miércoles, 2 de abril de 2025

LA FUNCIÓN DEL LUNES por Carlos Gallego

 


Taller: Ver y escribir teatro. Profesora: María Eugenia García Ochoa.

Ejercicio: Un relato sobre: “El teatro dentro del teatro”.

 

La función del lunes

Vicente, un tipo un poco despistado, buena persona, pensó que hacía mucho tiempo que no iba a Madrid y sería buena idea ir a pasar el día. Así, que una mañana cogió el tren bien temprano y llegó a la estación de Atocha. Se puso a caminar sin rumbo fijo, se metió a tapear en una taberna de la calle Huertas y después de ir para aquí y para allá, desembocó en la plaza de Santa Ana y se detuvo frente al Teatro Español. “¡Ah!, con lo que me gusta a mí el teatro”. Leyó en un cartel: “Esta noche se improvisa la comedia”, sin reparar que era el anuncio de una obra de Luigi Pirandello. “Empieza a las siete, vendré a ver como improvisan”. Y así fue, después de estar en la Puerta del Sol, comer un buen cocido y haber callejeado por el Madrid de los Austrias, llegó al teatro con tiempo suficiente. No tenía por qué saber, que el lunes era el día de descanso. El caso es, que vio la puerta abierta, se metió y se sentó en la cuarta fila del patio de butacas a que empezara la función.

Estaba tan ensimismado, que no se dio cuenta o no le importó, ser el único espectador.  Al cabo de un rato, salió a escena una señora de cierta edad, con bata y pañuelo en la cabeza, dispuesta a limpiar el escenario, manejando con cierta indolencia, tanto la escoba, como el plumero, como la fregona, al mismo tiempo que cantaba aquello de: “Desde la arena, me dice niña morena, ¿por qué me lloras, carita de emperadora?”. A Vicente le encantó su voz, “¡qué bien canta!, ¡qué profesional!”, valoró como discreto el vestuario y no le gustó nada la representación: “Se nota que esta actriz no ha pasado una fregona en su vida y el plumero daba juego para movimientos más graciosos. Ya lo decía el cartel, todo es pura improvisación”, masculló. Al cabo de una hora, la comedianta hizo mutis por el foro, al mismo tiempo que declamaba: “Vaya mierda de trabajo y lo mal que lo pagan”, y Vicente pensó que no le había dado toda la fuerza dramática que requería la expresión. Estaba claro que había terminado la función, pero no salía nadie a saludar, hasta que apareció un señor con uniforme, como los que están en la puerta de los bancos. “¿Pero que hace este tío aquí? ¡Caballero! se acabó el espectáculo, vamos, ahuecando el ala”, le dijo con un tonito sarcástico. Vicente salió a la calle contrariado, mientras murmuraba por lo bajini: “Esto del teatro moderno, no hay quien lo entienda. ¡Vaya bodrio!”.

 

Carlos Gallego Fernández                     Madrid, 15 de marzo de 2025

 

 

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