¡Oh dioses!
No quiero ver mis horrendos crímenes, cometidos en mi ignorancia de la realidad.
No quiero ver a mi pueblo, mirándome como el criminal que soy.
Ni mirar a mis hijos, con el horror reflejándose en sus caras.
Ni mirar a mis padres a los ojos en el Hades.
Una vez muerta mi madre y esposa, quiero el destierro en compañía de mis hijas.
Para buscar el olvido y el consuelo de la amargura que siento, por el destino de mis hijas y el desamparo que como mujeres tendrán.
Mi destino ha sido el que vosotros habéis querido.
Qué el mundo se olvide de mí.
Compadeceros de mí, aliviándome en mi último viaje.

Me ha gustado la repetición continua de las frases. Es un recurso poético, o literario, que siempre funciona.
ResponderEliminar