Es aquesta la ocasión
en la que voy a narrar
la boda de D. Cipriano
un gran noble del lugar.
Don Cipriano, hombre
creyente,
de moral recia -hombre pío-,
respetado por la gente…
…no se le conocen líos,
no frecuentaba tabernas,
no atendía a desafíos,
no pretendía a mujeres,
¡¡que aburrido, pobre mío!!.
Prometióse con Rosella
dócil, joven, gran belleza
de semblante celestial
casta, pura y muy versada
en asuntos del Grial.
Como Cipri era muy casto
sin pecados que
contar
no sabría de Rosella
hasta llevarla al altar.
-Ay Rosella luna en noche
lloro en mi cama tu ausencia
pero mi deber cristiano…
…es tragarme la impaciencia.
-Ay Rosella flor en luna
con devoción te idolatro
y aunque me muera de ganas
si no hay boda, ….no te cato.
Llegó la fecha de marras,
nadie podía faltar.
todo el pueblo al claustro vino,
donde se iba a celebrar la ¡¡gran boda¡¡ con su coro,
dos obispos y un abad.
Tañid campanas de boda
que hay mucho que celebrar
pues mi amada va a mostrar
los secretos de su alcoba
Visto con sedas y encajes
aunque aflojo el pantalón
porque dada la ocasión
les confieso sin ambajes
que tengo tal calentón
que no aguanto los herrajes.
La misa fue como siempre:
salmos, rezos, bla, bla, bla,
pero cumplida liturgia,
-muy fieles al ritual-
el cura con voz solemne,
termina por preguntar
si alguno de los presentes,
tiene algo que objetar.
Primero empieza por novia
“santa, dulce, virginal”,
cuando pregunta muy presto
si alguien la conoce un mal.
Todo el mundo allí callado,
-nadie habla, es normal-,
hasta que en el fondo un brazo
se levanta de un zagal.
“Me da un poco de vergüenza
hoy tengo que confesarlo,
Pero yo yací con ella,
la quiero, …porqué negarlo”.
Rosella tiene un vahído
arde en su cuerpo el calor
D. Cipriano que flojea
ha mudado la color.
“No te apures bella mía,
entiendo fue un desatino,
aún tienes tanta pureza….,
…. sigues siendo mi destino”.
De repente otro galán
les reclama su atención
aduciendo que Rosella
tuvo con él tropezón.
Ay Rosella, un poco putaaaaa
si parece que has salido
…..pero la ofensa perdono
ya que soy tu prometido.
Dispuestos a partir prestos
a su lecho conyugal,
observan que muchos brazos
se levantaban a la par.
treinta hombres, diez mujeres
y hasta el bueno del abad
tropezaron con Rosella
con su rosa
y su rosal.

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