haz incide sobre el lomo del animal, éste gira la cabeza para observar el círculo de luz que aparece en su piel, y lo va siguiendo mientras el haz de luz baja por sus costillas. Detrás del animal hay un recipiente de vidrio con un líquido incoloro en su interior. El haz de luz atraviesa al animal e impacta con el recipiente, cuyo líquido empieza a hervir inmediatamente con gran violencia.

Wittgenstein está observando el recipiente que hierve cuando la puerta del laboratorio se abre violentamente y se oye una voz que grita, con tono imperativo:

-       - ¡Doctor Wittgenstein!

El doctor se vuelve. Por la puerta del laboratorio aparece una persona alta, fornida, muy bien vestida, que se dirige directamente hacia él, se planta delante con los brazos en jarras y sigue gritando:

-        ¡He estado esperando su llamada!

El doctor Wittgenstein acciona un interruptor que hace desaparecer el haz de luz. Se dirige hacia el pastor alemán, al que acaricia metiendo el brazo entre los barrotes de la jaula, y luego se inclina para observar el frasco de cristal donde el líquido sigue hirviendo. Al mismo tiempo, contesta:

-     -   No tengo nada nuevo que decirle, señor Waltman.

El señor Waltman va hacia él, enfurecido, y continúa con sus gritos:

-       - ¿Cómo que no tiene nada que decirme? Ya hace un mes que le traspasé el dinero que me pidió. ¿En qué se lo ha gastado usted?

-       - En pruebas, señor Waltman. He estado haciendo pruebas.

-     -   Doctor, me pidió usted cinco millones de euros. ¿En qué pruebas se los ha gastado usted?

-       - Estoy construyendo la máquina del tiempo que usted me pidió.

-       - ¿Y dónde está?

-      -  Está en pruebas. Pero ya he conseguido algún avance.

-        -¿Ha viajado usted en el tiempo?

-     -   No yo no. Un amigo suyo, Boris.

-      -  ¡El guardaespaldas que le mandé!

-      -  Si. Boris. Un personaje muy peculiar.

-      -  ¿Dónde está?

-     -   Ahí atrás, en el almacén.

-     -   Y ¿que hace en el almacén? No me contesta al móvil.

-     -   Yo le he puesto ahí, en el almacén.

-      -  ¿Cómo que le ha puesto ahí?

-        - Si. Usted le dijo a Boris que me vigilara, y él hacía su trabajo extraordinariamente bien. Me controlaba continuamente, me gritaba para que no dejase de trabajar ni a la hora de comer. Era bastante brusco conmigo, la verdad.

-     -   Es un guardaespaldas extraordinario. Yo le ordené que le vigilara a usted para que no malgastara mi dinero.

-       - Y lo hacía, me vigilaba continuamente. El caso es que Boris también estaba muy interesado en mis experimentos, de manera que no dejaba de preguntarme sobre lo del viaje en el tiempo, porque a él también le gustaría viajar en el tiempo. Así que decidió participar en un experimento. Le metí en la cámara del tiempo y le envié cinco años atrás, a 2020. Allí estuvo cinco minutos y luego le traje de vuelta.

-       - ¿Y dónde está ahora?

-     -   En el almacén. Siéntese, que se lo traigo.

El señor Waltman se sienta mientras el doctor sale por la puerta del fondo y al poco vuelve con una traspaleta en la que trae un gran bidón de plástico de color azul, que pone delante del señor Waltman, mientras le mira y dice:

-      -  ¡Boris!

El señor Waltman mira al bidón, mira al doctor y pregunta:

-       - ¿Boris? ¿Eso es Boris?

El doctor se sienta a su vez, mira al bidón y contesta:

-     -   Si. Eso es lo que quedó de Boris tras el viaje en el tiempo. Es un amasijo de agua, calcio, proteínas, vitaminas y minerales. Parece un yogur. Debe ser muy nutritivo, aunque yo no le probado. Tiene una pinta horrible y huele a amoníaco.

-     -   Y ¿qué le ha pasado?

-     -   Pues algo que yo me suponía pero no lo había probado. No lo quería probar hasta estar seguro. Se lo dije a Boris, le dije que no estaba seguro, pero me insistió muchísimo en que quería viajar cinco años atrás en el tiempo.

-     -   ¿Por qué?

-      -  Parece ser que cinco años atrás le abandonó su mujer por otro hombre. El quería volver para no dejarla que se fuera. Tenía pensado estar esperando al otro hombre y pegarle tres tiros cuando apareciera.

-      -  Es verdad que Natacha se fugó con otro.

-      -  Pues cuando le hablé de mis dudas sacó la pistola y me la puso en la sien. “Mándame cinco años atrás”, me dijo. Y yo obedecí. Ante esos argumentos tan convincentes no tuve más remedio que obedecer.

-       - Y ¿qué pasó?

-      -  Que el viaje en el tiempo de un ser humano no es posible. El ser humano es un organismo biológico que está en continua regeneración. A nivel vulgar se comenta que cada siete años cambiamos completamente nuestro cuerpo. Esto es solamente una aproximación a la realidad, porque hay partes del cuerpo que cambian cada nueve días, otras cada cinco años y otras no cambian nunca. Lo de los siete años es solamente una media de las distintas partes del cuerpo, pero lo cierto es que excepto la corteza cerebral, el corazón y alguna otra cosa, todas las demás partes del cuerpo se van renovando continuamente.

-      -  ¿Y eso que tiene que ver con el viaje en el tiempo?

-     -   Pues tiene que ver porque el Boris de ayer no es el Boris de hace cinco años. Cada átomo del Universo es único. Un átomo de calcio que hoy está en mi tibia derecha hace dos años estaba en una hoja de hierba en Valdemorillo. Una vaca se comió la hierba y el átomo de calcio pasó a formar parte de la leche que el granjero ordeñó al día siguiente. Con esa leche una fábrica hizo queso. A los seis meses yo me comí el queso y el átomo de calcio pasó a formar parte de mi tibia derecha. Si yo retrocediera dos años en el tiempo, ese átomo de calcio volvería a estar en la hoja de hierba y desaparecería de mi tibia dejando un vacío.

El señor Waltman se ha quedado callado, mirando al suelo. El doctor continúa:

-     -   Y así con cada uno de los átomos y moléculas de todo el cuerpo humano. Cuando Boris viajó cinco años atrás, el sesenta por ciento de su cuerpo volvió a donde estaba cinco años atrás. Y el resto es lo que está en el bidón.

Waltman pregunta:

-      -  Y los átomos que estaban en su cuerpo cinco años atrás y ya no están, ¿no volvieron también a su sitio?

-     -   Si que volvieron, claro, pero volvieron todos a la vez. El cuarenta por ciento de su cuerpo volvió también a la cámara, pero todos los átomos y moléculas a la vez, sin ningún mecanismo biológico que los fuera colocando en su lugar poco a poco y con orden. Agua, calcio, proteínas, todo mezclado sin orden ni concierto. Se juntaron con el sesenta por ciento restante y ahí está todo junto, en el bidón. Lo único que volvió entero fue el carnet de conducir... Y el reloj.

FIN

2 comentarios:

  1. Buenísimo. La vaca da leche, la leche da queso… ¡Gracias por seguirme el rollo y disfrutar José María!!!

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  2. Gracias, Maru, por darme la oportunidad de disfrutar contigo. Ya te comenté que tus clases son las que me han animado a escribir. Y estoy disfrutando enormemente con mis escritos, valgan lo que valgan. Besos.

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